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Correo del Maestro Núm. 108, mayo 2005

Estímulo de la creatividad a través del dibujo
Primera parte

Beatriz Buberoff Chuguransky

Dibujo de Francisco Alcantar. Garabateo manchado.

El desarrollo de la psicología sobre la afectividad infantil, la influencia del psicoanálisis y el desarrollo de la pedagogía fueron factores que detonaron el interés por estudiar y analizar las primeras etapas de los dibujos de los niños, y que llevaron a considerarlos un lenguaje y un medio de comunicación de excepcional interés.

Observar al niño dibujar y escuchar sus comentarios nos permite penetrar en un vasto cam-po de conexiones afectivas, semánticas y asociativas que raramente lograríamos aprehender. En la primera etapa del dibujo, la actividad psicomotriz precede a la representación, es decir, el niño hace una raya por simple juego y dice después "es un pato", añade algunas líneas y rectifica "es una vaca"; la representación sigue al trazo en vez de antecederlo. El dibujo supera la preocupación por representar el modelo exterior. Según los estudios, el dibujo expresa su concepción del cuerpo; elementos distintos se añaden en un dibujo aditivo (cabeza, tronco, miembros), y sólo más tarde reflejará la unidad corporal de un organismo.

Además de su valor expresivo, el dibujo tiene un valor comunicativo, es un conjunto de significaciones y desde hace décadas se utiliza para evaluar la maduración psicoafectiva del niño. Se ha hablado sobre la universalidad de los primeros signos gráficos, sin precisar si se trata de un elemento fundamental o una consecuencia de la influencia de culturas, en especial de la civilización occidental.

Estudiando los aspectos dinámicos del dibujo como un comportamiento y sucesión de trazos en el tiempo y relacionándolos con aspectos clínicos, algunos psicoterapeutas se han enfocado al análisis e interpretación de los dibujos de niños con síntomas patológicos.

Hay una relación profunda del dibujo del niño con el medio y mediante pruebas se calcula la aptitud del infante para aprehender el modelo exterior. Algunos estudios estadísticos pueden detectar las diferencias más importantes con respecto a lo normal para una edad y población determinada. Con la difusión de las microcomputadoras, el niño se ve cada vez más próximo a programas que le permiten dibujar en una pantalla, y existen softwares que hacen posible un dibujo completamente libre en el cual podrá hacer lo que quiera. También recientemente se utilizan pizarrones digitales que permiten grabar el dibujo mientras se lo ejecuta.

Cualquiera que sea el contenido de un dibujo, la técnica utilizada y la calidad del resultado es producto de la imaginación del creador y da testimonio de su persona, expresando y traduciendo un momento de su existencia, de su pensamiento e interioridad. Así es como el dibujo tiene un valor como signo y expresión y es un sistema simbólico de comunicación, como lo es un lenguaje; un soporte donde se mezclan y entrecruzan los valores del objeto y los valores de la persona, un diálogo inconsciente que concilia sujeto y objeto.

¿Cómo ver el dibujo, cómo descomponer la imagen, cómo analizarlo? Son preguntas esenciales. Con mucha frecuencia olvidamos los orígenes del dibujo y, lamentablemente, en el caso del trazo infantil se analiza con una perspectiva cultural de adulto. La lectura de un dibujo debe llevar al observador a tomar conciencia de las dimensiones insólitas de algunos detalles o de su ausencia, apreciar las originalidades, verificar todas las características que intervienen en su factura, reflexionando no solamente sobre el dibujo mismo, considerado como un objeto independiente, sino sobre los procesos que permitieron su realización.

La comprensión del dibujo se verá considerablemente enriquecida con un estudio dinámico sobre los momentos de producción y los procesos que contribuyeron a su elaboración, en el presente o en el pasado.

 

Dibujo y motricidad

Garabateo de un niño de 4 años.

Examinemos, en primer lugar, la naturaleza y la influencia de la contribución motriz en los constituyentes del dibujo. Es evidente que los movimientos y los ademanes integran una de las condiciones necesarias para la producción de cualquier dibujo, sea figurativo o no. La importancia del movimiento y del trazo que engendra es mucha, ya que descubre el grado de autonomía. Piaget demostró que la motricidad constituye, a la vez, un sistema de adaptación al medio y un mecanismo de acción sobre el entorno. Ya se trate del bebé que construye un esquema sensomotor o del pintor confrontado a su creación, ambos intentan organizar la realidad, producir un efecto a través del acto y del movimiento.

Quien dibuja debe ajustar sus impulsos motores nacientes y sus efectos. El movimiento debe adaptarse a la naturaleza del material, más o menos frágil, y a sus dimensiones, más o menos restringidas, en función de la técnica y la herramienta utilizada. Además, el movimiento deberá someterse a la intención representativa del dibujante.

Evidentemente, esta contribución motriz depende de la maduración neuromuscular y no se la puede considerar independiente de la edad. El desarrollo de la motricidad depende del conjunto de experiencias sensoriales, cognoscitivas y socioafectivas que cada uno de nosotros tiene a lo largo de la existencia. Encontramos así, en la realización del dibujo, toda la expresividad de los movimientos humanos. Detrás de un trazo se oculta el ademán, el movimiento del cuerpo y una relación de significados que debemos descubrir, a veces dulzura, ternura, otras timidez o violencia.

No debemos olvidar que el movimiento tiene lugar en el tiempo y se expande en el espacio. A veces ocurre con el movimiento lo mismo que con el vagabundeo, que al principio parece no pensado y está perfectamente determinado a la llegada, la evolución se va organizando en el espacio con impresiones perceptivas. La organización de los trazos, la dirección y la amplitud son elementos que nos pueden indicar la relación del dibujante con el tiempo y el espacio. Muchos maestros se preocupan más por la imagen que por su realización, sin notar que ésos son referentes fundamentales en la construcción del Yo y merecen toda nuestra atención.

La percepción

En el dibujo, los movimientos no los dicta sólo la motricidad: son fruto de la memoria y de diversas percepciones visuales, sensoriales y kinestésicas. La historia del dibujo se explica así como una extraordinaria y apasionante aventura que comienza en un trazo casual, reconocido en relación con los objetos, el mundo social y, finalmente, reproducido intencionalmente.

La percepción es pues una de las condiciones necesarias para realizar un dibujo. La información visual constituye un elemento organizador primordial. El dibujo cuenta en silencio una versión común, insólita, maravillosa o espantosa. La imagen reúne, sorprendentemente, diferentes percepciones y podemos imaginar los efectos negativos de algunos aprendizajes escolares, que limitan el repertorio del dibujante a formas convencionales y rígidas, en contraposición a los experimentos centrados en la expresividad.

Fuera de los casos en que dibujamos con un modelo, el valor sígnico del trazo corresponde a informaciones aprendidas, memorizadas, compartidas por jóvenes de una misma edad y una misma cultura. Además de la referencia a las apariencias, al saber colectivo y la experiencia individual, hay connotaciones de orden afectivo y fantasioso.

Entonces, sabemos que las representaciones evolucionan en función del entorno y la edad del niño, tras actuar en un espacio simbólico. La actividad del dibujo es a la vez expresión de nosotros mismos, de lo que somos en un momento particular de nuestra historia personal y transmisión de un mensaje particular a nuestro entorno. Es un acto complejo, en el que se mezclan múltiples factores de influencia, y como hecho psíquico es el resultado de un proceso temporal de integración, producto de una elaboración progresiva de nuestras experiencias y conocimiento de los objetos y las personas.

Garabateo de un niño de 3 años

El estudio de las características del desarrollo de las capacidades gráficas del niño interesa a padres, educadores, psicólogos, psiquiatras, psicoanalistas, pintores, dibujantes, historiadores o críticos de arte, ya que los enfoques son múltiples; sin embargo, cualesquiera que sean los intereses del investigador, las observaciones deberán inscribirse en un contexto cultural y genético.

Antes de interrogarnos sobre el significado del dibujo de un niño, deberemos ver cuáles son los valores del grupo, los materiales de que dispone, la naturaleza simbólica materializada por la cultura. En presencia de un dibujo de niño, la primera cuestión debe referirse al aspecto motivador.

Existen edades de conformismo, de rebelión, de oposición y, más que valorar las convenciones, hay que valorar la expresividad individual. Podemos distinguir dos opciones: los dibujos libres y los obtenidos en un contexto, más coercitivos; los primeros pertenecen a una actividad endógena, es decir, que se forman en el interior, mientras que los segundos corresponden a una actividad exógena. Así, en los dibujos libres el niño manifiesta su deseo de dibujar, el acto está dominado por el presente, por el placer de hacer, de comunicar, de demostrar su capacidad. Esta alternativa es común entre los niños pequeños cuando el entorno es propicio; el dibujante dará entonces rienda suelta a la inspiración del momento. El dibujo aparece como un diálogo del niño consigo mismo, con su mundo interior, donde domina el placer y la expresión personal.

En el segundo caso, el dibujo está determinado por factores externos, alguien ha propuesto al niño dibujar y eventualmente le ha sugerido o impuesto un tema, incluso con ciertas coerciones. La actividad se convierte en un medio orientado a la obtención de un resultado: darle gusto al adulto, ajustarse a una petición, participar en un concurso de dibujo sobre un tema dado... De esta manera, se acentúa el papel de lo social y la importancia del lenguaje como elemento intermedio entre el niño y su dibujo.

Las diferencias entre las dos situaciones no son tan importantes como parece, pues la incitación a dibujar del segundo caso sólo orienta parcialmente la actividad del dibujante, dejándole la iniciativa de la elección de los movimientos y conceptos gráficos. El dibujante siempre hará referencia a una información interiorizada, constituida por elementos aprendidos, socializados, comunes a individuos de una misma cultura, pero con informaciones personales, egocéntricas, vinculadas a una vivencia individual.

Si analizamos la naturaleza de la actividad gráfica y sus motivaciones, podemos deducir que es el medio de expresión de un mundo interior de pensamientos y deseos, un lenguaje, una manifestación simbólica de la interioridad, pero también podemos verla como una técnica, como una herramienta que le exige el medio cultural para representar su entorno, en este caso será conveniente que la enseñanza de la técnica siga siendo un medio y no un objetivo para salvaguardar los valores expresivos y creadores de la producción infantil.

Etapas de la evolución grafica

Ejemplo de preesquematismo

Desde hace tiempo, un análisis sistemático de la producción infantil ha llamado la atención de numerosos autores; las primeras obras sobre el tema aparecieron a fines del siglo XIX y son contemporáneas del nacimiento de la psicología científica. Lowenfeld (1947-1952) propuso un nuevo enfoque de la evolución gráfica hasta la adolescencia; los estadios están definidos por la manera en que el niño aprehende la realidad.

Los periodos sucesivos son, según este autor:

1.Garabateo, pintarrajeo o preesquematismo, de 4 a 6 años.

2.Esquematismo, de 7 a 9 años.

3.Realismo naciente, de 9 a 11 años.

4.Seudorrealismo, de 11 a 13 años.

5.Y, en la adolescencia, la diversificación en tipos háptico y visual.

Algunos niños reaccionan más a estímulos visuales: colores, luz, etc., desean introducir la perspectiva en la representación del espacio, otros prefieren la interpretación de experiencias subjetivas y sus relaciones emocionales con el objeto a dibujar.

El sujeto de tipo visual contempla las cosas desde el exterior, considera primero el conjunto y luego analiza los detalles, para finalmente sintetizar sus impresiones parciales en un nuevo todo, es un observador atento y admirativo. Los niños de tipo visual desean llegar a una concepción realista. El espacio con su cualidad tridimensional se convierte en el centro de sus intereses, modifican el tamaño del objeto con el alejamiento, generalmente comienzan su dibujo con el contorno y agregan luego numerosos detalles.

El sujeto del tipo háptico privilegia el yo, se emparenta con la escuela impresionista, es esencialmente emocional, expresa sus impresiones sensoriales, kinestésicas y táctiles que interpreta según sus sentimientos. Las proporciones del dibujo están determinadas por el valor emocional de cada figura u objeto.

Ejemplo de esquematismo (7a 9 años).

Lowenfeld, al juzgar las cualidades y aptitudes de los pequeños y jóvenes dibujantes, se aparta de los métodos psicométricos y obliga a reflexionar sobre el porqué y el cómo de la realización artística, considerando el dibujo como una actividad creadora más allá del modelo social.

Según Osterriech, los primeros trazos sobre la evolución de la actividad gráfica aparecen, generalmente, entre los 9 o 10 meses y los 2 años de edad.

El pequeñito siente placer al producir un efecto exterior a sí mismo y afirma así su existencia, con trazos originados desde la mitad de su cuerpo, luego verticales, resultantes de la flexión y extensión del antebrazo. Mas tarde hace garabatos circulares que muestran la coordinación del brazo y la espalda; la rotación del puño y la flexión del pulgar se logran al comienzo del tercer año y permiten la fragmentación del trazo y la realización de ciclos repetitivos.

Alrededor de los dos años, se limita al espacio de la hoja de papel, controla el punto de partida y, hacia los dos años y medio, el punto de llegada. Este 'doble control' permitirá la ejecución de figuras cerradas, lo que favorecerá la función simbólica.

Es muy importante el juego simbólico: una caja se convierte en "casa" o "camión", el garabato dibujado se convierte en "helicóptero" o "pato", según la fantasía del momento.

La extraordinaria creatividad del grafismo infantil es enigmática y difícil, es sorprendente la riqueza y diversidad de signos, relaciones formales y significaciones originadas, que deben buscarse en impresiones vividas. Así, por ejemplo, al realizar un garabato circular, el niño afirmará "da vueltas, da vueltas", palabras que ilustran la importancia de las referencias kinestésicas durante la instauración de una relación significado-significante, además de que confirman los datos expuestos por Lowenfeld.

Siempre que el niño sienta la oportunidad, desde los dos años, constituirá un verdadero vocabulario gráfico, llamado ideograma por unos, esquema o preesquema por otros. Hay una búsqueda de formas, de líneas que permiten la elaboración de un sistema de expresión gráfica. Los ideogramas son numerosos: líneas paralelas, verticales u horizontales, líneas onduladas, en zigzag, punteados, formas más o menos circulares, ovoides y signos diferenciados por la elección de los colores.

Hacia los tres años, además del poder de la palabra, el niño descubrirá el poder de la imagen y su capacidad de expresión, mediante un dibujo, si su entorno cultural lo ha familiarizado con ese modo de expresión, a través de libros ilustrados, papel, lápiz y ciertos programas televisivos. El niño se ejercita, busca nuevas combinaciones, mejorando sus esquemas; alrededor de los 3 años 4 meses muestra los conocimientos adquiridos con formas circulares de tamaños diferentes, perfectamente cerradas, prueba del excelente control perceptivo-motor, del enganche a las formas existentes y del control de trazados rectilíneos en dirección, dimensiones y significaciones representativas, asociadas con los modos de vida del niño y sus costumbres, "la escalera", "la recámara de mamá", "el armario", etc., abajo decide escribir (graffiti) así como mamá anotó observaciones en la hoja de papel. Debe observarse que, en muchos casos, en función de la localización del trazado utilizará la mano derecha o la izquierda.

Ejemplo de realismo naciente (9 a 11 años).

Alrededor de los 4 y 5 años, los progresos son considerables. Las capacidades perceptivas-motrices permiten realizar formas rectangulares, prueba de la capacidad de enganche de unos trazados con otros. El lenguaje gráfico se organiza, surgen reglas respecto a la horizontalidad y verticalidad, al arriba-abajo del espacio de la hoja. Se codifican algunos elementos: rayas horizontales para los brazos de monigote, rayas verticales para las piernas, simetría entre los elementos, bosquejos claramente identificables de personajes y cosas, rudimentos de acontecimientos o escenas.

El dibujo está compuesto por esquemas colocados unos junto a otros, generalmente flotando de manera independiente; según las sugerencias que se le hacen, adorna sus dibujos con detalles suplementarios. La representación del monigote se diversifica: el monigote "señor" es de forma ovoide o rectangular, con largas piernas o sombrero; el monigote "señora" es de forma redonda o triangular con cabello. El esquema de la casa se enriquece, adquiere una nota anecdótica. Es la edad de las primeras transparencias, de las figuras abatidas y las desproporciones, es la época de gran producción y creatividad. Importante es destacar el papel de los medios educativos, sobre todo la escuela.

Los 6 años son una edad de cambios, pues el niño abandona el mundo del presente y su pensamiento se organiza. Coordina esquemas sucesivos y relaciona puntos de vista.

Los 7 u 8 años son, en muchos casos, el apogeo, pero van declinando hacia la esquematización convencional. Los niños realizan una reconstrucción representativa centrada en ciertos detalles o relaciones.

Los 10 años son ya el final de la infancia, mezcla de imaginación y representación. Los dibujos son más elaborados, menos esquemáticos, quieren ser figurativos, demuestran un esfuerzo de observación y reflexión. Evocan escenas vividas, paisajes, flores, copian modelos. Intentan representar la tercera dimensión, la profundidad. En lugar de la línea del suelo, aparece el plano y la línea de horizonte, que da idea de tres dimensiones y disminuye los objetos que están lejos. La falta de técnica será un obstáculo y a la insatisfacción del dibujante se suma el escaso interés del adulto, quien considera que dibujar es jugar, algo poco serio y sólo recreativo.

Realismo naciente

Veamos, entonces, que el dibujo es un instrumento de comunicación como el lenguaje y, a través de este medio, el niño descubre su poder de expresión mediante signos cada vez más complejos, de acuerdo con los progresos observables con la edad.

Una censura se instala en el momento de la pubertad, cuando se expresa mejor por la palabra y la escritura. Es el momento en que intenta representar lo que ve y la copia resulta un dibujo muy distinto al modelo, pues dibuja en función de una imagen interiorizada, que constituye la fuerza principal, base del dibujo del niño, pero el modelo externo constituye una segunda fuerza.

Todo el mundo puede dibujar, aunque crea que no tiene aptitudes. La calidad estética de un dibujo no puede ser resultado de un dogma. Hay que saber evitar comparaciones brutales entre las producciones de un niño y lo que otro, con mayores aptitudes, ha hecho. Su inspiración personal puede agotarse si se lo confronta con modelos muy perfectos.

Sorprende la existencia de dibujos procedentes de un modelo conocido, gatos o ratones inspirados en Tom y Jerry, algunos dibujos de Walt Disney, el gato formado por círculos y una cola. También personajes inspirados en la televisión; son producciones guiadas, una "inducción gráfica directa", con temas sugeridos y proporcionando modelos. Mariposas, caracoles, flores, caras que ríen, dibujos que los niños de preprimaria muestran orgullosos y luego repiten, todo esto queda al margen de la evolución del grafismo e influye negativamente en él. La fascinación de la televisión en el niño y su imaginación tiene enorme influencia con dibujos de robots, naves interplanetarias, marionetas y animales estilizados, pero no han transformado la evolución del dibujo infantil, habría una "solidez" profunda del modelo interno que resiste las diversas influencias.

Freinet buscó métodos pedagógicos para desarrollar y promover las aptitudes artísticas de los niños: un método de formación artística basado en la expresión libre, dejar al niño dibujar libremente, saber cómo se articula la influencia exterior con la inspiración personal.

Podemos reconocer que el dibujo tiene también un papel pedagógico, pues ayuda al desarrollo de las aptitudes y a la adquisición de conocimientos, participa en la actividad exploratoria del niño quien, al mismo tiempo, expresa, desarrolla sus facultades de observación y sus conocimientos, fijando sus descubrimientos. El educador debe orientar esa exploración motivada por una necesidad interna, debe alentar su expresión gráfica sin enseñar clichés. El niño que dibuja es el que aprende a ser. (Continúa en el próximo número.)

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