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Correo del Maestro Núm. 165, febrero 2010

Los nombres DE LOS ELEMENTOS
Cuarta parte
Luis Ignacio de la Peña
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Estaño.www.viewfinders -intl.com

Como se vio en las entregas anteriores,1 los elementos de la Tabla Periódica tienen denominaciones variadas. Algunas nos son familiares, como estaño o yodo; otras nos “suenan” como europio porque proviene, como veremos, de Europa; y otras más son francamente un misterio difícil de escribir como ununnilio y ununquadio. Veamos, pues, porqué llevan estos nombres y quiénes y cuándo los bautizaron.

Estaño

El estaño es conocido desde tiempos remotos. Ya se habló del bronce, del cual forma parte junto con el cobre. Se afirma que proviene la palabra stan, usada por los habitantes de Cornualles, en Inglaterra, principal productor del metal en la Antigüedad. Los mercaderes propagaron el nombre, que llegó al latín como stagnum.

 

 

Antimonio

Este elemento también se conoce desde épocas remotas. Ya desde los antiguos egipcios, como puede apreciarse en sus pinturas, se empleaba en cosméticos para los ojos. Los griegos lo llamaban stibi, que en latín se convirtió en stibium. La palabra actual fue tomada del árabe at-timud, una adaptación del nombre latino, que en la Edad Media se retradujo al latín como andimodium, antimondium o antimonium. Los alquimistas lo usaron mucho y le dieron nombres llamativos: azogue antimonial saturnino, lobo de los metales, plomo sagrado de la sabiduría, bastardo del plomo, entre otros.

 

 

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Cristal de Telurio.
www.wikipedia.org

Telurio

Lo descubrió, a partir de muestras minerales tomadas en Transilvania, el alemán Franz Joseph Müller en 1872, quien lo llamó de tres maneras: aurum paradoxum, metalium problematum y aurum album. Quien finalmente logró aislarlo fue Klaproth, pues reconoció el hallazgo de Müller y bautizó al elemento como tellurium, por la diosa latina Tellus, personificación de la Tierra.

 

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Sublimación de yodo.
ve.kalipedia.com

Yodo
Bernard Courtois realizó en 1811 varios experimentos de largas jornadas en busca de un método para obtener nitrato de potasio para su padre, un fabricante de pólvora. En uno de los experimentos notó unos vapores irritantes de color llamativo que cristalizaban en agujas negras. Fue un golpe de suerte. Sin embargo, por falta de tiempo para atender el negocio paterno, delegó esas investigaciones a un par de amigos suyos que dos años más tarde anunciaron el descubrimiento y dieron el debido crédito a Courtois. Davy y Gay-Lussac comprobaron la veracidad del nuevo elemento. El segundo de ellos, tomando en consideración el color de los gases, lo llamó iodine, a partir del griego iodes, que significa “violeta”.

 

 

Xenón

William Ramsay trabajando. www.wikipedia.org

En 1898, William Ramsay y Morris Travers, quienes también descubrieron el kriptón y el neón, con el mismo método hallaron otro gas más que, ahora sabemos, se encuentra en la atmósfera en una parte por veinte millones. Se trataba de xenón, cuyo nombre proviene de xenos, la palabra griega para “extraño”.

 

 

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Gustav R. Kirchhoff y Robert Wilhelm Eberhard Bunsen.
www.chemheritage.org

Cesio

Éste es el primer elemento descubierto por Bunsen y Kirchhoff, en 1860, al aplicar métodos espectográficos, en este caso, en muestras de agua mineral. A partir de la línea de color que indicaba la presencia del elemento, le asignaron un nombre: cesium, proveniente de la palabra latina caesius, cuyo significado es “cielo azul” y designa la parte más alta del firmamento. El cesio no logró aislarse hasta 1902.

 

Bario

Generalmente se asociaba el color oscuro con los metales pesados. Sin embargo, antes de conocerse el porqué, llamaba mucho la atención una piedra blanca y muy pesada, a la que se llamó “espato pesado”. En siglo XVII, un boloñés aficionado a la alquimia lo calentó y obtuvo algo que se iluminaba en la oscuridad. Se comercializó con gran éxito con el nombre de “piedra de Bolonia”, pero pasó al olvido con el descubrimiento del fósforo. Antoine Lavoisier volvió a estudiar el espato pesado, esta vez bajo el nombre de baroto, puesto por uno de sus colaboradores (del griego baros, es decir, “pesado”). El químico francés lo catalogó como “barita” o “tierra pesada” y consideró que era una sustancia simple. Davy, quien se había propuesto someter las sustancias simples de Lavoisier a la electrolisis, finalmente comprobó que en realidad contenía varios elementos, uno de ellos desconocido hasta el momento (1808). De inmediato lo bautizó como barium.

 

 

 

Lantano

Carl Gustaf Mosander.commons.wikimedia.org

En 1839, Carl Gustaf Mosander lo detectó al estudiar un mineral de cerio y, a sugerencia de su maestro Berzelius, lo bautizó como lanthana, del griego lanthano, que se refiere a un “lugar oculto y olvidado”, pues daba la impresión de que el elemento “se escondía”.

 

 

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Cerio.www.wikipedia.org

Cerio

Sólo con fines de ubicación, hay que señalar que a partir del cerio (58) hasta el lutecio (71), la tabla periódica separa una línea en la que agrupa los lantánidos o “tierras raras”. El cerio fue descubierto dos veces, de manera independiente, en 1803. Por un lado, lo hicieron Wilhelm Hisinger y Jöns Jakob Berzelius; por el otro, Martin Heinrich Klaproth. El nombre se debe al último de ellos, quien lo bautizó como referencia a Ceres, no la diosa romana, sino el satélite de Saturno que se había descubierto poco antes.

 

 

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Carl Auer von Welsbach.www.wikipedia.org

Praseodimio y neodimio
Ponemos juntos estos dos elementos porque se descubrieron de manera simultánea y eso influyó en su nombre. Pero antes un poco de historia. Mosander, en 1841, al estudiar el mineral de cerita, obtuvo una tierra a la que llamó didimia, del griego didymos (“gemelo”), porque siempre aparecía junto al lantano. En 1879, Paul Lecoq de Boisbaudran separó de la didimia una nueva tierra (ver samario). Finalmente, el austriaco Carl Auer von Welsbach obtuvo dos más. Las llamó, a partir de la misma palabra griega usada por Mosander, praseodimia y neodimia, es decir prasios didymos (“gemelo verde”, por su color al oxidarse) y neos didymos (“gemelo nuevo”).

 

Prometio

Este elemento se descubrió en 1945, aunque se tuvo indicios de su existencia desde cuatro años antes. El crédito se otorga a los estadounidenses J. A. Marinsky, Lawrence Glendenin y Charles D. Corye. No es misterio el origen del nombre: se refiere a Prometeo, el dios de la mitología griega que robó el fuego para darlo a los hombres, pues las sales de este elemento resplandecen como si se quemaran.

 

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Mineral samarskita.www.wikipedia.org

Samario
Este elemento fue detectado con espectografía en 1853. El descubrimiento real sucedió en 1879, cuando Paul Lecoq de Boisbaudran lo aisló de la didimia. Lo obtuvo a partir de un mineral llamado samarskita, conocido así en honor a un oficial de minas ruso de nombre Vasili Evgrafovich Samarsky–Bykhovets. Por ello el elemento se bautizó como samarium.

 

 

Eugéne Demarcay
hilliontchernobyl.com

Europio

Este elemento también fue detectado primero 1890 en unas líneas espectográficas que no correspondían a los elementos analizados. Se descubrió finalmente en 1901 y se atribuye su hallazgo a Eugène Demarcay. Y su nombre, como resulta evidente, no encierra ningún misterio, pues se refiere a Europa (el continente, no el personaje mitológico).

 

 

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Jean Charles Galissard de Marignac.
www.wikipedia.org

Gadolinio

Jean de Marignac lo descubrió a través del análisis espectográfico en 1880. El nombre se forjó a partir del mineral en que se detectó: la gadolinita, llamada así en honor del químico finlandés Johan Gadolin.

 

Terbio

En 1843, Carl Mosander estudió un mineral originario de Ytterby, un pueblo de Suecia, de cuyo nombre se derivarían los de tres elementos. Mosander lo separó en tres fracciones: una incolora, otra amarilla y la última color de rosa. A ésta última la llamó terbia.

 

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Disprosio.
www.wikipedia.org

Disprosio

Este elemento fue identificado por Paul Emile Lecoq de Boisbaudran en 1886, en una impureza de la tierra de erbia. Tan difícil de obtener es que apenas en 1959 se logró en forma pura. Por eso su nombre es más que justificado, pues proviene del dysprositos, cuyo significado es “de difícil acceso”.

 

Holmio

Éste es otro elemento encontrado al estudiar la tierra de erbia en 1878. En este caso el crédito se debe al sueco Per Teodor Cleve, aunque de manera casi simultánea fue detectado con espectografía por Jacques-Louis Soret y Marc Delafontaine. La denominación proviene de Holmia, el nombre que daban lo griegos a Estocolmo, ciudad donde nació Cleve.

 

Erbio

Poco más arriba (ver terbio) se mencionó que en 1843 Carl Mosander separó en tres fracciones un mineral de Ytterby. La de color amarillo recibió el nombre de erbia, y se trataba de un óxido del elemento que pasó a llamarse erbio.

Tulio

Per Teodor Cleve.chemeddl.org

Éste es otro elemento descubierto por el sueco Cleve en 1878. De nuevo se echó mano para nombrarlo al lugar donde había nacido Cleve, pero esta vez no la ciudad sino la zona geográfica: Thule, el nombre antiguo de Escandinavia.

Iterbio

Se trata del tercer elemento obtenido de las tres fracciones en que Carl Mosander separó en 1843 al mineral de Ytterby. En este caso se trata de la fracción incolora.

 

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Lutecio.
www.periodictable.com

 

Lutecio

Con este elemento se termina la serie de “tierras raras” o lantánidos. Aquí se encierra otra historia de descubrimiento simultáneo a partir del estudio del mineral llamado iterbio por Marignac. Por un lado, lo hizo el francés Georges Urbain, quien descubrió que en realidad eran dos elementos, a los que llamó neoiterbio y lutecio. Por el otro, Carl Auer von Welsbach también logró esa separación y los bautizó como aldebaranio y casiopeo. En 1949 se fijaron los nombres en iterbio y lutecio, este último en referencia a Lutecia, el nombre latino de París, donde se obtuvo por primera vez este elemento.

 

Hafnio

El holandés Dirk Coster y el húngaro Georg von Hevesy lo descubrieron en 1923. El nombre parece un enigma, pero todo es cuestión de historia antigua. Hafnia era el nombre latino de Copenhague, la capital de Dinamarca, ciudad donde se obtuvo por primera vez este metal.

 

Tantalio

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El castigo de Tántalo. Grabado de Bernard Picart.homepage.mac.com

En 1820 Anders Gustav Ekeberg estudió un mineral que se comportaba de manera extraña. Lo llevó a Jöns Jacob Berzelius, quien observó que se resistía al ataque de los ácidos para separar sus partes. Berzelius relacionó tal comportamiento con el suplicio al que estaba sometido Tántalo, el personaje de la mitología griega, rodeado de agua y frutos que no podía ni beber ni comer por más que quisiera. Así pues, bautizó al mineral como tantalita y, en consecuencia, el metal que contenía tendría que ser tantalium.

 

 

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Tungsteno.
www.wikipedia.org

Tungsteno

Esta palabra proviene de la frase sueca tung sten, que quiere decir “piedra dura”. Ahora bien, esta forma de llamar al metal ha sido la manera habitual de hacerlo en muchos ámbitos, al grado de que en 1931 César Vallejo publicó una novela que tituló, con todas sus letras, El tungsteno. No obstante, para la Real Academia Española es preferible la horrible voz wolframio, que se deriva del nombre de un mineral llamado wolframita, en el que Peter Woulfe predijo en 1779 la existencia de un elemento nuevo, cosa comprobada por Berzelius en 1820. ¿Por qué con w y no volframio, variante también aceptada y reconocida, que suena mejor y es más cercana a la pronunciación original? Hay también una tercera variante: wólfram; pero, ¿habrá quien la use? Los datos anteriores se asientan en la versión en internet (la más actualizada) del diccionario, pero en la versión impresa de 1992 (21ª edición) aparece una bonita cadena: wólfram o wolframio remiten a volframio, mientras que ésta remite a tungsteno (con lo que, luego entonces, esta última forma se consideraba entonces la opción preferente por contener la definición). ¿Qué hizo cambiar de opinión a los académicos? ¿Quizá lo hicieron porque dos españoles (Fausto y Juan José Elhuyar, en 1784, y por lo tanto verdaderos descubridores del metal) fueron los primeros en hablar del volfram (así lo llamaron ellos) y había que reivindicarlos? Aunque así fuese, eso tampoco explicaría el porqué de la preferencia por la forma en w.

 

 

 

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Walter Noddack. www.wikipedia.org

Renio

Alemania, 1925. En ese año Walter Noddack, Ida Tacke-Noddack y Otto Berg sometieron a un análisis con rayos X muestras de minerales de platino y columbita. Llegaron a una conclusión: ahí había un nuevo elemento. ¿Qué se tomó en consideración para bautizarlo? Sencillo, el río más característico de Alemania, el Rin, cuyo nombre en griego es Rhenus.

 

 

 

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Osmio metálico.
www.wikipedia.org

Osmio

Cuando Smithson Tennant obtuvo el osmio en 1804, el proceso empleado generó la única forma volátil que presenta este elemento, y a esa forma es que debe su nombre. En efecto, osmio se deriva de la palabra osme, que en griego quiere decir “olor”.

 

 

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Láminas de iridio.
www.wikipedia.org

Iridio

Cuando Tennant obtuvo el osmio al estudiar mineral de platino, también consiguió una muestra de otro elemento asociado: el iridio. Los compuestos de este otro elemento mostraban una gran diversidad de colores, así que nada más lógico para bautizarlo que pensar en el arco iris, que en griego es simplemente iris, la misma palabra que dio origen a otras voces en español como irisar y sus derivados.

 

 

Platino

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Platino.
www.wikipedia.org

 

Aunque este elemento se conocía desde la Antigüedad (se cree que Plinio se refiere a él cuando hablaba de plumbum album frente al plumbum candidum, que era el estaño), el nombre actual proviene del español y los descubrimientos hechos en América por los conquistadores, en particular a partir de un informe de Alonso de Ulloa de 1735, en el que menciona un metal parecido a la plata al que él llama platina. Ulloa fue capturado por piratas y llevado a Inglaterra, donde se conocieron sus textos. Años más tarde William Watson (quien seguramente conocía los escritos de Ulloa), presentó en Londres un informe donde se adjudica el descubrimiento de un metal al que llama Platina del Pinto.

 

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Barras de oro.
www.photos.com

Oro

Metal estimado por excelencia como precioso desde tiempos inmemoriales, lo único que podemos decir de su nombre en español es que se deriva del latín aurum, que designa al metal y tal vez tenga origen sabino. No en balde el metal ha sido relacionado una y otra vez con el Sol. Dado el aprecio que se le ha tenido, en la lengua la palabra oro ha pasado a calificar todo lo que es excelente, único, valioso. Por ejemplo, la medalla de oro es el máximo reconocimiento, las oportunidades de oro no hay que desperdiciarlas, el oro negro es el petróleo, en los homenajes se graba en letras de oro el nombre del homenajeado, hay que apreciar a quien tiene corazón de oro, hay que seguir la regla de oro y leer a los autores del Siglo de Oro. Sin embargo, siempre hay que desconfiar de quien ofrece el oro y el moro y, desde luego, no todo lo que brilla es oro.

 

 

 

Mercurio, dios del comercio.
www.gormagon.org

 

Mercurio

En este caso la denominación proviene del nombre del dios romano protector de los comerciantes, cuyo origen es el latín merx, que significa “mercancía”, palabra de la que también proviene en español mercado, por ejemplo. La costumbre de asociar planetas y elementos hizo que los alquimistas llamaran así a este elemento, pues es el astro que cambia con mayor rapidez en el firmamento y Mercurio, además, era el mensajero de los dioses, siempre en movimiento, al igual que el único metal líquido. En español tenemos una segunda palabra: azogue, cuyo origen es árabe (de zauq, es decir, “que corre”). Llama la atención que el símbolo sea Hg, pero se explica fácilmente: proviene del latín hydrargyrum, que quiere decir “plata líquida”.

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William Crookes.
www.wikipedia.org

 

Talio

Lo descubrió el inglés William Crookes en 1861 a través de la espectrografía. Lo llamó talio, de la palabra griega thallos, para “rama verde”, por el color que dejaba en el espectro. Un año más tarde, él mismo y el francés Claude-Auguste Lamy, en forma independiente, lo aislaron.

 

 

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Plomo.
villalbaplomo.wordpress.com

Plomo

Ya se mencionaron el plumbus candidum y el plumbus album, el adjetivo en ambos casos equivale a blanco, y ahora hay que sacar a colación el plumbus nigum, que es lo que nosotros conocemos como plomo. Usado el metal desde tiempos remotos, mucho se ha discutido el origen de la palabra sin que haya consenso. Se han atribuido a razones onomatopéyicas (plof) o a complicadas trasmutaciones de pronunciaciones y sentidos. Lo que sí es seguro es que se estableció como lo opuesto al oro y eso se refleja en las expresiones de la lengua. No se trata de transmutar el plomo en oro, sino de ir con pies de plomo, pero no con alas de plomo, lo mismo que evitar que nos consideren un plomo, mejor mantenerse a plomo, por no mencionar cosas útiles como la plomada y los plomos de las redes.

 

 

Bismuto

El bismuto se descubrió en la Edad Media y es lo que Basilio Valentino llamó wissemat. En 1640 aparece mencionado en un texto español como bisamuto. El origen de la palabra es alemán, pero existen dos versiones que la explican. Por un lado, wissemat sería la conjunción de Wissen (“prados”) y muten (“solicitar”), que se referiría a la solicitud de explotación minera del lugar llamado Los Prados. Por el otro lado, sería un derivado de wiesse Mase, es decir, “materia blanca”.

 

 

Marie Curie.www.wikipedia.org

Polonio

Es más que evidente el origen del nombre de este elemento. Fue descubierto por Marie Curie, quien tomó el nombre de su país natal para bautizarlo.

 

Ástato

Tres estadounidenses (Dale Corson, K. MacKenzie y Emilio Segrè) obtuvieron por primera vez ástato en 1940. Lo lograron bombardeando con partículas alfa un isótopo de bismuto. El nombre tiene origen griego, de astatos, palabra que significa “inestable”, pues carece de isótopos estables (el de mayor vida dura ocho horas). Se calcula que en un mismo momento no existen más de 25 gramos del elemento en toda la Tierra. Primero se llamó alabamino, porque fue sintetizado por primera vez en Alabama.

 

 

 

Friedrich Ernst Dorn.www.fisicanet.com.ar

Radón

Descubierto en Alemania por Friedrich Ernst Dorn en 1900, este elemento recibió ese nombre por obtenerse a partir de la degradación del radio. Originalmente se llamó natón, de niteo, en latín “brillar”, pues en estado sólido emite una luz amarillenta.

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Francio

El nombre no encierra misterios y nos dice en dónde fue descubierto. En 1939, Marguerite Perey lo detectó como uno de los productos de la degradación alfa del actinio. Mendeleiev ya había previsto su existencia. Es el último de los elementos descubierto en la naturaleza (todos los de fechas posteriores son sintéticos) y es más escaso e inestable que el ástato (el isótopo de mayor duración tiene 22 minutos de vida).

 

Pierre y Marie Curie en su laboratorio.
www.wikipedia.org

 

Radio

Fue descubierto en 1898 por Marie y Pierre Curie. Lo detectaron en una muestra de mineral de uranio. Su nombre proviene del latín radius, que significa “rayo”, pues como material radiactivo que es (un millón de veces más que el uranio) emite rayos.

 

Actinio

Un año después del radio se descubrió el actinio. De nuevo se hizo referencia al rayo por ser un material radiactivo, pero esta vez se recurrió a aktinos, la palabra griega. Su descubridor fue André-Louis Debierne.

 

El dios Thor en un manuscrito islandés del siglo XVIII.www.wikipedia.org

Torio
A partir de este elemento, y hasta el laurencio, la tabla periódica vuelve a separar una línea dedicada a agrupar a los actínidos. El torio, el primero de los elementos actínicos, se llama así por Thor, el dios de la guerra en la mitología escandinava. Berzelius lo descubrió y bautizó en 1829 a partir de minerales originarios de Noruega. No fue hasta 1914 que se obtuvo en estado puro.

Protactinio

Originalmente se le nombró protoactinio (“progenitor del actinio”), pues al descomponerse su isótopo se obtenía actino. Posteriormente, el nombre se cambió a protactinio. Fredrich Soddy, John Cranston, Otto Hahn y Lise Meitner, en Alemania e Inglaterra, lo descubrieron en 1917.

 

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Urano.
www.wikipedia.org

Uranio

Martin Heinrich Kalproth lo descubrió en 1789. Lo bautizó siguiendo la moda de hacer referencia a los descubrimientos astrómicos. En este caso es evidente que se trata del planeta Urano. Nos sólo es el elemento radiactivo más abundante, sino que también supera las existencias de cadmio, bismuto o plata, por ejemplo.

 

Neptunio

Lo descubrieron Edwin McMillan y P. H. Abelson en 1948. Fue el primer elemento artificial obtenido gracias al bombardeo de neutrones sobre el uranio. Su nombre se refiere al planeta Neptuno (el uranio y el plutonio también tomaron sus nombres de los últimos planetas del Sistema Solar).

 

 

Plutonio

Cuatro científicos lo descubrieron en 1940: Glenn Seaborg, J. W. Kennedy, E. McMillan y A. C. Wahl. Bombardearon uranio con deuterones. Como los elementos anteriores, hace referencia a un planeta del sistema solar: Plutón (el cual recientemente fue reclasificado, más bien degradado, a “planeta enano”).

 

A partir de aquí los motivos y paradigmas para dar nombre a los elementos se simplifican al grado de convertirse, salvo en algunos casos, en variantes de los nombres de algunos de los científicos más renombrados. Desde luego, todos son artificiales y suelen tener periodos de vida fugaces.

Amercio

Evidente: si ya había europio, ¿por qué no dedicar uno a América? Curioso: no hay ni para África ni para Asia. ¿Será que debemos interpretar América con el abusivo sentido que le dan los estadounidenses? Lo descubrieron Glenn T. Seaborg, Leon O. Morgan, Ralph A. James y Albert Ghiorso en 1944.

 

Curio

Merecidísimo homenaje a los esposos Pierre y Marie Curie. Glenn T. Seaborg, Ralph A. James y Albert Ghiorso lo descubrieron en 1944.

 

Berkelio

Universidad de California en Berkeley.
www.wikipedia.org

Descubierto por S. G. Thompson, A. Ghiorso y G. T. Seaborg en 1949, el nombre es una referencia a la Universidad de Berkeley, en Estados Unidos, donde se descubrieron muchos de los elementos trasuránicos.

 

 

Californio

En 1950 fue descubierto por Glenn T. Seaborg, Albert Ghiorso, Stanley Thompson y Kenneth Street. En el mismo tenor que el anterior, el nombre es una referencia al estado donde se encuentra la Universidad de Berkeley.

 

Einstenio

Albert Einstein en 1921.www.wikipedia.org

 

Todo el mundo conoce a Albert Einstein, así que no hace falta explicar el origen de este nombre. Lo descubrieron en 1950 Albert Ghiorso y colaboradores.

Fermio

Se nombró en homenaje a Enrico Fermi, quien construyó el primer reactor nuclear. Albert Ghiorso y colaboradores lo identificaron en 1952.

 

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Dimitri Ivánovich Mendeleiev.
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Mendelevio

Dimitri Mendeleiev dio un paso gigante en el estudio de la química al crear la tabla periódica de los elementos. Fue descubierto en 1955 por Glenn Seaborg, Albert Ghiorso, Bernard Harvey, Gregory Chopin y Stanley Thompson.

 

Nobelio

Otro nombre que, de tan explosivo y repetido, no necesita explicación. Aunque se había anunciado su descubrimiento en Suecia en 1957, no pudo reproducirse el experimento necesario, por lo que realmente lo encontró un año más tarde el equipo de Glenn Seaborg, en California.

 

 

Lawrencio

Nombre otorgado en honor a Ernest O. Lawrence, inventor del ciclotrón. A. Ghiorso, T. Sikkeland, A. E. Larsh y R. M. Latimer lo descubrieron en 1961. Aquí hay que señalar que eran épocas en las que la competencia entre estadounidenses y soviéticos estaba en auge, por lo que los rusos lo llamaron joliotio en honor a Frederic Joliot. Con este elemento termina la línea dedicada a los actínidos.

 

 

Rutherfordio

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Ernest Rutherford.
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Tanto equipos rusos como estadounidenses descubrieron este elemento en 1964. Cada equipo propuso un nombre: los rusos se inclinaron por kurchatovio (en honor a Igor Kurchatov, quien había sido líder de los proyectos atómicos soviéticos hasta su muerte en 1960) y los estadounidenses rutherfordio (como homenaje a E. Rutherford). Es evidente cuál de los nombres se adoptó.

 

Dubnio

Se llama así por el nombre del lugar donde se encontró: Dubna, en lo que entonces era la Unión Soviética. Lo descubrieron el ruso Georgii Flerov, entre 1967 y 1970, y el estadounidense Albert Ghiorso en 1970. Originalmente los nombres propuestos fueron Hahnio (por Otto Hahn), por parte de los estadounidenses, y Nielsbohrio (por Niels Bohr) , a solicitud de los soviéticos.

 

Seaborgio

Bastante ya se ha mencionado hasta aquí a Glenn T. Seaborg, a quien rinde homenaje el nombre de este elemento. Lo descubrieron Albert Ghiorso y colaboradores en 1974.

 

 

Bohrio

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Niels Henrik David Bohr.
www.wikipedia.org

En un segundo intento, lo soviéticos sí lograron que un elemento homenajeara a Niels Bohr. Fue descubierto en el Instituto Nuclear de Dubna en 1981.

 

Hassio

Este elemento fue descubierto en 1984 por Peter Armbruster, Gottfried Münzenber y colaboradores en el Laboratorio de Iones Pesados de Darmstadt, Alemania. El nombre proviene de Hassias, la palabra latina para designar el estado alemán de Hess.

Meitnerio

Descubierto en el Laboratorio de Investigación de Iones Pesados de Darmstadt, Alemania, por Peter Armbruster, Gottfried Münzenber y colaboradores, el nombre es un homenaje a la física austriaca Lise Meitne.

 

Ununnilio

Este elemento se descubrió en 1994 en el Laboratorio de Investigación de Iones Pesados de Darmstadt. El crédito es de S. Hofmann y colaboradores. Para evitar disputas por el nombre, en este caso se siguió la pauta marcada por la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (iupac: International Union for Pure and Applied Chemistry), que toma en consideración el número atómico, la forma latina de cada cifra y la terminación -ium (que se españoliza como -io).

El mismo procedimiento se siguió con los siguientes elementos:

Unununio (Darmstad, 1994, S. Hofmann y colaboradores)

Ununbio (Darmstad, 1996, S. Hofmann y colaboradores)

Ununquadio (Equipo del Instituto Nuclear de Dubna, 1998)

Ununhexio (V. Ninov, K. Gregorich, W. Loveland, A. Ghiorso, D. Hofmann, D. Lee, H. Nitsche, W. Swiatecki, U. Kirbach, C. Laue, J. Adams, J. Patin, D. Shaughnessy, D. Strellis, P. Wilk, Berkley, 1999)

Ununoctio (V. Ninov, K. Gregorich, W. Loveland, A. Ghiorso, D. Hofmann, D. Lee, H. Nitsche, W. Swiatecki, U. Kirbach, C. Laue, J. Adams, J. Patin, D. Shaughnessy, D. Strellis, P. Wilk, Berkley, 1999)

Por el momento siguen vacíos los casilleros para los números 113, 115 y 117 (más lo que se acumule esta semana).

 

Notas

1 Véase: Luis Ignacio de la Peña, “Los nombres de los elementos. Primera parte”, Correo del Maestro, núm. 159, año 14, agosto de 2009; “Los nombres de los elementos. Segunda parte”, Correo del Maestro, núm. 161, año 14, octubre de 2009; “Los nombres de los elementos. Tercera parte”, Correo del Maestro, núm. 163, año 14, diciembre de 2009.

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