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Ecoideas IV
HORTALIZAS ESCOLARES ECOLÓGICAS:
CÓMO PRODUCIR NUESTROS ALIMENTOS
Holger Hieronimi ∙▪Tamara Ortiz-Ávila
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| Las hortalizas escolares se entienden como una
clase fuera del salón, incluyen actividad física y práctica. Pueden añadir un
elemento dinámico a la rutina escolar. Ofrecen un espacio a los alumnos para
moverse y permiten a los que tienen habilidades prácticas lucir sus talentos.
Además, los conecta de una forma vivencial con una de
las actividades más antiguas y básicas que existen: obtener alimentos
directamente de la tierra. |
En el artículo anterior
de la serie Ecoideas,1 platicamos sobre el suelo y la
importancia que tienen los organismos que habitan en él, así como los
diferentes materiales que contiene. También vimos distintas formas en las que
es posible restaurar y mejorar nuestros suelos y cómo ayudarlos a recuperar las
propiedades que permiten que las plantas puedan crecer.
En este artículo hablaremos ahora sobre cómo
producir alimentos en la escuela una vez que hemos hecho nuestra composta.
¿Por qué hacer huertos escolares?
Desde la prehistoria, la especie humana ha
dependido del entendimiento profundo de los sistemas naturales que lo rodean
para obtener agua, alimento, cobijo, leña y vivienda. Descifrar la naturaleza y
mantener una relación de trabajo productivo con ella fue esencial para nuestra
supervivencia, y ha sido el fundamento para el desarrollo de las culturas y
civilizaciones.
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Las hortalizas escolares son actividades que incluyen
actividad física y práctica.
Foto: Holger Hieronimi. |
En el México rural, todavía hace pocos años, los
niños y jóvenes estaban integrados a las prácticas agroproductivas.
De esta forma, el conocimiento ancestral acerca del manejo sostenible del campo
se renovaba y transfería de generación en generación.
Sin embargo, procesos como la urbanización y la
migración, que forman parte de lo que actualmente concebimos como progreso, han
provocado en amplios sectores de la sociedad una progresiva pérdida de
conocimientos básicos acerca de la producción de alimentos. Recuperar los saberes antiguos –enriqueciéndolos con nuevos
descubrimientos derivados de la agricultura orgánica– puede ser una manera de
fortalecer a las comunidades frente a las crisis económicas y alimentarias que se están anunciando. Como siempre, es más
fácil empezar con los niños para introducir un cambio de hábitos. Por esta
razón dedicaremos este artículo a describir cómo trabajar con ellos para
producir algunos alimentos en la escuela.
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Preparación de las guías para el chícharo y el jitomate.
Foto: Holger Hieronimi. |
El desarrollo de un proyecto de hortalizas escolares
Por lo general, los proyectos de hortalizas
escolares tienen varias fases de desarrollo:
1. La preparación del sitio (instalación de
bardas, malla-sombras e invernaderos).
2. La elaboración de compostas y abonos orgánicos.
3. El acondicionamiento del suelo (con técnicas
como la doble excavación o
arropes de cobertura).
4. La siembra de almácigos y la obtención de
plántulas y esquejes.
5. El trasplante – la siembra de la hortaliza.
6. El mantenimiento de la hortaliza (riego,
deshierbe, fertilización, manejo
integrado de plagas).
7. La cosecha.
8. Preparación y uso de los productos en la
alimentación.
9. La limpieza de la hortaliza y preparación de
un nuevo ciclo de cultivo
(rotación).
Para facilitar la supervisión y asegurar una
correcta ejecución de los trabajos, es mejor que los niños se integren a las
actividades en pequeños grupos de entre cinco y diez. Los talleres son sobre
todo prácticos, ya que se trata de aprender haciendo.
Las prácticas varían según la edad; con los niños
más pequeños es muy bonito sembrar y trasplantar almácigos, plantas
medicinales, verduras y flores, mientras con alumnos de mayor edad se pueden realizar
trabajos más “pesados”, como elaborar compostas, construir
cercas y preparar una cama de cultivo.
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Para asegurar una correcta ejecución de los trabajos, es
mejor que los niños se integren en pequeños grupos de entre cinco y diez. Aquí
un equipo mezclando tierra y composta.
Foto: Holger Hieronimi. |
Con algo de imaginación, el trabajo con las
hortalizas permite ver aspectos de todas las materias escolares: tenemos algo de
biología (plantas y su crecimiento, insectos benéficos, insectos plaga,
lombrices), química (los macro y microelementos del
suelo, nutrientes), geografía (paisaje e historia geológica del lugar),
historia (la evolución de la agricultura y la domesticación de las plantas de
cultivo) y hasta matemáticas (¿cuántas plántulas de lechuga podemos sembrar por
metro cuadrado?). Esto es útil para tratar de una manera creativa y divertida
ciertas materias, que de otra manera serán a lo mejor muy difíciles de
transmitir.
El momento más emocionante siempre es la cosecha
de los primeros productos, y permite también organizar un pequeño taller para
elaborar una ensalada u otros platillos que se puedan compartir en el desayuno
escolar. Preferimos utilizar las cosechas obtenidas primero para mejorar
nuestra propia salud y alimentación; sin embargo, hay ciertas temporadas en las
que es posible lograr excedentes, venderlos y obtener los recursos necesarios
para la compra de semillas e insumos.
Respecto a los materiales y costos, los proyectos
pueden ser muy económicos, aunque es necesaria una inversión inicial para
estructuras, herramientas y otros materiales. Los insumos para el mantenimiento
de la hortaliza son baratos y muchas veces se encuentran en la región: paja,
tierra vegetal, estiércol seco de vaca, borrego o caballo, materia orgánica,
semillas.
Actividad |
Preparación de camas de cultivo para establecer hortalizas escolares
A continuación presentamos dos estrategias
diferentes de preparación del terreno para el establecimiento de la huerta.
A. la técnica de la doble excavación
Es una técnica de preparación y aflojamiento
profundo del suelo sin voltearlo. Requiere cierto esfuerzo, especialmente si no
se está acostumbrado al manejo de herramientas de mano. Permite crear con
rapidez un suelo intacto y rico en nutrientes, con suficiente aireación para
obtener desde el principio buenas cosechas. Es parte del método biointensivo del cultivo orgánico de alimentos,
desarrollado y promovido por John Jeavons.
Sólo es posible realizarlo en terrenos donde haya un suelo bastante profundo.
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Se trazan los límites de la cama, conforme a los
contornos. En terrenos planos, podemos marcarla del oriente hacia el occidente. El ancho de la cama debe ser igual a la distancia
de los brazos extendidos de dos personas acuclilladas en los lados opuestos de
la cama. De esta manera, seremos capaces de llegar a todas partes de la cama
para los trabajos de siembra, trasplante, deshierbe y cosecha. El ancho de la cama mide entre 80 cm y 1.50 m; el largo varía. |
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| Deshierbamos el sitio
y aflojamos la tierra con un bieldo, a una profundidad de 10 a 15 cm. Encima de
la tierra se extiende una capa de 10 cm de composta madura o estiércol seco de burro o caballo.
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En un extremo de la cama se abre una zanja de 30 cm de ancho y lo mismo de profundidad. La tierra
obtenida se coloca en una carretilla, o bien, en el otro extremo de la cama.
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Abajo de la zanja recién cavada se afloja el
suelo a una profundidad de 30 cm si es posible;
utilizamos para esto un bieldo o un pico, si el suelo es muy duro. Si la tierra
en el fondo de la zanja está formada por barro y arena, se agregan otros 10 cm de abono orgánico y lo revolvemos con la tierra.
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Una vez terminada la primera zanja y con la
tierra de abajo aflojada, se abre otra zanja del mismo tamaño, al lado de la
primera. La tierra que obtenemos la colocamos en la primera zanja. También
aflojamos a una profundidad de 30 cm la tierra abajo
de esta segunda zanja, revolviéndola con abono orgánico si es necesario.
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Seguimos este procedimiento hasta llegar al otro
extremo de la cama. En la última zanja echamos la tierra que obtuvimos
excavando la primera.
Ahora emparejamos la cama con la pala, el
rastrillo o un azadón. Los bordes no deben tener más de 45° de pendiente; si es
así, se refuerzan con madera, troncos o piedras.
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La capa superior de la cama se enriquece con
otra capa de composta cernida con una malla de
gallinero, añadiendo una pequeña cantidad de ceniza, harina de hueso o cáscara
de huevo molida (en suelos ácidos); aplicamos arropes, por ejemplo, hojas, paja
o pasto podado (de preferencia sin semillas).
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B. camas de arropes de cobertura o “el huerto
instantáneo”
Ésta es una técnica muy popular que implica poco
trabajo físico, pero requiere una gran cantidad de materiales para
implementarla con éxito. Se presta para hacerlo con niños más pequeños.
Este método crea condiciones óptimas para que
insectos, lombrices, bacterias y microorganismos hagan el trabajo de aflojar el
suelo. A lo mejor requiere un poco de tiempo, dependiendo de las condiciones de
nuestro terreno.
Para realizar una “cama de arropes” se necesitan
cantidades considerables de: cartón o papel periódico, estiércol de burro,
vaca, caballo o gallina, residuos orgánicos, composta madura, tierra, paja.
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Preparación de la cama.
Foto: Holger Hieronimi. |
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Escoja un lugar para establecer su jardín de
cultivo: ¡entre más quelites y “mala hierba” tenga, mejor! Se poda el pasto lo
más cerca del suelo, tumbando quelites o macheteando hierbas altas para nivelar
la superficie. Si el suelo está muy duro, podemos abrir la superficie un poco
con un bieldo o un pico, para que la materia orgánica tenga más facilidad de
penetrar el suelo.
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Luego se aplica en el área algo de estiércol (no
poner demasiado, máximo 1 cm) y, si es posible, otros
proveedores de nitrógeno como harina de hueso. También se agrega un poco de cal
o algo de ceniza y algún suplemento mineral que pueda necesitar la tierra (como
fósforo).
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Colocación del cartón para la cama.
Foto: Holger Hieronimi. |
Cómo mover la paja para la cama.
Foto: Holger Hieronimi. |
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Después se cubre toda el área con cartón, o
papel de periódico, petates, ropa vieja de algodón; cualquier fibra orgánica
puede servir. Lo que queremos es impedir el nuevo crecimiento de las hierbas y
quelites. El zacate se muere abajo de una capa gruesa
y bien colocada de materia orgánica y se transforma en abono para nuestro
jardín. Si en nuestra cama hay un ligero declive, se colocan los materiales de
tal forma que el agua pueda entrar lo más fácil al suelo. Conviene mojar los
cartones y periódicos antes de colocarlos, ya que así se acomodan mejor al
suelo.
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La capa siguiente (10 cm)
puede ser de cualquier desperdicio de cocina o composta que esté a la mano, fresco y recién salido de la cocina. (No utilicemos restos
de carne, ya que pueden atraer a los perros hacia nuestra huerta.)
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Enseguida hay que cubrir todo con una buena capa
de tierra orgánica y vegetal, como composta madura
(15 cm). Para terminar la preparación de la cama
ponemos una cobertura de paja (sin semillas) de 10 cm.
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Para sembrar, con una espátula se hace un hoyo
que atraviese todo el “colchón” orgánico y el cartón, se llena con tierra negra
y se plantan semillas y plántulas jóvenes como lechuga, albahaca, jitomate,
alcachofa, papas, betabel, zanahoria, etcétera. |
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La hora de sembrar
Para sembrar las semillas pueden utilizarse dos
métodos:
a) la siembra directa, que significa que colocamos
la semilla directamente en la cama, o
b) la siembra en almácigos, que significa que
pondremos las semillas en una caja o recipientes con composta a 8 cm de profundidad. Cuando las plantas hayan
desarrollado al menos tres o cuatro hojas, las trasplantamos a la cama. Este
método es útil para proteger las semillas y las plantas de depredadores. Cuando
hay que tener mucho cuidado en no lastimar las raíces.
En el diseño de las camas conviene intercalar
plantas que “crecen hacia arriba” como lechugas, espinacas, acelgas, jitomates,
con plantas que “crecen hacia abajo” como zanahorias, betabel, cebolla o ajo.
Esto nos permitirá aprovechar mejor los nutrientes de nuestra cama y distribuir
mejor el espacio.
Una vez que las plantas hayan comenzado a crecer
en las camas, es importante que vigilemos si aparecen animalitos que se las
comen o generen manchas en las hojas. Para ayudar a las plantas a que esto no
suceda, existen productos orgánicos que podemos elaborar nosotros mismos, o
bien, comprar en alguna tienda especializada.
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También es importante que utilicemos semillas
orgánicas ya que las que se venden en tiendas comúnmente han sido rociadas con
sustancias químicas que pueden ser tóxicas para los niños. En México existe una
red de productores y comercializadores de semillas orgánicas con quienes
podemos contactarnos (ver vínculos de redes en internet al final del artículo). |
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Enlaces de internet recomendados |
Información general y acceso a otros vínculos:
• www.tierramor.org
• www.growbiointensive.org/Spanish/index.html
• www.proyectociesa.com.ar
Manuales:
•
www.tierramor.org/PDF-Docs/ManualHuertoBiointensivo.pdf
• www.tierramor.org/permacultura/hortalizas1.htm
• www.ifoam.org/growing_organic/7_training/training_pdf/preview_huerta_organica.pdf
Redes:
• Red de semillas orgánicas: www.bosquedeniebla.com.mx/sem.htm
• Red de tianguis orgánicos: www.greenpeace.org.mx
(en la sección
campañas/agricultura sustentable/consumidores) |
Referencias bibliográficas
jeavons,
J., Cultivo biointensivo de alimentos, 7a. ed., Ecology Action, s./l., 2002,
260 pp.
pia,
F., Huerta orgánica biointensiva, ciesa-ifoam, Buenos Aires, 2005.
restrepo,
J., El ABC de la agricultura orgánica y la harina de rocas, simas, Managua,
2007, 262 pp.
hieronimi,
H., La hortaliza familiar biointensiva. Taller
práctico introductorio, Granja Tierramor,
Michoacán, 2005, 30 pp. (Disponible en internet.)
seymour,
J., La vida en el campo y el horticultor autosuficiente, 15a. ed., Blume Ediciones, Barcelona,
1991, 512 pp. |
Notas
1 Francisco Mora y Tamara Ortiz-Ávila, “Ecoideas III. ¿Basura o abono? Materia orgánica en acción”, Correo del Maestro, núm.
154, año 13, marzo de 2009, pp. 5-12. |
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