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Correo del Maestro Núm. 138,noviembre 2007

¿Cómo se estudian las culturas antiguas?
Introducción a la arqueología

Diana Martínez Yrízar
Figura 1. Excavación extensiva en Teopancazco, Teotihuacan.
Foto: Diana Martínez Yrízar.

Cuando la gente visita una zona arqueológica lo que ve son una serie de edificios en ruinas y se imagina el trabajo del arqueólogo lleno de aventuras y tesoros, como los que encuentran Indiana Jones o Lara Croft. En realidad, es emocionante, pero no en ese sentido: la arqueología va más allá de simplemente reconstruir edificios en ruinas, pegar vasijas y encontrar tesoros perdidos.

La arqueología como antropología

La antropología es el estudio del hombre y su cultura, y esta última se define como:

El conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualesquiera otras capacidades y hábitos adquiridos por el hombre en cuanto a miembro de la sociedad.1 

Por ello la antropología es una disciplina amplia que engloba varias subdisciplinas como la antropología física, la antropología social, la antropología lingüística y la arqueología:

La antropología física se ocupa del estudio de las características biológicas o físicas del hombre y su evolución.

La antropología social analiza la cultura y las sociedades humanas contemporáneas.

La antropología lingüística se dedica al estudio del papel social y cultural de la lengua.

La arqueología estudia las culturas antiguas a través de sus restos materiales como construcciones, esculturas, pinturas murales, artefactos de cerámica, piedra y otros materiales como semillas carbonizadas, pedazos de madera y huesos de animales que constituyen lo que se conoce como la cultura material dejada por las sociedades del pasado. Dichos restos son fragmentos que llegaron al presente después de haber pasado por un proceso de uso, reuso y desecho.

La arqueología no se reduce a la recolección de objetos bonitos, sino que se trata de saber cómo interpretar la cultura material en términos humanos, es decir, responder a diferentes preguntas. ¿Cómo se utilizaron esas vasijas? ¿Por qué algunas viviendas son circulares y otras rectangulares? ¿De qué época son tales construcciones? ¿Cómo se organizaba la sociedad? ¿Cuál era el entorno en el que vivían? ¿Qué comían, cuál era su dieta?, entre otras. No sólo se interesa por tener una idea clara de cómo vivía la gente, sino también pretende entender por qué vivían de esa forma y no de otra, es decir, explicar el cambio. La arqueología estudia un periodo de tiempo muy amplio, desde inicios del Holoceno hasta nuestros días; para ello se ha dividido en Historia, época en que se tienen registros escritos, y Prehistoria, donde no se cuenta con dicho tipo de registros.

Los inicios de la arqueología

El pasado de los pueblos constituye su historia, de ahí que los seres humanos siempre han tenido la necesidad de conocer sus orígenes. Tal interés se remonta hasta las primeras civilizaciones de Mesopotamia y China, las cuales ya recogían información sobre antiguas ruinas. En México, los aztecas se consideraban descendientes de los toltecas y creían que Teotihuacan había sido su capital. Realizaban peregrinaciones a la Ciudad de los Dioses e incorporaron máscaras provenientes de ésta en las ofrendas encontradas en el Templo Mayor en el centro de la Ciudad de México.

A partir del siglo XVI, los europeos empezaron a estudiar monumentos antiguos y a reunir colecciones de antigüedades. A este periodo se le conoció como “el de los viajeros y anticuarios”. En el siglo XVIII se iniciaron las excavaciones en algunas de las ciudades antiguas como Herculano en Italia; sin embargo, el objetivo de éste –y otros trabajos– era la obtención de “obras de arte” para colecciones privadas, por lo que se extrajeron piezas arqueológicas sin ninguna clase de registro. No fue sino hasta mediados del siglo XIX cuando la arqueología se constituyó en una disciplina, y tres conceptos básicos proporcionaron un marco para el estudio del pasado y para plantearse preguntas sobre él.

I. El primero proviene de la geología, y es la estratificación de las rocas cuyo principio es que las capas más antiguas se encuentran generalmente a mayor profundidad. Esto implica que los objetos encontrados en capas superiores de una excavación deberían ser más modernos que los de capas inferiores. Esta idea se pudo aplicar al pasado humano, lo cual marcó una de las nociones fundamentales de la arqueología.

II. Proveniente de la biología, el segundo es el de la evolución de las especies propuesto por Charles Darwin en 1859, en el que se dice que la especie humana surgió como parte de dicho proceso, por lo que era válido buscar los orígenes del hombre en el registro material.

III. Finalmente, Thomansen, en 1836, planteó el sistema de las tres edades (Piedra, Bronce y Hierro, sucesivamente), concepto útil para el progreso de la prehistoria europea.

Conforme se generaban estos conceptos, también se desarrollaban métodos de campo que permitían realizar excavaciones sistemáticas, registros precisos de los objetos encontrados y propuestas cronológicas de los hallazgos. A la par se llevaron a cabo expediciones en Egipto, Grecia, India, Mesopotamia, la zona maya y Perú.

En el centro de México, don Manuel Gamio aplicó en una excavación en Azcapotzalco, en 1912, la técnica estratigráfica para la obtención de materiales arqueológicos, la cual consistió en excavar por capas depositadas natural o culturalmente. Gamio pudo determinar con certeza la secuencia cronológica de las culturas que habían ocupado la región. Y también planteó el concepto de investigación integral, tomando en consideración diversos aspectos de las culturas al analizar la región tanto en su pasado prehispánico, como colonial y actual. La culminación de su trabajo es la publicación de La población de Valle de Teotihuacan, en 1922.

¿Cómo se buscan los sitios arqueológicos?

México cuenta con una gran cantidad de vestigios arqueológicos y existen dos formas de hacer arqueología:

1. Rescate y salvamento. Cuando se realizan descubrimientos de manera fortuita por la construcción de obras, los hallazgos se registran y rescatan antes de que sean destruidos. El salvamento, a diferencia del rescate, consiste en efectuar un proyecto de investigación en el área que será afectada por las construcciones de edificios, carreteras, diques, drenajes y tuberías.

2. Proyecto de investigación. Consta de cuatro fases:

a) Planteamiento de hipótesis, objetivos y estrategia de investigación para contrastar dichas hipótesis.

b) Obtención de la información con la que se verificará la hipótesis.

c) Análisis de la evidencia y su interpretación a través de la comprobación de la hipótesis original.

d) Publicación de los resultados.

El primer paso para la realización de un proyecto de investigación es delimitar la zona que se va a investigar, seguido de la consulta de documentos antiguos y referencias bibliográficas del área. El trabajo de campo inicia con la localización y el registro de estructuras a través del uso de la fotografía aérea superpuesta para crear un efecto estereoscópico, de modo que la superficie se vea en tres dimensiones. Las estructuras arqueológicas visibles en la superficie se evidencian por sombras, diferencias en la vegetación, manchas de distinto color y textura en el terreno. El siguiente paso es evaluar el tamaño, tipo y la distribución de las estructuras para decidir dónde se va a excavar y cómo se realizará. Para verificar la información obtenida de la fotointerpretación se efectúa un recorrido de superficie del área y se recoge material cerámico y lítico. Un ejemplo de este tipo de prospección de superficie lo llevó a cabo en la década de 1970 René Millon en Teotihuacan, quien logró definir los límites irregulares de la ciudad que cubre un perímetro de 20 km2 y generó un mapa de la ciudad delimitando conjuntos habitacionales, públicos, de servicio y rituales.2

Actualmente se utilizan técnicas de prospección geofísica para identificar debajo de la superficie materiales con propiedades físicas diferentes. Estas técnicas incluyen mediciones de propiedades magnéticas, usando un gradiómetro. Para medir las corrientes y los potenciales eléctricos, se emplea un geoscan y resistivímetro; para la reflexión de ondas electromagnéticas, el georradar con un sistema sir gssi y una antena. Y para revelar elementos conductores, el detector de metales. El procesamiento de datos necesita equipo y programas desarrollados que permitan la transformación digital de éstos en imágenes.3

Hasta aquí he mencionado las técnicas empleadas para la detección de construcciones antiguas; sin embargo, la única manera de comprobar la fiabilidad de los datos superficiales es la excavación. Partiendo del concepto de la estratificación, o estratigrafía, se considera que las actividades humanas se realizan en un lapso determinado y los cambios experimentados por esas actividades de una época a otra, es decir, actividades simultáneas, tienen lugar de forma horizontal en el espacio mientras que sus cambios se producen verticalmente en el tiempo. Estas secuencias, horizontal (espacio) y vertical (tiempo) constituyen parte de la metodología de excavación.

La excavación es intrusiva y destructiva, por lo tanto, debe planearse de la forma más eficiente. Hay dos tipos de excavación: intensiva y extensiva. La primera consiste en pozos de sondeo que permiten verificar la información del recorrido de superficie de forma puntual. Este tipo de excavación se puede realizar si no se cuenta con mucho tiempo y dinero para la investigación, o bien, si el área es muy grande y no es posible excavarla en su totalidad. El tamaño de los pozos varía y van de un metro cuadrado, de dos metros por uno, o bien, de dos metros cuadrados. Tal es el caso de la construcción de la Línea Ocho del metro en la Ciudad de México, donde se excavaron pozos a intervalos de cincuenta metros siguiendo el trazo de la línea desde su inicio hasta la parte final de la misma.4

La excavación extensiva consiste en abrir una superficie mayor. Una de las primeras técnicas de este tipo de excavación fue la propuesta por Wheeler, y consiste en establecer una cuadrícula y excavar una serie de cuadros a manera de tablero de ajedrez. Cada cuadro es una unidad de excavación de la cual se registran todos los objetos encontrados en el mismo. La técnica ha variado y actualmente se prefiere la excavación abierta donde se trabajan todos los cuadros y no se dejan divisiones permanentes. Este tipo de excavación permite, además de una imagen global del desarrollo del sitio, tener un control de la estratigrafía. El registro de los hallazgos se efectúa de manera tridimensional en un cuaderno anotando su ubicación sobre los ejes “X” y “Y” del cuadro, así como la profundidad “Z”; también se describe el objeto u objetos, se hacen dibujos detallados de su localización y se fotografían. Una vez retirados del lugar en el que se descubrieron, se colocan en bolsas de plástico con un número de registro y los datos de donde provienen, profundidad y tipo de material. Un ejemplo de esta técnica de excavación y registro minucioso es el trabajo de la doctora Linda Manzanilla en Teopancazco, Teotihuacan, Estado de México (ver fig. 1).

Ambos tipos de excavación –intensiva y extensiva– se llevan a cabo siguiendo las capas naturales del terreno, o bien, por intervalos métricos fijados por el arqueólogo cada 10 o 20 cm.

Además de los restos de cerámica y lítica recuperados en una excavación, se cuenta con otras fuentes de información, como los restos de origen orgánico (ver fig. 2), es decir, las plantas y los animales usados por los humanos en el sitio. La conservación de dichos restos depende de las condiciones del sedimento como extrema humedad, aridez, congelación y anegamiento. Los restos orgánicos pueden estar carbonizados, desecados o mineralizados y éstos proveen de información relacionada con los ambientes antiguos, además de los usos que el hombre les daba como alimento, herramientas, materia prima para la construcción de vivienda y confección de vestimenta, así como medicinal y ritual.

Figura 2. Restos orgánicos.

La paleoetnobotánica es la disciplina que estudia y analiza los restos de plantas que consisten en macrorrestos (semillas, frutos y madera) y los microrrestos (polen y fitolitos5). Las técnicas de recuperación para las semillas pueden ser in situ o a través de la técnica de flotación. Tanto el polen como los fitolitos se recuperan del sedimento por medio de ataques fisicoquímicos. La determinación de estos materiales se hace comparando sus características morfológicas, y para ello se usan manuales de identificación de semillas, polen y fitolitos de plantas actuales. La arqueozoología, por su parte, se encarga del estudio y análisis de los restos de fauna como huesos (de mamíferos, aves, peces) y conchas. La recuperación de dichos restos se hace en campo, y su identificación, por comparación morfológica, con ejemplares actuales. Además del uso que se daba a los animales, proveen de información sobre la dieta, la estacionalidad, la domesticación y las estrategias de explotación de los recursos.

Uno de los materiales más comunes en los contextos arqueológicos es la madera carbonizada o carbón. El fechamiento de este material permite ubicar en el tiempo los hallazgos asociados. La técnica usada es el radiocarbono o carbono 14. Toda la materia orgánica contiene carbono; este isótopo se genera cuando los rayos cósmicos bombardean la estratosfera terrestre y es absorbido por cualquier ser vivo en todas partes del mundo. Cuando el ser vivo muere, el isótopo radiactivo comienza a decaer de manera gradual, lo que permite medir la cantidad de carbono que queda. La datación por radiocarbono se usa para fechar huesos, madera carbonizada y semillas. Las fechas se expresan como intervalos estadísticos “antes del presente” (BP, por sus sillas en inglés), que se calcula desde 1950. Existen otras técnicas para fechar, como la espectrometría aceleradora de masas (ams), la termoluminiscencia, el método uranio-torio y potasio-argón.6

La pintura mural es otra fuente de información para la arqueología. En nuestro país, a finales del siglo XIX había escasas referencias al respecto, y conforme transcurría el nuevo siglo, y a la par de las exploraciones, se sucedieron numerosos descubrimientos de murales en las diferentes zonas arqueológicas en las que se trabajaba, como las pinturas de Bonampak, en Chiapas, o los murales de Cacaxtla, en Tlaxcala. Actualmente se tiene evidencia en todo el Altiplano central, en las costas del Pacífico y del Golfo, en la zona maya y en el norte del país. Lo que caracteriza a “la pintura mural mesoamericana” es la profusión de color y un lenguaje que comunicaba las costumbres, los rituales y las creencias de cada uno de los pueblos a pesar de los distintos estilos pictóricos.7

El penúltimo paso y el más importante del proyecto de investigación consiste en el análisis y la evaluación de la evidencia y su interpretación a través de la contrastación de la hipótesis principal. Esto es, construir una propuesta que explique los procesos de naturaleza continua y de larga duración que actúan en la sociedad.8  Y, finalmente, la publicación y difusión de la investigación.

Historia cultural de México precolombino

Casi dos siglos de exploración arqueológica en México han dado como resultado una gran cantidad de datos que permiten la explicación de nuestro pasado prehispánico. La información se ha organizado desde tres aspectos: 1) espacio o regiones geográficas, 2) tiempo o periodización y 3) culturas. Esta forma de organizar la información no implica que una sea más importante que la otra, simplemente se le da más peso a uno u otro de los aspectos mencionados y al final los tres se conjugan para conformar la historia cultural del México prehispánico.

En 1943, Paul Kirchhoff propone el término Mesoamérica (ver fig. 3) para caracterizar la región central y sur de México hasta Centroamérica, que a la llegada de los españoles estuvo habitada por numerosas sociedades sedentarias agrícolas con diferentes niveles de desarrollo en espacio y tiempo, pero que compartían rasgos culturales. Cada región tuvo sus propias pautas y su integración con otras se dio a través de alianzas políticas e intercambio comercial. A continuación se presenta una síntesis de las diferentes etapas culturales del país.

I.  Etapa Lítica (30 000-2500 a.C.)

Ésta es la etapa más antigua. En ella ocurre el poblamiento de México por grupos cazadores-recolectores, y se divide en cuatro periodos:

1. Arqueolítico (30 000-9500 a.C.): se caracteriza por su incipiente industria lítica, lo que indica un aprovechamiento de pequeños animales y mayor énfasis en la recolección.

2. Cenolítico Inferior (9500-7000 a.C.): se observa un desarrollo en la técnica de la industria lítica con una mayor variedad de instrumentos; la caza se convirtió en el componente principal de la subsistencia junto con la recolección.

3. Cenolítico Superior (7000-2500 a.C.): en éste, también, ocurrieron avances tecnológicos, entre los que destaca el pulido, que permitió el uso de piedras más duras. La subsistencia sigue dependiendo de la caza y la recolección.

4. Protoneolítico (5000-2500 a.C.): se traslapa con el periodo anterior y se caracteriza porque en éste se dio el desarrollo de la agricultura. Este proceso no sucedió en todo el territorio mexicano, sino en la parte central. Se caracteriza por artefactos líticos mejor acabados y los utilizados para el procesamiento de vegetales (molienda). La etapa lítica finaliza con la adopción de la agricultura.

Figura 3. Mapa de Mesoamérica.
Mapa: César Fernández.

II.  Preclásico Temprano (2500-1200 a.C.)

Durante este periodo se consolidan dos rasgos principales de las culturas mesoamericanas: el sedentarismo y la agricultura como base de la subsistencia. Evidencia de esto son la domesticación de plantas y animales como maíz, frijol, calabaza, guajolote y perro. El barro cocido se usa para hacer vasijas y figurillas. Y la organización social es tribal en aldeas pequeñas.

III.  Preclásico Medio (1200-400 a.C.)

La agricultura y el sedentarismo permitieron la formación de una organización social más compleja, diferenciación social y el surgimiento de jerarquías por linaje. Las aldeas son de mayor tamaño y se da un intercambio de materias primas, bienes e ideas entre éstas y a nivel regional. Se inicia la construcción de edificios públicos, surge la escritura y el calendario. Predomina la cultura olmeca.

IV. Preclásico Tardío (400 a.C.-200 d.C.)

Se consolidan las características de la etapa anterior y surgen las primeras grandes ciudades como densos centros regionales con aldeas satélites, las cuales requirieron un control cada vez más estricto y la búsqueda de homogeneidad en las expresiones culturales. Expansión de rutas mercantiles y del comercio a larga distancia. La arquitectura es monumental. Teotihuacan, Monte Albán y El Mirador son ejemplos de dichos centros.

V. Clásico (150/200-900 d.C.)

1. Clásico Temprano (150/200-650 d.C.): desarrollo de la agricultura intensiva. Capitales con control regional como Teotihuacan y Monte Albán. Consolidación de las elites y un sistema de relaciones económicas y políticas. Religión como una institución que regía la vida de los pobladores. Las ocupaciones se diversifican y especializan. Construcción de edificios públicos y privados con arquitectura monumental.

2. Clásico Tardío (650-950 d.C.): con la caída de Teotihuacan, surgen poderosas unidades políticas regionales, por lo que aumenta la competencia comercial y los conflictos armados. Las ciudades-Estado se ubican en lugares estratégicos con arquitectura defensiva. Sociedades con pluralidad étnica. Esplendor del calendario, la escritura, la numeración y la  astronomía. Xochicalco, en Morelos; Cacaxtla, en Tlaxcala; Cantona, en Puebla, y Tajín, en Veracruz, son algunas de las ciudades características de este periodo.

VI. Posclásico (900-1520 d.C.)

1. Posclásico Temprano (900-1200 d.C.): migraciones constantes caracterizan este periodo junto con un militarismo extremo. Época de gran diversidad cultural. Inestabilidad política. Auge del culto religioso a la Serpiente Emplumada, aumento en la arquitectura pública y defensiva. Ciudades multiétnicas como Tula y Chichén Itzá.

2. Posclásico Tardío (1200-1520 d.C.): desintegración del antiguo orden político y social que propicia el surgimiento de grandes estados como el de los mexicas con su capital México-Tenochtitlan y el tarasco o purépecha con Tzintzuntzan. Expansión por conquista, incremento del militarismo, tributo y sacrificio humano. Intensa actividad comercial que dio lugar a un grado de integración entre las distintas regiones mesoamericanas.9

Tradicionalmente se considera que la historia del mundo prehispánico acaba con la caída de México-Tenochtitlan; sin embargo, no todas las sociedades indígenas desaparecieron con el largo y complejo proceso de conquista y colonización española; muchas resistieron, lo que permitió una permanencia de instituciones, prácticas y creencias religiosas que han perdurado hasta nuestros días.

Bibliografía

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gamio, Manuel, La población del Valle de Teotihuacan, Instituto Nacional Indigenista, México, 1922.

lópez Austin A., L. López, “La periodización de la historia mesoamericana”, en Tiempo Mesoamericano I, núm. 11, pp. 6-13. Arqueología Mexicana, 2002.

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manzanilla, Linda, Proyecto: “Teotihuacan: elite y gobierno, Teopancazco y Xalla”, presentado al Consejo de Arqueología, inah, 20 de agosto de 1997.

manzanilla , Linda, y L. López Luján (coord.), Historia antigua de México, vol. s. I-IV, inah/unam/ Miguel Ángel Porrúa, México, 1994-1995.

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renfrew, Colin, y Paul Bahn, Arqueología. Teorías, métodos y práctica, Akal, Madrid, 1993, 571 pp.

1 Taylor, Edward B., La cultura primitiva (1871), Ayuso, Madrid, 1981.

2 René Millon, “The Teotihuacan Mapping Project”, en J. A. Graham (ed.) Ancient Mesoamerica, Peel Publications, Palo Alto, 1971.

3 Luis Barba, Radiografía de un sitio arqueológico, Instituto de Investigaciones Antropológicas, unam, México, 1989, 140 p.

4 Martínez Y., Diana, “Informe de excavación de la Línea Ocho del Sistema de Transporte Colectivo Metro, presentado a la Subdirección de Salvamento Arqueológico”, 1992.

5 Fitolitos: estructuras que se forman en las células de las plantas por despositación de sílice disuelto en agua.

6 Colin Renfrew y Paul Bahn, Arqueología. Teorías, métodos y práctica, Akal, Madrid, 1993, 571 pp.

7 Beatriz De la Fuente,  “La pintura mural prehispánica en México”, en Arqueología Mexicana, vol. III, núm. 16, pp. 6-15, México, 1995.

8 Colin Renfrew y Paul Bahn, Arqueología. Teorías, métodos y práctica, Akal, Madrid, 1993, 571 pp.

9 Austin A. López y L. López, “La periodización de la historia mesoamericana”, en Tiempo Mesoamericano I, núm. 11, pp. 6-13. Arqueología Mexicana, 2002.

 

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