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El norte de México.
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El clima sin duda ha desempeñado un papel preponderante en la evolución de la vida en la Tierra. Los cambios que en él se presentan son capaces de ocasionar extinciones en masa de plantas y animales o pueden significar una oportunidad para la aparición de nuevas especies. Por ejemplo, la alteración en el ambiente producido por la colisión de un meteorito en el Jurásico produjo la extinción de los dinosaurios, pero, al mismo tiempo, permitió la evolución y la diversificación de los mamíferos que millones de años después dieron origen al hombre.
El clima ha sido también un factor importante en el desarrollo de las diferentes culturas, desde el origen de la agricultura hasta la actualidad. En cada momento de la historia, los cambios ambientales provocaron diferentes respuestas en las poblaciones humanas, las cuales pudieron influir desde pequeños ajustes en el modo de vida hasta el abandono de los asentamientos.
En los últimos años, la mayoría de las personas ha oído hablar del cambio climático como consecuencia de las actividades humanas. Por ejemplo, la liberación a la atmósfera de gran cantidad de gases invernadero –producidos principalmente por la quema de combustibles fósiles (petróleo)– está provocando, entre otras cosas, un incremento en la temperatura. En la Antigüedad, los cambios en el clima fueron producto de fenómenos propios de la naturaleza que no tuvieron relación con las actividades humanas.1
En este trabajo expongo algunos aspectos generales sobre los estudios paleoambientales y su relevancia para la arqueología. La información que se presenta proviene de distintas investigaciones realizadas en México en los últimos treinta años y que se publicaron en diferentes revistas científicas de circulación internacional. La mayor parte de estas publicaciones está en inglés y mi intención es retomar algunos de estos datos para mostrar la influencia que pudo tener el cambio climático en las poblaciones prehispánicas.
¿Para qué se estudian los paleoambientes?
Desde el punto de vista de la arqueología, uno de los objetivos de los estudios paleoambientales es contribuir al conocimiento de las condiciones ambientales que predominaron durante el desarrollo de las diferentes culturas antiguas. Esta información permite entender la manera en que los grupos humanos se relacionaron con su entorno, principalmente desde dos perspectivas: 1) de lo que el medio puede ofrecer como recursos disponibles para la subsistencia (lugares para refugio, vestido, alimento, materiales para construcción, combustibles); y 2) del efecto que las actividades humanas tuvieron sobre el ambiente. Respecto a esto último, es de interés conocer de qué forma estas actividades influyeron sobre las condiciones del ambiente; si provocaron cambios en la densidad y distribución de ciertos recursos, y qué efecto tuvo esto sobre las poblaciones humanas.
Algunas definiciones: tiempo, clima y ambiente
El tiempo, desde el punto de vista climático, son las condiciones que presenta la atmósfera (temperatura, humedad, presión atmosférica) en un día. El clima es la medida promedio del tiempo en un sitio. El ambiente es el conjunto de factores físicos (por ejemplo, clima), químicos (nutrientes) y biológicos (vegetación) de una zona. En este caso se considera que estos factores rodean e interactúan con las poblaciones humanas. El paleoambiente es el grupo de condiciones que presentaba el ambiente de una zona geográfica en el pasado.
Los cambios climáticos se manifiestan de forma diferente a nivel regional o local. Además, dichos cambios tienen efectos a corto, mediano y largo plazos sobre otros componentes del ambiente. En general, es posible afirmar que un cambio en el clima produce modificaciones en el ambiente. En este sentido, hablar de cambio climático en el pasado es equivalente a cambio paleoambiental.
¿Cómo se estudian los cambios de clima en los ambientes en el pasado?
Para estudiar el cambio climático en el pasado, se utilizan diferentes tipos de evidencia. A menudo se emplean indicadores de condiciones específicas del ambiente que se depositaron en los sedimentos lacustres. Un ejemplo de estos indicadores es el polen: la presencia de polen de cactáceas indica condiciones secas mientras que el polen de oyamel, húmedas. Algunos otros paleoindicadores son las diatomeas, los isótopos estables de conchas de ostrácodos y gasterópodos, la composición química de los sedimentos y las cenizas. Los sedimentos se depositan en el fondo de un lago en capas que se diferencian unas de otras. Cada capa puede contener uno o más paleoindicadores y se fecha utilizando isótopos de C14. El análisis detallado de las condiciones que reflejan los distintos paleoindicadores presentes en cada capa permite la reconstrucción de la secuencia de los eventos climáticos que se dieron en el tiempo. De esta forma, se detecta en qué parte de la secuencia se observa algún cambio y se ubica en el tiempo. En algunos casos, la información también se obtiene de sedimentos del fondo del océano o de núcleos de hielo.
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Figura 1. Aridoamérica y Mesoamérica.
Mapa: César Fernández. |
En sitios donde las condiciones son secas, como en los desiertos, se analizan los restos de plantas presentes en los nidos de ratones del género Neotoma. El estudio de los paleosuelos también proporciona datos sobre los cambios en el clima: cada tipo de suelo se forma en ciertas condiciones de humedad y temperatura. Si en una región estudiamos las características de una secuencia de suelos, es posible determinar las condiciones ambientales que predominaban cuando se desarrolló cada paleosuelo.
Los cambios en el ambiente y las poblaciones humanas antiguas de México
Aunque hay una larga historia de cambios climáticos documentados para México, aquí me concentraré en ejemplos de tres regiones, en los que se ha planteado la posibilidad de una relación directa entre las variaciones del clima y la respuesta de las poblaciones humanas a estas variaciones.
Región 1. El norte de México
Se conoce con el nombre de Aridoamérica a la región ubicada en el norte de México habitada (entre aprox. 2500 a.C.-1700 d.C.) por poblaciones humanas con modo de vida nómada y subsistencia basada en la caza-recolección-pesca. Esta área se caracteriza por presentar condiciones áridas y semiáridas, su régimen de lluvias es escaso y poco previsible, lo que la hizo poco propicia para practicar la agricultura de temporal. A pesar de sus características climáticas, los grupos humanos eran diversos y estaban adaptados exitosamente a las condiciones ambientales de la región.2 En su parte sur colindaba con Mesoamérica y la división entre las dos zonas estaba marcada por el río Lerma. Este límite, que en parte coincide con la transición de los climas templados del centro a los climas secos del norte, se conoce con el nombre de frontera septentrional de Mesoamérica (ver fig. 1).
Armillas (1964) planteó que la frontera norte de Mesoamérica no era estática, sino que fluctuaba en función de las condiciones ambientales.
Entre 200-900 d.C. parte de Aridoamérica fue colonizada por poblaciones mesoamericanas agrícolas, las cuales establecieron numerosos asentamientos que presentaban diferentes desarrollos culturales. Esta migración probablemente se dio, entre otros factores, como consecuencia de una mejoría en el clima (incremento en la humedad) que garantizó la agricultura en la zona. En consecuencia, la frontera norte de Mesoamérica, que hasta entonces tenía como límite el río Lerma, se expandió. De esta forma, la región mesoamericana alcanzó su máxima extensión durante el periodo Clásico.3
Alrededor de 900-1200 d.C. se observa el abandono paulatino de esta región, las poblaciones se desplazan hacia el sur y esto ocasiona el retraimiento de la frontera septentrional de Mesoamérica.4 Para la época de la Conquista, Aridoamérica se extendía nuevamente hasta el río Lerma y los asentamientos mesoamericanos en la región árida estaban completamente abandonados. Se considera que la migración hacia el sur se debió a una combinación de factores, entre los que destaca el deterioro de las condiciones climáticas, esto es, la presencia de una sequía.5
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Teotihuacan.
Foto: Carmen Cristina Adriano Morán. |
En esta región se han hecho pocos estudios para documentar las variaciones del clima. La evidencia recabada hasta la fecha no indica ninguno de los cambios mencionados. Brown (1992), después de analizar el polen de cuatro sitios, ubicados en un transecto que sigue el trazo de la frontera septentrional, concluye que sus resultados reflejan la influencia humana sobre el ambiente y no las variaciones en el clima. Por ello se concluye que el cambio en el ambiente que se observa alrededor de 1000 d.C. fue consecuencia de las actividades humanas.
Región 2. El centro de México
Como región, el centro de México es una zona muy extensa. La mayor parte de los estudios paleoambientales se han realizado en la Cuenca de México, en la Cuenca del Alto Lerma y en varias cuencas de Michoacán. En esta región, la tendencia general del clima en los últimos 3000 años es hacia condiciones secas. Durante la época prehispánica, se desarrollaron numerosos asentamientos con diferentes características culturales, entre ellos la ciudad de Teotihuacan.
Teotihuacan tuvo su auge durante el periodo Clásico (aprox. 1-650 d.C.). En este punto es necesario señalar que, en años recientes, la cronología de Teotihuacan ha experimentado algunos ajustes; entre ellos, se estableció que el periodo Clásico terminó alrededor de 650 d.C. De tal forma que el Clásico teotihuacano no coincide totalmente con el Clásico en la zona maya que va de aproximadamente 200-900 d.C.
En la década de 1960, se planteó que los cambios en el ambiente propiciaron la caída de Teotihuacan hacia el final del Clásico (en ese momento se creía que había sucedido alrededor del 900 d.C.). Se han llevado a cabo estudios en distintas cuencas para documentar la sequía que habría ocurrido hacia el final del Clásico y que coincidiría con el colapso de Teotihuacan (fecha anterior) y de la zona maya.
Los resultados de los estudios paleoambientales en la región de Teotihuacan muestran que aun cuando ha habido fluctuaciones en la temperatura y la humedad, los cambios en el clima no han sido significativos. Es decir, el clima durante la época prehispánica era parecido al que observamos actualmente. Lo que sí ha cambiado es la extensión, distribución y composición florística de los tipos de vegetación presentes en la región de Teotihuacan. Sin embargo, estos cambios pueden atribuirse a la influencia humana.6 En las investigaciones realizadas hasta el momento en la región de Teotihuacan no hay indicios de un periodo de intensa sequía hacia finales del Clásico.7
Los análisis realizados a los núcleos polínicos recuperados de diferentes lagos del estado de Michoacán muestran un periodo seco entre 900-1000 d.C., que coincide con el colapso maya, pero no con el teotihuacano, que fue en época más temprana.
En los lagos de la Cuenca de México (Chalco, Texcoco, Tecocomulco), el registro de los últimos 3000 años muestra una fuerte influencia humana, lo cual no permite distinguir los efectos del cambio climático. El clima que se infiere es templado húmedo y los cambios en la vegetación parecen estar relacionados con la deforestación (es decir, con actividades humanas).
En el lago de Chignahuapan, situado en la cuenca del Alto Lerma, los datos indican que el Clásico fue un periodo relativamente seco, pero las condiciones de sequía se intensificaron hacia el final de esta época (550-650 d.C.). Se propone que hay una correlación entre esta fase seca y la ocupación del Epiclásico (700-900 d.C.) en el sitio. Durante esta fase, se observa la disminución del nivel del lago. Esto permitió la construcción, en el lecho del lago, de los islotes que caracterizan el área en este tiempo. Esto favoreció el desarrollo del modo de vida lacustre en la zona. A finales del Epiclásico (aprox. 1059-1221 d.C.), los datos muestran un incremento en el nivel del agua, lo que significa que el lago empezó a recuperarse. Este evento pudo estar relacionado con el abandono de los islotes en esta época.
El estudio realizado en la laguna Atezca, ubicada en el estado de Hidalgo, difiere de los datos anteriores, ya que no hay evidencia de una sequía al final del Clásico (aprox. 900 d.C.), sino que, por el contrario, en este tiempo (entre 890-1030 d.C.) las condiciones fueron más húmedas. En este periodo se observa el abandono de los sitios de la zona.
Región 3. Área maya
La zona maya se extiende desde la Península de Yucatán hacia los Altos de Chiapas y Guatemala. Esta región presenta un clima cálido húmedo y una vegetación principalmente representada por selva alta y mediana perennifolia. El periodo Clásico en el área maya se ubica entre 200-900 d.C. En esta época hay un amplio desarrollo de ciudades de gran tamaño y complejidad (Tikal), así como manifestaciones culturales diversas. Para finales de este periodo, la mayor parte de las ciudades habían sido abandonadas, sobre todo las de las Tierras Bajas del sur. No obstante, en el norte de la península, ciudades como Uxmal y Chichén Itzá sobrevivieron hasta el término del Posclásico temprano (900-1200 d.C.). Uno de los factores que ha sido considerado como causa del llamado “colapso maya” es el cambio en el clima, particularmente la presencia de una sequía. Se han realizado una gran cantidad de investigaciones en lagos de la región para documentar dicho cambio en el ambiente. A mediados de la década de 1990, en el lago de Chichancanab se encontraron indicios de una sequía entre 800 y 1000 d.C. Este acontecimiento también se registró en Punta Laguna y en Petén. La interpretación de estos datos fue que en la zona se presentó una “megasequía” que se prolongó 200 años y que concordaba con el colapso de la cultura maya (750-900 d.C.). La concurrencia de los registros en los diferentes lagos del área permitió suponer que la reducción de la lluvia fue un evento regional. Actualmente, con nuevos datos, se plantea que la sequía no fue un evento continuo –esto es, no duró 200 años– sino que comprendió dos fases secas, que estuvieron separadas por un periodo relativamente más húmedo. A su vez, en cada fase seca se alternaban periodos secos con periodos húmedos. La llamada Sequía del Clásico Terminal ocurrió entre 770 y 1100 d.C.
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A manera de conclusión
En conjunto, los datos muestran que entre el 900-1000 d.C. ocurrió un evento de sequía que al parecer abarcó una zona muy extensa. El registro de la laguna Atezca es la excepción, ya que señala condiciones de mayor humedad para el mismo periodo. Este resultado puede ser una manifestación de las características del ambiente local o un indicio de que, como en la zona maya, hay fases secas y húmedas intercaladas, lo que en el registro observamos como un solo evento. Es importante tomar en cuenta que hasta este momento no tenemos la fecha exacta en la que ocurrieron los eventos climáticos, ni cuál fue su duración, sólo sabemos que se presentaron en algún momento del intervalo de tiempo reportado.
La sequía no necesariamente provoca efectos negativos en las sociedades. El caso de Chignahuapan denota que la respuesta ante el cambio climático va a depender de la población y de las características de la región que se considera. Lo que en primera instancia tal vez parezca un evento catastrófico para una sociedad, se puede convertir en una oportunidad de desarrollo cultural para otra. Por ello, cada caso se debe valorar de manera independiente.
Aun cuando los resultados de las diferentes investigaciones muestran que hay una coincidencia entre los eventos climáticos y los eventos culturales, no es posible asegurar que existe una relación directa de causa-efecto entre éstos. Existen muchos factores que se entrelazan e intervienen en el desarrollo y la decadencia de una sociedad para poder discernir fácilmente cuál fue más importante en el proceso. Por eso, con base en los datos, los arqueólogos tienen la valiosa tarea de evaluar el papel que desempeñaron los cambios en el clima y en las transformaciones que experimentaron las distintas sociedades humanas que sintieron sus efectos.
Bibliografía
armillas, P., “Condiciones ambientales y movimientos de pueblos en la frontera septentrional de Mesoamérica”, en Homenaje a Fernando Márquez-Miranda, Universidades de Madrid y Sevilla, Madrid, 1964.
braniff, B., “La frontera septentrional de Mesoamérica”, en Historia antigua de México, vol. I., L. Manzanilla y López, L. (coord.), inah/iia/Porrúa, México, 2000, pp. 159-190.
brown, R., “Arqueología y paleoecología del Norcentro de México”, en Colección Científica, núm. 262, inah, México, 1992.
mcclung de Tapia, E., “El paisaje prehispánico del valle de Teotihuacan”, en Arqueología Mexicana, 11(64), 2003. pp. 36-41.
nárez, J., “Aridamérica y Oasisamérica”, en Historia antigua de México, vol. I., L. Manzanilla y López, L. (coord.), inah/iia/Porrúa, México, 2000, pp. 121-157.
solanes, M. C. y E. Vela, “Atlas del México Prehispánico”, en Arqueología Mexicana, Edición especial 5, Raíces, 2000.
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1 El cambio climático como resultado de las actividades humanas es un fenómeno relativamente nuevo en la historia del planeta. El incremento acelerado de las emisiones de CO2 está relacionado con el surgimiento de la Revolución Industrial en el siglo XVIII.
2 Solanes, M. C. y E. Vela, “Atlas del México Prehispánico”, en Revista Arqueología Mexicana, Edición especial 5. Raíces, 2000.
3 Brown, 1992; Brannif, 2000; Nárez, 2000; Solanes y Vela, 2000
4 Para Armillas (1964), el abandono de la región por causa de la sequía se llevó a cabo entre los siglos XII y XIII. Esto lo propuso tomando como referencia los únicos datos con los que contaba en ese momento y que documentaban la sequía en el suroeste de Estados Unidos. Posteriormente, con base en datos arqueológicos nuevos, se propone que los movimientos poblacionales relacionados con la retracción de la frontera se observan en épocas más tempranas (aprox. 900-1000 d.C.) (Brown, 1992).
5 Brown, 1992; Brannif, 2000; Nárez, 2000.
6 McClung de Tapia, E., “El paisaje prehispánico del valle de Teotihuacan”, en Arqueología mexicana, 11 (64), 2003. pp. 36-41.
7 Estos datos provienen del proyecto “El paleoambiente de la región de Teotihuacan” dirigido por la doctora Emily McClung de Tapia y que se lleva a cabo en el Laboratorio de Paleoetnobotánica y Paleoambiente del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la unam. |