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Correo del Maestro Núm. 129,febrero 2007

Danza, poesía y más

Julieta Fierro
Alejandro Misquez
Clase de ballet. Una de las estrategias para dominar alguna disciplina es la práctica.
Foto: J. Fierro y A. Misquez.

Es para todos preocupante que, a pesar del esfuerzo de docentes, padres de familia y alumnos, la educación que se imparte a nivel de secundaria no tenga los resultados esperados. Sabemos que el problema es multifactorial. Es lamentable, por ejemplo, que existan alumnos de sexto de primaria que tengan mejor desempeño en lectura que sus compañeros de tercero de secundaria. Asimismo, estamos convencidos de que en nuestro país hace falta potenciar las habilidades estéticas en las aulas, pues la población tiene cualidades musicales y plásticas notables. La secundaria es un periodo de grandes retos para los docentes y cambios relevantes para los jóvenes, por ello merece especial atención.

En este texto se describirán algunas de las características de un taller de ballet clásico y la manera en que la misma técnica de enseñanza se puede emplear para otras disciplinas como las matemáticas y la poesía.1

Estamos convencidos de que la danza clásica produce placer, en particular para quien la ejecuta, incluso durante una clase formal. Creemos que si se emplea el gozo como herramienta para enseñar, el aprendizaje será más efectivo y redituará más a largo plazo. Pensamos que los jóvenes de secundaria deben estar expuestos al arte para tener una preparación armónica; la razón es que están en la edad de los grandes sueños, y el conocimiento favorece que perdure el deseo de tener una vida plena. Sería deseable que la educación se transformara de tal manera que se privilegien las habilidades sobre el conocimiento, debido a que este último está en cambio continuo.

El dominio de las habilidades

Los artistas pretenden trascender mediante sus obras, persiguen durante todas sus vidas un ideal. El ideal del ballet clásico es la perfección. Se espera que, a lo largo de la interpretación, el espectador disfrute de una sucesión de imágenes acompañadas de música, donde la estética fluya de manera ininterrumpida. En los bailes populares, el nivel de dominio de la danza suele ser menor. Esto no impide que el intérprete se divierta y baile largas horas. Los bailes populares surgen del pueblo; así, el cha-cha-chá o el rock pueden interpretarse con gusto por un amplio grupo de personas de habilidades distintas. Este tipo de danza favorece la diversión y los intercambios sociales.

El ballet clásico está basado en movimientos distintos de los que hacemos todos los días: las pantorrillas deben oponerse, los bailarines se paran de puntas, giran, se contorsionan y saltan de manera espectacular.

Los cursos de baile se pueden tomar, como tales, por placer. Sin embargo, hay quienes hacen de la danza clásica una profesión y las clases son parte fundamental de su entrenamiento, que continúa a lo largo de sus carreras.

Existen grandes diferencias entre la lectura en voz alta de una poesía o de una noticia deportiva a la hora del desayuno. Lo mismo sucede con las matemáticas: casi cualquier alumno aprende a sumar, sobre todo si tiene acceso a una calculadora; en cambio, le resulta más complicado demostrar un teorema. Y ni se diga de la pintura, sólo los artistas son capaces de elaborar una obra de arte, después de años de ejercicio.

En general en un ballet existe un cuerpo de danza, donde los bailarines deben ceñirse estrictamente a las órdenes del director. En cambio el solista, que pasó años formando parte del cuerpo de ballet, tiene cierta libertad de interpretación, su toque personal.

El docente en el aula entrena a sus estudiantes en una serie de materias que todos deben hacer suyas. Sólo en algunas disciplinas permite actos de creación, como en el arte o la redacción. Los actos de creación se producen cuando las personas unen colores, conceptos, formas, ideas, palabras o sonidos que antes parecían desconectados. Así, un pintor como Rufino Tamayo unió colores y formas que lo hicieron grande o Jaime Sabines logró fascinar al público con sus metáforas. Y muchas investigaciones científicas resultan tan estéticas como una obra de arte.

El ballet busca la perfección.
Foto: J. Fierro y A. Misquez.

En este texto analizaremos algunas técnicas de enseñanza de ballet aplicables a la docencia de materias en la educación escolarizada. Lo que está en el fondo de lo narrado es la búsqueda del placer a través del conocimiento y el dominio de una habilidad: la danza por las figuras acompañadas de música, la poesía por lograr sintetizar sentimientos y cadencias de manera estética, y las matemáticas cuando se logra resolver un problema que parecía complicado de manera sencilla y elegante.

El cerebro,  la música  y la felicidad

Los seres humanos somos parte de la evolución de la vida en la Tierra. Para garantizar la preservación de la especie, la naturaleza emplea varias estrategias, como el placer, el juego y el trabajo. Por consiguiente, los elementos que son vitales para la supervivencia de la humanidad están acompañados de placer. Dos ejemplos son la comida y el sexo. Otros son la superación de un reto o la fascinación al observar objetos brillantes en movimiento: pensemos en los juegos pirotécnicos o una función de ballet.

La felicidad requiere renovación. Por más delicioso que esté un manjar o por más fascinante que sea un encuentro amoroso, por más satisfechos que hayamos quedado, por más sublime que haya sido la experiencia, después de cierto tiempo queremos más. Por supuesto, existen otras fuentes poderosas de felicidad como las redes familiares y sociales de amigos: éstas requieren dedicación para ser eficaces.

En otras palabras, a la vida le ha tomado millones de años llegar hasta donde está ahora. Lo ha hecho paulatinamente; cuando un ser vivo sufre una mutación, si ésta es favorable, se reproduce; de lo contrario, lleva a la extinción. Así, abusando del lenguaje, una de las estrategias de la vida es el placer.

Los amorosos
Jaime Sabines*

Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
su corazón les dice que nunca han de encontrar, no encuentran, buscan.

Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben. Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre –¡que bueno!– han de estar  solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la oscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Durante una clase podemos usar el placer como herramienta pedagógica. Si los alumnos se sienten contentos tenderán a repetir e ir a clase con agrado. Si asocian conocimiento con placer aprenderán más.

Existen muchos medios de expresión que emplean el placer, uno de ellos es la música. Esto no es de sorprender, aun cuando nuestro cerebro proviene de cazadores recolectores, somos capaces de disfrutar de la música clásica, porque es una manera de comunicar, en suma, una fuente de placer. La poesía tiene esa virtud, la cadencia con la cual se recita produce satisfacción. Incluso si no comprendemos todas las palabras ni los sentidos ocultos, la poesía es capaz de producir felicidad; por eso es tan importante que nuestros alumnos aprendan a leerla bien.

Los teoremas matemáticos son elegantes, sintéticos, lo mismo sucede con las demostraciones de las hipótesis. Probablemente el placer que producen esté relacionado con la búsqueda de ahorro de energía. Pensemos en las toneladas de comida que consumimos durante nuestra existencia. Si ahorramos energía, esta cantidad disminuye. Por eso hay características tales como la pereza, es decir, técnicas de ahorro de energía de un individuo. Así que el docente de matemáticas puede remarcar la manera en que las matemáticas nos simplifican la vida, al contrario a lo que se piensa, es decir, que la dificulta. Podemos resolver problemas si practicamos la manera de hacerlo y entre más simple sea la forma nos producirá mayor satisfacción y un menor gasto energético.

El ballet

En una clase de ballet se repiten una y otra vez ejercicios: las posiciones, el equilibrio, los pasos y sus combinaciones con ciertos ritmos y a distintas velocidades, y la respiración. Lo mismo sucede con la lectura o las matemáticas. Se deben, primero, ejercitar las palabras y los números, y después las oraciones y la aritmética. Es decir, el alumno debe estar familiarizado con los conceptos básicos y manejarlos con holgura para seguir avanzando. Es muy difícil que un joven lea un poema y lo disfrute si no comprende las palabras y lee con tropiezos o no respira en los momentos adecuados. Asimismo, resulta complicado para un estudiante comprender las fracciones si no ha adquirido cierta práctica con las sumas, divisiones e igualdades.

Los amorosos son locos,
sólo locos, sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente, de las que creen en el amor como en una

[lámpara de


inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda
[conformación.



Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida.
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.


*El escritor chiapaneco Jaime Sabines
(1926-1999) supo capturar en su poesía
la esencia de lo cotidiano. Su obra está recopilada en Nuevo recuento de poemas (Joaquín Mortiz, 1977).

Los alumnos que acuden a clase de ballet requieren una gran motivación. Las fuentes de satisfacción provienen de lo siguiente:

1. La belleza de la música que acompaña los movimientos.

2. Lograr la ejecución de un ejercicio difícil.

3. La camaradería entre pares.

4. En caso de un profesional, el entrenamiento para lograr la perfección.

5. Tener un cuerpo flexible y bien proporcionado.

Esta satisfacción se logra con un buen maestro, que debe tener varias características:

1. Preparar la clase, de tal manera que esté un poco por arriba de las habilidades de los alumnos. Hacer que los estudiantes repitan los movimientos difíciles, combinándolos con otros y así lograr que los alumnos los hagan suyos.

2. Ayudar al estudiante a vencer los nuevos retos. Cada logro es un estímulo para continuar.

3. Dejar al final de la clase lo más divertido para que los alumnos aprecien cómo van mejorando y se sientan estimulados para lograr más. En las clases avanzadas puede haber un poco de libertad interpretativa.

4. Un buen profesor es alguien convencido de lo que hace y lo lleva a cabo bien. Es decir, trabaja para lograr una buena práctica docente porque considera que vale la pena y lo disfruta.

Materias en la escuela

Tanto el docente de español como el de matemáticas quisieran que sus estudiantes tomaran sus cursos con gusto y sintieran que el esfuerzo que implica dominar el conocimiento bien vale la pena, pues nos ayuda a tener una mejor calidad de vida. A algunos profesionales de las letras o las ciencias nos duele que otros no lo disfruten como lo hacemos nosotros, ya que el conocimiento nos produce placer.

En este texto proponemos que el profesor de cualquier materia tome los elementos que se emplean en una clase de ballet y los experimenten con su grupo.

Brindis de la alegría, 1961. Óleo sobre tela, 131 x 96 cm. Rufino Tamayo logró combinar con audacia formas y colores, y fue un gran creador plástico.
Museo Rufino Tamayo / Grupo Financiero Bital / Américo Arte Editores, México, 1998.

1. Preparar la clase, de tal manera que esté un poco por arriba de las habilidades de los alumnos. Vencer un reto suele ser un gran motor para el desarrollo intelectual. Así, un profesor de lectura puede hacer leer un mismo fragmento a sus alumnos de tal suerte que unos comparen sus habilidades con otros. Un ejemplo ideal es que lean pequeños diálogos tipo anuncio comercial (pues es algo con lo que están familiarizados). Si se vincula el tema de la clase con el ocio o el entretenimiento, mejor. Pueden generar sus promocionales en grupo y elegir a los lectores. Esta competencia los estimulará no sólo a leer bien, sino a buscar formas ingeniosas de presentar el producto. Sentirán que lo que hacen es útil y que vale la pena esmerarse porque sus compañeros apreciarán su ingenio.

De manera análoga, el maestro de matemáticas puede presentar una serie de problemas equivalentes en dificultad a grupos pequeños de estudiantes y que en cada grupo un pupilo sea el que presente el resultado de su grupo a los demás. Si se aterrizan los temas a intereses de los estudiantes es mejor; es decir, que el aprendizaje sea significativo mediante el empleo de ejemplos de la vida diaria que resuelvan las matemáticas. Por ejemplo, calcular cuántas pistas de música se requieren para una fiesta de 10 horas, si cada una dura 5 minutos y se hace una interrupción de 20 minutos cada hora para Karaoke y tocada en vivo, durante las 6 horas centrales. Asimismo, cuántos litros de agua se necesitan para satisfacer la sed de 500 jóvenes (para este último ejemplo los alumnos deben buscar en internet cuánta agua consume una persona si está haciendo ejercicio intenso.)

Hay que señalar que en este tipo de ejercicios no se debe calificar a los alumnos sino permitirles que desarrollen sus habilidades por el gusto de vencer, de formar parte de un grupo, de apoyarse para lograr una meta.

2. En el caso de la lectura, que los estudiantes repitan las palabras difíciles, buscando oraciones donde se usen y, de preferencia, apelar al sentido del humor. Es decir, utilizar juegos de palabras, o aun mejor, que sus estudiantes las inventen y las pronuncien en voz alta. Esto hará que integren los múltiples usos de una sola palabra de manera grata. Vale la pena recordar que cada palabra nueva permite hacer nuevas conexiones en la mente, es decir, pensar.

En el caso de las matemáticas, una vez que el docente descubra el nivel de sus estudiantes, deberá irles poniendo problemas por resolver cada vez más difíciles pero del mismo tipo. Es decir, los alumnos deben dominar cierta clase de ejercicios para pasar a los siguientes. Tanto en matemáticas como en danza, el ejercicio mental favorece el dominio de la materia de estudio.

Resolver un sudoku puede ser el primer paso para disfrutar de las matemáticas.

Como ejemplo de la importancia de ejercitarse para dominar un tema señalaremos que los ajedrecistas capaces de jugar varios torneos a la vez sólo lo logran con la práctica. Han participado en tantos juegos que con mirar el tablero saben cuál debe ser la jugada que los lleve al triunfo, casi de manera refleja. La práctica los ha convertido en expertos.

3. Aprendemos mejor cuando hay un premio. Éste se puede otorgar justo al final de la clase. Si los alumnos de español leen algo que les agrade, lo harán con gusto. Así, el docente de esta asignatura puede dejar para la última sección de la clase una lectura en voz alta que provoque sonrisas: por el sentido de humor, por el tema, por el reto. Por ejemplo, narraciones simpáticas, de aventuras futboleras o trabalenguas.

En las clases de matemáticas se puede dejar para el final un acertijo que sea muy divertido. Incluso puede ser un “sudoku” pues, aunque no es necesariamente un ejercicio de matemáticas del sistema escolarizado, llega a producir una gran satisfacción resolverlo. Existen muchos libros de matemáticas recreativas y si los estudiantes aprenden a disfrutar dominando los problemas, aprenderán a pensar.

El secreto está en que la clase debe terminar cuando los alumnos quieran más, y no cuando ya estén hartos o aburridos. En otras palabras, es mejor enseñar un poco menos pero que los estudiantes sigan con curiosidad y estén ansiosos de saber más.

4. El docente de literatura puede encontrar fragmentos hermosos a la altura de sus alumnos para que perciban, aun cuando sea de manera intuitiva, su belleza. Existen numerosos textos para niños de preescolar con poemas o canciones. La música no sólo es la gran compañera de la danza sino también del lenguaje. Como mencionamos, la búsqueda de placer se debe renovar. Será más intenso si viene acompañado de lo bello.

En el caso de las matemáticas, el profesor debe plantear un problema que parezca irresoluble, aunque no sea así. Por ejemplo: “¿A qué distancia está una estrella?”, es un problema que se puede resolver con una simple triangulación.

Bases sólidas

Las neuronas espejo

Se han elaborado experimentos que muestran que la mera observación puede sustituir a la experiencia directa. Un bebé aprende mirando a su madre, posee “neuronas espejo” que se activan por la mera observación. Sin embargo, todavía no se desarrolla la metodología para poner a disposición de los docentes estos resultados. No obstante, aprendemos muchas cosas por imitación, por ejemplo, a leer si lo vemos en nuestros maestros.

El conocimiento es como una estructura. Se construye con base en lo que se conoce. Éste es el motivo por el cual se aprende más entre más se sabe, porque la mente ya tiene estructuras sólidas que permiten hacer interconexiones y pensar de manera más eficiente, es decir, tenemos que realizar un menor esfuerzo para aprender. Así, las disciplinas diversas requieren bases muy sólidas para su construcción. Uno de los ejemplos más notables son las matemáticas. Sin la comprensión del sistema decimal no se puede avanzar en las fracciones u otras bases como el sistema binario. En la danza clásica se requiere un manejo automático de las posiciones básicas para construir, a partir de ellas, las más complejas. Lo mismo sucede con el lenguaje poético; se necesita conocer las palabras y poder leer bien un texto en prosa antes de aventurarse en poesía.

Una de las estrategias para dominar alguna disciplina es la práctica, y esto es válido desde la cocina hasta el canto. En otras palabras, que el aprendizaje sea sensomotor para poner en acción la memoria de corto y largo plazo. Por consiguiente, el alumno es el que tiene que repetir una y otra vez los ejercicios de danza, poesía y matemáticas para dominarlos. Esto no significa que tenga que ser aburrido, aquí entra en juego el talento del buen maestro.

Vale la pena remarcar que la danza utiliza de manera simultánea la vista y el cuerpo; además, el bailarín debe recurrir a la memoria y a la creación. Se espera que éste sea el caso en la educación en general. Aprendemos más entre más sabemos. Hay que procurar emplear todo nuestro cuerpo para lograr un conocimiento integral.

Ejecución

Para aprender a hacer algo hay que hacerlo. La ventaja de una clase de baile es que los alumnos bailan y, al realizar los distintos movimientos bajo la supervisión del profesor, corrigen sus errores y perfeccionan la técnica. Asimismo observan a sus compañeros y se ven en el espejo; al compararse, pueden corregir sus defectos.

Por desgracia, algunos docentes de secundaria dictan la clase, con lo cual no permiten a sus alumnos ejercitarse en la materia en cuestión.

Sugerimos la siguiente estrategia para los docentes que suelen dictar sus apuntes: que expliquen parte del tema y al azar elijan a un estudiante y le pregunten lo que comprendió. De esta manera los alumnos harán un esfuerzo por entender el tema y resumirlo. Si expresamos un tema con nuestras propias palabras lo hacemos nuestro. (Es importante que su respuesta no se califique ni se hable de manera peyorativa del alumno que no comprendió el tema). Acto seguido, el profesor debe dictar lo que considera fundamental que aprendan los alumnos (es decir, un resumen). De preferencia el maestro debe señalar en qué libro de la Biblioteca de Aula hay una explicación del tema que está tratando. Aprender trae confianza. El que aprende es el alumno, aprende haciendo.

En la danza clásica se requiere un manejo automático de las posiciones básicas para construir, a partir de ellas, las más complejas.
Foto: J. Fierro y A. Misquez.

Entender

Una de las razones por las cuales se dificultan la lectura y las matemáticas es que los alumnos no las entienden. Es fundamental que el docente pregunte a los estudiantes si tienen dudas, y que lo haga en repetidas ocasiones durante la clase. Las sesiones en voz alta donde participen los alumnos deben ser un ejercicio libre, es decir, sin calificar al estudiante y evitando a toda costa que los demás hagan comentarios peyorativos. Cuando un alumno reconoce que no entiende, no sólo da el primer paso para aprender sino que ayuda a los compañeros, pues es posible que otros estén en la misma situación.

El maestro de danza clásica sugiere al grupo una serie de movimientos, los ejecuta y después pregunta si hay dudas. Los estudiantes hacen el ejercicio, en general con fallas. El docente no hace ningún comentario, pero pide al grupo que lo repita. En la próxima clase repite nuevamente el ejercicio y vuelve a preguntar si hay dudas. Cuando los alumnos se acercan al dominio de determinado movimiento, el docente cambia de ejercicio para ofrecer un nuevo reto. Aprender en grupo da confianza.

El docente de español puede seguir una estrategia similar con un poema. Explicarlo, recitarlo y proceder a la lectura en voz alta por parte de los alumnos. Después preguntarles el sentido de la poesía, que no siempre resulta evidente. La clase siguiente deberá repetir el ejercicio para asegurarse de que los alumnos no sólo leen bien sino que comprenden el texto.

En el baile, los alumnos realizan los movimientos bajo la supervisión del profesor, corrigen sus errores y perfeccionan la técnica.
Foto: J. Fierro y A. Misquez.

En matemáticas se puede usar la misma técnica: explicar, resolver, ejercitarse y repetir con variaciones hasta que el alumno haga suyo el conocimiento. En caso de que no lo logre, se debe dar marcha atrás y regresar al nivel anterior.

Conclusión

El ballet busca la perfección, y a los seres humanos nos gustan los retos. Se han hecho experimentos con niños a los que les gusta gatear: deben subir y bajar por una rampa ligeramente inclinada; esto es un gran reto para ellos y esta ligera sensación de peligro les resulta muy estimulante. El docente puede aprovechar este descubrimiento en el aula.

Al bailarín lo mueve la pasión, el dominio del cuerpo, el placer de la música. Al alumno lo puede mover la pasión por el conocimiento, una mente bien entrenada y el placer de comprender.

1 Recomendamos complementar esta lectura con el artículo de Julieta Fierro e Irma Montero, “Leer y bailar”, donde se hace una analogía entre una buena clase de baile de salón y la lectura (Correo del Maestro, año 10, núm. 117, febrero de 2006, pp. 5-15).

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