Porque su contenido es muy importante, vale la pena que se abstenga de leerlo hasta que pueda usted, sin molestas distracciones, analizarlo, saborearlo y digerirlo para obtener de él el máximo provecho. Contiene, nada menos, que la receta del ¡mensaje perfecto!
El mensaje perfecto, según el lingüista estadunidense Leonard Bloomfield, es el que “se formula de manera de obtener la respuesta deseada”.
Hay unas siglas que sirven de ayuda nemotécnica para evocar la valiosa receta; son las letras del nombre de la protagonista de una ópera del compositor italiano Giuseppe Verdi: AÍDA. A raíz del estreno de esa obra, en El Cairo, hace ya más de cien años, comenzó a difundirse, y hoy es uno de los preferidos entre quienes desechan la idea de buscar nombres en los santorales.
Esos signos gráficos, por su orden, son las letras iniciales de las palabras: Atención, Interés, Deseo y Acción.
Lo primero que debe hacer quien quiera elaborar el mensaje perfecto es llamar la Atención (la primera A)... y retenerla, hasta que se aplique la segunda táctica, que es apelar al Interés (I); luego, suscitar el Deseo (D), para, por último, apremiar a la Acción (la A final).
Vamos a suponer que nos encargan un anuncio de un producto farmacéutico que sirve para aliviar y curar el sarpullido, tan frecuente en nuestros niños, siempre expuestos a un ámbito altamente contaminado.
Doy por sentado que nuestro satisfactor ya tiene un nombre mercadotécnicamente concebido: se llama Sarpusol, término que fácilmente sugiere la idea de Sol(ución) para casos de sarp(ullido).
¿Hay algo que atraiga más la atención que el llanto de un niño? Eso va a ser la primera A del anuncio que estamos originando. Imagen: un niño, en la cuna, obviamente molesto por la comezón, se ve que llora. Audio: llanto de bebé, discretamente quejumbroso, no chillón (conmueve más favorablemente que los gritos).
¿Qué es lo que interesa más a la madre? El alivio inmediato y la curación del niño. Imagen: la madre, inclinada hacia el bebé, diciéndole: “Ya, ya, angelito mío; contra esa horrible comezón, mamita va a ponerte Sarpusol, y vas a sentirte aliviado y fresco”.
Obsérvese que el interés de la madre automáticamente le suscitó el deseo de lo que va a lograr el alivio y el remedio de su hijo.
Los argumentos racionales que justifican la acción espontánea de la madre son los que dará el locutor en el audio, o aparecerán en el video del anuncio, sea televisual o impreso:
Sarpusol es antiséptico: ataca directamente al origen del sarpullido.
Sarpusol es antipruriginoso: actúa de inmediato contra la comezón.
Sarpusol es refrescante: suprime la congestión cutánea.
Éste es el momento de apremiar a la acción (la otra A de AÍDA): en el video aparecerá un tubito de Sarpusol, y en el audio, la voz del locutor dirá: “Tenga siempre a la mano Sarpusol, que ha demostrado ser el más eficaz medicamento contra el sarpullido”.
Formule su mensaje perfecto. Éstos son los cuatro pasos de AÍDA:
1. Llame la Atención de la persona a quien va dirigido;
2. Apele al Interés que ella tiene de satisfacer su necesidad;
3. Suscite el Deseo del satisfactor que usted le propone, e
4. Ínstela a la Acción diligente.