Desde el comienzo de este ensayo me topo con dos voces homógrafas y, por ende, homófonas (en español), o sea, homónimas: competencia y competencia; la una marcada con su correspondiente 1 voladito, y la otra, con su respectivo 2, al aire.
Tengo ambas a la vista en sendas entradas del lexicón de la Academia, el ya famoso drae, por sus siglas.
De competencia,1 en el paréntesis de la etimología, pone: “del latín competentia, compárese competir”, y en el paréntesis de competencia:2 “del latín competentia, compárese competente”. Cuando hayamos tratado las dicciones a las que se remiten, automáticamente quedará aclarada la diferencia entre la aparente identidad.
El Diccionario etimológico indoeuropeo de la lengua española, deide, de la raíz pet- explica que significa “precipitarse y volar”. (Recuérdese que, etimológicamente, precipitarse quiere decir ‘tirarse, con la cabeza por delante, desde un lugar elevado al vacío’.)
El propio deide pone que el latín peto, petere en infinitivo, vale “dirigirse a” o “pedir algo”. Luego ofrece un larguísimo elenco de derivados de pet-, en más de una columna, con verdaderas sorpresas.
Copio las sucesivas acepciones de competencia:1 “Disputa o contienda entre dos o más personas sobre algo.// 2. Oposición o rivalidad entre dos o más que aspiran a obtener la misma cosa.// 3. Situación de empresas que rivalizan en un mercado ofreciendo o demandando un mismo producto o servicio. // 4. Persona o grupo rival. // 5. En América, competición deportiva”. De la locución adverbial a competencia, la hace sinónima de a porfía.
Y ahora copio la lista de acepciones de competencia:2 “incumbencia. // 2. Pericia, aptitud, idoneidad para hacer algo o intervenir en un asunto determinado. // 3. Atribución legítima a un juez u otra autoridad para el conocimiento o resolución de un asunto”.
Aquí, por razón de orden alfabético, aparece el adjetivo competencial: “Perteneciente o relativo al conjunto de competencias de una organización política”.
Llegamos a competente: “del latín competens, entis”. No traduce, porque el significado es el mismo que en español, en el sentido de apto. Enseguida define: “Que tiene competencia. // 2. Que le corresponde hacer algo por su competencia”.
Del adverbio de modo competentemente: “Proporcionalmente, adecuadamente. // 2. Con legítima facultad o aptitud”.
Sigue el verbo competer: “del latín competere, concodar, corresponder. Dicho de una cosa, pertenecer, tocar o incumbir a alguien”.
Viene ahora competición: “del latín competitio, onis, competencia o rivalidad de quienes se disputan una misma cosa o la pretenden. // 2. Acción y efecto de competir y más propiamente en materia de deportes”.
Del adjetivo competidor, ora: “del latín competitor, trix, que compite, úsase también como sustantivo”.
Surge ahora competir: igual que en competer, reza: “del latín competere”, pero aquí no ofrece equivalentes en español. “Dicho de dos o más personas, contender entre sí, aspirando unas y otras con empeño a una misma cosa. // 2. Dicho de una cosa, igualar a otra análoga en la perfección o en las propiedades”.
Hénos, por fin, en competitividad: “Capacidad de competir. // 2. Rivalidad para la consecución de un fin”.
Por último, competitivo, va: “Perteneciente o relativo a la competición. // 2. Capaz de competir”.
Como se ve, hasta las definiciones son muy parecidas unas con otras. Sin desdeñar los tan repetidos contender y rivalizar, más vale acudir a términos afines. Para competer, ‘incumbir’, ‘corresponder’ o ‘concernir’, y para competir, ‘disputar’, ‘rebatir’, ‘polemizar’, ‘confrontar’, ‘controvertir’, etcétera.