Tras la guerra de Independencia en 1810, en México surgió un fuerte movimiento social y político. Los centralistas y liberales se disputaban el poder, ocasionando la inestabilidad nacional. Esta disputa no sólo afectaría el terreno político, también llegaría a otros ámbitos. En el intelectual se dio una división muy marcada entre liberales y conservadores.
Guillermo Prieto (1818-1897) fue testigo y protagonista de los hechos de los primeros años del México independiente. Además de poeta, romántico por definición, dramaturgo, cronista, periodista prolífico, fue una figura activa dentro de la política de su tiempo. Esgrimiendo siempre ideas liberales, fue secretario particular de Valentín Gómez Farías y Anastasio Bustamante; ministro de Hacienda con Mariano Arista, en el gobierno de Juan Álvarez, así como en el de Benito Juárez, a quien le salvó la vida interponiéndose entre él y los fusiles de la guardia sublevada, con su célebre frase "los valientes no asesinan". Contribuyó activamente en la Reforma. Fue también diputado quince veces durante veinte distintos periodos. Y por último fue ministro de Relaciones Exteriores en el gabinete de José María Iglesias.
Tras una vida plena, Prieto decidió escribir sus recuerdos a la edad de 68 años. Hace 120 años, el 2 de agosto de 1886, comenzó a redactar Memorias de mis tiempos. Nicolás León las publicó en 1906, y en la nota aclaratoria señala: "hasta aquí dejó escritas, verdaderamente en borrador, sus interesantes Memorias el señor don Guillermo Prieto", pues era un "desordenado borrador", lleno de tachaduras, entrelineados, enmiendas y huecos. Para el crítico Raymundo Ramos se trata de relatos familiares del abuelo que se sienta a conversar con fantasmas de otros tiempos. Prieto escribe no sólo una autobiografía sino que realiza una crónica donde se combina su vida y los hechos más relevantes del momento, de tal forma que el autor afirma: "[son] estudio, historia, reseña, anales, pero no memorias mías". Encontramos en ellas una obra que nos acerca al turbulento México independiente y, en todo caso, nos ayuda a comprenderlo mejor. El narrador utiliza un estilo llano, cuando es preciso lo adereza con humor y en otras ocasiones, con una crítica punzante. De esta manera cuenta su vida y al mismo tiempo narra la historia que abarca el periodo de 1828 a 1853.
Prieto se remonta hasta su infancia. A medida que transcurre su narración vamos descubriendo la visión del escritor sobre su entorno. A través de la pluma podemos apreciar el acontecer cultural y político del que él mismo formaría parte. Las detalladas descripciones de la Iglesia y sus frailes -según él, "de los sermones podrían escribirse tomos enteros, conteniendo verdaderas blasfemias en el pésimo gusto del siglo XVII"-, fiestas "mundano religiosas", comida, tertulias, bailes o cualquier cosa que pudiera atraer a la magnífica memoria del poeta. Por otro lado están los testimonios históricos que se van hilando en el texto. Utiliza a lo largo de su crónica recursos particulares: a menudo anota canciones y poemas, registra diálogos de forma tal que la acercan a la novela.
Una figura importante tanto en las memorias como en la vida de Guillermo Prieto es Andrés Quintana Roo, no sólo por ser una de sus fuentes históricas sino por ser su benévolo tutor, casi un segundo padre. Así Prieto cuenta su primer encuentro:
- [...] ¿Cuántos años tienes?
- Quince voy a cumplir.
- ¿Y tú qué sabes hacer?
- ¿Qué sé hacer?... sé hacer sonetos... y eso sí en menos de un decir Jesús.
Esto fue el inició de una larga relación. Gracias a él obtiene un empleo en la aduana y puede estudiar en el Colegio de San Juan de Letrán, centro de gran actividad intelectual y base del desarrollo posterior del joven poeta. En esa institución es donde se fundaría posteriormente la Academia de Letrán (1836), primera asociación literaria de importancia, creada por Prieto, Manuel Toniat Ferrer y los hermanos José María y Juan N. Lacunza. Poco a poco fueron ingresando al grupo otros miembros: Ignacio Rodríguez Galván, Fernando Calderón, Manuel Payno, José María Lafragua, José María y Juan Nepomuceno, Ignacio Ramírez Pesado, Manuel Carpio y José Bernardo Couto. Más tarde se nombraría a Quintana Roo como presidente perpetuo de la Academia.
A lo largo de Memorias de mis tiempos desfilan figuras históricas, se describen anécdotas de Guadalupe Victoria, el general Bustamante, Santa Anna y Juárez. El texto relata hechos de hasta 1853, un año antes de su primer destierro a Cadereyta, Guanajuato. Viajes de orden suprema es la continuación de estas memorias, donde relata el viaje que realiza debido al destierro ordenado por San Anna.
La narrativa de Guillermo Prieto es de prosa amena y llana, y si bien se centra en sus recuerdos personales, encontramos en ellos acontecimientos y figuras históricas. De esta manera Prieto nos brinda un placentero recorrido por gran parte del siglo XIX. Las Memorias de mis tiempos es un retrato de la vida mexicana de ese periodo, en el que se buscaba la construcción de la identidad nacional tras la recién consumada Independencia.
| *Reseña del libro Obras completas I: Memorias de mis tiempos, de Guillermo Prieto, conaculta, México, 1992. |