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Correo del Maestro Núm. 118, marzo 2006

Juárez frente a Juárez
De la imagen oficial a la caricatura

Natalia Ferreiro
Rebeca Kraselsky

Hemiciclo a Juárez, Centro Histórico de la ciudad de México.
Foto: Archivo.

A caballo entre el ocaso de la vida independiente y el nacimiento de la nación mexicana, da inicio la vida de Benito Juárez García (1806 -1872), indio zapoteca natural del pueblo de San Pablo Guelatao, Oaxaca, del que salió a los doce años de edad en búsqueda de oportunidades de estudio. Poco hablaremos de la biografía de este insigne personaje, quien en su calidad de héroe nacional recibirá, este año del bicentenario de su natalicio, sentidos homenajes. No obstante, vale la pena recalcar que su vida abarca justamente los momentos más inestables y difíciles del siglo XIX. Un siglo de pervivencias de costumbres, de paulatinos cambios en las instituciones, de tiempos revueltos en los que los movimientos armados, los constantes cambios en la presidencia y la lucha de facciones eran el pan de cada día.

Juárez nació y creció en un país fragmentado, con un Estado débil, una economía destruida y una población multiétnica, rural y analfabeta,1  de la que él estaba decidido a no formar parte. Obstinación, tozudez, gusto por el estudio y dedicación son algunos de los calificativos que la historiografía ha atribuido a Juárez remitiéndose a su más temprana edad; descripciones literarias a las que se suele aunar como características del Presidente, ya en su edad adulta, serenidad, firmeza, reserva, gravedad, seriedad y apego a la legalidad, al tiempo que es señalado como una persona formal y callada al punto de semejar un "silencio de esfinge". Descripción muy acorde con la impresión que dejan los lienzos, esculturas y fotografías a partir de los cuales se comenzó a erigir una imagen oficial del "héroe cívico".

Esta iconografía pervive en su sustancia hasta nuestros días, haciéndonos olvidar la escena underground de la representación política, en auge en tiempos de Juárez: la caricatura. Imágenes satíricas que muestran otro rostro del personaje en el poder, a Juárez como un héroe combatido.

El álbum de un héroe cívico

Desde el triunfo del Plan de Ayutla en 1855, Benito Juárez fue un actor fundamental en el escenario político e histórico de México. Las imágenes de su figura coincidieron con la incipiente utilización de la fotografía y las transformaciones de la Academia de San Carlos, principal centro de producción artística. Las imágenes del liberal oaxaqueño son el punto de intersección entre la historia social y política de una patria en construcción y la historia individual. De allí resulta un texto visual específico, una imagen que liga un nombre con una singularidad, a la vez que lo enmarca dentro de un proceso más amplio ligado a los valores colectivos.

Frente a las representaciones de Juárez, no cabe más que preguntarse: ¿cómo se construye la imagen de un prócer?, ¿cómo relacionar la producción de imágenes con un proceso político e histórico particular?

Históricamente los retratos estuvieron ligados a las ideas de ejemplaridad. Se encargaron de mostrar individuos virtuosos bajo la pretensión de una inmortal imagen que, en su exactitud, encarnara principios éticos y valores útiles para la sociedad contemporánea y futura. Sin duda, retrato e historia son familiares en la visualización del pasado y en el análisis del presente.

En la transición de la Colonia a la Independencia, varios elementos permanecieron. Si parte de la unidad ideológica de un territorio y una identidad fue sostenida por la religión católica, el nuevo periodo del México independiente tuvo la obligación de apelar a recursos que, de algún modo, sostuvieran la idea de unidad, esta vez bajo la clave de una nación común con ideales y valores imprescindibles. De esta manera, la patria necesitó de expresiones visuales que identificaran un nuevo periodo, principios orientadores que dieran a los mexicanos una idea de pertenencia y singularidad encarnada en los nuevos héroes cívicos. La mirada sobre esta religión de la patria3 estaría incompleta si no la cruzáramos con las teorías y producciones artísticas que le fueron contemporáneas.

A principios del siglo XIX, los retratos de la clase política y militar son abundantes. Puede subrayarse un interés por el retrato académico, que gustó de representar a las altas esferas de la sociedad mexicana. La coronación de Iturbide, su entrada triunfal en 1821, la invasión de extranjeros deseosos de descubrir a México, además del interés por sus tipos, paisajes, flora y fauna caracterizaron el contexto.

Imagen 1. Boda de Benito y Margarita; los acompaña su hermana Josefa Juárez.
shcp / Oficialía Mayor / Dirección General de Promoción Cultural, Obra Pública y Acervo Patrimonial / Recinto de Homenaje a Don Benito Juárez.

Hacia 1847, aires de renovación cruzaron a la vieja Academia de San Carlos, que se perfilaba en esta época como el proyecto oficial de producción artística a tono con las ideas más innovadoras de las academias europeas. Luego del lapso poco fecundo durante la Independencia, la llegada de Pelegrín Clavé y Manuel Vilar marcó el inicio de la nueva generación de artistas mexicanos. Los valores históricos y su veracidad fueron prerrogativas de la crítica que desde la primera mitad del siglo XIX invadió las publicaciones perfilando la necesidad de definirse en términos modernos, ideas acordes con los procesos políticos e históricos. Los críticos veían en las bellas artes uno de los soportes fundamentales de la estructura de la civilización. Sin ellas, ningún país llegaría a la cumbre del progreso y la cultura.4 Para los críticos del siglo XIX, toda buena obra debía subrayar valores profundos, un ejemplo moral que eleve al espectador a reflexiones sobre la perfección ética. Siguiendo las ideas de Ida Rodríguez Prampolini, la crítica a partir de 1874 tratará de universalizar los valores mexicanos, mientras que la de la primera mitad del siglo trató de apropiarse de los modelos europeos. Así, hacia 1870, comienza a desarrollarse una idea de lo propio mexicano. Ignacio Manuel Altamirano, quien describiera a Benito Juárez, escribe el artículo "La pintura histórica en México", en el que exige una escuela nacional y advierte el desperdicio de talentos que se dedican a copiar un arte que no es propio. De este modo, las nuevas ideas se cuelan entre la política y las manifestaciones artísticas.5

Dentro de la concepción ilustrada de la ciencia, la fotografía desarrollaría sus propios caminos. Este procedimiento técnico se esgrimía como la propia realidad, su copia más fiel, su paralelo, y formó parte principal en las representaciones del poder político.6 Es necesario subrayar la participación de la imagen fotográfica en la reconstrucción de una historia de la patria a través de sus representantes, como parte del reconocimiento de un pasado y una tradición común.7

Considerando este escenario como fondo, la iconografía de Benito Juárez puede analizarse bajo tipos diferenciados. Uno de los primeros ejemplos es el día de su boda con Margarita Maza en 1843, cuando tenía treinta y siete años [imagen 1]. Benito Juárez al centro, María Josefa Juárez, su hermana, a la izquierda, y la conocida Margarita ubicada en el lateral derecho. Este tipo de imágenes pertenece a la vida del personaje y no podría decirse que colaboró en la elaboración de su efigie, como sí lo hizo otro tipo de representaciones. Antes bien, se trata de un documento visual que recoge al hombre más que al político, y su valor reside en esta especie de humanización del personaje que, en su vínculo matrimonial, supo luego producir una iconografía cuyo formato y composición lo representan como hombre de familia, esposo y padre.

Una fotografía de cuerpo completo [imagen 2] lo exhibe de pie, en un interior austero, apoyado en una pilastra. Su levita entreabierta deja adivinar la leontina del reloj, erguido mira a la cámara fijamente. Esta fotografía se acerca a las reproducciones pictóricas posteriores pero en ella no se exalta ningún elemento más allá de la propia figura central, con un cortinaje hacia el lateral izquierdo y un vacío hacia la derecha que permite enmarcar con exactitud su mirada austera y directa. Un testimonio de su apariencia física puede ligarse fácilmente con este ejemplo:

Pequeño y sólidamente construido, hombre firmemente parado con un poco más de cinco pies, la cara de un bronceado oscuro, bellos ojos negros salientes y fuertes pómulos, una recia nariz pronunciada. Sus modales, los de un caballero culto. Su conversación no tenía la fluidez y la vehemencia características de los españoles. Su voz era débil y agradable. Su pelo era corto y su cara cuidadosamente rasurada.8

Otro de los registros muestran a Juárez sentado, en tres cuartos perfil con las manos visibles mientras dirige su mirada a la cámara [imagen 3]. Esta composición será retomada por José Escudero y Espronceda, quien lo retrata en actitud similar, sentado en un sillón de brazos forrado de terciopelo rojo y la banda presidencial al pecho. En la mano del segundo plano sostiene un papel, que como tradicional requerimiento del género, pone en primer plano a un personaje relacionado con la vida intelectual y política [imagen 4]. El retrato, firmado por el autor y fechado en 1872, representa a un Juárez más joven; recordemos que éste fue el periodo de su muerte, a los 66 años.

José Escudero y Espronceda realizó más de un retrato de Benito Juárez. Otro de su autoría fue firmado en 1880 [imagen 5], esta vez en un formato oval, reproduce la misma imagen. Es visible la banda presidencial y la leontina como en el caso anterior. El recibimiento de la pintura se registra en La República de septiembre de 1880. Del mismo modo se dan noticias sobre otros retratos posteriores realizados por el pintor español.9

Imagen 2. Fotografía de Benito Juárez con portarretrato de la época.
shcp / Oficialía Mayor / Dirección General de Promoción Cultural, Obra Pública y Acervo Patrimonial / Recinto de Homenaje a Don Benito Juárez.
Imagen 3. Don Benito Juárez.
Biblioteca Nacional unam, Fondo Reservado, Álbum del Imperio Mexicano. (fotografía 161).



Imagen 4. Retrato de Benito Juárez realizado por José Escudero y Espronceda, 1872.
shcp / Oficialía Mayor / Dirección General de Promoción Cultural, Obra Pública y Acervo Patrimonial / Recinto de Homenaje a Don Benito Juárez.
Imagen 5. Retrato de Benito Juárez realizado por José Escudero y Espronceda. Formato oval, 1880.
shcp / Oficialía Mayor / Dirección General de Promoción Cultural, Obra Pública y Acervo Patrimonial / Recinto de Homenaje a Don Benito Juárez.

Imagen 6. Composición fotográfica de Juárez con su gabinete.
shcp / Oficialía Mayor / Dirección General de Promoción Cultural, Obra Pública y Acervo Patrimonial / Recinto de Homenaje a Don Benito Juárez.

Uno de los retratos más interesantes es la impresión de una imagen compuesta [imagen 6]: un ordenamiento visual previo busca ligar una serie de personajes con la figura central: Benito Juárez. De un solo golpe de vista, la composición resume la historia del periodo. Al centro del óvalo, la misma efigie a la que nos hemos referido, con visible banda presidencial, mira al espectador. Rodeado de laureles con la inscripción "Juárez" en la parte inferior, el personaje hace girar a su alrededor a figuras destacadas de su acción política. Allí están militares y miembros de su gobierno, todos partidarios de las ideas liberales que caracterizaron al héroe cívico.10 En la parte superior cierran la composición dos figuras angélicas, una sostiene un libro y otra una corona de laureles. En un segundo plano, puede observarse la bandera de México con el águila que identifica a la Nación. Esta imagen recoge el estereotipo heroico del siglo XIX, los próceres de la patria que conviven con la ley y los laureles. La imagen central de Juárez no puede desprenderse de esa primera fotografía que hemos mencionado, que aunque de edad avanzada, sirvió para consolidar la efigie pétrea del personaje. Algunas descripciones que sus contemporáneos hicieron pueden colaborar en esta configuración del icono repetitivo, en el cual valores colectivos se entretejen con imágenes derivadas. A decir de Ralph Roeder: "Liberal constante pero continente, era un hombre sobrio, seguro, casero."11

Por otra parte, cabe mencionar la fotografía que aparece en el Álbum de Benito Juárez. En un interior, de pie, rodeado de mobiliario, Juárez apoya su mano sobre un libro, evocando una  señal de juramento y exhibe en el segundo plano una serie de volúmenes que resumen muy bien su perfil de intelectual, estratega y que sin duda lo ligan a la imagen de un político liberal. Esta fotografía, que hoy guarda el recinto que lleva su nombre en el Palacio Nacional de México, lleva la inscripción de una de sus máximas: "El respeto al derecho ajeno es la paz" y bajo ella, su firma. Esta frase fue parte del discurso que Benito Juárez realizara con motivo del triunfo de la república en 1867. De esta representación derivó una pintura [imagen 7] de Anastasio Vargas y una fotografía de Nieto, en cuya reproducción se deja constancia de ser éste "el cuadro que representa al inmortal Juárez [.] pues su parecido, expresión, colorido y sobre todo la actitud, forman un conjunto de verdad que nada deja que desear"; firmado en 1887, nuevamente trae a la memoria la imagen fotográfica de Juárez y el retrato derivado de Escudero y Espronceda de 1872.

 

 

Imagen 8. Retrato escultórico realizado por Miguel Noreña.
shcp / Oficialía Mayor / Dirección General de Promoción Cultural, Obra Pública y Acervo Patrimonial / Recinto de Homenaje a Don Benito Juárez.



















Imagen 7. Retrato del presidente Juárez certificado por los ministros de su gabinete. Anastasio Vargas, 1887.
hcp / Oficialía Mayor / Dirección General de Promoción Cultural, Obra Pública y Acervo Patrimonial / Recinto de Homenaje a Don Benito Juárez.
















  Imagen 9. Estampa realizada por Alberto Beltrán.
shcp / Oficialía Mayor / Dirección General de Promoción Cultural, Obra Pública y Acervo Patrimonial / Recinto de Homenaje a Don Benito Juárez.

Vale mencionar también el retrato escultórico realizado por Miguel Noreña,12 discípulo de Manuel Vilar [imagen 8], quien se encargó de asuntos sobre la historia de México. La estatua sedente de Benito Juárez fue realizada con el metal fundido de los cañones pertenecientes a la facción conservadora y actualmente se encuentra en uno de los patios del Palacio Nacional. La inscripción alude a las batallas de Silao y Calpulalpan contra los conservadores y a la resistencia liberal contra los franceses, y permite una metáfora sobre el material del que está hecho un personaje como Juárez desde la mirada de sus partidarios; un actor político que encarna en su propia constitución los acontecimientos de la historia que le permitieron esgrimirse en una figura identificada con la Nación.

Por otra parte, dos registros servirán de ejemplo para dar testimonio de acontecimientos de la vida de Juárez que, a la par, fueron acontecimientos para la vida nacional. Por un lado, la estampa realizada por Alberto Beltrán [imagen 9] que describe la entrada del personaje a la ciudad de México en 1867. Se lo ve en su entrada triunfal, encaminado a pasar bajo un arco custodiado por figuras que recuerdan la antigüedad clásica y vitoreado por el pueblo. De pie, sostiene la bandera de México y abre los brazos en señal de victoria. Este acontecimiento excede al icono recortado y lo enfrenta a su medio, al igual que la estampa  que recuerda su muerte [imagen 10], realizada por L. Dumont y H. Meyer, donde se observa la capilla ardiente en el salón de los Embajadores rodeado de su guardia en 1872.

De héroe combatido a antihéroe de caricatura

Si bien es cierto que Benito Juárez había forjado una carrera política desde su salida del Instituto de Ciencias y Artes (1834) en su natal Oaxaca, su entrada en las ligas mayores del acontecer nacional no se registró sino a partir de la revolución de Ayutla (1854-55), levantamiento armado que a su término dio el triunfo y el gobierno de la República a los autodenominados liberales puros -Melchor Ocampo, Juan Álvarez, Ignacio Comonfort y Benito Juárez, entre otros-, sobre el gobierno del dictador Antonio López de Santa Anna, entonces erigido en Su Alteza Serenísima.

El fruto más inmediato de la gestión de este grupo fue la conformación de la Constitución de 1857, carta regidora de la nación en la que, además de la llamada Ley Juárez -que suprimía los fueros eclesiástico y militar, en los juicios civiles-, se decretaba la libertad de enseñanza, expresión y prensa.13 Situación que abría todo un nuevo panorama a la prensa escrita del país, hasta entonces bastante acotada por la frecuente censura de los gobiernos previos. No obstante, sería injusto decir que la prensa crítica y la caricatura de sátira política nace entonces, cuando en realidad en la tercera década del siglo XIX las caricaturas ya eran más o menos comunes en los diarios. Lo cierto es que a partir de este decreto se abren garantías que impulsan un auge de esta expresión bien llamada por Rafael Barajas El Fisgón -monero de nuestro tiempo- "caricatura de combate".14

Imagen 10. Capilla ardiente de Juárez en el salón de Embajadores de Palacio Nacional, 1872, grabado de L. Dumont y H. Meyer.
shcp / Oficialía Mayor / Dirección General de Promoción Cultural, Obra Pública y Acervo Patrimonial / Recinto de Homenaje a Don Benito Juárez.

No es casualidad, por lo tanto, que en las décadas que van de 1857 a 1876 existieran al menos 30 diarios ilustrados con estos dibujos sarcásticos. Entre ellos, hemos de destacar La Orquesta y El Padre Cobos -periódico dirigido por Ireneo Paz y que fue cerrando su apoyo en torno al caudillo de Oaxaca, Porfirio Díaz-, por ser éstos especialmente agudos con la política de Juárez, si bien es cierto que sus directores y colaboradores también eran de extracción liberal.15

La palabra 'caricatura' viene del italiano caricare: exagerar, recargar y por adición designa un dibujo satírico, igualmente cargado de humor y crítica. La técnica básica de su realización, según un caricaturista aún en activo, "consiste en aislar el defecto físico, mental, social o moral del modelo y magnificarlo".16 Es decir, la esencia de la caricatura transita del cuestionamiento periodístico que confronta, asedia e indaga hacia la representación gráfica que a través de la abstracción de caracteres se burla, ironiza y hasta busca ofender, con tal de surtir efecto, tanto en el personaje caricaturizado como en aquel que ve la caricatura. En este sentido, el género se desprende totalmente de cualquier manifestación plástica oficial, valga decir a propósito de la época y el lugar: la Academia y sus cánones estéticos; cuestionando de esta suerte la imagen del poder al punto de la grosería.

¿Pero cómo? ¿Benito Juárez fue caricaturizado? Sí, y revestido con cuerpo de abeja, serpiente y payaso; imágenes que se fueron forjando en un proceso paulatino de desencantamiento del cual estas caricaturas, como comentarios políticos del día a día, nos dan hoy razón. A continuación revisaremos una serie de caricaturas que van de 1861, con el primer periodo presidencial de Juárez, a 1872, en su quinto mandato y año de su muerte. De esta forma echaremos un vistazo a los vaivenes y la mutación de la imagen de Juárez visto por la oposición.

I. El Supremo Gobierno, después de rapar á la Iglesia hasta las pestañas, sin fruto alguno, pasa á ejercitarse con la pobre cabellera de el pueblo (caricatura de Constantino Escalante,17 publicada en La Orquesta, 8 de mayo de 1861) [imagen 11].

Esta imagen fue publicada en el primer periodo presidencial de Juárez, recién concluida la guerra de Tres Años o de Reforma y a escasos dos años de haberse publicado las leyes que dieron nombre a este periodo y que decretaban, entre otras medidas, la nacionalización de las propiedades aún no transferidas del clero, medida a través de la cual se pensaba que quedarían saneadas las finanzas públicas del país. Pero no fue así, el resultado de la implementación de esta resolución fue frustrante y el estado de la hacienda nacional desastroso, lo que promovió que Juárez declara una moratoria de dos años para el pago de la deuda externa, al tiempo que se procedía a la incautación de la propiedad considerada improductiva o en manos muertas y que afectaba directamente a la propiedad comunal.

La eficacia del gobierno fue cuestionada pues si bien era legalista, la medida también era injusta e impopular. De ahí que a Juárez se le muestre aquí con su seriedad característica, enfatizadas sus cejas y nariz, observando "sereno, callado, marmóreo"18 y sin empacho, cómo su ministro de Hacienda, Guillermo Prieto, y el de Relaciones Exteriores, Francisco Zarco, pelan a un personaje que representa al pueblo. Mientras que la Iglesia, ya totalmente pelona, da la espalda al espectador al fondo de la escena.

II. No quita lo cortés á lo valiente (caricatura de Constantino Escalante, publicada en La Orquesta, 7 de octubre de 1865) [imagen 12].

La moratoria declarada por Juárez dio paso a un conflicto internacional con importantes repercusiones: la invasión del territorio mexicano por tropas francesas, españolas e inglesas, en demanda de una serie de indemnizaciones. En principio, la salida política tuvo buena acogida, logrando despachar en buenos términos a las tres delegaciones. Mas la intención de los franceses, lejos de irse, era instaurar una monarquía en México, con el apoyo del ala conservadora. y lo lograron. Así inició una nueva etapa para el gobierno juarista, ahora trashumante y perseguido por el territorio nacional, al que otrora moneros combatientes ahora ensalzaban. Eso expresa justamente esta litografía, autoría de Escalante, en la que Juárez, al centro de la representación, es mostrado como un hombre fuerte, decidido, bien plantado y que porta el gorro frigio en señal de su calidad de abanderado de la democracia. Un animal heráldico que cobra vida a su lado, símbolo de los Habsburgo -la casa reinante bajo la figura del archiduque Maximiliano de Austria-, coloca a Juárez una medalla al valor y constancia, mientras que la prensa francesa aparece en la forma de una serpiente que muerde la cola de la levita del gallardo abogado oaxaqueño. Todo al tiempo que un personaje anónimo vestido a la moda francesa, y que sin duda encarna al Imperio, hace la señal de silencio, advirtiendo de esta forma a la prensa de oposición del país, cuidar sus excesos.

Imagen 11. El Supremo Gobierno, después de rapar á la Iglesia hasta las pestañas, sin fruto alguno, pasa á ejercitarse con la pobre cabellera del pueblo.
R. Barajas, La historia de un país en caricatura. Caricatura mexicana de combate 1829-1872. conaculta, 2000.

Es decir, ante la invasión es rescatada la figura de Juárez, a quien ya consumada la expulsión del Imperio se lo pondera como el libertador de la patria con versos como los que siguen:

"¡Viva México! ¡Viva mi patria!

¡Vivan los hombres de gran valor!

¡Que viva Benito Juárez

que fue el segundo libertador!"19

III. Una página de la historia bajo el pincel de la oposición (caricatura de Constantino Escalante, publicada en La Orquesta, 12 de octubre de 1867) [imagen 13].

No pasó mucho tiempo después de la restauración de la República para que Juárez volviera a ser blanco de la prensa opositora, y es que muy pronto propuso una de las medidas más antipopulares de su gestión y que afectaron de forma importante su imagen pública; a saber, la intención de reformar la Constitución de 1857 con el propósito de fortalecer al Poder Ejecutivo frente al Legislativo, a través de la instauración del veto para el Presidente sobre las propuestas de ley, así como el establecimiento de un Senado que hiciera las veces de contrapeso. Pero las reformas no prosperaron y tanto Juárez como su mano derecha, Sebastián Lerdo de Tejada, se enfrentaron a una combativa reacción por parte de la prensa, que eso sí, mantenía intactos sus derechos de libertad de expresión.

La sospechas en torno a la intención de instaurar una velada dictadura se hacían cada vez más fuertes, y palabras como centralización y autoritarismo comenzaban a ser asociadas con el nombre de Benito Juárez, configurando así, literal y plásticamente, un nuevo perfil del llamado Benemérito de las Américas.

El rostro de Juárez es construido en esta ilustración a través de una serie de elementos asociados por el dibujante con el actuar político de Juárez -a la manera de Arcimboldo en el siglo XVI para dar rostro a las estaciones del año-, eligiendo como sostén, hombros y pecho, el paraguas de las facultades del Ejecutivo, seguido de la jeringa del veto, sobre la que se posa un gato que tiene inscrita la palabra convocatoria -se entiende que se refiere a la convocatoria para modificar la ley-, sugiriendo la ambición a través del animal que intenta alcanzar un bote que encierra la Constitución, para comérsela. El bote, no de forma arbitraria, representa la boca del Presidente, cuya imagen así concebida no es más que el vivo retrato de sus ambiciones: de dientes para afuera, apela a la ley, pero en la mente tiene como verdadera intención instaurar una dictadura.

IV. La virtud es inmovible (caricatura de Santiago Hernández, publicada en La Orquesta, 26 de marzo de 1870) [imagen 14].

Para beneplácito de la oposición, las reformas políticas planteadas por Juárez no prosperaron; sin embargo, las sospechas crecientes sobre la intención de fundar una dictadura cobraron vigor para varios liberales en 1870, cuando una amenaza imperialista en Yucatán y la existencia de levantamientos en varios puntos del interior de la República movieron al Presidente a pedir al Congreso facultades extraordinarias. La intención, desde luego, era lograr una mayor centralización que redituaría en control.

Imagen 12. No quita lo cortés á lo valiente.
R. Barajas, La historia de un país en caricatura. Caricatura mexicana de combate 1829-1872. conaculta, 2000.

El gato había alcanzado al pocillo y Juárez, cual si fuera el mítico San Jorge, se paraba sobre el cuerpo de la Constitución recargando sobre ella su lanza. El "Comecuras", como fue llamado por los conservadores, se erigía en una especie de santo que reunía a su alrededor a su propio séquito que, a la manera de la iconografía de la Inmaculada Concepción, le mostraba, suspendido entre nubes, los atributos de la letanía juarista: la balanza inclinada, el látigo del castigo, el bolso repleto de dinero, la jeringa que dispensa las contribuciones, el espejo de la vanidad y las armas que hacen posible la paz. Ironía y sarcasmo más cercanos al drama que al humor, imagen que para colmo es firmada con la frase que alguna vez pronunció el propio Juárez: "La virtud es inmovible".

5. Maravillosa aparición de la silla presidencial á Juan Diego (caricatura de Alejandro Casarín, publicada por El Padre Cobos, 12 de febrero de 1871) [imagen 15].

Imagen 13. Una página de la historia, bajo el pincel de la oposición.
R. Barajas, La historia de un país en caricatura. Caricatura mexicana de combate 1829-1872.
conaculta, 2000.
Imagen 14. La virtud es inmovible.
R. Barajas, La historia de un país en caricatura. Caricatura mexicana de combate 1829-1872. conaculta, 2000.
Imagen 15. Maravillosa aparición de la silla presidencial á Juan Diego el 12 de Enero de 1858.
R. Barajas, La historia de un país en caricatura. Caricatura mexicana de combate 1829-1872. conaculta, 2000.
Imagen 16. Logogrifo.
R. Barajas, La historia de un país en caricatura. Caricatura mexicana de combate 1829-1872. conaculta, 2000.

Imagen 17. Un verdadero sueño de progreso.
R. Barajas, La historia de un país en caricatura. Caricatura mexicana de combate 1829-1872. conaculta, 2000.

El año 70 significaba la recta final del cuarto periodo presidencial de Benito Juárez, en el 71 habrían de celebrase nuevos comicios y en la escena política del país parecía haber dos contendientes naturales: Lerdo de Tejada, por un lado, representando la herencia juarista, y Porfirio Díaz, por el otro, quien entonces ya se había convertido en uno de sus principales detractores de régimen. Pero Juárez decidió apuntar su candidatura bajo un principio parecido a "la reelección es la paz". La tozudez del Presidente, otrora exaltada, era condenada ahora; además,  a su sonada constancia solía atribuírsele la agridulce compañía de la ambición. El indio zapoteco salido de Guelatao para incorporarse a la historia de la nación había olvidado su cuna, sus principios y su supuesta misión; de ahí que en esta imagen sea retratado a semejanza de Juan Diego, pero en vez de ser testigo de la aparición de la Virgen, vislumbra la silla presidencial rodeada por las cifras de su dieta.

VI. Logogrifo; Un verdadero sueño de progreso; Reelección; Una reconciliación, y ¡¡¡Gloria a Juárez!!!

Después de una contienda muy cerrada, la decisión recayó al final en el Congreso, el cual se decidió por Juárez. Para entonces ya se le había acusado de comprador de conciencias, de acarreador de votos, represor de la libertad de expresión. Su imagen en la caricatura de combate se había transformado de forma importante en poco más de una década. Aquel hombre recio y delgado, con nariz prominente, cejas pobladas, labios bien cerrados y pies firmes de las primeras caricaturas era sustituido con frecuencia por la figura de un Juárez con cuerpo de serpiente que forma alianza con Lerdo creando un círculo viperino de la eternidad (Logogrifo, caricatura de Santiago Hernández, publicada por La Orquesta, 6 de julio de 1870) [imagen 16], o por la de un viejo regordete y apático que duerme plácidamente una siesta en su silla presidencial, envuelto por aromas de incienso que le dan un halo de santidad, si bien aparece custodiado por las armas que garantizan la paz a pesar del olvido de la Constitución, por él mismo impulsada (Un verdadero sueño de progreso, caricatura de Alejandro Casarín, publicada en El Padre Cobos, 21 de mayo de 1871) [imagen 17].

Éste es otro rostro del Juárez engrandecido por las potencias mundiales a partir de la caída de Napoleón III, por haber logrado derrotar a la potencia más poderosa del momento, un Juárez que a los ojos de la crítica tomaba la forma de un torturador que sometía a garrote vil al pueblo (Reelección, caricatura de T. Alamilla, publicada en El Padre Cobos, 9 de julio de 1871) [imagen 18]. Un Juárez que por la ambición se reconcilió con Lerdo a pesar de haber sido su adversario en los comicios del 71, reconciliación que apareció en una caricatura en la que ambos se daban un beso en la boca incitados por el gigante coronado del dinero y de la ambición. (Una reconciliación caricatura de Santiago Hernández, publicada por La Orquesta, 2 de septiembre de 1871) [imagen 19].

Imagen 18. Reelección.
R. Barajas, La historia de un país en caricatura. Caricatura mexicana de combate 1829-1872. conaculta, 2000.
Imagen 20. ¡¡¡Gloria a Juárez!!!
R. Barajas, La historia de un país en caricatura. Caricatura mexicana de combate 1829-1872. conaculta, 2000.


























Imagen 19. Una reconciliación.
R. Barajas, La historia de un país en caricatura. Caricatura mexicana de combate 1829-1872. conaculta, 2000.

 

No obstante, cuando Juárez murió, Hernández, el mismo autor del beso, no dudó en publicar ¡¡¡Gloria a Juárez!!! (La Orquesta, 24 de julio de 1872) [imagen 20], caricatura en la que se erige monumental e inamovible la Reforma, desplegando con la mano izquierda un papel que tiene escritos los logros alcanzados por el Benemérito:

"abolición de fueros, desamortización, exclaustración, registro civil, tolerancia de cultos, juicio por jurados y libertad de imprenta."

Corría el año 1872, retratos literarios, académicos y periodísticos coinciden en una honesta pesadumbre que no dudó en otorgar a Juárez la corona de laurel de los próceres de la patria. Desde entonces, la iconografía de Juárez configuraría a un héroe histórico, cuyas acciones se inscriben en los límites de la leyenda.20

El último retrato, el retrato funerario, cerraba y abría a un mismo tiempo una nueva página en el álbum del héroe:

Aquí pudimos verlo por última vez. El semblante de Juárez había perdido su habitual severidad, y expresaba la afable resignación con que mueren los justos. Difícilmente habrían podido encontrarse en aquella fisonomía los rasgos que distinguían al hombre de luchas y de las tempestades políticas (El Monitor Republicano).

De este modo, el individuo héroe es construido en el cruce de imágenes privadas y públicas. Pintado, grabado, esculpido, caricaturizado, descrito por nacionales y extranjeros, seguidores y detractores. La imagen de Benito Juárez hereda elementos de tradiciones visuales históricas: laureles, figuras angélicas; de los registros y testimonios más cercanos: fotografías, descripciones de quienes lo conocieron y de artistas que inmortalizaron su imagen colaborando en la construcción de una imagen que sobrevive con connotaciones históricas, aniversarios y referencias desde la actualidad. Finalmente una imagen que esgrimió, no sin dificultad, la unidad de una patria necesitada de sus héroes.

 

1 Josefina Zoraida Vázquez, "Los primeros tropiezos" en Historia general de México, El Colegio de México / Editorial Harla, México, 1988, pp. 737-775.
2 Justo Sierra, Juárez, su obra, su tiempo, unam, México, 1948.
3 Jorge Alberto Manrique, "La patria necesita imágenes" en Una visión del arte y la historia, Colección Estudios y Fuentes del Arte en México, Instituto de Investigaciones Estéticas, unam, México, 2000.
4 De este modo puede leerse: "Las Bellas Artes no son entretenimientos pueriles y todo el que conozca las necesidades de una sociedad bien construida, encontrará como indispensable el estudio y protección de las Bellas Artes, puesto que todas las útiles exigen el auxilio de las primeras." "Academia de Bellas Artes de San Carlos" en Siglo xix, 6 de enero de 1849, publicado en Ida Rodríguez Prampolini, La crítica de arte en México en el siglo xix, tomo III, unam, México, 1964, p. 195.
5 Ignacio Manuel Altamirano, "La pintura histórica en México" en El artista, tomo I,  p. 8, México, 1874, publicado en Ida Rodríguez Prampolini, op. cit., p. 82.
6 Los inicios de su desarrollo deben ubicarse hacia 1865, con el fotógrafo francés August Péraire; como ejemplo basta la imagen del emperador Maximiliano y su esposa Carlota bajo los auspicios de la Virgen de Guadalupe. Un segundo momento se ubica hacia 1874, cuando el estudio de los fotógrafos Cruces y Campa publica el álbum Galería de personas que han ejercido el mando supremo de México con título legal o por medio de la usurpación, que fue conocido como Galería de gobernantes.
7 Ariel Arnal, Construyendo símbolos. Fotografía política en México: 1865-1911, Universidad Autónoma de Puebla, Puebla.
8 Testimonio de un periodista norteamericano en Paso del Norte.
9 Tal es el caso de Porfirio Díaz, que fue representado de cuerpo completo con sus visibles condecoraciones al pecho. Publicado en Siglo xix, 11 de septiembre 1884. Véase: Ida Rodríguez Prampolini, op. cit., p. 173.
10 Entre ellos, Ignacio Mariscal, secretario de Instrucción Pública durante el gobierno de Benito Juárez, además de ministro de Relaciones Exteriores, nacido en Oaxaca en 1829 y muerto en 1910; Ignacio Alatorre, nacido en Sonora en 1831, participó en la lucha contra la invasión francesa en 1867 y fue una de las figuras militares más notables de la segunda mitad del siglo XIX; Sóstenes Rocha, nacido en 1831 en Guanajuato, luchó en contra de los conservadores defendiendo el Plan de Ayutla, combatió a los invasores franceses y a los imperialistas de Maximiliano; Ramón Corona,  nacido en el estado de Jalisco en 1837, quien peleó contra los conservadores desde las facciones liberales, simpatizante de Juárez y activo en la intervención francesa; además, Blas Balcárcel, José M. del Castillo Velasco, Matías Romero y el coronel Mejía.
11 Ralph Roeder, Juárez y su México, fce, México, 1980, pp. 102 y 103.
12 Justino Fernández, El arte del siglo xix en México, unam, México, 1983, p. 169.
13 En particular, se debe a José María Lafragua la primera ley de imprenta que concedía una auténtica libertad de expresión.
14 Rafael Barajas El Fisgón, La historia de un país en caricatura. Caricatura mexicana de combate. 1829-1872, conaculta / Arte e Imagen, México, 2000.
15 Entre otros títulos de periódicos que circulaban -algunos con fugacidad, otros con mayor constancia- en aquella época se encuentran: El Perico, El Espectro, El Palo de Ciego, La Pata de Cabra, El Tío Cualandas, Guillermo Tell, La Madre Celestina, Don Pancracio, La Tarántula, etc.
16 Rafael Barajas, op. cit., p. 18.
17 Escalante es uno de los caricaturistas más destacados del siglo XIX. En los aspectos estético e ideológico se declara seguidor del francés Honoré Daumier, conocido ilustrador decimonónico quien fue varias veces encarcelado tras retratar la realidad nacional de su patria con dibujos combativos.
18 Tal y como lo describió su allegado Guillermo Prieto.
19 Copla anónima citada por Rafael Barajas, op. cit., p. 86.
20 aa vv., "De la Reforma a la Revolución, 1857-1920 I", en Gran historia de México ilustrada, Planeta De Agostini / conaculta /inah/ Ediciones Culturales Internacionales, México, 2002.

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