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Correo del Maestro Núm. 121, junio 2006

No sólo en tiempo de comicios…

Arrigo Coen Anitúa

Todos los días, durante las horas en que estamos despiertos, la vida –sobre todo la urbana– nos tiene expuestos y sometidos a decisiones por el proceso de elección: a cada rato escogemos alguna entre varias opciones.

En lingüística, al conjunto de elementos reunidos en orden de semejanza se lo nombra paradigma, concepto que del griego, mediante el latín, nos llega con el significado de ‘ejemplo’ y de ‘ejemplar’; y, de ese paradigma, la selección que se hace, en cualquier caso, es un sintagma.

En la práctica de la vida constantemente se nos presentan ocasiones de tipo paradigmático, para que cada uno de nosotros elija los elementos con los cuales va integrando el conjunto sintagmático que más le convenga.

En seguida voy a dar ejemplos muy claros de diferentes casos en que actuamos conforme a lo descrito. Cada mañana, después del consabido baño, abrimos nuestro guardarropa –un despliegue de paradigmas– y escogemos un juego de prendas interiores: camiseta, calzoncillos y calcetines; luego, una camisa, una corbata y un suéter, éstos pensando que convengan al color del traje que, previamente, hayamos decidido usar ese día. Momentos después, en el restaurante-cafetería habitual, o sea, el preferido (esto es, el predilecto: de pre-, ‘antes’, -di-, y [e]lecto), nos dan la carta o menú –otro despiegue de paradigmas– del desayuno y de la comida que la cocina recomienda para ese día. Con los elementos que proporcionan esos datos elaboramos el sintagma de lo que se nos antoje esa mañana.

Ya en nuestro trabajo, suele suceder que, por algún motivo, tengamos que hacer cuentas. Para ello usamos nuestros conocimientos de numeración, que viene a ser, y no por casualidad, otro gran paradigma.

Con sólo diez elementos: los guarismos del cero al nueve, según como los coloquemos en la expresión de una cantidad, nos resulta un sintagma.

He aquí un ejemplo: el número del año de la era vulgar en que Colón llegó al Nuevo Continente, 1492. Leído de derecha a izquierda, es ‘el segundo año de la décima decena de la quinta centena del segundo milenio’; éste es el sintagma con que especificamos esa fecha.

Sólo me queda ofrecer a mis lectores la más usada combinación de paradigmas que constituye la práctica de la facultad que distingue al género humano de todos los demás seres que viven en nuestro planeta: el habla.

Con el paradigma de sólo unas decenas de fonemas (en el español que hablamos en México son nada más veintitrés) formamos los sintagmas que llamamos palabras, y con el elenco de éstas construimos nuevos sintagmas que son la expresión de nuestro pensamiento.

Tomemos esta vez, como ejemplo, la versión más popular de la oración atribuida a Jesucristo en persona:

Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre; venga a nos tu reino; hágase tu voluntad así en la Tierra como en el Cielo. El pan nuestro de cada día dánoslo hoy, y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en la tentación, antes bien líbranos del mal. Amén.

Sesenta palabras, algunas de ellas repetidas, para constituir una invocación, seis solicitudes, dos comparaciones y un deseo de persistencia. Aparte, la poesía, implícita para el que sepa descubrirla en tan sencilla prosa.

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