Introducción
Los docentes siempre estamos en busca de maneras de mejorar nuestra práctica, nos gusta observar a un buen maestro en acción, pues nos da ideas para enfrentar de forma más eficaz a nuestros grupos. En este texto se muestran algunas técnicas exitosas en clases de baile de salón que se pueden aplicar a la lectura y a diversas disciplinas. Cuando uno está inmerso en una situación cotidiana es difícil tomar distancia, por eso sugerimos observar una clase de danza, que no necesariamente forma parte de nuestra actividad académica común, con el fin de poder apreciar la esencia de la práctica pedagógica ajena y así enriquecer la nuestra. Enseñar a leer, con agilidad, curiosidad y placer, comprendiendo el texto y reflexionando sobre él, es uno de los grandes retos de los educadores de todos los tiempos, y este artículo es una invitación a reflexionar sobre la práctica de enseñar.
La clase de baile
En el curso de baile de salón para adultos se aprende chachachá, cumbia, danzón, mambo, merengue, salsa y rock, es decir, bailes sociales. Se trata de una clase semanal cuyos primeros diez minutos se dedican al calentamiento con ejercicios suaves de gimnasia, posteriormente se estudian pasos básicos y se concluye con alguna pequeña coreografía –una secuencia de pasos– de un par de estos tipos de baile. Se utiliza música grabada y de carácter jovial.
Actividad voluntaria
Las personas que asisten a la clase de baile de salón son adultos que acuden de manera voluntaria. Sus motivaciones son varias: algunas personas asisten porque quieren aprender a bailar y de esta manera sentirse a gusto en las fiestas; otras van para hacer ejercicio, y otras más saben que moverse al ritmo de la música hace sentirse bien y que estar en un ambiente libre de presiones produce felicidad. En cambio, en el sistema escolarizado, leer es una actividad obligatoria y no siempre les queda claro a los alumnos que leer les proveerá de una habilidad que produce bienestar. A veces sienten la lectura como una amenaza, pues no comprenden lo que leen y por tanto les cansa y aburre; también consideran que la calificación pondrá en evidencia sus defectos y no perciben que leer les será de enorme utilidad, que es la puerta al conocimiento humano.
Lo que aquí se sugiere es que al menos una vez por semana se dedique un espacio a lecturas voluntarias, es decir, que cada alumno se sienta en libertad de elegir qué es lo que desea leer entre una amplia gama de opciones que tengan que ver con sus intereses. Por lo tanto, este material no debe limitarse al corte escolar, como los libros de texto, sino que debe abarcar los más diversos temas y formas posibles, sin olvidar las ilustraciones llamativas, a fin de que los niños asocien la lectura con una actividad voluntaria, placentera, útil y atractiva. Se debe proveer a los estudiantes de algún lugar cómodo dónde sentarse o recostarse, para facilitar el disfrute del material de su elección; es conveniente emplear alfombras y cojines para esta actividad. En el salón debe imperar el silencio, a fin de que los estudiantes se concentren. Durante estas sesiones, el docente debe actuar como facilitador, es decir, sugerir textos, aclarar dudas y ayudar a los alumnos que tengan mayores dificultades.
La lectura voluntaria, al igual que el baile voluntario, no se debe calificar, ya que en general se asocia una nota baja con un castigo o como una manera de poner en evidencia debilidades que no necesariamente se sabe cómo superar. El docente puede evaluar el desempeño de sus alumnos sin calificarlos, esto le permitirá descubrir algún hueco en su aprendizaje.
Repetición
Una de las técnicas para aprender una coreografía es memorizar una secuencia de movimientos al ritmo de la música. Para lograr hacer los movimientos es necesario separarlos en secuencias sencillas y repetirlos muchas veces. Una vez que se repiten los componentes del paso por separado, se juntan para formar la unidad. Una serie de pasos forma un baile. Esto es también una de las características de la lectura. Una manera de aprender a leer es separar las palabras en sílabas y repetir su lectura hasta lograr leer una sola palabra de golpe. Una serie de palabras unidas forman una oración. Para leer la oración de corrido es necesario poder leer las palabras de golpe, si se emplea demasiado tiempo en silabear cada palabra, no se recuerda todas y por consiguiente no se comprende el sentido de la oración.
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Los alumnos de la clase de baile que acuden de manera constante, sobre todo los que ensayan por su cuenta, suelen ser los que a la larga dominan mejor el arte de la danza. La práctica es fundamental para dominar los pasos y llega un momento en que se logra realizarlos de manera mecánica, en sincronía con la música. Cuando se hila sin titubeos un paso con otro, uno puede bailar. Lo mismo sucede con la lectura: es necesario practicar y repetir con frecuencia. Hasta que se lea una palabra cientos de veces, con tipografía distinta, en oraciones diferentes, uno entiende su significado rápidamente, lo comprende y lo integra al contexto de la oración automáticamente. Una vez que se comprenden las oraciones y se hilan, se entiende un párrafo completo. Dado que la lectura es una actividad intelectual que requiere de habilidades varias y entrenamiento, es indispensable que los niños lean todos los días.
En la clase de baile es importante dominar los pasos básicos, de otra manera la danza resulta torpe. Si el estudiante tiene dificultades de vocalización –por ejemplo con palabras como ‘ciudad’–, no podrá leer en voz alta con corrección. La práctica es fundamental, por eso la maestra de danza regresa una y otra vez a los pasos básicos, y lo mismo debe hacer el docente de español: retomar lo fundamental.
Pero la labor de lectura no termina allí: además hay que aprender palabras nuevas hasta tener un vocabulario mínimo, acervo que permite entender e imaginar lo que se lee. Finalmente, se debe aprender a pensar sobre el texto, o sea establecer un diálogo interior que nos permita no sólo darle sentido sino aportar más, crear.
La lectura, como cualquier actividad humana, es más sencilla si se realiza por imitación. Lo ideal es que los padres de familia lean sus libros en presencia de sus hijos, o por lo menos que les lean alguna historia día a día cuando son pequeños y que acompañen a los grandes mientras leen. En el hogar, diariamente debe haber un tiempo destinado a la lectura; no tiene que ser muy largo, pueden ser tan sólo diez minutos. De preferencia, ha de procurarse en un espacio agradable, con un mínimo de tensiones y siempre a la misma hora, para que forme parte de la rutina cotidiana. Así, los profesores deben invitar a los padres de familia a que establezcan el hábito de la lectura en casa.
La memoria
Debido a la prevalencia de la educación memorística, en la que se confunde información con conocimiento, se ha llegado a satanizar la memoria, cuando en realidad es un componente fundamental de la inteligencia. Si durante una clase de baile es necesario memorizar una serie de pasos para dominar una secuencia con soltura, sería conveniente que durante las clases de español sucediera algo semejante: los alumnos deberían aprender textos de memoria, tanto en prosa como en verso. Al recitar un texto se favorece la soltura en el uso del lenguaje.
Debido a que cada vez hay más mujeres jefes de familia, sus hijos gozan menos de su presencia, así, se presenta un detrimento de la palabra hablada; en algunas familias ni siquiera se da la sobremesa, por lo que los niños no tienen muchas oportunidades de expresar sus ideas. Enseñarles a hablar solía ser una de las labores tradicionales y cercanas de la madre, pero ha pasado a ser responsabilidad de las trabajadoras de las guarderías y las educadoras de preescolar, que deben apoyarse en la recitación como un paliativo para superar dificultades de dicción.
Para que este ejercicio de memoria sea efectivo, el docente debe elegir textos interesantes, inteligentes y hermosos para los alumnos, y explicar cada una de las palabras nuevas, además de comprobar que sus estudiantes las comprendan, por ejemplo pidiéndoles que las empleen en alguna oración o que las definan. También debe tener la certeza de que comprenden el sentido de cada oración y finalmente del texto; sabrá que es el caso cuando puedan explicarlo empleando sus propias palabras.
Una característica fundamental de la danza es el ritmo; un bailarín debe ser capaz de moverse de manera armónica con la música. El sentido del ritmo también es fundamental en la lectura: cuando uno recita un poema de memoria debe hacerlo de manera armónica; asimismo, la prosa debe tener cierto ritmo, tomando en cuenta los espacios adecuados para respirar. Memorizar textos ayuda a concentrarse en el ritmo.
Interpretación
Luego de memorizar una secuencia de pasos y ejecutarlos al ritmo de la música, es necesario bailarlos, es decir interpretarlos. No se trata de moverse como si fuera uno un soldado, sólo con exactitud y perfección, sino que cada bailarín le debe poner su toque particular. Aunque los alumnos que acuden a clases de baile por placer no aspiran a ser grandes bailarines, desean danzar con soltura, saber acoplarse a la pareja y darle carácter propio a sus ejecuciones. De igual forma, la lectura en voz alta y la recitación son maneras de aprender a leer con carácter, a ponerle la entonación, a darle la fuerza necesaria para capturar el interés del escucha.
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Solamente cuando se ha estudiado y comprendido un texto, se puede decir en voz alta de tal suerte que le genere sentido a quien lo escucha. Se sugiere, pues, que el docente trabaje con obras de teatro para que sus alumnos estudien los parlamentos y distintos alumnos aprendan los mismos papeles de memoria, de manera que puedan contrastar las interpretaciones. Se puede hacer el ejercicio leyendo el texto. Además, es necesario recomendar a los padres de familia que jueguen con sus hijos pequeños a leer en voz alta con y sin pasión, imitando diversos estados de ánimo e intenciones, para que sientan la diferencia y el poder del lenguaje al dar distintas modulaciones. Existen familias grandes que montan obras de teatro para algún evento especial, lo cual no sólo es divertido y un proceso de creación compartida que favorece los lazos positivos, sino que es un gran ejercicio de disfrute de la lengua.
Variedad
Si la clase de danza se limitara a repetir siempre los mismos pasos, por supuesto que resultaría aburrida. Un buen maestro de baile incluye variedad: antes de que los alumnos se fastidien cambia de paso o de ritmo o de tipo de baile, de modo que siempre haya una meta nueva que alcanzar. Con respecto a la lectura, la recomendación es variar los textos, cuyo nivel debe plantear un reto y causar sorpresa en los niños. Por consiguiente, es fundamental seleccionar con cuidado los títulos de las bibliotecas de aula, así como enriquecer los acervos con aportaciones de los padres de familia. Si algunos miembros de la comunidad escolar tienen la oportunidad de viajar a grandes urbes, sería bueno solicitarles que adquieran libros de interés general para la escuela. Además, es muy recomendable que en las escuelas haya cierto acervo de interés destinado de los padres, a fin de que los hijos los vean leer con entusiasmo y deseen imitarlos.
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Si hay suficientes libros a disposición de los niños, si los pueden llevar a la casa o leer durante el tiempo libre, se darán cuenta de que éstos encierran una gran variedad de cuestiones interesantes y entretenidas.
Una manera de lograr bienestar en el aula es por medio de la lectura en grupo; por ejemplo, se puede dividir a los alumnos de manera aleatoria en conjuntos de cinco y pedirles que lean un texto. Cada alumno leerá un párrafo, y después discutirán en grupo lo que comprendieron; al final se puede hacer preguntas a los distintos grupos. El profesor facilitará que los alumnos más aventajados ayuden a los que tienen dificultades, y así los niños aprenderán que juntos pueden comprender mejor por qué cada persona suele tener su punto de vista. No se debe presionar calificando esta actividad, pues el propósito es mostrar que a través de la lectura se logran objetivos distintos a los convencionales. Es bien sabido que la competencia es algo natural, y si el profesor permite la participación y hace preguntas sin hacer énfasis en la respuesta correcta y sin que vaya de por medio una calificación, los individuos tratarán de destacar por el placer de ser mejores.
Ayuda de los pares
En una clase de baile suele haber estudiantes con habilidades dispares, y una manera de que todos los alumnos mejoren su técnica es dividir al grupo en principiantes, intermedios y avanzados. Se aprovecha la misma música pero cada subgrupo ejercita movimientos distintos. El maestro pone a los alumnos más adelantados a cargo de los subgrupos más débiles y circula entre los alumnos para garantizar que todo fluya en armonía. La ventaja de poner a estudiantes avanzados a ayudar a los demás es doble: aprende el que enseña y se siente menos presionado el que tiene mayor dificultad. Cuando uno enseña es cuando realmente aprende, y el momento en que otros preguntan es cuando uno se da cuenta de las propias fallas, por eso hay que desmenuzar el conocimiento hasta que cada punto quede aclarado.
Los estudiantes pueden sentirse intimidados por el docente, en cambio manifiestan menor ansiedad ante un compañero de clase; este simple cambio de estado de ánimo ayuda a aprender. Alguien con un grado importante de tensión no puede concentrarse en aprender porque lo domina el miedo y la angustia, pero un compañero amigo puede ayudar a liberar las dificultades de aprender que provienen de la inseguridad y de los pensamientos negativos. Se confía en el amigo y si éste es paciente le ayudará a aprender, mucho más que la lectura o la danza, el poder de la amistad y la confianza.
Ambiente cordial y orden
Se han hecho múltiples experimentos que muestran que se aprende mejor cuando se está en un ambiente agradable. Si un alumno está inquieto, el maestro debe ponerle de inmediato una actividad retadora, es decir, ocuparlo en algo interesante, no debe reprimirlo ni llamarle la atención. Cada grupo escolar es distinto, pero siempre hay alumnos más inteligentes que si se aburren ponen desorden el en aula. El docente puede usar sus habilidades para que estos alumnos ayuden a los que tienen dificultades o puede ponerles asignaturas que les ofrezcan un reto.
La maestra de baile logra mantener el ambiente grato por medio de la música alegre, la actividad física y los retos, además sonríe constantemente. Algo que incrementa la cordialidad es que de vez en cuando trata temas complementarios, como el origen, la importancia histórica y algunas características regionales de los bailes. Un profesor de español puede tomarse de manera equivalente algunos minutos para mostrar materiales que ayuden a la comprensión y disfrute de la lectura, por ejemplo, un mapa que muestre el sitio donde se desarrolla alguna historia, una planta que tenga que ver con un texto de ciencia, y por qué no, una pieza musical que ponga de buen humor a sus alumnos.
Permitir que se cometan errores
Durante la vida todos aprendemos de las equivocaciones, desafortunadamente los alumnos aún no tienen esto claro, además, viviendo en una cultura de la culpa, tendemos a ocultar los errores. Cuando alguien se equivoca en la clase de baile, un buen maestro no lo reprime, al contrario, él o los compañeros tratan de ayudar. Un alumno de danza aprende cuando observa a otros, se da cuenta si van fuera de ritmo, si no se mantienen erguidos o jalonean al compañero. Asimismo, durante las sesiones de lectura en voz alta, los alumnos se dan cuenta de quiénes tienen buena dicción o entonación y tratan de imitarlos. Si los demás ayudan al que se equivoca, la clase se convierte en un ejemplo de camaradería en lugar de un sitio donde se va a sufrir, a ser castigado o a ponerse en evidencia por los errores y ser motivo de burla. Por supuesto, si un alumno tiene serias dificultades para leer en voz alta, el docente debe ayudarlo en privado y no exponerlo. Como todos sabemos, de manera natural los niños pueden ser muy crueles con sus compañeros débiles o discapacitados.
El observar a otros y permitir que cometan errores nos ayuda a evaluarnos y a superarnos; además, sobresalir a base de esfuerzo es una cualidad que se aprende por imitación. Por otra parte, si se observa a alguien especialmente dotado ya sea en danza o en lectura, cada uno asume su justo lugar y aprende a vivir lo que es.
Fondo y forma
Existen personas que son especialmente hábiles, agraciadas y tienen sentido del ritmo, pues lo han experimentado durante toda su vida, por eso saben bailar; otras personas son particularmente torpes, esto las vuelve tímidas e incómodas. Asimismo, existen niños que leen a los tres años porque imitan a sus padres, en cambio hay personas a las que les cuesta mucho trabajo. Las dificultades con la lectura son multifactoriales, van desde problemas emotivos hasta problemas de habilidad o madurez. El docente debe estar alerta para detectar a los alumnos a los que les cuesta trabajo y averiguar cuál es la razón.
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A ciertos alumnos se les dificulta enfrentarse a la tipografía barroca o a páginas con demasiada información presentada de manera desordenada; para ellos habrá que elegir textos con grandes y sencillas ilustraciones y con pies de foto simples, que les ayuden a hacer sentido de lo escrito poco a poco y a no sentirse tan confundidos. Para los alumnos que requieran de un ambiente silencioso, sin distracciones, habrá que procurárselos, es decir, habrá que destinar todos los días un intervalo en silencio para leer, y hacer que se respete. Otros alumnos tienen tal cantidad de problemas familiares que no se pueden concentrar; con ellos se podrá platicar para darles confianza y que se sientan seguros en la escuela. A los alumnos con dificultades intelectuales habrá que darles textos que representen un pequeño reto para que vayan desarrollando sus habilidades a su ritmo particular; estos niños requieren ayuda especial fuera de la escuela.
En este contexto se requiere de paciencia, pues un alumno con dificultades representa –idealmente– un reto para un maestro. En cuestiones de danza es sorprendente constatar cómo a base de constancia y dedicación por parte del alumno y del maestro se hacen progresos indiscutibles.
Actitud del docente
Cada maestro es distinto, lo que favorece la calidad de la educación. En la clase de baile, como actividad voluntaria, es más fácil para el profesor ser aceptado por el grupo y mantener la autoridad, pero vale la pena mencionar que lo consigue con base en su seguridad personal. En primer lugar es imprescindible que el docente prepare la clase, lo que es fundamental para garantizar la calidad; los alumnos perciben enseguida cuando un docente no domina el tema, entonces se produce cierta tensión en el ambiente, lo que obliga al profesor a tomar posiciones de fuerza para controlar al grupo. En cambio, un profesor que conoce bien el tema, que se da la oportunidad de reconocer que también se equivoca, que ignora ciertas cosas pero que tiene la convicción de ayudar a sus alumnos a aprender es valorado como tal y se le presta atención.
Los maestros de baile generalmente ponen el ejemplo, no muestran fastidio ni cansancio, ni se quejan de los tropezones de sus alumnos, sino que su actitud optimista resulta contagiosa. Si el docente es derrotista, insiste en la dificultad de sus alumnos para aprender y los estudiantes y los padres de familia lo percibirán negativamente. Los alumnos detectan de manera inconsciente tanto la fatiga y el desánimo del profesor como su convicción de que uno puede lograr lo que parecería imposible. Es claro para los alumnos cuándo el maestro está disfrutando lo que hace, es decir, su pasión por la docencia. Un buen docente es una persona generosa, su propósito en el aula es regalar conocimiento. Es así que la actitud del profesor frente al grupo resulta fundamental: cada estudiante es una oportunidad de poner a prueba sus habilidades hasta triunfar, es un mundo nuevo de posibilidades.
Reconocimiento
El mejor premio de aprender es saber. Sin embargo, los estudiantes no siempre tienen claras las grandes satisfacciones que significa dominar el conocimiento, por tanto no le dedican el entusiasmo suficiente a aprender y necesitan una serie de incentivos. Tanto en el baile como en la lectura se deben establecer metas que puedan alcanzar los estudiantes, de manera que palpen el placer que significa aprender. En el caso del baile, se trata de dominar un paso, por más sencillo que éste sea; en el caso de la lectura, comprender a cabalidad un texto, sus palabras, su sentido, y sobre todo que el alumno sienta que ganó algo al apropiarse de ese conocimiento, que puede ser la lectura misma o el tema. Si uno aprende a bailar, poseerá una habilidad que le permitirá estar sano, tener entusiasmo por la vida y, por si fuera poco, contar con mayores habilidades sociales. Al saber leer, se cuenta con la posibilidad de tener a disposición el conocimiento de la humanidad, acceder a las ideas que hemos generado los humanos durante siglos.
Suele ser importante contar con un reconocimiento por la labor desempeñada; lo convencional es una boleta de calificaciones aprobatorias o un diploma que testifique la conclusión satisfactoria de un ciclo. En las clases de baile, el reconocimiento suele venir de los pares, o sea de los compañeros: cuando los demás quieren bailar con alguien en particular significa que se desempeña bien. El mayor reconocimiento está en aprender, hacerlo bien y que se note.
Una de las consecuencias lamentables del desempleo y el tráfico de drogas en México es que algunos alumnos no reconocen la ventaja de estudiar. En algunos ambientes se premia socialmente más al que logra hacer dinero fácil que al que posee habilidades intelectuales. Es fundamental que el docente haga sentir al alumno que al aprender posee virtudes que van más allá de la capacidad de hacerse de recursos materiales, incluidas la satisfacción y la felicidad.
Autoestima
Tomar clase de baile aumenta la autoestima. Uno se siente bien cuando logra dominar un paso, una coreografía, ayudar a un compañero o hacerse de amigos nuevos, pero vale la pena mencionar estudios recientes que se han realizado sobre este tema. Alguna vez se pensó que las personas con mayor autoestima tendrían un rendimiento académico proporcional, porque se consideraba que tener seguridad en sí mismo permitía concentrarse en aprender. Sin embargo, se ha descubierto que las personas con demasiada confianza en sí mismas no se dan tiempo suficiente para estudiar y por lo tanto su desempeño académico es menor que el de las personas no tan seguras que se toman el estudio en serio. Los individuos con alta autoestima suelen tener mayores dotes sociales; cuando se les pregunta si son queridos o si suelen dar buenos consejos por supuesto que responden que sí. Sin embargo, sus amigos no siempre piensan igual: coinciden en que suelen ser divertidos pero que no necesariamente escuchan sus consejos, pues consideran que no son personas que se hayan tomado la molestia de analizar los problemas de la vida.
Las personas se vuelven más seguras cuando se enfrentan al baile, más sociables, y se sienten más a gusto, pero no significa que no se pongan nerviosas al bailar con alguien que les importa o ante el público, lo cual también es una ventaja, porque esa pequeña dosis de temor hace que se esmeren. Incluso un bailarín profesional a punto de salir al escenario sufre cierto miedo, lo que significa que interpretar de manera correcta le es importante. Al respecto de la lectura hay que considerar que leer bien en voz alta es una gran cualidad, pero ha de ser tomada en serio; cuando se tiene que leer un discurso, por ejemplo, se debe preparar con anterioridad, de modo que se comunique de manera adecuada lo que el autor quiso expresar.
Los maestros de baile frecuentemente recurren a una estrategia para aumentar la autoestima de los estudiantes: regresar a los pasos básicos aun con los alumnos adelantados. Además de que esto permite a los alumnos tomar conciencia de sus errores, también les sirve para darse cuenta de los progresos que han logrado. De manera análoga se sugiere que el docente de español retome de vez en cuando una lectura sencilla con sus alumnos para que noten con qué facilidad la leen y se den cuenta de que han progresado por la constancia y pueden seguir avanzando.
Elementos del amor
En un artículo anterior de Correo del Maestro, “Dos maneras de abordar la clase”,1 se ha descrito cómo algunos elementos del amor se pueden emplear durante una clase. Un ejemplo que se detalla en ese texto es la narrativa de lo aprendido. En la clase de baile, algunos alumnos pueden ponerse a practicar los pasos antes de que inicie la sesión. En la clase de lectura es importante que los alumnos comenten lo que leyeron; si ponen en palabras lo aprendido, harán suyo el conocimiento pues usar palabras de manera hilada es pensar.
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Un niño debe tener la oportunidad de leerles en voz alta a sus padres; esto no sólo le permitirá ejercitarse sino hacer de la lectura un elemento valioso de convivencia. Así como durante una fiesta se baila con otros, compartir la lectura en voz alta puede ser una actividad social importante. Existen personas que se reúnen en clubes de lectura para leer varios libros de un autor y discutir sus impresiones. Lo mismo se puede hacer en casa, que la familia lea una obra y después comente sobre ella; si esto les resulta difícil a los niños, uno de los padres la puede leer y platicarla con gusto a sus hijos de tal suerte que de adultos recuerden estas sesiones de manera positiva y las repitan con la siguiente generación. Otro elemento del amor es la creatividad compartida, bailar con la pareja a la que se ama es un ejemplo. La instalación de un nuevo librero, ya sea en el aula o en el hogar, si se hace de manera grupal y con una carga emotiva positiva, puede traer grandes satisfacciones.
Conclusiones
El arte de enseñar es complicado porque no depende sólo del maestro, sino del estudiante, y está en él aprender. Existen materias que les resultan difíciles a los alumnos, por ejemplo, las ciencias o la lectura, en parte porque en los hogares no se ejercitan y se les ha etiquetado de difíciles o inútiles; por consiguiente, los profesores requerimos de varias técnicas para lograr estimular a los alumnos con el fin de que aprendan materias fundamentales para su desarrollo intelectual, así que observar a docentes exitosos nos puede ayudar a cumplir con nuestras metas. Un docente que imparte una buena clase nos sirve de ejemplo y de estímulo a otros profesores para mejorar la propia práctica frente a grupo. Cada maestro puede tomar nota de lo que considera valioso para aplicar con su grupo al observar a un colega de cualquier área.
Los padres de familia juegan también un papel determinante en el desarrollo académico de sus hijos.
Durante una clase de baile se aprende a ser tolerante, pues se está en contacto físico con muchas personas, incluso se está expuesto a rasguños y pisotones, además, los compañeros provienen de estratos sociales diferentes y tienen distintas formas de conducirse. Por encima de las diferencias, lo que importa es el gusto por la danza; una sonrisa de satisfacción supera cualquier incomodidad. En todo grupo escolar existen estudiantes diversos, algunos con discapacidades serias, tanto físicas como emocionales; el docente puede aprovechar estas diferencias para que unos alumnos aprendan de otros y se den cuenta de que uno se enriquece con la diversidad. Ayudar y ser ayudado es una manera de aprender a tolerar.
1 Julieta Fierro, “Dos maneras de abordar la clase”, Correo del Maestro, año 3, núm. 29, 1998, p. 37.