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Correo del Maestro Núm. 127, diciembre 2006

Voces del mercado

Arrigo Coen Anitúa

No voy a tratar aquí –aunque así se pudiera suponer, dado el título de este artículo– de los pregones, cantos con los que se insta a la adqusición de algo, sino de algunos términos usuales en la actualidad comercial.

Comencemos con la propia palabra mercado, que ante todo indica el “lugar de encuentro de vendedores y compradores para la contratación de bienes y servicios”, o el “conjunto de estructuras económicas y de instituciones que, idealmente, configuran el ámbito de reunión de la demanda y la oferta de ciertos satisfactores”.

Por los primeros años de la quinta decena del siglo pasado comenzó a difundirse por el mundo mercantil el vocablo inglés marketing, el cual se tradujo al español por mercadotecnia.

Bien analizado, el concepto de marketing se pudo haber interpretado mejor por *mercadología, palabra que por sí misma significa ‘ciencia del mercado’.

El elemento compositivo -tecnia, en nuestro idioma, restringe la idea de la terminación -logía, a la de ‘arte de’, esto es, al simple ‘saber cómo’, o sea, solamente la aplicación o práctica de la ciencia. En efecto, se definió “conjunto de principios y prácticas que buscan el aumento del comercio, especialmente de la demanda, y estudia los procedimientos y recursos tendientes a este fin”.

Simultáneamente, se coló al léxico mercantil otra voz inglesa: merchandising (hasta en inglés suena a galicismo), que, en México, inmediatamente tradujimos por marchanteo (galicismo mexicano) que equivale a mercadeo, ‘acción de mercadear’ o ‘hacer trato o comercio de mercancías’.

Cualquiera que sea la extensión del ámbito mercantil –desde una simple plaza de pueblo hasta el que pueda abarcar una poderosa empresa internacional–, se está tratando del conjunto de todas las actividades que concurren para fluidificar el tráfico de los productos o servicios, desde el lugar de su origen hasta sus compradores. El objetivo es asegurar el máximo de ventas.

En el caso particular de cada satisfactor que se ofrece, sea un artículo o un servicio, hay que:

 1. Ubicarlo en el lugar preciso;

 2. en el momento oportuno;

 3. en las cantidades y calidades, suficientes, y

 4. al precio conveniente.

A ello se debe agregar el factor publicidad que implica técnicas (artes) altamente sugestivas, informativas y, a veces, educativas, que se valen de los medios de difusión, para crear, mantener y aumentar una clientela para el satisfactor indicado.

Cada uno de esos cinco pasos que se acaba de especificar es objeto de un cuidadoso trabajo de análisis y selección.  Hay empresas que se especializan en la mera presentación: diseño del envase, empaque, etiquetado, etc.; elección del lugar de exhibición y venta (moda, temporada), y, sobre todo, determinación de la relación valor / costo, o sea, el precio, según las posibilidades adquisitivas de cada mercado.

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