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Correo del Maestro Núm. 123, agosto 2006

Escuchemos a los animales*

Raúl Valadez Azúa
Leonor Valadez Téllez

Con frecuencia escuchamos llamados de alerta para preservar a las especies silvestres que se encuentran en peligro de extinción, sin embargo, la mayoría de las personas desconoce qué especies animales se encuentran dentro de este rubro y son menos aun las que conocen características específicas de algunos de ellos.

Aun en el caso de que podamos encontrar datos generales acerca de este problema, siempre es necesaria la información concreta, detallada, seleccionada sobre casos específicos, pues de otro modo solemos pasar fácilmente de la angustia al conformismo, ya que las cifras por sí solas polarizan las emociones, no las matizan.

En su obra Nosotros los animales, Andrea Mills acerca a los lectores a la realidad de algunas especies cuya condición las ubica dentro del rubro de “en peligro de extinción”. Pero no es a través de estadísticas que los animales son presentados: la invitación a conocerlos, comprenderlos y, de alguna forma, vivirlos se ofrece mediante una narrativa en primera persona que les da la voz a los mismos animales para que ellos nos cuenten cómo son, qué les gusta hacer y en qué se parecen a nosotros.

Hoy en día existen muchos documentales que nos pueden informar acerca de algunas de estas criaturas, pero nada es más emotivo que saberlo “de viva voz”; el recurso de emplear la primera persona suele generar un sentimiento de cercanía y empatía con el animal.

El libro se divide por secciones que comprenden cada uno de los ecosistemas: bosque, desierto, mar, pradera y montaña. En cada sección se presentan cinco animales con su correspondiente ficha técnica: alimentación, hábitat, número de especies que existen actualmente, los motivos por los que están en peligro y más detalles acerca de sus hábitos y forma de vida. Además de esta información, se incluye el apartado “¿Sabías?”, con otros datos curiosos acerca del animal; y en la sección “El ojo vigilante” se presentan otros seis animales, con información breve pero relevante de este conjunto adicional.

El monstruo de Gila y el gorila de montaña

Para ejemplificar la constitución de la obra tomemos dos casos: el monstruo de Gila y el gorila de montaña; el primero, por ser un organismo poco conocido por la gente en general, y el segundo, por su cercanía con el ser humano.

Para empezar, la autora nos invita a reflexionar lo poco que conocemos acerca del monstruo de Gila y de los reptiles que pueden encontrarse en esta misma condición. Esta especie habita en el desierto de Estados Unidos. Suele poner sus huevos en el verano y cuando los críos salen del cascarón pasan la mayor parte del tiempo en la madriguera o en la entrada de ésta para evitar los drásticos calores diurnos. Los colores de su cuerpo: naranja, rosa y amarillo, provocan que los demás animales, sobre todo los potenciales depredadores, no se le acerquen, y si se siente amenazado muerde y suelta un veneno letal. Dentro de sus hábitos alimentarios, se menciona la forma como busca su alimento empleando su peculiar lengua bífida; y por el grosor de su cola podemos saber si este reptil se encuentra bien alimentado o no, ya que ahí almacena su grasa.

Una vez cubierto el objetivo de entusiasmar a los lectores con la descripción de este animal, el relato nos lleva a reconocer la triste realidad: conteos aproximados sugieren que apenas medio millar de individuos sobrevive en el suroeste de Estados Unidos debido a la destrucción de su hábitat y el comercio ilegal.

En el caso de los gorilas de montaña, lo primero que destaca la autora es su condición de animales apacibles, lo cual descarta el pensamiento que tienen muchas personas de que son agresivos por naturaleza. Son animales que sonríen, cosa que ningún otro animal hace; experimentan emociones, y recuerdan cosas que ocurrieron hace muchos años. Crean fuertes lazos familiares y, a semejanza nuestra, comparten todas sus actividades en grupo, como comer y dormir juntos, jugar y acicalarse. Comen plantas y frutas pero nunca se llegan a comer una planta completa, lo cual permite que éstas sigan creciendo, y como tienen buena memoria saben dónde encontrar alimento en lugares por los que han pasado antes. Finalmente, llegamos a la parte dramática de reconocer que, en el presente, los gorilas de montaña no rebasan el millar de ejemplares, que su área de distribución es sumamente pequeña y que las granjas, el comercio ilegal y las enfermedades que les contagiamos los seres humanos son los elementos que les llevan a estar en peligro.

Tomar conciencia

El recorrido a través de las páginas de este libro permite al lector tomar conciencia de cuáles son las actividades humanas que más influyen dentro de la destrucción de los ambientes naturales y de los animales que viven en ellos, por ejemplo, la cacería ilegal, el establecimiento de vida humana en sus territorios y el comercio como mascotas. Es probable que la mayoría de los lectores experimente un fuerte sentimiento acerca de la responsabilidad que todos tenemos dentro de este proceso, lo cual nos lleva instintivamente a pensar en la necesidad de buscar información sobre cómo podemos ayudar a las organizaciones involucradas en el rescate de especies en peligro de extinción. Para ello podemos acudir a la sección “Cómo ayudar”, donde se ofrece una larga lista de direcciones electrónicas pertenecientes a esas organizaciones.

Como elemento de apoyo para los profesores de ciencias naturales, este libro cumple, sin duda, con el papel de brindarnos armas para tocar diversos temas de ecología. Asimismo, sirve como modelo de clase para motivar a los alumnos a que investiguen y desarrollen sus propios proyectos en los cuales identifiquen la situación de la fauna mexicana en peligro.

*Reseña del libro Nosotros los animales. Nos hablan las criaturas en peligro de extinción, Andrea Mills, Ediciones SM, Col. Saber, México, 2005.

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