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Dar un curso de artes plásticas para niños y adultos no siempre es fácil, pero sabiendo un poco de pedagogía, técnicas adecuadas para cada edad y mucho sentido común podemos salir a flote. Hace poco más de quince años ofrecimos un taller de capacitación para la enseñanza de las artes plásticas a un grupo de maestros en una escuela primaria particular; fue una verdadera aventura para nosotros pues nunca habíamos trabajado con adultos, así que decidimos dar el curso casi como lo hacíamos con los niños y, además, explicamos los fundamentos teóricos. El resultado fue muy gratificante, los maestros quedaron muy motivados al final y prometieron impartir en la escuela un taller infantil de artes plásticas todos los viernes.
¿Cómo se puede lograr desbloquear una mente adulta que durante muchos años se ha negado –y le han negado– la posibilidad de trabajar en las artes plásticas? La resistencia casi natural a cambiar los miedos a dibujar, los miedos a ensuciarse con pintura, el temor al ridículo, el desinterés por el dibujo y el arte, etc., son asuntos complicados, muy difíciles de superar. Pero con un poco de trabajo bien llevado, en el sitio apropiado y con los materiales necesarios, podemos lograr resultados rápidamente. Podemos también trabajar con un grupo de niños y adultos, todo se puede, sólo debemos saber cómo.
El Correo del Maestro en la filpm 2006
Este año fuimos invitados por el Correo del Maestro a impartir un taller como parte de sus actividades en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería de la ciudad de México. Elegimos enfocarnos a demostrar la importancia del arte en nuestra vida y en la educación, y el taller estaría dirigido a todo público: adultos y niños, padres, hijos, tíos, amigos, etc. A pesar de que trabajamos en un espacio no muy adecuado y con poca variedad de materiales (por tratarse de un edificio catalogado como patrimonio histórico, el mismo Palacio de Minería establece ciertas restricciones), pudimos obtener resultados muy buenos.
Empezamos por explicar a los presentes conceptos generales relacionados con el dibujo y su importancia en la formación integral del ser humano: preguntamos si les gustaba dibujar, si les gustaría aprender, por qué razones ellos creen que tienen ciertos temores al dibujar, y a los que no les daba pena no saber dibujar se les cuestionó por qué no les avergonzaba, y por qué sí les incomodaría no saber ortografía o no saber leer o no poder realizar operaciones matemáticas.
Todos los cuestionamientos que pueden surgir en torno a la desatención de la educación artística en la educación básica escolar provocan, generalmente, que los padres y alumnos reflexionen y hasta se indignen cuando escuchan acerca de la herramienta de la cual fueron y son privados en la escuela tradicional. Por supuesto no queremos propiciar resentimientos, sino crear conciencia de nuestras carencias educativas y así motivar a que cada quién, en la medida de lo posible, haga algo al respecto.
Educar a media persona es lo que hace la escuela tradicional y, ¿hasta qué punto deliberadamente? No lo sabemos, por ahora sólo nos limitamos a dejar “la mosca en la oreja”.
Todas las artes están dirigidas a activar el tan mencionado “lado derecho” del cerebro, el cual gobierna la parte afectiva, el pensamiento divergente, la creatividad y muchas otras capacidades de suma importancia; es el área emocional. El lado izquierdo se dedica al pensamiento lineal, lo exacto, la lengua, las matemáticas, es el área intelectual, también de gran importancia; lamentablemente, es sólo a ese lado del cerebro al que se dirige la educación escolarizada tradicional, con resultados limitados también, pues el cerebro humano está dividido en dos, pero siempre actúa en forma integral.
Cuando investigamos acerca de la relación entre los niños y el arte (hace quince años) encontramos la siguiente cita en el programa de educación de primaria de 1° a 6° grado:
| En la convicción de que el hombre es esencialmente creador, de que posee en la creatividad su más alto atributo, dejando testimonio de ella en las manifestaciones artísticas, de que el hombre íntegralmente educado es el más capacitado para convivir con sus semejantes…1 |
Ésta es, o era a la sazón, la percepción oficial de la relación del área artística con el perfil del egresado en la carrera normalista. Y aunque en los planes de estudio mencionen la creatividad como el más alto atributo del hombre, cabe preguntar qué se hace actualmente en la educación tradicional en el área artística. ¿Qué se debe hacer? Podemos empezar investigando y difundiendo este conocimiento: impartir cursos de capacitación y todo lo que se nos ocurra para llevar la educación artística a todas las escuelas de educación básica de México es una opción; por supuesto, también sirve el arte en niveles superiores, pero si no se atiende a la base, poco se puede hacer en la educación media y superior. Lo importante es que todos aquellos que podamos hacer algo, aunque sea poco, aportemos.
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El punto de partida del taller fue la relajación.
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Metodología
Llegamos a la Feria del Libro con el entusiasmo de trasmitir nuestra experiencia, el deseo de buscar las condiciones ideales para que los niños poco a poco se formen como seres humanos completos.
A lo largo del taller (que duró dos horas) se abordaron las diferentes formas en que se percibe el mundo que nos rodea, su uso y aprovechamiento, su desarrollo y sus limitaciones y algunos otros temas. Mostramos cómo estamos condicionados a expresar nuestras emociones e ideas con muy pocos medios, dejando de lado la actividad artística, la cual ofrece diversas posibilidades para ampliar la capacidad expresiva y creadora del ser humano. A través de ejercicios en los que se mezclaron el juego con la actividad plástica, introdujimos al público en la exploración personal de su capacidad comunicadora, con la intención de adentrarlo poco a poco en la actividad artística –en especial el dibujo–, y lo condujimos a tomar conciencia del cúmulo de información que las personas tienen en el cuerpo.
Del baúl de los recuerdos
La relajación fue el punto de partida. Para ello, cada participante del taller debió tomar una posición cómoda, aflojar su ropa si algo lo ceñía demasiado, quitarse los anteojos, acostarse en el piso si eso lo hacía sentir más cómodo, alejar de su cuerpo cuadernos, libros, bolsos… todo debía hacerse a un lado. Pedimos que colocaran las manos sobre las piernas si estaban sentados, o a los lados del cuerpo si estaban acostados, y que en esa postura hicieran tres respiraciones lentas y profundas para lograr eliminar la tensión de cada parte de su cuerpo.
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Reunimos materiales de diversas texturas en bolsas opacas, los participantes debían introducir una mano y sentir lo que había dentro.
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Una vez relajados, dimos a los participantes la instrucción de que se “sintieran” una piedra, que recordaran las sensaciones que guardan acerca de las piedras, su textura, forma, color, tamaño, temperatura, peso, etc. Con esta misma técnica los fuimos conduciendo a imaginarse que eran otros seres y objetos, como llantas, pasto, ranas, árboles y otros más. Lo importante en este paso es recurrir constantemente a la memoria, a experiencias perceptivas anteriores y trasladarlas no solamente a la mente, sino tratar de que nuestro cuerpo entero trabaje en el recuerdo, intentando sentirse completamente ese objeto. Debemos involucrar todos los sentidos en este ejercicio.
Expresión de percepciones nuevas
Durante este ejercicio, los participantes lograron percibir de una manera diferente algo ya conocido. El objetivo era recurrir a la memoria y tomar conciencia de que, a pesar de que la mayoría de las sensaciones que podemos identificar ya están catalogadas en nuestros recuerdos y las hemos etiquetado con algún nombre –suave, rugoso, pesado, áspero, frío, etc.–, somos capaces de resignificar esas sensaciones.
Normalmente identificamos cierta cualidad con un objeto específico, por ejemplo: suave-algodón, suave-pluma, o duro-metal, dura-roca. Sucede que cuando percibimos algo nuevo intentamos relacionarlo con algo ya conocido, y no le dejamos a ese nuevo objeto que se presente ante nosotros “por sí mismo”, sino a través de las experiencias pasadas. Tal actitud resulta una limitante si queremos explorar nuevos sabores, olores o texturas, pues resulta que nada “es como es”, sino “es parecido a”.
A través de este ejercicio se hizo trabajar el hemisferio derecho para que enviara información al izquierdo. Dirigimos la apertura a nuevas experiencias perceptivas sin necesidad de relacionarlas con lo que ya sabemos, el único requisito era “sentir”.
Para lograr esto reunimos materiales de diversas texturas –orgánicos e inorgánicos– en bolsas opacas, dentro de las cuales los participantes debían introducir una mano y sentir lo que había dentro. El principio era practicar la “observación” sin la vista, tratando de acentuar la percepción a través del sentido del tacto, y como sentidos secundarios, el oído y el olfato.
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Después de sentir los materiales de las bolsas se repartió papel para que expresaran con grafismos las sensaciones que habían tenido.
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Después de sentir los materiales de varias bolsas se les repartió papel para que expresaran con grafismos las sensaciones que habían tenido. Se les explicó que no debían dibujar un objeto, no debían darle una forma, solamente serían líneas y colores las que expresarían sus sensaciones. Les explicamos que trataran de imaginar qué tipo de línea podría ser para dar la sensación de algo suave, ¿serían líneas angulosas, formando cuadros, en zigzag, o líneas onduladas, sinuosas o circulares? ¿Qué color usarían para una sensación de frío o de algo orgánico? Cuando alguien dibujaba un objeto preciso le pedíamos que nuevamente explorara dentro de sí e imaginara las líneas, manchas y rayones; o bien, le pedíamos que los tratara de dibujar en el aire, de tal manera que sintiera el movimiento amplio e involucrara en éste un poco más de la muñeca y el brazo, y lo siguiera con los ojos moviendo el hombro y la espalda. Así podía, de una manera general, saber qué haría en el papel.
Se utilizaron cartulinas y crayones para el dibujo y se les pidió que no se limitaran a hacer un pequeño recuadro con las líneas, sino que trataran de extenderse en el papel. Por supuesto hubo muchos que trabajaron en pequeño, pero acercándose a ellos y dándoles confianza se les motivó a hacerlo de mayor tamaño. Algunos no sabían qué hacer, así que les preguntábamos qué era lo que habían “sentido”, y si respondían “sentí unas plumas” o “sentí zacate” o “sentí tornillos”, les pedíamos que describieran sus características y, al hacerlo, se percataban de que “eso” era lo que habían sentido y no precisamente un tornillo o un zacate o una pluma; esas cualidades están en muchos otros objetos y es lo que nos hace formarnos una primera idea, pero ésta no debe limitarnos.
¡Sí podemos dibujar!
El ejercicio anterior sirvió para empezar a “aflojar” los brazos y con ello a practicar los movimientos básicos para el dibujo. Decimos aflojar porque, igual que en el deporte, se necesita de un calentamiento previo. Como el ejercicio del dibujo no es una actividad frecuente, los movimientos que se requieren suelen hacerse muy rígidos, por eso hay que recordarlos jugando y “aceitando” nuestros brazos y nuestro cerebro. En este ejercicio “pusimos a dibujar” a ambos hemisferios del cerebro.
Empezamos con ejercicios de observación, esta vez con el sentido de la vista. El grupo se dividió en parejas, cada quien eligió a un compañero con quien realizar la actividad. Durante un minuto se vieron unos a otros a la cara y recorrieron con la mirada cada parte: los ojos, las cejas, el cabello… es decir, los contornos de los elementos y formas que integraban el rostro de su “modelo”.
Después, les pedimos que dibujaran el retrato de su compañero o compañera, pero con las siguientes condiciones: no mirar al papel, seguir mirando el rostro y hacerlo en sólo un minuto. Al terminar, cada uno vio lo que había hecho y, aunque estallaron las risas, seguimos trabajando sin romper el ritmo.
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El grupo se dividió en parejas y durante un minuto se vieron unos a otros a la cara; con la mirada recorrieron los contornos de los elementos y formas que integraban el rostro de su modelo.
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Se les entregó nuevo papel e hicieron otro retrato, pero ahora, además de no mirar la hoja, debían dibujar con una línea continua sin levantar el crayón, que sería la extensión de su mirada; es decir, debían recorrer nuevamente el rostro de su compañero, empezar por un punto y terminar en el mismo, recorrer contornos y al mismo tiempo con la mano dibujar en el papel lo que en ese momento miraban y recorrían, todo ello por espacio de dos minutos. Al terminar vieron sus dibujos, nuevamente se escucharon las risas pero se había logrado romper el miedo a dibujar. Siguieron variaciones de este ejercicio, cambios de tiempo, de elementos del rostro modelo y se alternaron las manos para dibujar, siempre tratando de que sintieran que estaban jugando y mencionándoles constantemente que no importaba el resultado sino la práctica. Al final mostraron al grupo sus dibujos, se creó un ambiente libre de prejuicios por no dibujar bonito o correctamente.
Quién soy, qué me gusta, qué hago
Ahora ya sabían que es posible dibujar y que practicando en casa podrían mejorar, así que como ejercicio final dirigiríamos nuestra atención a la fuerza comunicativa de la imagen, para que tomaran conciencia del conocido dicho una imagen dice más que mil palabras. Les pedimos que imaginaran que debían presentarse con otra persona que no habla el mismo idioma que ellos, y que solamente podían hacerlo con imágenes, ya sea realizando un collage o dibujando, y sin texto alguno respondieran a las preguntas: ¿quién soy?, ¿qué hago? y ¿qué me gusta? Contaron tanto con material para dibujar como con revistas para recortar, pegamento y tijeras. Al concluir, todos debían presentarse con el resto de sus compañeros mostrando su composición. En este último ejercicio se les sugirió moverse de lugar, que tomaran la decisión de elegir dónde les gustaría trabajar, ya sea en sus asientos o en el piso, pues una de las intenciones era que se dieran cuenta de que se puede trabajar casi en cualquier lugar.
Conclusiones
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En el taller logramos comunicarnos a través de imágenes. Foto: Archivo |
Se realizaron ejercicios dirigidos a demostrar que podemos comunicarnos a través de imágenes y que es posible generarlas, que no es necesario ser artistas para recuperar esta capacidad expresiva y comunicativa. El dibujo fue uno de nuestros primeros lenguajes, fue anterior al oral y al escrito; nuestro cuerpo es el primer instrumento comunicador y de manera natural los niños rayan, manchan, dejan huellas, van marcando por donde pasan, es mágico, es una extensión de su persona. Cuando éramos niños nos funcionó y aprendimos a elegir el mejor instrumento o material para dejar una huella. Lamentablemente, no agregamos lenguajes, sino que sustituimos el primigenio, lo cual nos mantiene del mismo tamaño; si en lugar de eso practicamos varios lenguajes, crecemos. ¿Acaso olvidamos nuestra lengua madre conforme vamos aprendiendo otro idioma?
Después de casi dos horas de taller, entre explicaciones, nuevas experiencias y trabajo, el salón parecía una fiesta, nadie abandonó el lugar antes de tiempo, incluso los adolescentes estaban muy divertidos pese que al principio se mostraban un tanto escépticos. Todos pedían más actividades, los padres y los niños por igual. Esto siempre ha sido asombroso para nosotros, pues dibujando, los adultos se dan cuenta de la importancia de crear imágenes y nuevos lenguajes, y pueden apoyar a sus hijos en ese sentido, lo cual nos parece muy valioso. Los niños aún no han perdido por completo este lenguaje y con padres conscientes de la importancia del dibujo podrán seguir haciéndolo sin restricciones.
El arte plástico no solamente es cuestión de talento, sino una recuperación de canales de comunicación y expresión, con uno mismo y con el entorno. La práctica del arte nos permite ser mejores seres humanos, démosle al niño más posibilidades de ser un adulto autónomo e integrado, con capacidad de sentir, pensar y actuar con libertad y responsabilidad.
Al concluir la actividad plástica les preguntamos a los participantes si se habían sentido bien dibujando, si lo seguirían haciendo, si le vieron sentido a comunicarse alternativamente con imágenes. Las respuestas fueron un manojo de aceptaciones. Agradecimos al Correo del Maestro y a los asistentes la ocasión que nos habían brindado de poder trasmitir lo que hemos investigado, y felicitamos a los participantes por haberse dado la oportunidad de reencontrase con el dibujo. Finalmente, debimos abandonar el salón, no sin antes, en conjunto, dejar ordenado el lugar, en espera de una nueva experiencia perceptiva que haga explotar un acto creativo en quienes lo habiten después.
Glosario
Grafismo: manera de hacer un trazo.
Collage: término francés de uso internacional que designa una técnica que se origina en el papier collé. El collage consiste en componer el objeto artístico pegando sobre una superficie fragmentos de materiales diversos (generalmente recortes de fotografías, periódicos o revistas, y también trozos de tejidos, materiales orgánicos, inorgánicos, etcétera).
* Reseña del taller El arte como parte de la formación integral del niño, impartido por Guadalupe Rosas y Antonio Ledesma en la XXVII Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, 2006, en la ciudad de México.
1 Libro para el maestro, sep, México, 1983, p. 28.
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