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Correo del Maestro Núm. 119,abril 2006

Los caminos de la conservación*

Yolanda de la Torre

Desde los asteroides que hace millones de años acabaron con numerosas especies hasta las criaturas recientemente descubiertas, cuya existencia había estado oculta por el velo del misterio, la extinción está al desnudo. Fenómenos climáticos, producidos bien por el hombre, bien por los embates de la naturaleza, han puesto en riesgo a miles de seres vivos, muchos de ellos, viejos conocidos y otros tantos que la humanidad ya no alcanzó a conocer. Saber las causas de su desaparición es una manera de preservar el mundo que hoy nos rodea con toda su riqueza. Una manera de hacerlo llegar al futuro.

Hasta hace poco se pensaba que las especies perdidas no se recuperan, que nadie volvería a ver a un mamut como lo hizo el hombre de las cavernas, ni a un pájaro dodo, exterminado apenas en el siglo XIX; adiós a los trilobites, a los dinosaurios y al tigre dientes de sable. Se creía que la pérdida era para siempre, pero hoy ya no estamos tan seguros. Lo cierto es que los motivos que causan la extinción son diversos.

A explorar justamente estos motivos está dedicado el volumen ¿Por qué ocurre la extinción?, de la colección Especies Extintas publicada por Correo del Maestro y Ediciones La Vasija. El texto hace un ameno recorrido ilustrado por los diversos eventos naturales y humanos que han arrasado, en ocasiones, con varias especies de un solo golpe: entre otros, las eras glaciales, la actividad volcánica, los terremotos, las enfermedades y los cambios climáticos.

Así, nos enteramos de que se cree que un asteroide –que además cayó en México– provocó la primera extinción masiva del planeta; que la sequía extrema ha llevado a una existencia precaria a especies como el órix que vive en el desierto; que algunos animales parecen poder prever terremotos imperceptibles para la tecnología más sofisticada; que hay enfermedades que afectan a especies específicas, como la hoy tristemente famosa fiebre aviar que ha llevado al sacrificio a miles de aves en Asia y Europa del Este; que cientos de animales están en riesgo en las islas Hawai y otros tantos se han extinguido desde que en 1778 el capitán Cook, legendario explorador inglés, pisó el archipiélago.

Es evidente que no siempre los seres humanos hemos sido responsables de la devastación de nuestro entorno, pero también lo es que de un tiempo para acá nuestra mano se ha hecho ver: ya hemos acabado con algunas especies y puesto a otras en riesgo por un simple asunto de moda. Un ejemplo es el exterminio de los búfalos que poblaban las praderas norteamericanas; los inmigrantes ingleses, después nacionalizados como colonos estadounidenses, tras la independencia los cazaron a todos y, de paso, casi acabaron con varias razas indias.

Pero los seres humanos también podemos ser sutiles: no siempre el instrumento de destrucción ha sido la caza; están la contaminación, la deforestación, la lluvia ácida (provocada en buena parte por nosotros), los incendios y los cambios climáticos, algunos de los cuales han sido acelerados por nuestra moderna pero destructiva forma de vida. ¿Por qué ocurre la extinción? ofrece algunos ejemplos: se cree que las selvas que resisten los efectos de la tala constituyen el hogar del 40% de todas las especies vegetales y animales del mundo.

En lo que a contaminación se refiere, se sabe que las aves contaminadas con insecticidas ponen huevos con cáscaras muy delgadas, lo que impide la reproducción; se piensa que a esto se debe la drástica disminución actual del cóndor de California, especie que desapareció hace muchos años en México y que hoy se encuentra en riesgo en los Estados Unidos.

En cuanto a la lluvia ácida –causante de que árboles y plantas mueran de hambre, lo que ha llevado a la muerte masiva de especies–, las responsables son, a todas luces, las emisiones de ácidos sulfúricos y nítricos (producidas, entre otras cosas, por los automóviles) que se dispersan en el aire hasta unos 5 mil kilómetros de distancia antes de caer en forma de lluvia –la única lluvia que no debería caer en el mundo.

Pero no todo es devastación y exterminio en el planeta: la riqueza natural de nuestro entorno aún nos tiene reservadas sorpresas. Una de ellas fue el descubrimiento en la República Democrática del Congo, África, del okapi: una especie de jirafa de cuello corto mezclada con cebra, cuya existencia parecía sólo un rumor. Otra, el muy reciente hallazgo de un pulpo australiano que es un mago del disfraz y puede mimetizarse con varias criaturas venenosas.

A éstas se han sumado otras maravillas, como el redescubrimiento del hámster, animal que se creía extinto desde tiempos antiguos y que fue encontrado en tierras sirias, en 1930; o el escarabajo más grande del mundo –el titán de cuernos largos, que puede alcanzar hasta 20 centímetros de largo–, hallado dentro del cuerpo de un pez, en la región amazónica de Brasil.

Hoy en día, muchas especies están en alto riesgo de desaparecer, como el manatí, el tigre, el oso y el rinoceronte. ¿Qué se ha hecho al respecto? Afortunadamente, existen organizaciones internacionales como el Fondo Mundial para la Naturaleza (wwf, por sus siglas en inglés), entre muchas otras, que promueven programas específicos de conservación. Asimismo, se han creado parques nacionales y proyectos de repoblación para conservar la fauna silvestre en numerosos países alrededor del mundo.

A lo largo de 48 páginas escritas con un lenguaje sencillo, entretenido y cotidiano, que incluyen índice y glosario de términos, esta obra representa una oportunidad para saber más sobre la ciencia y divulgarla.

*Reseña del libro ¿Por qué ocurre la extinción?, Héctor Arita Watanabe (revisión técnica), Colección Especies Extintas, Correo del Maestro/Ediciones La Vasija, México, 2004.

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