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Grupo de hormigas arrieras llevando hojas a su hormiguero.
Lorien Kite, Un árbol de la selva, Correo del Maestro / La Vasija, México, 2005. |
Los seres humanos vivimos en grupos, pero... ¿todos los demás animales lo hacen? No, pues algunos animales como los osos polares llevan una vida relativamente solitaria, juntándose con otros individuos de su especie solamente en algún momento de sus vidas, por ejemplo para aparearse. Sin embargo, otras especies son gregarias y optan por vivir en grupos llamados sociedades. Pero ¿por qué?, ¿qué ventajas tiene? Antes de responder estas preguntas veremos qué es una sociedad.
Una sociedad, según Wilson (1980), se define como un grupo cooperativo de organismos de la misma especie. Alcock (1989), por su parte, lo define como un grupo formado por individuos de igual especie que presentan cierto grado de cooperación basada en su capacidad mutua de comunicación. De esta última definición se deduce que hay casos en los cuales los individuos están agrupados pero no forman sociedades, hay atracción pero no hay sociedad porque no hay comunicación ni cooperación; son las llamadas agregaciones, que ocurren cuando individuos de la misma o' de diferente especie se juntan en respuesta a características ambientales, como una fuente de alimento, o para defenderse. Las agregaciones pueden observarse en varios grupos animales, por ejemplo, en ciertas mariposas. Pero hay casos en los que efectivamente existen sociedades, como las colonias de insectos o los grupos de primates -entre ellos el hombre-, que ejercen distintos grados de comunicación y cooperación entre los individuos.
Debido a que los humanos pertenecemos a una especie social, tendemos a pensar que la sociedad debe ser la forma más avanzada de vida.
Es verdad que la vida en grupo brinda una serie de beneficios bajo algunas circunstancias:
Los depredadores y las presas
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Los suricatas avisan a su grupo al detectar a un depredador, para que todos se oculten en un agujero cercano.
Ben Morgan, Pastizales tropicales, Correo del Maestro / La Vasija, México, 2005. |
La vida en grupos puede ayudar a detectar más fácilmente a un depredador -pues hay más ojos, más narices, más oídos, etc.- o repelerlo mejor que si el individuo opta por utilizar una estrategia solitaria; así, integrando un grupo, los leones pueden defender mejor un territorio que en forma aislada. Una mejora en la vigilancia acompañada por una adecuada comunicación de alarma entre los miembros de un grupo permite, además, que éstos permanezcan más tranquilos y puedan utilizar su tiempo en otras actividades corno por ejemplo alimentarse. En algunas aves, como palomas torcaces (Columba palumbus) y jilgueros (Carduelis carduelis), se ha visto que cuando están agrupadas, cada individuo come más y vigila menos que cuando se encuentra solo. Además, una vez detectado el probable depredador, un individuo cualquiera del grupo puede beneficiarse de la defensa cooperativa, la cual se ha observado en ciertos ungulados (mamíferos con casco o pezuña), primates y otros grupos como los insectos sociales (abejas, hormigas, termitas, etc.). Es en estos últimos, en los que la defensa organizada halla su máxima expresión, incluso llega en algunos casos a la existencia de individuos que trabajan como "soldados" programados únicamente para el combate.
Otro aspecto es que el depredador tiende a no atacar a los grupos porque sus probabilidades de resultar dañado en el intento son muy altas. Así, grupos de estorninos (Sturnus vulgaris) en vuelo tienden a agruparse de forma densa en respuesta a la presencia de un depredador como el halcón peregrino, que para evitarse lesiones realiza una serie de falsos ataques con el propósito de que alguna ave del grupo se disperse, entonces acomete el ataque real.
En otros animales que se refugian comunalmente -como los murciélagos cavernícolas- se observan salidas en masa durante ciertos momentos del día o la noche. Estas salidas en grupos densos generan una gran dificultad a los depredadores que aguardan cerca de la salida y que pueden luchar sólo contra una pequeña fracción de las presas totales. En este caso, el grupo genera el llamado efecto confusión, que resulta del hecho de que para un animal es muy difícil capturar a otro en movimiento que, por si fuera poco, se encuentra sumergido en un grupo de animales que también se mueven.
Por último, está el llamado efecto dilución: un individuo en un grupo, por ende rodeado de otros individuos, reduce su probabilidad de ser atacado por un depredador simplemente porque hay más presas disponibles susceptibles al ataque. Esto se ha comprobado en los caballos semilibres en la Camarga (Francia); durante los meses de verano, los caballos son parasitados por numerosos tábanos, y es precisamente en ese periodo cuando forman los grupos más grandes. Estudios muestran que los caballos en grupos grandes tienen menor probabilidad de ser atacados que aquellos que forman grupos pequeños.
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Los leones colaboran para matar a animales tan grandes como un búfalo adulto.
Ben Morgan, Pastizales tropicales, Correo del Maestro, Ediciones La Vasija, México, 2005. |
Ahora bien, si nos ponemos de parte de los depredadores veremos que ellos también pueden beneficiarse al formar un grupo. En los perros salvajes africanos (Lycaon pictus), el comportamiento coordinado de grupo es necesario no solamente para capturar a la presa sino también para protegerla de otros animales como las hienas, que intentarán arrebatarla. Estos cánidos que cazan en jaurías, a menudo bajo la tutela de un "jefe", atacan -como otros animales- a individuos apartados del grupo, ya sea jóvenes, viejos o individuos poco firmes cuya condición les dificulta permanecer unidos a la manada.
Hábiles competidores
Las mismas estrategias sociales usadas para rechazar a los depredadores pueden ser útiles para vencer a los competidores; así, grupos de alces acercándose a un lamedero de sal intimidan a otros animales (ya sea ratas o puerco espines) desalojándolos de la zona. El ejemplo de los perros salvajes africanos y las hienas muestra que cuando éstas compiten por la presa, agruparse puede ser una buena medida para que los primeros abandonen el alimento. Pero, ¿qué sucede cuando existe competencia entre individuos de la misma especie?, ¿puede favorecer la competencia dentro de una especie la formación de grupos internos? Sí, la competencia puede ser una importante fuerza selectiva que favorezca no sólo el comportamiento social sino también la formación de grupos de gran tamaño, que suelen "vencer" a los de menor tamaño; aunque veremos más adelante que la formación de un grupo grande acarrea ciertas desventajas que pueden limitar su formación.
Criando en conjunto
En algunos casos una pareja de aves puede cuidar mejor a sus crías que un solo individuo. En las aves, el cuidado de las crías por parte de ambos padres está bien difundido, no sólo porque el alimento es escaso y se encuentra generalmente disperso, por lo que se requiere de más de un individuo para abastecer a las crías, sino porque estas últimas demandan mucho alimento, dado su acelerado crecimiento, para evitar permanecer como crías, la etapa más susceptible de depredación. Para las aves que no se alimentan de materia animal sino de semillas o frutos abundantes estacionalmente, conseguir alimento no resulta tan costoso, así pues, normalmente el macho deserta y la hembra se queda al cuidado de las crías. En los primates es muy común observar cuidado cooperativo de las crías: por ejemplo, abrazos, transporte y protección de los infantes por parte de machos y hembras de cualquier edad. En muchos casos, la ayuda brindada por otros individuos distintos a la madre se vuelve esencial para la supervivencia de las crías, como el caso de ciertos primates que paren mellizos.
Eficaces comilones
Los animales se benefician del conocimiento del grupo. No es necesario que todos conozcan la fuente de alimento, basta con que unos pocos lo sepan y un individuo cualquiera del grupo puede aprovecharlo simplemente dirigiéndose adonde lo hace el resto. Siguiendo a la bandada, un ave (por ejemplo un estornino) tiene mayores probabilidades de hallar adecuadas cantidades de alimento en un día determinado, ya que está utilizando los conocimientos de las aves más experimentadas del grupo. Los animales de un grupo no ingieren más alimento, pues deben compartirlo con otros (peleando y perdiendo tiempo en interaccionar con otros individuos del grupo), sin embargo, se aseguran el alimento de todos los días al beneficiarse del conocimiento del grupo. A veces, explotar un recurso cuando los demás individuos del grupo lo están haciendo puede ser indispensable para la supervivencia. Cuando alguno de los primates que viven en zonas áridas se detiene para beber agua, todos los individuos del grupo deben hacerlo, pues los recursos son escasos y si un individuo que no tenía sed no imita a sus compañeros de grupo, probablemente tendrá sed antes de llegar al próximo recurso de agua o morirá depredado si es que decide beber agua solo mientras la tropa prosigue la marcha. La caza cooperativa, en la que probablemente se incluya el hombre primitivo, es una estrategia bien difundida entre los animales y también incrementa la eficacia nutritiva. Leones, orcas, perros salvajes africanos, insectos sociales son algunos de los ejemplos de alimentación cooperativa.
Supervivencia en el nacimiento
Hay casos en que el comportamiento grupal por parte de los jóvenes recién nacidos incrementa la supervivencia de los individuos. Citaremos aquí el caso de la tortuga verde (Chelonia mydas). Las hembras de esta tortuga viajan cada segundo o tercer año a la playa donde nacieron para depositar entre 500 y 1000 huevos. Se realizan varias puestas de unos 100 individuos por vez y cada una consiste en un hondo agujero en forma de jarro excavado por la madre que, luego de depositar los huevos, rellena con arena. Experimentos mostraron que la emergencia de las tortuguitas depende de una actividad de grupo. Al nacer, cada tortuguita aumenta el espacio útil para el nacimiento de las demás, ya que las jóvenes tortugas y las cáscaras necesitan menos espacio que los huevos no eclosionados. Una segunda instancia de beneficio de grupo ocurre durante la excavación, para la que hay división de tareas: las crías de arriba excavan hacia el techo, las de los costados perforan las paredes y las del extremo compactan la arena que cae desde arriba. La última etapa ocurre una vez alcanzada la superficie, en donde las pequeñas se estimulan mutuamente para llegar a su meta: el agua. En tal camino, muchas tortuguitas quedan detenidas, aumentando así el riesgo de deshidratación y de depredación, pero las de atrás empujan a las de adelante obligándolas a moverse y avanzar hacia el agua.
Modificando el ambiente
Varios grupos de animales son capaces de modificar el ambiente en donde viven para obtener las condiciones adecuadas para la subsistencia. Por ejemplo, las abejas regulan la temperatura dentro de la colmena y para esto se requiere de un trabajo en grupo; el primer paso es escoger un sitio adecuado para la construcción del nido, cerrando con diversas gomas vegetales (llamadas colectivamente propóleos) todas las grietas u orificios que puedan existir -a excepción de la entrada- para evitar que los enemigos se inmiscuyan y mantener tanto el calor como la humedad en la colmena. Pero ¿qué se hace cuando la temperatura del exterior es muy baja o muy alta? Las obreras son capaces de generar una respetable cantidad de calor como producto de su metabolismo, el cual varía, entre otras cosas, con la edad, la actividad de las abejas y la época del año. Pero esta producción de calor se ve acompañada además por comportamientos para alcanzar las temperaturas predilectas: a medida que la temperatura exterior decrece, se forman agrupamientos y se estrechan cada vez más los espacios entre las abejas; cuando la temperatura desciende aún más, las obreras forman una manta viviente sobre las larvas y huevos, produciendo la mayor parte del calor; en la zona externa del enjambre existen varias capas de abejas que son menos activas y reposan con sus cabezas hacia el interior, sirviendo de capa aislante. En cambio, cuando la temperatura exterior comienza a ascender, las obreras refrigeran la colmena moviendo sus alas para que circule el aire por los huevos y larvas, y luego a través de la entrada del nido; pero cuando las temperaturas son muy elevadas, se incorpora la evaporación acuosa, el agua acarreada por las obreras o regurgitada es distribuida en forma de gotas sobre la progenie; en tanto, otras abejas agitan sus alas dirigiendo el aire húmedo fuera del contacto de la puesta.
Además de las abejas, otros insectos sociales como termitas u hormigas también son capaces de controlar la temperatura y la humedad gracias a que viven en grupo.
Conclusiones
Hasta aquí hemos visto que la vida grupal -o agruparse en determinadas circunstancias- brinda una gran cantidad de beneficios. Sin embargo, las especies sociales son relativamente pocas. Esto nos lleva a pensar que quizá estos y otros beneficios son sobrepasados en muchos casos por los costos de vivir en grupo. Pero, ¿cuáles son los costos? Entre los costos encontramos:
. Competencia: se trata aquí de competencia entre los individuos del grupo por la comida, parejas potenciales, sitios para anidar y materiales para el nido; se ve reflejada en peleas y agresiones, que infringen lesiones físicas y reducen el tiempo para realizar distintas actividades.
. Explotación del cuidado parental: ciertas aves, por ejemplo, ponen huevos en nidos de otras aves de su misma especie. Usualmente, estos huevos son atendidos por las aves dueñas de los nidos, que, aparentemente influenciadas por la presencia de los huevos ajenos, ponen menor cantidad de huevos de lo usual y cuidan a la cría como si fuera la propia.
. Infecciones: aumento de infecciones por enfermedades contagiosas y parásitos.
. Infanticidio: bien documentado en los leones, que matan a las crías de ciertas hembras cuya ovulación se encuentra inhibida por la lactancia de las crías. De esta forma, el león interrumpe la lactancia, lo que reanuda la ovulación y permite copular y tener hijos propios.
Concluimos pues que la formación de un grupo resulta de un compromiso entre ventajas y desventajas que regulan el tamaño del mismo. Pero hay que considerar que una especie hoy considerada ya "solitaria" ya "social" es el resultado de un largo proceso evolutivo y que tanto ventajas como desventajas actuaron y cambiaron desde el pasado, moldeando a la especie y condicionando su grado de sociabilidad.
Bibliografía
alcock, J., Animal Behavior, Sinauer/Sunderland, Massachusetts, 1989 (1993).
carranza, J. (ed.), Etología. Introducción a la ciencia del comportamiento, Universidad de Extremadura, Cáceres, 1994.
krebs, J. R. y N. B. Davies, An Introduction to Behavioural Ecology, Blackwell, Londres, 1993.
mcfarland, D., Animal Behaviour. Psychobiology, Ethology and Evolution, Longman, Londres, 1999.
wilson, E.O., Sociobiología. La nueva síntesis, Omega, Barcelona, 1980.
* Agradezco la colaboración de Anita Aisenberg por sus valiosos comentarios y su aporte en la revisión del presente artículo. |