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Correo del MaestroNúm.112,septiembre 2005

Del baile y otras danzas

Arrigo Coen Anitúa

El Diccionario de la Real Academia Española (por sus siglas drae) se muestra muy vago en cuanto respecta a la etimología de la palabra bailar: pone “quizá del latín tardío ballare y éste quizá del griego pallein, agitar, bailar”.

Luego define: “ejecutar movimientos acompasados con el cuerpo, brazos y pies.”

Guido Gómez de Silva es explícito y contundente: “del provenzal antiguo balar, del latín tardío ballare, del griego ballizein ‘bailar’, del indeuropeo gwel-no, ‘lanzar’, ‘arrojar’, de gwl-, de gwel, ‘arrojar, alcanzar’”.

Por lo que hace a la definición: “moverse rítmicamente siguiendo la música”.

Como se ve, ambos documentos coinciden en la vía grecolatina, pero lo curioso es que el Diccionario etimológico indoeuropeo de la lengua española (deile), en la entrada correspondiente a la raíz indeuropea gwel-, con sufijo -n-o, entre los muchos derivados del griego bállein ‘lanzar’, no registra el verbo bailar.

¡Y vaya que es fecunda esa entrada del deile, en la cual aparecen ballesta, balística, anfibología, anabolismo, diablo, disímbolo, emblema, émbolo, embolia, metabolismo, hipérbole, parábola, palabra y símbolo, entre algunas más.

Aquí es donde se pregunta uno: ¿acaso la Academia tiene razón en poner en duda el origen grecolatino de baile?

A todo esto, ¿qué opina Corominas? Pues que, con cierto giro, le da la razón al drae, porque trae el verbo bailar (y transcribo en seguida, sólo desatando las abreviaturas): “alteración del occitano antiguo balar, ‘bailar’, probablemente por cruce con bailar, ‘mecer’; éste vendría de bajulare y aquél sale del latín tardío ballere, ‘bailar’, procedente a su vez del griego bállein, ‘saltar’, ‘mecerse’”.

Por no dejar, consulto mi Origins, de Eric Partridge, y me llevo una sorpresa. Traduzco: “ball, obsoleto, ‘danza’ y de ahí ‘reunión para danzar’, del antiguo francés, del que provienen el francés bal, el francés medio baler, que dio el inglés afrancesado baller, ‘danzar’: del bajo latín ballare, en griego ballein (con su extensión sinónima ballizein), ‘danzar’, emparentado con el sánscrito balbaleti, ‘él gira alrededor’, de una supuesta raíz indeuropea bal-.” (Que, por cierto, no figura en el deile.) ¿No es esto verdaderamente sorpresivo?

Vamos a ver, ahora, qué tenemos, etimológicamente, sobre el concepto de danza. El drae no se compromete a gran cosa: de danza nos dice que deriva de danzar, o sea, un sustantivo posverbal. En la entrada danzar pone: “del francés antiguo dancier, quizá de origen germánico”.

Corominas confirma el antecedente inmediato dancier del antiguo francés; aclara, entre paréntesis, “hoy dancer, ‘bailar’”, y agrega: “de origen desconocido, posiblemente hispano-árabe. Del francés pasó a todos los romances, así como al inglés dance, al alemán tanzen y al vasco común dantza”.

En seguida trascribo un interesantísimo párrafo del propio Corominas:

 Hay que pensar si al fin y al cabo no debemos ensayar las posibilidades de una etimología española con la gran base de probabilidad semántica que da la antiquísima fama de que han gozado las bailadoras andaluzas, judías, romanas de Gades, vascas, gallegas y catalanas de todos los tiempos y la firme base del arraigo ya antiguo y unánime del vasco dantza, castellano dança […], catalán dansa, y el prestigio antiguo que acusan las bailadoras mozárabes.

Por último, recuerdo un viejo debate que por escrito sostuve con el ilustre musicólogo Adolfo Salazar. Argüía don Adolfo: “la raíz del viejo alto alemán danson, después tanz por la ley de Grimm […], se dice que contiene la sílaba an procedente de la raíz sánscrita tan que significa tensión, de donde el griego túnein y el latín teneo, pero me parece que estos dos vocablos no tienen nada que hacer ni con tensión ni con tanz”.

A lo que yo redargüí: “Yo sí creo que hay relación entre danza y tender, aunque muy indirecta, por un sentido oblicuo de la raíz tan, la que, si por una parte da el griego teínein, el latín tendere y el gótico thanjan, por otra nos lega el sánscrito tanu, ‘delgado’ (por lo estirado), el griego tanaós equivalente al latín tenuis, ‘tenue’; en las germánicas acabó por dar el inglés thin, ‘delgado’, ‘ingrávido’, y el alemán dünn. Luego hay una cierta idea de ‘agilidad’ y ‘traslado’ en el antiguo alto alemán dinsan, a cuya forma secundaria se debe danson del viejo alto alemán, que dio tanz en el alemán actual.”

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