El Popol Vuh es el libro sagrado de los quichés, uno de los dos grandes reinos mayas que los españoles conquistaron hacia 1523, después de derrotar al imperio mexica. Existe la creencia de que hacia 1545 fue vertido por autores quichés anónimos en su propia lengua, pero en caracteres latinos, a partir de códices mayas desaparecidos por causa de la misma Conquista.
Aunque transcrito y traducido al castellano en 1700 y 1720 por el fraile dominico Francisco Ximénez, su difusión y nuevas traducciones iniciaron relativamente hace poco tiempo, hacia 1857. Sin embargo, es a partir de la publicación de la traducción de Adrián Recinos (México, fce, 1947), cuando se establece como uno de los textos antiguos que más ha fascinado a los lectores modernos, por la original versión mítica del papel de los dioses en la creación del mundo, de los hombres y del pueblo quiché.
Este libro sagrado es además una de las fuentes más interesantes sobre la visión del mundo que tenían los últimos mayas, cuyos documentos originales fueron destruidos por la Conquista. Las coincidencias que tiene con otros textos antiguos y los mitos de otras culturas antiguas sobre el origen del Universo y de los hombres ha llevado a algunos críticos y escritores, entre ellos Carlos Fuentes, a comparar el Popol Vuh con los textos del Antiguo Testamento ("It is de mayan Bible", con esta leyenda se presenta la versión en inglés de Denis Tedlock, Simon and Schuster, Nueva York, 1996).
En su traducción, el mismo padre Ximénez establece tales paralelismos, aunque atribuye su alejamiento del texto cristiano a las perversiones o engaños del "padre de mentiras, Satanás, quien fue su autor, sin duda, para engañar o perder a estos miserables" (Dastin, Madrid, 2002).
Esta comparación a veces es origen de equívocos y erróneas traducciones o interpretaciones del Popol Vuh, como aquella, por ejemplo, de llamar infierno (por la influencia cristiana) a Xibalbá, el inframundo o lugar del desvanecimiento, como ocurre en la versión del padre Ximénez y repite la traducción de Adrián I. Chávez (Casa Chata, México, 1979), autor quichehablante que rebautiza el texto como Pop Wuj o Libro de los acontecimientos.
Sin embargo, la complejidad del texto original, sobre todo para lectores jóvenes, ha llevado a crear diferentes versiones con el fin de hacerlo más accesible al público no especializado. Por eso, resulta interesante la versión de Alejandro Spiegel y Sergio Saposnic, quienes muestran la sana influencia de este texto en otras literaturas y las relaciones que los lectores pueden establecer con otros textos literarios.
Por su parte, las ilustraciones de Matías Bervejillo son una reinterpretación contemporánea de los antiguos códices, que ayuda a los lectores a imaginar ese mundo maya donde lo mágico y lo maravilloso eran manifestaciones cotidianas de los dioses.
Las imágenes presentan una visión colorida del origen del Universo según los quichés; de la creación y padecimientos de los animales por su incapacidad para asimilar el lenguaje sagrado, y de los intentos y fracasos de crear hombres que puedan sostener el equilibrio divino, lo cual se logra con la creación de los hombres de maíz, el alimento sagrado. Los mitos más importantes del Popol Vuh, como las luchas en Xibalbá con los señores del inframundo, la creación del Sol y la Luna, además de la importancia del juego de pelota como ritual que reproduce el origen del Universo y restablece su equilibrio, son parte de las imágenes que ayudan a recorrer este Camino al Popol Vuh.
Desde luego, la obra está dirigida a un público joven y aun infantil, por lo que los autores hacen una adaptación libre de algunas ediciones canónicas del Popol Vuh o Libro del consejo y se desentienden de las discusiones en torno a su origen y a las traducciones del texto, pero esto se compensa con la conciencia de que el libro quiché es importante en la literatura en general por el sentido de identidad y origen que posee.
Asimismo, las referencias a otras obras que pueden ser relacionadas con los mitos del Popol Vuh pertenecen, por lo general, a lo que se ha clasificado como literatura juvenil, a libros como El Señor de los Anillos o Harry Potter e incluso Superman -que es el extremo de una literatura de lo que podríamos llamar "mitos vacíos"-; empero, los autores hacen la interesante sugerencia de que cada lector establezca la propia relación con su experiencia lectora.
En contraparte, los autores construyen puentes comunicantes entre ciertos pasajes del Popol Vuh con Las mil y una noches o La rebelión en la granja, de George Orwell; con mitos griegos y guajiros o campesinos de Venezuela; con autores clásicos como Dante, Cervantes y Lewis Carroll, e incluso con escritos científicos de Einstein, sin faltar, desde luego, la Biblia.
Como el texto original presenta varias complicaciones temporales y formales incluso para los lectores especializados, Spiegel y Saposnic reelaboran la línea temporal y suprimen algunos fragmentos de las ediciones que siguen al manuscrito original. Con ello facilitan el acceso a dos anécdotas centrales, que son el mito de la creación de los hombres y la lucha de los dioses gemelos con los señores del inframundo, que ocurren, como bien señalan los autores, casi simultáneamente.
Así, este Camino al Popol Vuh anda y desanda por las rutas de la literatura universal, que no tiene fronteras ni épocas y es como un gran árbol sagrado, como el que representa al Universo en la cosmogonía maya.
| *Reseña de Camino al Popol Vuh, de Alejandro Spiegel y Sergio Saposnic, con ilustraciones de Matías Bervejillo, Signo Editorial, México, 2004. |