Hoy es indiscutible el reconocimiento del arte como parte fundamental en la educación integral del niño, del valor que adquiere al fomentar, desarrollar y ejercitar la creatividad a través de la práctica de alguna disciplina artística.
Al inicio de la década de 1940, Víctor M. Reyes, profesor de artes plásticas en México, publicó un libro a este respecto, motivado por los postulados modernistas en el campo de la educación artística de entonces: el aprovechamiento del dibujo como un instrumento de conocimiento en las escuelas primarias. En Pedagogía del dibujo. Teoría y práctica en la escuela primaria, Reyes desmenuzó el problema de por qué hasta entonces no había funcionado exitosamente tal planteamiento y consideró que el punto de partida debía ser el estudio del dibujo del niño y no del dibujo del adulto.
Más de medio siglo ha pasado desde su publicación y, sin embargo, esta obra sigue siendo una lectura fundamental para los interesados en el tema. En ella, Reyes manifiesta el surgimiento de una nueva pedagogía del dibujo, puesto que éste pasó de ser considerado una materia aislada y prescindible, a ser un medio de expresión y de conocimiento y una actividad que puede ejercer gran influencia en el desarrollo biopsíquico del niño.
Reyes cuestiona, asimismo, que no existan profesores especializados en la enseñanza de esta disciplina, pues erróneamente se cree que los artistas plásticos son quienes deben hacerse cargo de esta labor, y señala cuál debe ser el perfil de quien será encargado de educar a los niños en la expresión plástica: esa persona debe poseer amplios conocimientos de la evolución del dibujo infantil y de psicología, cultura general, capacidades artísticas, conocimientos científicos y técnicos, educación estética y aptitudes pedagógicas, es decir, "ser un profesor especial que conozca el espíritu del dibujo".
En Pedagogía del dibujo se abordan los problemas a los que se enfrentan los maestros en la enseñanza de esta materia y se clasifican en dos aspectos: los psicológicos y teóricos, por un lado, y los de orden técnico y práctico, por otro. Cada uno de ellos requiere de diferentes soluciones.
En la primera parte del libro se presenta una reseña histórica que muestra los antecedentes y fundamentos del dibujo, sus orígenes como medio de expresión gráfica del hombre primitivo, equiparable al desarrollo que vive la expresión del niño, no sólo como un medio de representación de la realidad sino también de su interpretación del mundo exterior. Ambos, por su desarrollo, carecen de criterios de análisis estético y de sentido artístico, y en ambos también poco a poco se va obteniendo claridad y se van afinando los movimientos.
En seguida aparece una recopilación de los estudios que desde 1900 se habían realizado para entender el carácter psicológico de los dibujos infantiles. De una manera clara se exponen y relacionan los diferentes datos para poder llegar a la segunda parte del libro, donde se explican y ejemplifican las etapas de la evolución del dibujo del niño.
Reyes plantea que los niños han dibujado desde siempre de la misma forma; niños de ciudad, de campo, de diferentes culturas pasan por las mismas etapas. El niño evoluciona gráficamente desde que adapta su mano al instrumento hasta que logra interpretar y representar el mundo que lo rodea. A lo largo de la obra podemos comprender cómo en el niño dibujar sin aparente sentido es un estimulante de su estructura mental y base comunicadora consigo mismo y con los demás.
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| Hombres renacuajo. |
En un apartado, Reyes hace especial énfasis en el estudio de las formas gráficas, que son un indicativo de la evolución de cada individuo. La principal imagen que un niño dibuja es la figura humana. Ésta va cambiando desde trazos sin forma pero con dirección, en la mayoría de los casos vertical, hasta que empieza a dibujar una célula u hombres renacuajo, una forma circular a la que poco a poco se le añaden detalles: ojos, brazos, piernas, dedos, tronco, partes pequeñas como el cuello hasta agregar elementos distintivos de sexo. Luego viene la etapa del dibujo infantil, a la que el niño accede una vez superada la incapacidad sintética, en la que "tiende a manifestarse con un sentido pleno de la realidad", dando paso al sentido plástico.
El texto se complementa con testimonios de investigaciones acerca de lo que dibujaban los niños en el México de 1940 y, finalmente, ofrece una compilación de técnicas para la enseñanza del dibujo en la escuela primaria, en la que explica a los docentes cómo pueden apoyar el desarrollo de las diferentes etapas del lenguaje gráfico y el dibujo infantil.
Desde la publicación de Pedagogía del dibujo. Teoría y práctica en la escuela primaria han aparecido múltiples títulos alusivos al tema, pero lo valioso de esta obra es que fue la primera en centrar su análisis en la problemática de México, sin contar que es quizás uno de los trabajos que más ha profundizado en la explicación de las etapas del desarrollo gráfico en el niño. Leerlo puede motivarnos a reconsiderar la tesis que mantenía entusiasmado a Víctor M. Reyes:
| Cuando la educación estética sea una realidad educativa en la escuela primaria, la enseñanza del dibujo formará parte de aquella para integrar procesos del crecimiento mental y creador del niño. |
| * Reseña del libro Pedagogía del dibujo. Teoría y práctica en la escuela primaria, de Víctor M. Reyes, 4ª ed., Porrúa, México, 1986, 398 pp. |