| Si tuvieramos en claro cómo el hombre fue aprendiendo que es posible enseñar, entenderíamos con facilidad la importancia de las experiencias infomales en las calles, en las plazas, en el trabajo, en los salones de clase, en los pasillos, en los recreos, donde diferentes gestos de los alumnos, del personal administrativo, del personal docente, se cruzan llenos de significación. Paulo Freire, 1996. |
En la nota anterior1 analizamos la importancia de construir y alentar a la construcción del aula como un espacio de seguridad y de confianza, en el que los alumnos sientan que puden desplegar sus preguntas y buscar sus primeras respuestas. Al reflexionar acerca de cómo hacerlo, compartimos que lo ideal es que esta instancia funcione al ritmo de los alumnos, o sea, cada vez que alguno de ellos traiga una duda, una anécdota, etc., para que ocurra, o para que ocurra con más frecuencia, resulta relevante adoptar estrategias que alienten y faciliten la aparición de estos emergentes, tanto individual como grupalmente. Es que no todos se sienten cómodos exponiendo sus interrogantes, sus dudas o expectativas a sus demás compañeros. Por ello resulta importante que el docente abra puertas y puentes que expliciten nuestra voluntad de dialogar y de ayudar, para que cada alumno pueda expresarse en un medio privado de comunicación. De esta manera, el docente puede dentificar y reconocer estas situaciones particulares y promover alternativas para integrarlas -en la medida de lo posible- en el grupo. En aquel último artículo propusimos algunas sugerencias que interpelaban a cada alumno. A partir de este punto sumaremos estrategias para trabajar en grupo.
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Las escenas cotidianas como recurso didáctico
Para abordar los nuevos desafíos de la educación de valores en esta sociedad en la que las distancias y los tiempos parecen acortarse, paradójicamente, primero es necesario mirar cerca, mirar el entorno.
Uno de los objetivos de la escuela es enseñar a pensar. Quien aprende a pensar, aprende a establecer relaciones. Sin embargo, el alumno no aprende si no puede vincular lo enseñado con su propia experiencia. Pero estas relaciones no están dadas, no se enseñan, sino que se descubren, se construyen, se inventan.
Por ello, proponemos aprovechar lo cotidiano, desde las más sofisticadas producciones culturales hasta las anécdotas más pequeñas. Al hacerlo, también abriremos oportunidades para los aspectos más creativos del pensar: es poner los distintos elementos al alcance de los alumnos -los contenidos disciplinares y los cotidianos- para que ellos mismos, autónomamente, creen relaciones y busquen nuevas interrogantes.
Desde siempre hubo escuelas y docentes que han segregado y dejado fuera de la escuela todo lo que no sea escolar, o sea, científico, neutral, etc. Según ellos, todos esos saberes y vivencias no llegan, no califican al estatus necesario para ser incorporados a la enseñanza. Por el contrario, son sinónimos de pérdida de tiempo, distracción.
Sin embargo, la vida, la cultura, la humanidad, ha construido una paradoja: hoy ya son muchos los que perciben que lo valioso está afuera de la escuela y que, justamente, lo de adentro, es artificial. Es más, decir que una actividad, un producto, un informe, etc., es muy escolar, generalmente significa que es irrelevante.
En este sentido, tal como desplegamos en las notas anteriores, creemos que hay saberes valiosos dentro y fuera de la escuela. Incluso hay conceptos y habilidades que no se aprenden sino en la escuela. En estos tiempos, la escuela es un espacio público único para brindar oportunidades significativas y democráticas de aprender. En este contexto, proponemos aprovechar en la escuela la vida cotidiana que fluye inexorablemente y en la que todos estamos insertos, como puente para acercar y acercarnos a nuestros alumnos. Si queremos participar en hacer una sociedad mejor que la que tenemos, parece imprescindible que sea la escuela el espacio en el que se dialogue y discuta, comprenda, reinterprete y aprenda sobre lo que ocurre todos los días en las diferentes dimensiones vitales.
Para hacerlo, una de las estrategias hará contrapunto con aquellas tradiciones que mencionábamos: consistirá en consignar que nuestros alumnos miren atentamente en su entorno, que buceen, que investiguen, que hagan foco en todo lo que creen conocer y que está a su alrededor y lo traigan a la escuela.
La misma acción de mirar atentamente compromete los sentidos y la razón. La atención requiere de una intención previa, por lo tanto, la mirada atenta es un acto de voluntad. Detrás de una mirada atenta, hay alguien que quiere, alguien a quien le importa lo que pasa. Y que duda. Duda de lo aparente, de sus certezas y rastrea, busca oportunidades para tomar contacto, para vincularse con nuevas realidades o con nuevos aspectos de las realidades hasta allí conocidas. El que mira atentamente también explora nuevas formas de ver. Consignaremos que mire atentamente como estrategia, como condición necesaria para acercarse sensiblemente al otro. Mira para buscar posibles oportunidades de intervención en esa realidad.
Así, la mirada atenta es una condición para la acción solidaria; es el contrapunto de la indiferencia, de la insensibilidad. El ejercicio de mirar atentamente a nuestro alrededor para vincularnos sensiblemente con nuestro entorno, lleva a observar de otra manera todas las escenas, incluso las menos cercanas: quien deja de ser indiferente en su contexto próximo, reconoce similitudes y transfiere esta actitud también a otros escenarios.
¿QUÉ INCLUYE LO COTIDIANO? |
.Todo con lo que los alumnos están en contacto fuera de la escuela.
.Lo expresado a través de los distintos medios de comunicación.
.Lo que ocurre en el barrio, la familia, etc.
.Los cursos, deportes, trabajo, etc., que realizan los alumnos fuera de clase.
.Las producciones culturales con las que toma contacto de una u otra forma.
.Las vivencias escolares (todo lo que se vive en la escuela: en clase, en el recreo, en las visitas, etcétera).
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Las ventajas del uso de lo cotidiano
La inclusión de lo cotidiano permitirá que los alumnos vinculen más fácilmente sus vivencias y aprendizajes escolares con el resto de su propia vida. De esta manera, ellos mismos pueden responder a preguntas tan frecuentes como molestas: "¿Y eso qué tiene que ver?", "¿para qué me sirve aprender tal o cual cosa?" o "¿cuándo lo voy a usar?" A su vez, abriendo las puertas y ventanas de la escuela surgirán preguntas y necesidades de nuevos aprendizajes que los chicos podrán buscar allí mismo, en el aula.
Por otra parte, lo cotidiano es el escenario natural para experimentar concretamente los aprendizajes escolares; allí surgen oportunidades, nuevas preguntas, casos especiales, aspectos técnicos, estéticos, sociales, campos de aplicación y los más diversos intereses que puedan despertar los contenidos en los diferentes alumnos.
De esta manera, el conocimento escolar puede dejar de ser algo válido sólo 'en determinadas condiciones', en el laboratorio, en el aula. Los temas pueden ser más cercanos a las problemáticas de los alumnos, que así podrán percibir que las metodologías científicas, estructuras conceptuales, la realización de determinadas experiencias, etc., sirven para solucionar problemas de la vida cotidiana.
Asimismo, utilizar elementos y referencias que aparecen en la calle, en los medios de comunicación, etc., significa incluir en la escuela códigos que los alumnos ya conocen. Si consideramos que cualquier recurso presenta dificultades -mayores y menores- para ser usado, mucho de lo cotidiano ya es conocido por los muchachos.
Los productos de lo cotidiano no se refieren a un solo tema a la vez. Si bien esto podría decirse de todos los materiales, los rotulados por sus autores como recursos didácticos, muchas veces acotan y protegen al alumno,recortando de esta manera buena parte de la riquenza de los contenidos.
¿Por qué escenas cotidianas?
Proponemos utilizar escenas cotidianas para abordar las complejidades de la mirada atenta y para ejercitarla. En este sentido, la escena es un mero punto de partida para ver más y más sensiblemente.
La escena es una excusa para la reflexión; constituye la punta de un iceberg llamado sociedad del que todos formamos parte y que nos proponemos abordar en toda su complejidad.
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Escena cotidiana de la ciudad de México. http://home.uchicago.edu/~afrancis/images/mexico/calle.jpg |
En la mayoría de las escenas cotidianas "no pasa nada". Nada extraordinario, por lo menos. No hay aparentemente ni un hecho delictivo ni uno heroico. Algunos preguntarán: y entonces, ¿qué hay para ver?, ¿qué tiene de especial?
Vayamos de a poco: no tiene nada de especial y eso es un punto a favor. La mayoría de las personas no somos especiales y, generalmente, tampoco nos pasan cosas tan especiales.
A las personas que participen de cualquier escena les ocurren -les terminan de pasar o les están a punto de ocurrir- pequeños incidentes como los que seguramente nos han pasado, o nos ocurrirán. La gran mayoría de esas mismas personas toman decisiones que, lejos del estilo holliwoodense, no son propias ni de héroes ni de malvados. Son sólo pequeñas decisiones: hacer, no hacer, decir, callar, dar, ignorar, tirar o levantar un papel en la calle, ceder un asiento...
Aspectos didácticos
La escena cotidiana utilizada en clase puede provenir:
.De los alumnos: a partir de la consigna del docente para que traigan o elaboren las propias: que fotografíen o dibujen una escena que ocurra en una esquina, plaza, o locación específica de su ciudad o pueblo a una hora 'pico' (en la que haya al menos bastante movimiento e interacción personas, autos, etcétera).
NOTA: Se puede alentar esta iniciativa y construir un archivo de escenas: para poder encontrarlas y reutilizarlas será interesante que cada alumno agregue a la descripción (textual, gráfica, etc.) por lo menos sus datos y un texto corto en el que fundamente la relevancia de la escena (por qué cree que es importante, qué situación le llamó la atención, le interesa, etcétera).
.Del docente: si lo desea, para introducir a la consigna que le dará a sus alumnos (para facilitarla, ejemplificarla, etc.) o para sumar alguna situación particular que crea relevante: la escena puede estar representada en una hoja, en un afiche, en el pizarrón, con una foto, con un video. No requiere ninguna estética en particular, ni requiere un gran dibujo. En cualquier caso, será importante que el docente abra instancias en las que compruebe que los alumnos leen y comprenden la situación que allí aparece. En otros términos, estará atento a que la escena facilite, que no se convierta en una dificultad en sí misma.
NOTA: Es relevante que las escenas sean producidas con imágenes, sin utilizar palabras para describir lo que allí ocurre. La propuesta es incluir otros lenguajes. El código lingüístico se utilizará a la hora de dialogar, de interrogar y de interrogarse sobre las escenas.
Cada escena será sólo una de las que ocurren en las calles de la comunidad en la que se encuentra la escuela y representará la mirada, lo que llamó la antención a uno de los alumnos. En cada ciudad, en cada barrio, los actores serán diferentes. Incluso las mismas personas y las mismas situaciones serán diferentes a los ojos de los diversos niños y jóvenes.
El docente podrá utilizar escenas cotidianas:
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| Foto: archivo. |
.Como recurso para abordar y ejercitar herramienta para abordar la mirada atenta.
.Para incluir diferentes realidades y situaciones en el análisis y como marco para sumar distintas producciones culturales: literarias, musicales, artísticas, periodísticas, etc.
.Como un 'plano' del escenario donde se llevará a cabo una acción solidaria que el grupo o una persona decida encarar. Generalmente es útil para tomar en cuenta algunas condiciones y 'detalles técnicos' respecto de lo que se piensa hacer.
Una vez elegida una escena, se puede aprovechar con diversas actividades que desplegaremos en la entrega siguiente.
*Este texto es consecutivo de la serie Educación de valores de la sociedad del conocimiento de la cual se han publicado los artículos I, II y III en las revistas Correo del Maestro num. 88 (octubre 2003), num. 94 (marzo 2004) y num. 105 (febrero 2005), respectivamente.
1A. Spiegel, "Educación de valores de la sociedad del conocimiento III", Correo del Maestro, Año 9, num. 105, febrero 2005. |