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Aspecto actual del Palacio de Bellas Artes.
Foto: Alberto Rodríguez. |
Desde mediados del siglo XIX, la sede principal de las manifestaciones escénicas en México fue el Teatro Nacional, edificio de estilo clásico que se ubicaba en la calle Vergara, hoy Bolívar. En el recinto, construido en 1844 por el arquitecto español Lorenzo de la Hidalga, se presentaron durante medio siglo funciones de opereta, zarzuela, ópera y representaciones teatrales. Cuando se inauguró fue llamado Teatro de Santa Anna, pues fue construido con apoyo del entonces presidente de la República. Al paso de los años, y atendiendo a la correspondiente sucesión de poderes, se le conoció con nombres distintos: Teatro Vergara, Teatro Imperial y, por último, Teatro Nacional.
Durante el porfiriato se creyó necesario que las nuevas construcciones expresaran la vida, la filosofía y el concepto social en boga. Las necesidades artísticas -principalmente de la ópera, a la que se había aficionado un sector importante de la población- y el gusto por la vida 'social' eran cada día más demandantes. México necesitaba un edificio que le diera a la ciudad el esplendor arquitectónico de las grandes capitales europeas. La bella ciudad porfiriana seguía empeñándose en serlo a pesar de los graves conflictos sociales y políticos a los que el país se enfrentaba.
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Antiguo Teatro Nacional o de Santa Anna.
La construcción del Palacio de Bellas Artes, INBA/Siglo XXI, México, 1995. |
El Teatro Nacional pronto dejó de ser suficiente en dimensiones y, por su ubicación, además obstaculizaba las obras destinadas a prolongar la avenida Cinco de Mayo (el actual Eje Lázaro Cárdenas). Por esas razones, y respondiendo a las necesidades de la nueva metrópoli, se descartó hacer modificaciones al viejo Teatro Nacional y se tomó la decisión de demolerlo. Así se dio lugar al proyecto de construcción del nuevo Gran Teatro Nacional o Palacio de Bellas Artes, que representaría nuestra propia cultura sin dejar de sostener la mirada hacia lo europeo.
Un convento y una fábrica
El terreno elegido para construir el nuevo teatro era el centro de la vida de la capital, demarcado por las calles Mirador (Ángela Peralta), Santa Isabel (Eje Central), Mariscala (Hidalgo) y Puente de San Francisco (Juárez).
Desde el siglo XVII hasta la segunda mitad del XIX, el terreno estuvo ocupado por el Convento de Santa Isabel. Dicho recinto fue clausurado por las Leyes de Reforma y cedió su espacio a una fábrica de sedas. Más tarde, el lugar fue utilizado como vivienda tipo vecindad, dividida por el llamado Callejón de Santa Isabel, que llegaba directamente a la Alameda Central.
Adamo Boari
El italiano Adamo Boari fue el arquitecto designado para llevar a cabo el proyecto del Gran Teatro Nacional. Nacido en Ferrara (1863), Boari obtuvo el título de ingeniero civil en 1886. Por motivos de trabajo se trasladó a América. Se estableció un tiempo en Brasil, donde logró que su obra fuera favorablemente reconocida y posteriormente cambió su residencia a Montevideo, Buenos Aires y Chicago.
La fama de su trabajo llegó a México, por lo que fue invitado a participar en diversos proyectos. Boari se estableció en la capital del país a partir de 1899.
Participó en un concurso para la realización del Palacio Legislativo y obtuvo el segundo lugar; también fue el encargado de los proyectos para construir la cúpula de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen, y realizó algunos otros trabajos de considerable importancia, como su propia casa en las calles de Monterrey y Álvaro Obregón, considerada el primer ejemplo en México de arquitectura moderna por sus muros lisos y la ausencia total de ornamentación. También fue destacada su participación en la construcción del Palacio de Correos (1902-1907) y en los arreglos hechos al Palacio Nacional.
En 1902 Boari entregó los primeros planos del anteproyecto. Para él uno de los aspectos más importantes era lograr que frente a los criterios arquitectónicos extranjeros de construcción se estableciera la conciencia de lo propio. Él mismo decía: "Hoy, más que nunca, cada país debe hacer gala de sus formas arquitectónicas típicas, modernizándolas."
Modificando los cánones tradicionales, el art nouveau tuvo como influencia fundamental el movimiento inglés conocido como Arts and crafts. Se desarrolló principalmente en Europa y Estados Unidos y es considerado el movimiento y estilo más representativo y moderno del siglo XIX.
Utiliza ornamentos de formas orgánicas, es decir, su fuente de inspiración es la misma naturaleza y los trazos que nos regala son líneas onduladas, ornamentos florales, etc. Trata el espacio de la representación visual en forma plana o bidimensional, es decir, sin profundidad.
El mismo Boari decía que sus formas recordaban las curvas del humo del cigarrillo; por ello manejaba los remates ondulantes.
No cabe duda que influyó notablemente en su obra el haber trabajado en el taller de Frank Lloyd Wright, quien lo tenía en un excelente concepto como arquitecto por su gran creatividad y entusiasmo.
Primera etapa de la construcción (1902-1916)
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Lápida hallada durante los trabajos de cimentación, en 1910.
La construcción del Palacio de Bellas Artes, INBA/Siglo XXI, México, 1995. |
El proyecto comenzó con la demolición del otrora convento de Santa Isabel. Entonces, nadie imaginó la cantidad de vestigios arqueológicos que se encontrarían. Además de los antiguos cimientos de la torre del convento, fueron desenterrados una fuente de azulejos de la época virreinal; una piedra de sacrificios con una serpiente emplumada; un cauahxicalli, símbolo musical de los mexicas, que actualmente se exhibe en el Museo Nacional de Antropología, además de la lápida de la benefactora del convento, doña Catalina de Peralta, quien donó el terreno para que se construyera.
El encargado de comenzar la obra fue el ingeniero Gonzalo Garita, quien al considerar las dificultades que implicaba construir sobre un suelo fangoso como el de la ciudad de México consultó con especialistas en otros países para reducir al mínimo los posibles contratiempos.
Gonzalo Garita y la compañía estadounidense Milken Brothers trabajaron en paralelo empleando las técnicas de construcción más avanzadas, y se encargaron de elaborar cálculos y especificaciones. Concluyeron que la estructura del edificio se haría con acero (técnica que estaba en boga), concreto y mármol. Para contrarrestar las deficiencias del subsuelo tomaron como referencia las características del suelo de Chicago, que es parecido al de la ciudad de México, y se decidió usar una plataforma flotante.
La primera piedra del teatro se colocó el 2 de abril de 1904, pero el avance de la obra fue muy lento y los trabajos se interrumpieron nueve años a causa del movimiento revolucionario. El costo calculado inicialmente aumentó mucho debido a todas estas situaciones (al inicio se presupuestaron 4 millones de pesos y se fijó un plazo de 4 años para la construcción ).
Antes de estar concluida la estructura metálica, la construcción comenzó a presentar hundimiento. La plataforma se inclinó hacia la Alameda y se encontró una corriente de agua subterránea en la misma orientación que la inclinación del inmueble. Se tomaron algunas medidas para evitar mayores problemas y tiempo después fue necesario inyectar toneladas de cemento para impedir que continuara el hundimiento.
Adamo Boari volvió a Italia en 1916, tras concluir únicamente el exterior del edificio, pero mantuvo estrecha comunicación con quienes continuaron el proyecto; incluso enviaba planos a los encargados. El arquitecto murió en febrero de 1928 sin haber visto su obra concluida.
Federico Mariscal, continuador del proyecto
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El 29 de septiembre de 1934 fue inaugurado el Palacio.
La construcción del Palacio de Bellas Artes, INBA/Siglo XXI, México, 1995. |
Al retirarse Boari, el encargado de finalizar la obra fue el arquitecto mexicano Federico Mariscal (1881-1971), quien construyó también el teatro Esperanza Iris. Con él comenzó una nueva etapa, marcada con su especial concepto arquitectónico.
Mariscal cambió la tendencia de Boari de art nouveau a art déco, movimiento geometrizante de vanguardia que ocupó importantes espacios en la arquitectura y la pintura.
El art déco debe su nombre a una exposición de objetos de uso doméstico y piezas gráficas que se hizo entre 1920 y 1940. Sus características son el eclecticismo de las formas y los materiales utilizados. El movimiento estuvo ampliamente influido por el cubismo, el futurismo y el constructivismo.
Su planteamiento estético es el purismo geométrico, la claridad en los volúmenes, la simplicidad y los colores brillantes. Representa la 'belleza de la forma' con sus figuras finas elásticas y delgadas.
El art déco en México coincide con la corriente nacionalista posrevolucionaria. Es un estilo que refleja las contradicciones del mundo en las décadas de 1920 y 1930, causadas por la complejidad histórica. (En la colonia Condesa, en la ciudad de México, hay diversas construcciones de este estilo, y el edificio del Banco de México es también representativo del art déco.)
En 1930, Pascual Ortiz Rubio emitió un acuerdo para que la obra del teatro fuera concluida, pero no había suficiente presupuesto. La obra no pudo finalizarse hasta 1934, cuando era presidente Abelardo L. Rodríguez. El teatro abrió entonces oficialmente sus puertas, pero ahora con el nombre de Palacio de las Bellas Artes.
El día de la inauguración se representó la obra La verdad sospechosa, de Juan Ruiz de Alarcón, con la compañía teatral de María Teresa Montoya y Alfredo Gómez de la Vega.
El museo
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Vestíbulo con la decoración de Mariscal.
La construcción del Palacio de Bellas Artes,INBA/Siglo XXI, México, 1995. |
Desde que fue concebido el Palacio de Bellas Artes se pensó en lo conveniente de albergar en él un museo que promoviera la cultura tanto nacional como extranjera, y en 1948, por decreto de Miguel Alemán, se convirtió también en el Museo Nacional de Artes Plásticas.
Un año antes, en 1947, se hicieron las modificaciones y adaptaciones necesarias para que el edificio fuese también la sede del Instituto Nacional de Bellas Artes.
El edificio por dentro
Un gran espacio vestibular de triple cúpula se ofrece a la entrada del edificio. Desde allí se pueden apreciar los tres niveles del recinto que están comunicados por una gran escalinata de granito negro, en cuyo primer descanso se encuentra la entrada principal al teatro.
Alrededor del vestíbulo se ubican las salas, la cómoda escalera de grandes proporciones y el elegante teatro que por su adecuada forma permite la debida acústica y correcta visibilidad desde el palco presidencial y los demás palcos, los generales, las lunetas y las galerías (actualmente su capacidad es de 1977 butacas).
Los muros, pisos y columnas se revistieron con mármoles mexicanos de varios colores. La decoración de la principal sala interior fue encargada a la casa Edgar Brandt, de París. Ahí se intercalan elementos típicamente mexicanos -máscaras de mono, de coyote y de caballero águila en algunos arcos- con el art déco.
Para el escenario se construyó un telón de mosaicos sobre lámina de acero a manera de compuerta de seguridad. El diseño -una impresionante vista del Valle de México enmarcado por los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl- estuvo a cargo del pintor Gerardo Murillo, Dr. Atl (1875-1964), y fue realizado por la Casa Tiffany de Nueva York. Más de un millón de cristales opalescentes se utilizaron en su elaboración que duró dos años. El telón tiene 32 centímetros de espesor; mide 14 metros de ancho, 12.5 metros de altura y pesa 22 toneladas.
El techo de la sala de espectáculos fue diseñado y elaborado en Budapest por Géza Maróti. Es un bellísimo plafón multicolor de cristal que representa a Apolo rodeado por sus musas. La obra se terminó en 1919 y fue también Maróti el creador del mosaico mural del arco del proscenio, en el que se describe la evolución del arte teatral.
Los murales Nacimiento de la nacionalidad y México de hoy, de Rufino Tamayo, embellecen los muros laterales del primer piso. En este nivel se encuentran las salas Manuel M. Ponce y Adamo Boari para funciones de música de cámara y presentaciones literarias; además de las salas Nacional e Internacional, dedicadas a exposiciones. En el segundo piso se resume el movimiento muralista mexicano con las obras Nueva democracia y Cuauhtémoc redivivo, de David Alfaro Siqueiros; El hombre en el cruce de caminos, de
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Detalle del mural Cuauhtémoc redivivo (1951), de David Alfaro Siqueiros
Foto: Alberto Rodríguez |
Diego Rivera, y Katharsis, de José Clemente Orozco. Ahí se puede admirar también la obra de Jorge González Camarena, Roberto Montenegro y Rodríguez Lozano. El tercer piso alberga el Museo de Arquitectura.
Esculturas y murales
El edificio se engalana con esculturas de diferentes artistas. Todos los temas tienen un significado importante para el 'palacio de la cultura' de México, y la constante de casi todas estas obras es la representación de la figura femenina.
El italiano Leonardo Bistolfi (1859-1993) realizó las esculturas para el tímpano del arco de la fachada principal. La mujer desnuda representa La Armonía, musa de los espíritus creativos, y se encuentra rodeada por los estados del alma musical: el dolor, la ira, la alegría, la paz y el amor; un gran número de querubines lo adorna, y en los extremos remata con relieves que representan La Música y La Inspiración. El francés André Allar esculpió las alegorías de La Juventud y La Edad Viril. Honoré Marqueste es el autor de La Elocuencia, y Paul Gasc esculpió El Trabajo, La Verdad y La Ley. Géza Maróti impacta con la majestuosa águila de bronce sobre unos danzantes en círculo de la cúpula principal. Y en la plaza se pueden admirar los bellísimos Pegasos del artista Agustín Querol.
El artista encargado de los diseños para los florones que adornan la fachada fue Ginneti Fiorenzo, quien también hizo los mascarones con figuras de coyote, chivo, perro y mono.
Es importante mencionar la maravillosa herrería de Alessandro Mazzucotelli, que fue traída desde Italia, y que el artista mexicano Luis Romero Soto complementó en 1932.
Hoy en día, el Palacio de las Bellas Artes es considerado uno de los teatros más importantes y grandes del mundo. Cuenta, entre sus servicios, con visitas guiadas, restaurante, tienda de discos, librería y estacionamiento, además de un amplio programa tanto de espectáculos como de presentaciones artísticas de calidad internacional.