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Correo del Maestro Núm. 94,marzo 2004

La Escuela de Barbiana*

Yolanda Sassoon
Juan Gerardo Paredes

Este libro relata una experiencia pedagógica que surgió en una aldea marginal italiana, después del periodo fascista. Su influencia se extendió por Europa como un modelo a seguir y varias de sus propuestas aún siguen vivas. Se trata de una pedagogía de la libertad, similar a la de Paulo Freire.

Carta a una profesora fue escrito por ocho alumnos de la Escuela de Barbiana, en Italia, y se lo dedicaron a una profesora tradicional hipotética de la que no esperan respuesta. Contiene una carta extensa que deja constancia de los diversos aspectos que les preocupaban.

El creador de esta revolución cultural fue el educador Lorenzo Milani (1923-1969), que hoy se considera un clásico. Nació en Florencia, proveniente de una familia burguesa, culta y liberal. A los 20 años entró al seminario y tiempo después se ordenó sacerdote. Pronto fue nombrado vicario en San Donato de Calenzano, un poblado cercano a su Florencia natal. Allí comenzó a desarrollar su interés por la pedagogía, e hizo crítica a la educación desigual y a la ineficacia de la escuela de esa época (una educación en la que aprobaban los ricos, mientras que los pobres desertaban o reprobaban). Ante eso, creó una ‘nueva escuela’ que dio al pueblo la posibilidad de reflexionar, de tomar conciencia como clase oprimida, de dar mayor importancia a la lengua, y de dar sentido y valor al tiempo. En busca de estos propósitos surgió primero la Escuela Popular de San Donato, en el pueblo de Calenzano, y después la de Barbiana, en el pueblo del mismo nombre.

Milani no era conformista con la situación de la clase oprimida (la cultura de los pobres no es inferior, es distinta); para él la escuela era un instrumento de la lucha de clases.

La educación clasista empieza por seleccionar, por incorporar a los niños de clase media y alta, dejando fuera a la mayoría proveniente de las clases explotadas. La Carta a una profesora demuestra claramente, mediante estadísticas, este discriminatorio proceso de selección que rechaza, de inicio, a los que más necesitan educación... Es como si un hospital curara a los sanos y rechazara a los enfermos.

 

Los autores del libro, que siguen la misma línea de pensamiento que Milani, consideran que los padres de familia están ‘desarmados’ cuando los profesores de las escuelas oficiales y colegios etiquetan a los alumnos pobres como incompetentes para el estudio.

Los padres más pobres no hacen nada. No sospechan siquiera que estas cosas existan. Todo lo contrario: se emocionan. Cuando ellos eran chicos, en el campo, lo máximo a que podían aspirar era a tercero de primaria. Si las cosas no marchan, será porque el niño no tiene condiciones para el estudio. Lo dijo el profesor. Qué persona tan educada. Me dijo tome asiento. Me mostró la libreta. Una tarea llena de tachaduras. No nos tocó un hijo inteligente. Paciencia. Irá al campo como nosotros.

 

Por el contrario, la Escuela de Barbiana sostiene que la alternativa es “abrirse el camino a codazos”, como lo dicen, en sentido figurado, los autores del libro.

Un pilar fundamental de la Escuela de Barbiana es la fuerza transformadora de la palabra. Al manejarla, los pobres serán capaces de elaborar una nueva cultura y de construir una nueva sociedad. La diferencia radica en el lenguaje, ya que a los pobres se les margina por seguir hablando su dialecto.

Los hijos de los campesinos arrastraban un desfase cultural histórico con respecto a los hijos de los burgueses, y por eso debían recuperar el tiempo perdido. Era necesario que la escuela fuera una herramienta que los capacitara para competir en la vida adulta en condiciones de igualdad. Por eso, no había tiempo que perder. Sobre este asunto, los alumnos hacen una crítica a la actitud de los profesores de las escuelas oficiales

Pero ustedes son unos miserables educadores, pues ofrecen 185 días de vacaciones contra 180 de clases. Cuatro horas de enseñanza contra doce sin enseñanza. El estúpido del director que entra en el aula y dice: ‘El superintendente decretó vacaciones también el 3 de noviembre’, es acogido con gritos de alegría y se sonríe muy complacido. Si ustedes presentan el estudio como un mal, ¿cómo podrían quererlo los muchachos?

 

En Barbiana se le daba un gran valor al tiempo. Eso se expresaba en un trabajo de doce horas diarias durante todos los días del año, sin fiestas ni vacaciones: “...todos los muchachitos iban a estudiar donde el cura. Desde la madrugada hasta que anochecía, en verano y en invierno.”

Otra estrategia pedagógica importante en esta nueva escuela fue la de no suspender ni reprobar a nadie, ni considerar que hubiera alumnos incapacitados para estudiar.

La escuela de Barbiana acepta, incorpora y forma a estos alumnos rechazados, pero éste no es más que el primer paso. La práctica educativa cotidiana se hace ahí a contrapelo, casi tomando como modelo la escuela tradicional, para hacer todo lo contrario.

 

Todos son incluidos en ella: “Pero quien no tenía las bases, quien era lento o desganado, se sentía predilecto. Era tratado como ustedes tratan al mejor alumno. Parecía que toda la escuela fuese para él. Hasta que él no hubiera entendido, los demás no seguían adelante.”

 En este modelo educativo, “el maestro juega un papel, pero ya como un nuevo tipo de docente, capaz de revalorar a los alumnos, motivarlos, desarrollar su creatividad, orientarlos”. Muchos de los alumnos se convertían en maestros.

Ni nos dábamos cuenta cuando uno de nosotros, sólo más grande que los demás, ya estaba enseñando. En Barbiana, al año siguiente, ya era maestro… Para recorrer un atlas o explicar los quebrados no se precisaba título universitario. Si me equivocaba en algo, no importaba. Era hasta un alivio para los chicos. Estudiábamos juntos. Las horas pasaban tranquilas y nadie se asustaba ni se acobardaba.

 

Consideran que el verdadero papel del profesor es compartir todo su saber sin mezquindades.

Se fomentó también un gran espíritu de compañerismo:

... aprendí que el problema de los demás es igual al mío. Salir de él todos juntos es la política. Salir de él solos es la avaricia. En época de exámenes tenía ganas de mandar al diablo a los demás chicos y estudiar para mí. Yo era un muchacho como los de ustedes, pero allá en Barbiana no podía confesarlo, ni a los demás ni a mí mismo. Me tocaba ser generoso aun cuando no lo era.

 

Había reglas específicas para escribir un texto:

En Barbiana había aprendido que las reglas para escribir son las siguientes. Tener algo importante que decir, o sea, útil para todos o para muchos. Saber a quién se escribe. Recoger todo lo que sirve. Encontrar una lógica para ordenarlo. Quitar toda palabra que no usamos hablando. No fijarse límites de tiempo.

 

Así como la escritura tenía un sentido en sus vidas, también lo tenía la enseñanza de la historia. Mientras que en las escuelas oficiales se enseñaba la historia de los reyes y gobernantes, a la vez que se presentaba que los buenos eran los vencedores y los malos eran los vencidos, “en cuanto a las penas y las luchas de los trabajadores, o se pasan por alto, o se las aparta en un rincón. Cuidadito a quien no guste de los generales o de los fabricantes de armas. En el libro reputado como el más moderno, Gandhi está despachado con 9 renglones. Sin una mención a su pensamiento y menos aún a sus métodos” (p. 107).

Asimismo, la Escuela de Barbiana hizo una fuerte crítica a la práctica tradicional de las escuelas oficiales para evaluar el conocimiento de los alumnos por medio de exámenes orales. Considera que  no significan enseñanza.

En el examen oral la clase está sumida en la ociosidad o en el terror. Hasta el chico que pasó al frente está perdiendo el tiempo. Trata de disimularlo. Abandona las ideas que entendió menos, e insiste en las que conoce mejor... No hay que callarse nunca. Hay que llenar los huecos con palabras huecas. Repetir las opiniones de [los escritores] aparentando haberlas leído en los textos originales.

 

Un hilo conductor en los testimonios del libro es defender los derechos y narrar la experiencia de Juan (Gianni), un muchacho que llegó a Barbiana tras ser excluido del privilegio de la escuela obligatoria oficial.

Juan, el desgraciado que no sabe expresarse, es el afortunado que pertenece al mundo grande. Hermano de toda África, Asia y América Latina. Conocedor por dentro de las necesidades de los demás.

 

El libro expresa que hay muchísimos Juanes, y eso lleva a considerar que en la educación oficial una gran parte trunca sus estudios y son excluidos, por lo tanto “... las cifras son demostraciones contra ustedes. Reflejan que como Juan hay millones y que ustedes o son estúpidos o son malvados”.

La enseñanza que selecciona, destruye la cultura. A los pobres les quita el medio de expresión, a los ricos les quita el conocimiento de las cosas.

*Reseña del libro Alumnos de Barbiana. Carta a una profesora, Ediciones Quinto Sol, México, 2000, 121 pp.

 

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