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Correo del Maestro Núm. 97, junio 2004

La raíz indeuropea más importante para el lingüista hispanófono

Arrigo Coen Anitúa

Cuando llegó al mundo grecorromano el conocimiento de la gramática del sánscrito, se abrió para la lingüística comparada un horizonte que no tardó en ampliarse hasta el de todas las lenguas de la gran familia del tronco -hoy ya no meramente hipotético- de las hablas indeuropeas, también (mal) llamadas indogermánicas.

Una de las tareas inmediatamente emprendidas fue la de la reconstrucción de la lengua madre (yo preferiría decir abuela) por los vericuetos de los registros históricamente intermedios (índico, iranio, helénico, itálico, germánico y eslavo).

El loable intento muy pronto reveló la insuperabilidad de sus múltiples e ingentes dificultades: ¡las lenguas no correspondían a las etnias!, por lo que hubo que conformarse con imaginar simplemente las supuestas raíces.

Con tal procedimiento de regresión, lo que progresaba era las restricciones, por lo que frecuentemente se obtuvieron raíces muy parecidas y, a veces, aun idénticas. Por ejemplo, coincidieron en una homonimia, bha- (misma fonía y misma grafía), la de 'brillar', 'resplandecer', y la de 'hablar'. Esta es la que nos interesa.

Comencemos con el verbo hablar, descendiente directo del latín familiar fabulare, nuestro 'platicar' tomado de fabula, 'conversación', ('relato sin garantía histórica', apunta Corominas), todavía no con el sentido del cultismo en español fábula, 'apólogo', o sea, puro 'cuento'. Todo ello del verbo fari y su variante fabulari, no adoptada ésta por los clásicos, pero aceptada por los autores cómicos y viva en el latín vulgar de la Península.

Otra variante, *favellare (¿'relatar'?) se conservó en italiano, que prefiere, como el francés y el catalán, parabolare no desdeñado por nuestros parlar y parla, éste con sus derivados cultos, como latiniparla, cultiparla, etcétera.

En lingüística estructural, por tradición saussureana, en la langue (en francés, 'la lengua', o sea 'el lenguaje articulado propio del homo') hay que distinguir le mot ('la palabra', en francés) de la parole (en francés, 'el habla').

Hoy para todos los hispanohablantes habla es un mero sustantivo posverbal de hablar, pero antaño tuvo acepciones más cercanas a las del latín, como 'sentencia o máxima', 'proverbio o refrán', 'fábula o apólogo', y aun 'novela corta' (véase Corominas).

Hablilla equivale a 'rumor', 'habladuría'; hablista y su antiguo duplicado hablistán, con connotaciones de 'parlanchín', que no ha mucho era fablistán, el cual dio fablistanear, "hablar mucho y fuera de propósito" (Academia).

Todas las voces que conservan el radical fab- son cultismos en nuestra lengua: fábula, fabulista; fabuloso, fabularidad y el adverbio fabulosamente; fabular, fabulación, fabulario, fabulesco y fabulizar. De confabular (del latín confabulari 'conversar') tenemos confabulación y confabulador.

Por último, facundo, del latín facundus, 'hablador', (también derivado directo de fari) y facundia, respectivamente, "fácil o desenvuelto en el hablar" y "afluencia, facilidad en el hablar" (Academia).

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