Si de voces del circo hemos de tratar, comencemos con
su propio nombre, circo, que ha dejado de designar
el 'lugar en que, en tiempos de los romanos, se presentaban
los espectáculos públicos'; hoy es un 'recinto generalmente
delimitado por una gran carpa, con gradería para los espectadores,
y que tiene una o más pistas circulares en las que actúan
los genéricamente llamados cirqueros'
Ese nombre proviene del latín circus, cuyas primeras
acepciones fueron 'círculo' (forma diminutiva), 'órbita' y 'aro'. El radical
circ- latino es afín al griego kirk-, radical de kirkos,
'anillo'; ambos derivados de la raíz indeuropea *kirk- o *kerk-,
de *ker- o *kir-, respectivamente. (Fuente: Origins,
de Eric Partridge.)
Los más espectaculares de los actuales cirqueros son los
acróbatas -etimológicamente, los que 'se pasean por las alturas', del
griego ákros, 'extremo', y batés, agente del verbo bainein,
'pasear'-, los funámbulos y los trapecistas.
Funámbulo -por sus elementos compositivos latinos, 'que
camina por una cuerda'- es el 'acróbata que realiza ejercicios sobre la cuerda
floja o sobre el alambre'; la Academia (rae) agrega: "Persona que sabe actuar
con habilidad, especialmente en la vida social o política" (un maromero,
pues, de maroma, sinónimo de 'cuerda'). Se lo llama también volatín
y volatinero.
Asimismo de origen griego es la voz trapecio, que
nos llega al español vía el latín tardío trapezium. Es un 'palo horizontal
suspendido, por sus extremos, de dos cuerdas'. Los trapecistas se valen
de dos o más de estos implementos gimnásticos para hacer gala de su fuerza,
su agilidad y su cordinación en las demostraciones de su arte.
Algo semejante, pero a pie firme en la pista, hacen los
saltimbanquis, que se impulsan en tierra por la fuerza de sus piernas,
ayudados a veces por improvisados trampolines.
Los pulsadores son 'gimnastas que actúan generalmente
por parejas -a veces tres o más- y efectúan figuras de equilibrio y de resistencia
con alto sentido estético'.
Los contorsionistas son por lo regular mujeres,
logran asombrosa flexibilidad de sus cuerpos y la exhiben en la ejecución
de dificilísimos ejercicios.
Los equilibristas ofrecen espectacularmente diversos
resultados de su 'habilidad de mantener en equilibrio y en movimiento, gran
variedad de objetos sobre puntos precarios'.
Los malabaristas -así llamados por tener su origen
en Malabar, India- son 'diestros en lanzar a lo alto -o entre sí cuando son
dos o más- diversos objetos que recobran ordenadamente al final de la demostración'.
Con frecuencia se combinan las facultades de uno y otros
y obtienen cuadros de espectacular plasticidad como pirámides humanas en
cuyas cúspides alguien está ostentando sus gracias.
Imprescindibles en cualquier circo son los payasos
(término que nos llega, vía el francés, del italiano pagliaccio, 'muñeco
de paja'); son los 'bufones', los encargados de la parte cómica de la función.
Sus recursos para mover a risa presentan una gama muy extensa, desde el más
burdo ridículo hasta el más agudo ingenio.
A veces se presentan ilusionistas -magia blanca-
con espectaculares trucos escénicos; telépatas, dizque 'adivinadores
del pensamiento', y prestidigitadores 'de ágiles dedos'.
La equitación está en el circo representada por expertos
caballistas que dominan, desde la 'alta escuela'
con que lucen la obediencia de los corceles pasando por
las suertes de los jinetes cosacos, hasta la gracia de
habilísimas bailarinas que, en atuendos de breves tutúes,
danzan a lomo de equinos encarrerados.
Los penúltimos números corren a cargo de los amaestradores
de animales: perros, focas, elefantes.
Con gran armazón de jaulas se anuncian los domadores
de fieras, que se encierran con tigres y leones, y, armados únicamente de
restallante látigo y defendidos, a guisa de escudo, sólo por una simple silla,
conminan a sus no tan dóciles alumnos para que alteren el orden de sus lugares,
salten a través de aros o se yergan rampantes sobre sus patas traseras.
Hay circos que cuentan con hombres bala y, en efecto,
ofrecen el acto de lanzar, mediante un cañón a un ser humano, que prácticamente
vuela de uno a otro lado de la carpa, al impulso del disparo.
En el número del Gran final, al son de la banda
del circo, se reúnen todos los cirqueros en una triunfal marcha cuyo ritmo
suele ser marcado por los aplausos de los conmovidos espectadores.