Utopía llamamos a aquello que nos hemos atrevido a soñar,
pero que creemos imposible, irrealizable. Utopía hemos
nombrado a aquello que el paso de Cronos nos ha demostrado,
incontables veces, posible.
La metamorfosis de las computadoras, cuya historia
se inicia a mediados del siglo anterior, es uno de esos ejemplos que le han
entregado a la débil fe humana la certidumbre de que somos capaces de arribar
a puertos que hemos creído fantasmagóricos, falsos.
¿A quién se le hubiera ocurrido en los cuarenta o
los cincuenta que aquellas descomunales máquinas de bulbos que ocupaban edificios
de varios pisos, y miles y miles de metros de cable, consumidoras de enormes
cantidades de energía y que sólo eran capaces de realizar unas cuantas operaciones
aritméticas, iban a desplazar a la máquina de escribir de la vida de los estudiantes?
¿Quién se hubiera atrevido a vaticinar su transformación y la enorme popularidad
que ahora tienen gracias a su cómodo tamaño que les permite ser guardadas
dentro de cualquier portafolios y que las está convirtiendo en uno más de
los utensilios domésticos?
Si hace todavía veinte años no se podía concebir
a un maestro y a sus estudiantes sin una máquina de escribir, Remington u
Olivetti, en nuestros días es inverosímil pensar en una escuela sin computadoras.
El ingreso de la computadora en la vida escolar ya
es una realidad tangible y ello se demuestra con los cursos de computación
que se imparten en primarias y secundarias, con el poder de seducción que
tiene la internet entre niños y jóvenes e, incluso, con el rechazo que aún
provoca el ordenador a algunos profesores.
Al percibir la problemática que origina
la presencia de la computadora en los colegios, Jean-Pierre
Carrier ha escrito Escuela y multimedia, no sólo
para referir los problemas actuales y reflexionar sobre
ellos, sino también con el fin de introducir, sobre todo
a profesores y padres de familia, en la comprensión del
uso de la computadora como arma para la enseñanza.
Para empezar, el libro de Carrier da una precisa
explicación de los términos más frecuentemente utilizados en la jerga computacional
como multimedia, hipertexto, vínculo, navegación, internet... a fin de que
los lectores se acerquen con claridad conceptual a la máquina, a los ambientes
informáticos.
El éxito que tienen en la actualidad las compu-tadoras
se debe a la transformación que han tenido en un lapso muy breve. Su utilización
es ahora muy sencilla (al menos así resulta, luego de que el usuario se despoja
del miedo que todo lo nuevo provoca). Y no obstante que es imprescindible
tomar cursos para aprovechar mejor la paquetería, la internet y demás recursos
de la máquina, también es cierto que cada ambiente trata de llevar de la mano
al usuario con el apoyo de iconos y ventanas de ayuda que explican el modo
de usar cada comando, cuadro de diálogo o menú.
La computadora, esa máquina increíble que nos sirve
para redactar documentos, diseñar gráficos, hacer operaciones mercantiles,
complicados cálculos matemáticos o que simplemente nos comunica con una persona
que se halla del otro lado del planeta, parece un tesoro de virtudes y de
algún modo lo es, pero, como nos dice Jean-Pierre Carrier, no debemos olvidar
que “la computadora se entiende sistemáticamente como una herramienta y no
como un fin en sí”.
El autor francés nos habla del cambio de actitud
que han generado en el aprendizaje los recursos multimedia. La facilidad,
por ejemplo, para acceder al contenido de la Encyclopaedia Universalis
desde el monitor de la pc, sin tener que desplazarse hasta las distantes bibliotecas
y hojear página tras página para obtener la información buscada, es un cambio
radical que los jóvenes prefieren a causa del contexto lúdico que conlleva
la búsqueda en internet o en discos compactos donde, además del texto, los
estudiantes encuentran sonidos e imágenes a todo color, lo que matiza así
la investigación o el trabajo escolar como un acto placentero y sumamente
atractivo.
Pero ello tiene también sus peligros, como se explica
en Escuela y multimedia. El problema vital puede inferirse de la diferencia
entre información y conocimiento. Si bien la computadora no es solamente un
enorme depósito de información y un sustituto de la máquina de escribir, tampoco
es cierto, a pesar de sus virtudes interactivas y del vasto caudal de software
dedicado a la enseñanza, que pueda ella sustituir al maestro y al libro.
Lo que sucede es que a pesar de la fantástica cantidad
de información que se puede hallar en internet, ello no implica que todos
esos datos posean la calidad necesaria o estén al nivel del estudiante que
los consulta. Por ello es indispensable que los profesores sepan encauzar
a sus pupilos para que ellos puedan discernir en la telaraña de información
lo que les corresponde, y no terminen perdidos en los laberintos de vínculos
que son los hipertextos. El maestro tiene el deber de enseñarles a sus alumnos
la diferencia entre hacer la lectura de un texto y el vano acto de bajar la
información de internet, imprimirla y ponerle su nombre para entregar una
tarea de la que nada ha aprendido.
A pesar de todo, los recursos multimedia pueden ser
y son un apoyo escolar de mucho valor si se sabe enfocarlos de modo adecuado.
Con esta idea, Carrier realiza un análisis de los alcances y de las propuestas
para aplicar lo que podríamos llamar ‘ciberpedagogía’, y nos entrega una lista
de los más prestigiosos programas en discos compactos con perfil ludo-educativo,
dirigidos a niños entre la etapa maternal y la educación secundaria, sin olvidar
la mención de los mejores programas para aprender ciencias, inglés y arte.
* Reseña del libro Escuela
y multimedia, de Jean-Pierre Carrier, Siglo
XXI, México, 2002, 191 pp.
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