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Correo del Maestro Núm.92,enero 2004

Análisis sinóptico de una famosa rima becqueriana

Arrigo Coen Anitúa

¿Quién no conoce las celebérrimas Golondrinas de Gustavo Adolfo Bécquer? De las obras completas de este autor (poesías y leyendas) ésa es, sin duda, la fracción más difundida en todo el ámbito literario internacional, gracias a las traducciones.

¿Qué singular hechizo, cuál particular encanto sugieren y ejercen estos versos que, desde su primera lectura o audición dejan una plenitud de algo logrado, de cosa perfecta?

Estoy seguro de que no soy el primero entre quienes hayan tratado de investigar el origen, aparentemente mágico, de ese embrujo. Tampoco dudo de que a todos quienes hayamos hecho el intento se nos ha aparecido obvio el isomorfismo de las tres estrofas que componen el poema.

Por ello se me ocurrió educir una distribución gráfica sinóptica en la que se hiciera evidente esa estructura regular a la que atribuyo buena parte de la fascinación –hecha la salvedad del sentimiento poético, que es la verdadera sustancia del mensaje– que experimenta, al final, el lector o el oyente.

Me avoqué (nótese que no pongo aboqué), pues, a ello y, tras no pocos en-sayos, he obtenido la distribución de los contenidos textuales de las tres estrofas en la forma que en seguida ofrezco a la consideración de mis lectores.

  

Volverán las oscuras golondrinas

     “    “   tupidas madreselvas

   “    “   ardientes palabras

    de tu balcón sus nidos a colgar

    “   “  jardín las tapias “  escalar

    a tus oídos del amor    “  sonar

    y otra vez con el ala a tus cristales

    “   “    “   a la tarde aun más hermosas

    “   tal  “   de su profundo sueño

    jugando llamarán

    sus flores se abrirán

    tu corazón despertará

    pero aquellas que el vuelo refrenaban

    “  “  cuajadas de rocío

    “  mudo y absorto y de rodillas

    tu hermosura y mi dicha a contemplar

    cuyas gotas mirábamos temblar

    como se adora a Dios ante su altar

    aquellas que aprendieron nuestros nombres

    y caer como lágrimas del día

    como yo te he querido, desengáñate

    ésas no volverán

     “ “  “

    así    “  te querrán

 

Espero que esta distribución de los elementos formales del poema haga evidente la regularidad que les imprimió el poeta.

Desde luego que también contribuye al efecto eufónico de la declamación –sea interna, para el lector, o bien externa para el oyente– la regularidad del ritmo. Cada estrofa está compuesta de la siguiente guisa: a) un primer grupo de tres versos endecasílabos, agudo el segundo, libres los otros dos; b) un verso heptasílabo, agudo, consonantado, con el segundo endecasílabo; c) otro grupo de tres endecasílabos, libres el primero y el tercero, pero el segundo, agudo, con el mismo consonante del segundo del primer grupo, y d) un verso heptasílabo agudo, consonantado con el segundo del grupo c).

Si bien se observa, sólo hay una anomalía rítmica: la del tercer verso del grupo c) de la tercera estrofa, que carga los acentos en la cuarta y en la octava sílabas; pero nótese que ese cambio de ritmo expresa un matiz angustioso que ayuda a preparar el carácter catastrófico del final del poema, en que un así, sustituye, con una deíxis de modo, las dos deíxis pronominales, ésas, que con toda claridad se refieren a las tres aquellas que son sus lógicas antecedentes.

Ni por un momento sospecho que Gustavo Adolfo haya urdido, como recurso retórico, esa asombrosa trama. Creo firmemente que surgió espontánea de su estro poético, de su maestría versificadora. ¡Y con cuál feliz resultado!

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