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Correo del Maestro Núm. 92, enero 2004

El desafío de saltar la cuerda

Raquel M. Barthe

 

La expresión neurológica praxis es, poco más o menos, sinónimo
de habilidad motriz y designa sistemas de movimientos coordinados
en función de un resultado o de una intención. Por otra parte,
las praxis se adquieren. Esta adquisición puede provenir de
la experiencia del sujeto o de la educación.
Jean Le Boulch1

 

La educación física dentro de la institución escolar debe ser integradora y poner en el centro de la escena a los alumnos, respetando las diferencias entre los individuos y posibilitando la máxima participación de todos. Debe ofrecer, como principal argumento para la participación, la motivación intrínseca que representa el placer proporcionado por la propia actividad física.

Las cuerdas, largas y cortas, resultan buenas aliadas para trabajar la coordinación de manera amplia y profunda; estabilizan y perfeccionan las habilidades motoras para fijar nuevos esquemas de conducta. Entre otras ventajas, este elemento brinda una motivación lúdica y propicia el trabajo individual y también el compartido.

Lo importante de trabajar con cuerdas no está en el logro del ejercicio propuesto, sino en el proceso de aprendizaje y, sobre todo, en las posibilidades que éste brinda para una buena socialización porque, una vez finalizada la primera fase, los chicos estarán en condiciones de trabajar en grupos. Estos grupos se formarán de acuerdo con el número de alumnos y de cuerdas disponibles.

El estímulo

Cualquier trabajo o actividad física produce modificaciones en todo el organismo de manera integral, pero en el caso del trabajo que nos proponemos sólo contemplaré una de ellas: la neuromuscular. Aquí se considera la buena relación y ensamble entre los sistemas nervioso y muscular, que afectan principalmente a las cualidades de velocidad, coordinación y fuerza. Estas tres cualidades se encuentran estrechamente entrelazadas y por esta causa se puede afirmar que con un buen trabajo metodológico y estímulos adecuados se va mejorando la estructura del movimiento con una eficaz actividad selectiva de los analizadores y con exclusión de acciones intra e intermusculares innecesarias.2

En los niños poco entrenados, la frecuencia de estímulos que llega a la masa muscular es relativamente espaciada. Sin embargo, luego de un tiempo de trabajo, el mismo número de estímulos llega a esa misma masa muscular en un lapso más breve, lo que determina una más rápida y efectiva contracción muscular que mejorará su rendimiento.

En el proceso de adquisición de nuevas habilidades motrices, es responsabilidad del docente propiciar las situaciones adecuadas para que los mismos alumnos las construyan, respetando su personalidad y mejorando sus posibilidades de elección.

Nuestra civilización occidental, bajo la fuerte influencia filosófica cartesiana, consideraba el cuerpo como un instrumento de la mente, y establecía la dualidad cuerpo-espíritu. Pero la pedagogía moderna considera al niño como una entidad integral.  Y esta nueva concepción nos lleva a fijarnos otros objetivos; entre ellos, que el alumno desarrolle su capacidad de expresión a través del movimiento.

La resolución de problemas

Cuando el niño entra por primera vez en contacto con la cuerda, se puede utilizar el método de descubrimiento guiado con un aprendizaje convergente y divergente. Gradualmente se llegará a un aprendizaje por resolución de problemas. Los niños tratarán de resolverlos por sí mismos o conjuntamente con sus compañeros. El docente combinará la metodología de la enseñanza de acuerdo con el emergente, incluyendo el autoaprendizaje. Se propondrán actividades que incluyan diferentes tipos de salto con sogas individuales, en parejas y grupales con sogas largas, dejando espacio para la creatividad.

Actividades para niños de entre seis y nueve años

Al iniciar este tipo de trabajo es conveniente partir del supuesto de que los niños no tienen experiencias anteriores. No obstante, es posible que muchos de ellos posean saberes previos adquiridos fuera de la escuela. Sin embargo, ante la heterogeneidad de habilidades, resultará más fácil empezar desde el mismo nivel con todos para evitar frustraciones. En este ciclo se puede considerar una ‘fase exploratoria’ que les permitirá comprender mejor la situación.

Comenzar con una cuerda larga o con sogas individuales dependerá del grupo. Con una cuerda larga se podrá organizar el juego del reloj o el de la viborita.  Atada  por uno de sus extremos, se le dará vuelta desde el otro; el primer ejercicio será que los alumnos pasen por debajo, por turno y corriendo, sin tocarla. Quizás algunos demuestren miedo de ser tocados por la soga, pero entonces se les puede indicar que cierren los ojos y que corran cuando escuchen que ésta pega en el piso. Cuando todos hayan logrado pasar sin caerse ni ser tocados por la soga, comenzará el ejercicio de saltar, haciendo balancear la cuerda de un lado a otro.

Una vez afianzado el ejercicio de pasar por debajo de la soga, se incorporará la entrada y salida con la cuerda en movimiento, y se agregarán dificultades tales como hacerlo por un lado y por otro. Es el momento de fomentar el trabajo en equipo llevándolos a reflexionar acerca de la conveniencia de establecer reglas equitativas para todos. Estas reglas deberán servir para que todos tengan la misma oportunidad de aprender y practicar el ejercicio, y serán propuestas y consensuadas por ellos.

Lo más frecuente es que ellos decidan que el que salta lo haga 'hasta que pierda' y quien pierde debe 'darle vueltas a la soga'. El maestro tendrá que estar atento para guiarlos hacia actitudes más cooperativas, de modo que todos tengan las mismas oportunidades. De lo contrario, los más hábiles serán los que siempre saltan, y los que 'pierden' desempeñarán siempre el mismo rol sin la posibilidad de aprender. También es común que aquellos que desean saltar hagan perder a propósito a sus compañeros, dando vuelta muy rápidamente a la soga o haciéndolo mal.

Ante estas dificultades, se podrán sugerir algunas reglas y pedirles que elijan y decidan cuál adoptar.

Por ejemplo, por turno, todos deberán saltar y contar la cantidad de saltos de cada uno y sumarlos. Al comparar este resultado con otros grupos, se pondrá de manifiesto la necesidad de ayudar a los menos hábiles para mejorar el resultado final. Con los niños más grandes se podrá promediar esta suma adjudicando una marca individual y equitativa para todos. De esta forma se tratará de que tomen conciencia de que si obtuvieron una buena marca en el salto fue gracias a quienes dieron vuelta la soga y que, por lo tanto, es justo compartir los resultados. De la misma manera, si no les dan oportunidad de aprender a quienes dan vuelta a la cuerda, también es justo compartir con ellos una marca baja. Por lo tanto, es responsabilidad de todo el grupo el buen logro individual.

El trabajo con cuerda larga ofrece siempre la posibilidad de hacer tareas compartidas y los chicos aprenden a jugar y a divertirse juntos. No obstante, también se debe trabajar con sogas individuales.

El salto individual y el salto en parejas

También se afianzará el salto individual y en parejas, estimulando la creatividad de los alumnos y evitando en lo posible un método directo con un aprendizaje guiado. Los ejercicios de salto se efectuarán siempre en forma progresiva y graduada, teniendo en cuenta el grado con el que se trabaja y las características de cada grupo en particular. Las actividades serán diversas e incluirán diferentes tipos de saltos y todas sus variantes:

Foto: Archivo General de la Nación.

    a)    Salto individual con cuerda corta:

   • con rebote y sin rebote

   • para adelante y para atrás

   • con un pie adelante

   • con dos pies

   • pies alternados

   • pies juntos

   • en el lugar y con desplazamientos

   • con cruce de cuerda

    b) En parejas:

   • enfrentados

   • con el mismo frente

   • con cambios de lugares

En la actualidad, el juego del elástico está cada vez más difundido y ha llegado a interesar por igual a varones y a mujeres. Por lo tanto, es conveniente aprovechar este interés y esta habilidad espontánea de los chicos.

A partir de los nueve años los alumnos están en condiciones de elaborar esquemas gimnásticos combinando los saltos con ejercicios en los que puedan utilizar este elemento. Estos esquemas pueden ser individuales, en parejas o en grupos más amplios. Por supuesto, esto no será posible si no han trabajado previamente en gimnasia formativa. Cabe recordar que la gimnasia tiene como objetivo ayudar a que se pongan en marcha las diferentes estructuras de movimiento y que se experimenten diversas formas motrices. Entonces, se tendrá que realizar adecuadamente, estimulando los movimientos y las posturas apropiados y corrigiendo o eliminando los perjudiciales.

En este tipo de trabajo el movimiento no sólo se transforma en una forma de expresión, sino que además los alumnos adquieren autonomía para realizar una tarea solidaria y cooperativa, basada en la satisfacción cenestésica más que en el logro del rendimiento motor.

Compartir los logros

El producto final de todo este trabajo puede ser motivo de una fiesta donde puedan mostrar los diferentes esquemas logrados, sin un propósito de competencia y con la participación de los alumnos como actores, capaces de decidir y de generar acontecimientos, y no como meros espectadores de situaciones decididas por otros.

Además, una muestra de esquemas elaborados y producidos por los niños permite la interdisciplina de áreas, ya que se hace necesario un ritmo o música que acompañe y complemente la muestra. Entonces, qué mejor oportunidad para compartir el momento con el maestro/a de música y con otros grupos de alumnos que ejecuten el ritmo.

Notas

Jean Le Boulch, Hacia una ciencia del movimiento humano: introducción a la psicokinética, Paidós, Barcelona,    1992, p. 97.
Jorge Hegedüs, ‘Supercompensación y rendimiento’, en Revista Stadium.

 

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