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Correo del Maestro Núm. 92, enero 2004

Epilepsias de los niños en edad escolar (I)

Daniel Vasconcelos
Foto: ARMhivo.

Se dice que alguien padece epilepsia cuando presenta crisis o ataques característicos de manera repetitiva y, en general, sin causa aparente. Las crisis epilépticas son la expresión clínica de trastornos cerebrales, mismos que–a guisa de símil– se comparan con un corto circuito. Esto obedece a que los ataques aparecen de manera repentina, duran un cierto tiempo y ceden por sí solos. No existen maniobras ni remedios de ningún tipo que puedan interrumpir el suceso.

Las epilepsias son trastornos muy frecuentes en la población general. Se calcula que afectan al dos por ciento de las personas en el mundo, sin distinción de raza, oficio o estrato social, aunque bajo ciertas condiciones la incidencia podría ser mayor en grupos con economías débiles.

Por cuanto al porqué y cómo de las epilepsias existen muchas creencias infundadas, en general producto de la ignorancia y hasta de supersticiones, las cuales propician ideas y no pocas veces conductas erróneas acerca de las epilepsias. En muchas ocasiones, esta situación provoca actitudes lesivas para quienes sufren las crisis. Esto es muy común en el caso de los niños, pues no es raro que lejos de procurarles atención y manejo adecuados, les generan limitaciones, aislamiento, rechazo en escuelas o trabajos, en suma, los perjudican en su desarrollo integral.

En la actualidad se abusa del llamado ‘trastorno por deficiencia de atención’ (TDA), y aun cuando éste nada tiene que ver con las epilepsias, no es raro que a los chicos se les estudie y medique como si existiera alguna relación entre las dos situaciones. Pero además, un estudio clínico neurológico apropiado y la conducta terapéutica consecuente les confieren a las epilepsias un pronóstico favorable, incluso con muchas probabilidades de curación. En cambio, si el chico presenta TDA–siempre y cuando el diagnóstico y sus causas se establezcan de manera correcta–, su futuro se presenta más bien incierto.

Formas clínicas de epilepsia

Ejemplo de tomografía craneal (TG).
Foto: Archivo

Existen múltiples modelos o tipos de crisis, pero se ha encontrado que algunos aparecen con mayor frecuencia a ciertas edades. Esto ha permitido estudiarlos con bastante claridad y crear una clasificación que incluso tiene implicaciones terapéuticas.

Las formas de ataques epilépticos en los niños en edad escolar, que además son exclusivas de ellos, son las que a continuación se describen.

Crisis mioclónicas

De aparición más temprana, con una incidencia preferencial entre los tres y los seis a siete años, esta forma de epilepsia se expresa con caídas repentinas, sin aviso ni causa justificante, casi siempre hacia adelante y algunas veces también hacia atrás. Caen “como si le quitaran el piso al niño”, se dice. Se denominan crisis mioclónicas (de mios (miós), músculo, y clonus, espasmo) en referencia a la contracción muscular espasmódica, violenta y repentina de brazos y piernas. En consecuencia, el niño se derrumba por la flexión violenta de las piernas y como los brazos también se cruzan, cae sin meter ni las manos, produciéndose golpes contusos en la cara y en la cabeza. En la literatura especializada aparecen como síndrome de Lennox-Gastaut.

Además de los datos clínicos, el diagnóstico es muy aparente, pues los chicos presentan lesiones contusas en la cara y la cabeza, falta de dientes, chipotes, etc., cuya apariencia indica que ocurrieron en distintas fechas.

Los relatos de los testigos son muy demostrativos, pues la caída y el golpe, de hecho el azotón, suceden rápido, casi como si no hubiera pasado nada.

La historia clínica puede aportar datos sugestivos de afecciones cerebrales tanto durante el embarazo, el parto o durante los primeros años. La exploración neurológica puede confirmarlos. Sin embargo, puede haber chicos con este tipo de epilepsia sin afección cerebral demostrable.

El estudio de gabinete necesario es el electroencefalograma (EEG), pues en él aparecen ondas características, propias de esta modalidad de epilepsias.

Cuando la exploración clínica neurológica aporta signos de afección en el sistema nervioso central (SNC), es conveniente practicar estudios de imágenes neurorradiológicas, ya sea con tomografía craneal (TC) o resonancia magnética (RM). La elección de uno u otro estudio le corresponde al médico.

El tratamiento debe ser llevado por un neurólogo y en principio es mediante la medicación antiepiléptica. Existen varios antiepilépticos útiles y su efectividad se valora conforme a los datos recibidos en las consultas subsecuentes y el control de las dosis depende de las determinaciones de los niveles séricos (NS) de los fármacos prescritos. Sin embargo, el pronóstico integral de estos niños, y aun a pesar de una conducta terapéutica correcta, puede ser no tan halagüeño, sobre todo cuando existe daño cerebral. Incluso es posible que a pesar de los esfuerzos médicos resulten las llamadas crisis de difícil control, circunstancia que puede llevar a pensar en intervenir quirúrgicamente. Pero esta indicación sí debe descansar en el criterio del médico especialista.

Ausencias picnolépticas

Conforme a la edad de aparición, siguen las ausencias llamadas picnolépticas o picnolepsia a secas (de picnos [picnos], denso, y epilepsis [epilepsis], epilepsia), lo que significa que las crisis vienen con gran frecuencia, densamente, cada día. En otras palabras, de manera distintiva llegan a contarse 10, 20 o más al día.

En general, son niños de tres a diez años de edad cuando empiezan con el trastorno. Se trata de una interrupción breve, repentina y pasajera del estado de conciencia. De pronto, el niño se queda ido y suspende lo que estaba haciendo, no importa qué. Adopta una expresión facial de no saber, no entender, no escuchar y no responde a ninguno estímulo. Ni sacudidas ni llamadas de atención lo hacen recuperar la conciencia. La expresión de los ojos adquiere un aspecto de vacío, de vaguedad, pues las pupilas se dilatan. Lo más frecuente es que al mismo tiempo aparezcan sacudidas involuntarias de la cabeza, breves y rítmicas, como asintiendo. Al mismo tiempo surge parpadeo que, característicamente, muestra la misma frecuencia de los movimientos de la cabeza. A veces escurre saliva sin que el niño pretenda absorberla. Además, se pone pálido. Luego de uno a máximo dos minutos y sin ningún signo o seña de haber registrado lo ocurrido, el niño retoma su actividad en el punto donde la interrumpió. Con la repetición del fenómeno, el chico sí empieza a tomar conciencia del suceso, sobre todo por las reacciones de quienes lo rodean. Sin embargo, en general los testigos se espantan, no saben qué pasa; otros creen que el chico se burla de ellos, o los reta, etc., y las consecuencias dependen de  la interpretación.

Independientemente de ser una de las formas de crisis epilépticas con mayor incidencia entre los niños, el hecho de ocurrir cuando los chicos ya tienen mayor contacto con el mundo exterior propicia más posibilidades de advertirlas y también de atender a los pequeños.

Desde el punto de vista médico, la historia clínica en general no ofrece datos relativos a procesos lesivos del SNC. La exploración clínica neurológica indica estados físico y psíquico normales, de acuerdo con la edad del pequeño. Por cuanto a la historia familiar, puede ocurrir que varios miembros hubieran presentado estas ausencias en su infancia.

La evolución tiene dos caminos posibles, por un lado, y sin que se disponga de explicación fehaciente al respecto, las ausencias pueden llegar a desaparecer, aún sin tratamiento; de hecho, las ausencias picnolépticas son casi privativas de estas edades y nunca abren un cuadro de epilepsia más allá de la adolescencia. Por otro, y en un plazo no previsible, se pueden complicar con la aparición de crisis convulsivas. De cualquier manera, si el tratamiento antiepiléptico se instala lo más pronto posible y se supervisa por un especialista, el pronóstico es bueno, pues en más del 90 por ciento de los casos se llegan a controlar y si se siguen los lineamientos aceptados, los niños se curan.

En vista de que no hay daño cerebral, el desarrollo psicomotor es normal. Es muy importante subrayar este punto, pues los niños deben ser considerados como individuos normales y tienen derecho a recibir la oportunidad de acceder a todas las actividades propias y necesarias para crecer como todo chico sano.

Foto: Archivo.

El estudio de gabinete necesario, y no sólo confirmatorio, es el EEG, pues allí siempre aparecen grafoelementos característicos. Los estudios de control reflejan la mejoría, y la curación, porque los registros se deben normalizar conforme avanza el tratamiento.

El control de la medicación se debe hacer mediante la determinación de NS periódicamente, pues como los niños están en crecimiento, aumentan de peso y, en consecuencia, la dosis del antiepiléptico debe variar. Para mantenerla en cifras útiles la determinación periódica de los NS y el registro del peso son indispensables.

Cuando el tratamiento no resulte satisfactorio y las ausencias persistan o si aparecen crisis convulsivas es necesario recurrir al neurólogo. Sin embargo, aunque se llegue a presentar esta complicación, en general la medicación logra suprimir tanto las ausencias como las convulsiones. Si se siguen los lineamientos universalmente aceptados, el pronóstico para la picnolepsia sigue siendo favorable en todos aspectos.

Sacudidas mioclónicas

La siguiente forma de epilepsia ligada a la edad de aparición son sacudidas mioclónicas (de mios [miós], músculo, y clonos [clonos], contracción), sólo de las extremidades superiores. Aparece extensión rápida y repetitiva de los brazos con apertura de las manos. Esto provoca que si la persona tiene algo en ellas, el objeto salga disparado. Son eventos tan repentinos como breves, en general se presentan tres a, cuando mucho, cinco sacudidas seguidas. Por lo rápido del suceso no se puede decir con certeza si el sensorio se altera, aunque con el tiempo, al suceder más crisis, los chicos sí refieren sentirse un tanto obnubilados cuando tienen las sacudidas.

Pasada la última, el chico se tranquiliza y sigue con sus actividades como si nada hubiera sucedido. Se conocen como mioclonías juveniles y en la literatura especializada aparecen como síndrome de Janz.

Foto: Archivo.

La edad en que aparecen varía entre los diez y los dieciocho años. En general se trata de personas sanas sin antecedentes de afecciones del SCN. Las crisis tienden a presentarse en las horas de la mañana o bien hacia el anochecer, horarios que desde el punto de vista fisiológico tienen cierta similitud. Dado que se trata de personas en la pubertad y adolescencia, el hecho de que sin razón aparente de pronto avienten lo que tengan en la mano, sobre todo si en las horas de la mañana coinciden con el desayuno, no es raro que se los tilde de niños rebeldes, maleducados, groseros y en el mejor de los casos se recurre a consulta con psicólogos o psiquiatras. Y el error en general persiste hasta que de pronto aparecen crisis generalizadas tónico-clónicas. Esto puede suceder en un plazo de seis meses a un año, y es la evolución obligada de esta forma de crisis si diagnóstico y tratamiento especializados no se instalan desde que aparecen las primeras sacudidas.

La exploración clínica neurológica resulta con hallazgos dentro de lo normal. La valoración psicológica en general no detecta alteraciones.

El estudio de elección es el EEG, donde aparecen grafoelementos propios y distintivos de esta forma de crisis. Los estudios de TC o RM en general no son necesarios, pues no aportan imágenes de daño estructural del cerebro.

El tratamiento adecuado ofrece un alto porcentaje de resultados favorables y la mayor parte de los chicos se controlan, desaparecen mioclonías y convulsiones y, siguiendo los lineamientos aceptados, se han de curar.

En capítulos subsecuentes se tratarán otras formas de epilepsias. Dado que esta presentación tiene por objeto la difusión amplia e información para no especialistas, se procura utilizar los menos términos muy técnicos o nombres de medicamentos. Sin embargo, quien deseara ampliar la información está invitado a comunicarse con el autor y recibirá los datos buscados (Av. Baja California 180-302, Col. Roma sur. CP 06760, México, DF. Tel. 55 64 39 31; fax 55 64 96 06).

 

Bibliografía recomendada

VASCONCELOS , D.,  “Epilepsia: ¿enfermedad discapacitante? Tema propiciatorio para EPI-G”, en Gac Med Mex, 2001; 137-1: 73-78.
-----------      "Epilepsias: mitos y leyendas", en Rompanfilas, 2003; 64: 15-23.
-----------      Lo cotidiano de las epilepsias. Editorial Pax, México, 1991.
BRAILOWSKY S., Epilepsia. Enfermedad sagrada del cerebro. FCE (Col. La ciencia para todos, Núm. 170), México, 1999.
----------- D.G. Stein y B. Will, El cerebro averiado, FCE, México, 1998.
HERNÁNDEZ, Peniche, J., Epilepsia. Diagnóstico y tratamiento. La Prensa Médica Mexicana, 1968.

 

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