Se dice que alguien padece epilepsia
cuando presenta crisis o ataques característicos de manera
repetitiva y, en general, sin causa aparente. Las crisis
epilépticas son la expresión clínica de trastornos cerebrales,
mismos que–a guisa de símil– se comparan con
un corto circuito. Esto obedece a que los ataques aparecen
de manera repentina, duran un cierto tiempo y ceden por
sí solos. No existen maniobras ni remedios de ningún tipo
que puedan interrumpir el suceso.
Las epilepsias son trastornos muy frecuentes en la población
general. Se calcula que afectan al dos por ciento de las personas en el mundo,
sin distinción de raza, oficio o estrato social, aunque bajo ciertas condiciones
la incidencia podría ser mayor en grupos con economías débiles.
Por cuanto al porqué y cómo de las
epilepsias existen muchas creencias infundadas, en general
producto de la ignorancia y hasta de supersticiones, las
cuales propician ideas y no pocas veces conductas erróneas
acerca de las epilepsias. En muchas ocasiones, esta situación
provoca actitudes lesivas para quienes sufren las crisis.
Esto es muy común en el caso de los niños, pues no es
raro que lejos de procurarles atención y manejo adecuados,
les generan limitaciones, aislamiento, rechazo en escuelas
o trabajos, en suma, los perjudican en su desarrollo integral.
En la actualidad se abusa del llamado
‘trastorno por deficiencia de atención’ (TDA),
y aun cuando éste nada tiene que ver con las epilepsias,
no es raro que a los chicos se les estudie y medique como
si existiera alguna relación entre las dos situaciones.
Pero además, un estudio clínico neurológico apropiado
y la conducta terapéutica consecuente les confieren a
las epilepsias un pronóstico favorable, incluso con muchas
probabilidades de curación. En cambio, si el chico presenta
TDA–siempre y cuando el diagnóstico y sus causas
se establezcan de manera correcta–, su futuro se
presenta más bien incierto.
Formas clínicas de epilepsia
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Ejemplo de tomografía craneal
(TG).
Foto: Archivo |
Existen múltiples modelos o tipos
de crisis, pero se ha encontrado que algunos aparecen
con mayor frecuencia a ciertas edades. Esto ha permitido
estudiarlos con bastante claridad y crear una clasificación
que incluso tiene implicaciones terapéuticas.
Las formas de ataques epilépticos en los niños en edad
escolar, que además son exclusivas de ellos, son las que a continuación se
describen.
Crisis mioclónicas
De aparición más temprana, con una
incidencia preferencial entre los tres y los seis a siete
años, esta forma de epilepsia se expresa con caídas repentinas,
sin aviso ni causa justificante, casi siempre hacia adelante
y algunas veces también hacia atrás. Caen “como
si le quitaran el piso al niño”, se dice. Se denominan
crisis mioclónicas (de mios (miós), músculo, y clonus,
espasmo) en referencia a la contracción muscular espasmódica,
violenta y repentina de brazos y piernas. En consecuencia,
el niño se derrumba por la flexión violenta de las piernas
y como los brazos también se cruzan, cae sin meter ni
las manos, produciéndose golpes contusos en la cara y
en la cabeza. En la literatura especializada aparecen
como síndrome de Lennox-Gastaut.
Además de los datos clínicos, el diagnóstico
es muy aparente, pues los chicos presentan lesiones contusas
en la cara y la cabeza, falta de dientes, chipotes, etc.,
cuya apariencia indica que ocurrieron en distintas fechas.
Los relatos de los testigos son muy demostrativos, pues
la caída y el golpe, de hecho el azotón, suceden rápido, casi como si no hubiera
pasado nada.
La historia clínica puede aportar datos sugestivos de
afecciones cerebrales tanto durante el embarazo, el parto o durante los primeros
años. La exploración neurológica puede confirmarlos. Sin embargo, puede haber
chicos con este tipo de epilepsia sin afección cerebral demostrable.
El estudio de gabinete necesario es el electroencefalograma
(EEG), pues en él aparecen ondas características, propias de esta modalidad
de epilepsias.
Cuando la exploración clínica neurológica
aporta signos de afección en el sistema nervioso central
(SNC), es conveniente practicar estudios de imágenes neurorradiológicas,
ya sea con tomografía craneal (TC) o resonancia magnética
(RM). La elección de uno u otro estudio le corresponde
al médico.
El tratamiento debe ser llevado por
un neurólogo y en principio es mediante la medicación
antiepiléptica. Existen varios antiepilépticos útiles
y su efectividad se valora conforme a los datos recibidos
en las consultas subsecuentes y el control de las dosis
depende de las determinaciones de los niveles séricos
(NS) de los fármacos prescritos. Sin embargo, el pronóstico
integral de estos niños, y aun a pesar de una conducta
terapéutica correcta, puede ser no tan halagüeño, sobre
todo cuando existe daño cerebral. Incluso es posible que
a pesar de los esfuerzos médicos resulten las llamadas
crisis de difícil control, circunstancia que puede llevar
a pensar en intervenir quirúrgicamente. Pero esta indicación
sí debe descansar en el criterio del médico especialista.
Ausencias picnolépticas
Conforme a la edad de aparición, siguen las ausencias
llamadas picnolépticas o picnolepsia a secas (de picnos [picnos], denso, y
epilepsis [epilepsis], epilepsia), lo que significa que las crisis
vienen con gran frecuencia, densamente, cada día. En otras palabras, de manera
distintiva llegan a contarse 10, 20 o más al día.
En general, son niños de tres a diez
años de edad cuando empiezan con el trastorno. Se trata
de una interrupción breve, repentina y pasajera del estado
de conciencia. De pronto, el niño se queda ido y suspende
lo que estaba haciendo, no importa qué. Adopta una expresión
facial de no saber, no entender, no escuchar y no responde
a ninguno estímulo. Ni sacudidas ni llamadas de atención
lo hacen recuperar la conciencia. La expresión de los
ojos adquiere un aspecto de vacío, de vaguedad, pues las
pupilas se dilatan. Lo más frecuente es que al mismo tiempo
aparezcan sacudidas involuntarias de la cabeza, breves
y rítmicas, como asintiendo. Al mismo tiempo surge parpadeo
que, característicamente, muestra la misma frecuencia
de los movimientos de la cabeza. A veces escurre saliva
sin que el niño pretenda absorberla. Además, se pone pálido.
Luego de uno a máximo dos minutos y sin ningún signo o
seña de haber registrado lo ocurrido, el niño retoma su
actividad en el punto donde la interrumpió. Con la repetición
del fenómeno, el chico sí empieza a tomar conciencia del
suceso, sobre todo por las reacciones de quienes lo rodean.
Sin embargo, en general los testigos se espantan, no saben
qué pasa; otros creen que el chico se burla de ellos,
o los reta, etc., y las consecuencias dependen de la
interpretación.
Independientemente de ser una de las formas de crisis
epilépticas con mayor incidencia entre los niños, el hecho de ocurrir cuando
los chicos ya tienen mayor contacto con el mundo exterior propicia más posibilidades
de advertirlas y también de atender a los pequeños.
Desde el punto de vista médico, la historia clínica en
general no ofrece datos relativos a procesos lesivos del SNC. La exploración
clínica neurológica indica estados físico y psíquico normales, de acuerdo
con la edad del pequeño. Por cuanto a la historia familiar, puede ocurrir
que varios miembros hubieran presentado estas ausencias en su infancia.
La evolución tiene dos caminos posibles, por un lado,
y sin que se disponga de explicación fehaciente al respecto, las ausencias
pueden llegar a desaparecer, aún sin tratamiento; de hecho, las ausencias
picnolépticas son casi privativas de estas edades y nunca abren un cuadro
de epilepsia más allá de la adolescencia. Por otro, y en un plazo no previsible,
se pueden complicar con la aparición de crisis convulsivas. De cualquier manera,
si el tratamiento antiepiléptico se instala lo más pronto posible y se supervisa
por un especialista, el pronóstico es bueno, pues en más del 90 por ciento
de los casos se llegan a controlar y si se siguen los lineamientos aceptados,
los niños se curan.
En vista de que no hay daño cerebral, el desarrollo psicomotor
es normal. Es muy importante subrayar este punto, pues
los niños deben ser considerados como individuos normales
y tienen derecho a recibir la oportunidad de acceder a
todas las actividades propias y necesarias para crecer
como todo chico sano.
El estudio de gabinete necesario,
y no sólo confirmatorio, es el EEG, pues allí siempre
aparecen grafoelementos característicos. Los estudios
de control reflejan la mejoría, y la curación, porque
los registros se deben normalizar conforme avanza el tratamiento.
El control de la medicación se debe
hacer mediante la determinación de NS periódicamente,
pues como los niños están en crecimiento, aumentan de
peso y, en consecuencia, la dosis del antiepiléptico debe
variar. Para mantenerla en cifras útiles la determinación
periódica de los NS y el registro del peso son indispensables.
Cuando el tratamiento no resulte satisfactorio y las ausencias
persistan o si aparecen crisis convulsivas es necesario recurrir al neurólogo.
Sin embargo, aunque se llegue a presentar esta complicación, en general la
medicación logra suprimir tanto las ausencias como las convulsiones. Si se
siguen los lineamientos universalmente aceptados, el pronóstico para la picnolepsia
sigue siendo favorable en todos aspectos.
Sacudidas mioclónicas
La siguiente forma de epilepsia ligada a la edad de aparición
son sacudidas mioclónicas (de mios [miós], músculo, y clonos [clonos],
contracción), sólo de las extremidades superiores. Aparece extensión rápida
y repetitiva de los brazos con apertura de las manos. Esto provoca que si
la persona tiene algo en ellas, el objeto salga disparado. Son eventos tan
repentinos como breves, en general se presentan tres a, cuando mucho, cinco
sacudidas seguidas. Por lo rápido del suceso no se puede decir con certeza
si el sensorio se altera, aunque con el tiempo, al suceder más crisis, los
chicos sí refieren sentirse un tanto obnubilados cuando tienen las sacudidas.
Pasada la última, el chico se tranquiliza y sigue con
sus actividades como si nada hubiera sucedido. Se conocen como mioclonías
juveniles y en la literatura especializada aparecen como síndrome de Janz.
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| Foto: Archivo. |
La edad en que aparecen varía entre
los diez y los dieciocho años. En general se trata de
personas sanas sin antecedentes de afecciones del SCN.
Las crisis tienden a presentarse en las horas de la mañana
o bien hacia el anochecer, horarios que desde el punto
de vista fisiológico tienen cierta similitud. Dado que
se trata de personas en la pubertad y adolescencia, el
hecho de que sin razón aparente de pronto avienten lo
que tengan en la mano, sobre todo si en las horas de la
mañana coinciden con el desayuno, no es raro que se los
tilde de niños rebeldes, maleducados, groseros y en el
mejor de los casos se recurre a consulta con psicólogos
o psiquiatras. Y el error en general persiste hasta que
de pronto aparecen crisis generalizadas tónico-clónicas.
Esto puede suceder en un plazo de seis meses a un año,
y es la evolución obligada de esta forma de crisis si
diagnóstico y tratamiento especializados no se instalan
desde que aparecen las primeras sacudidas.
La exploración clínica neurológica resulta con hallazgos
dentro de lo normal. La valoración psicológica en general no detecta alteraciones.
El estudio de elección es el EEG,
donde aparecen grafoelementos propios y distintivos de
esta forma de crisis. Los estudios de TC o RM en general
no son necesarios, pues no aportan imágenes de daño estructural
del cerebro.
El tratamiento adecuado ofrece un
alto porcentaje de resultados favorables y la mayor parte
de los chicos se controlan, desaparecen mioclonías y convulsiones
y, siguiendo los lineamientos aceptados, se han de curar.
En capítulos subsecuentes se tratarán otras formas
de epilepsias. Dado que esta presentación tiene
por objeto la difusión amplia e información para
no especialistas, se procura utilizar los menos
términos muy técnicos o nombres de medicamentos.
Sin embargo, quien deseara ampliar la información
está invitado a comunicarse con el autor y recibirá
los datos buscados (Av. Baja California 180-302,
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39 31; fax 55 64 96 06). |
Bibliografía recomendada
VASCONCELOS , D., “Epilepsia:
¿enfermedad discapacitante? Tema propiciatorio
para EPI-G”, en Gac Med Mex, 2001; 137-1: 73-78.
----------- "Epilepsias: mitos y leyendas",
en Rompanfilas, 2003; 64: 15-23.
----------- Lo cotidiano de las epilepsias.
Editorial Pax, México, 1991.
BRAILOWSKY S., Epilepsia. Enfermedad sagrada del
cerebro. FCE (Col. La ciencia para todos, Núm.
170), México, 1999.
----------- D.G. Stein y B. Will, El cerebro averiado,
FCE, México, 1998.
HERNÁNDEZ, Peniche, J., Epilepsia. Diagnóstico
y tratamiento. La Prensa Médica Mexicana, 1968. |