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Una porción justa
Claudia Hernández García
Daniel Juárez Melchor
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Abro los ojos, veo el espectáculo del mundo y, claro, me maravillo. Entonces, para pensar la maravilla, considero las dos opciones que se abren ante mí. Una: el mundo es un mundo de preguntas y mi tarea es buscar las respuestas. La otra: el mundo es un mundo de respuestas y a mí me toca descubrir de qué preguntas. Las dos actitudes son aceptables, pero muy diferentes.
En la primera actitud, la mente se pone en el centro del Universo y se pregunta el porqué o el para qué de las cosas. Su preocupación aquí es la causalidad y la finalidad de todo lo que acontece. En esta opción las preguntas son siempre las mismas y lo que cambia, de vez en cuando, es la variedad de las respuestas. Por este camino se llega, más temprano que tarde, al conocimiento revelado y a las creencias. La historia de creencias es la historia de las buenas respuestas. Se avanza cuando cambia la respuesta. La pregunta es pura rutina.
En la otra actitud, la mente intenta excluirse a sí misma del centro del Universo y se despreocupa más sobre el cómo de las cosas, es decir, se preocupa por la inteligibilidad de todo lo que ocurre. Este camino conduce, más tarde que temprano, al conocimiento científico y a la investigación. La historia de la ciencia es la historia de las buenas preguntas. Se avanza cuando cambia la pregunta. La respuesta es casi una rutina. Un paradigma es una buena tregua entre dos buenas preguntas.*
Jorge Wagensberg** |
La actividad que proponemos en este número de Correo del Maestro está pensada para alumnos de primero de secundaria en adelante. Sugerimos que primero trabajen en parejas y después se lleve a cabo una dinámica grupal para discutir las soluciones de cada equipo.
Actividad.
1. Lorena tiene 2 hijos llamados Juan y Jaime, para quienes todos los fines de semana compra un pequeño pastel de fresas. Como ya era costumbre, ninguno de los niños quedaba satisfecho con la mitad de pastel que le tocaba, pues ambos argumentaban que les había tocado el pedazo más pequeño. Como siempre, Lorena les compró el pastel, pero esta vez no podía ser ella la que se los repartiera porque tenía que salir. Antes de irse dejó una nota sobre la mesa pidiéndoles que compartieran el pastel ellos solos de manera que ambos quedaran satisfechos con la porción que escogieran. ¿Cómo harías tú para repartir el pastel de la manera más justa posible?
2. El caso de Luis es más grave porque él no tiene dos, sino tres hijas que son trillizas. Sus nombres son Laura, Berenice y Elizabeth. En cada cumpleaños les compra un pastel para ellas solas, pero siempre tienen la misma discusión: cada niña dice que el pedazo que le toca es más pequeño que el de sus hermanas. Para que dejaran de pelear, Luis les propuso que él cortaría el pastel, pero que ellas tenían que decidir cómo. Como ellas habrían decidido dónde hacer los cortes, tendrían que quedar contentas con su pedazo y deberían dejar de pelear. ¿Cómo crees que se las hayan arreglado? |
Soluciones:
Como la solución a estos problemas no es única, te invitamos a que intentes encontrar otras.
1. Primero hay que considerar que sólo uno de los niños tendrá el cuchillo en sus manos y cortará el pastel. La repartición más justa será aquella en la que el primero que escoja su pedazo no sea el que haya cortado el pastel. Ante la posibilidad de que su hermano le deje el pedazo más pequeño, el que corte el pastel procurará hacerlo justo por la mitad. Ambos tendrán que quedar satisfechos porque el que corta lo habrá hecho de la manera en que cualquier porción que le toque le parecerá justa y el otro tendrá la oportunidad de escoger la porción que a él le parezca más grande.
2. A Luis y sus hijas se les ocurrió esta manera de hacer la repartición. Luego de hacer un primer corte, él moverá el cuchillo por encima del pastel y en el momento en el que cualquiera de ellas grite "córtale", hundirá el cuchillo y la rebanada se la entregará a la hija que haya gritado. Lo mismo hará para la segunda y dejará el último pedazo a la tercera. La primera niña a la que Luis le da la rebanada de pastel tendría que estar satisfecha con la porción que le tocó porque de lo contrario no habría gritado. La segunda también tendría que estar contenta porque no gritó para quedarse con la primera rebanada ya que el primer pedazo que se cortó no le parecía justo todavía. Esta segunda vez ella habría gritado cuando la rebanada le pareció lo suficientemente grande. La tercera niña también tendría que estar contenta porque, al no gritar la primera ni la segunda vez, habría considerado que el tamaño de las primeras rebanadas no era suficientemente grande
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para ella, así que se esperó hasta el final. Las tres niñas tendrían que gritar cuando consideraran que su pedazo era muy cercano a la tercera parte del pastel, porque si no se ponían abusadas, se arriesgaban a que les tocara un pedazo más pequeño que el de sus hermanas. |
* Tomado de Si la naturaleza es la respuesta, ¿cuál era la pregunta?, Jorge Wagensberg, Tusquets, Barcelona, 2003, pp.11-12.
**Jorge Wagensberg es doctor en Física y profesor de la Universidad de Barcelona, además de ser un activo investigador y pensador de la ciencia. Dirige la colección de libros científicos 'Metatemas: libros para pensar la ciencia' y desde 1991 es director del Museu de la Ciència de la Fundació 'La Caixa'. |
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