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Los parques comunicantes
A propósito de Julio Cortázar
Alejandro Reza
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Al tenor de los obuses alemanes que se abaten sobre Bruselas nace Julio Florencio Cortázar Scott, de padres argentinos, un 26 de agosto de 1914, mismo año en que naciera Octavio Paz, por cierto. Su padre, hijo de vasco, se desempeñaba a la sazón como delegado para asuntos comerciales en la embajada argentina. En virtud del carácter neutral de la nación de origen es que la familia puede hallar acogida en Zürich, y luego en Barcelona. En esta última ciudad reside hasta los tres años y medio, periodo durante el cual frecuenta el Parc Guell, si bien tan sólo sabría conciliar estos recuerdos como tales al acudir ulteriormente al recinto de sus juegos infantiles en 1949, para su primera travesía a Europa, apenas desembarcado en el puerto catalán: "Formas extrañas, mayólicas de colores." De pronto le complacía saber que su admiración por Gaudí datara de antiguo.
La familia regresa a Argentina en 1918. Dos años después el padre se desentiende de ellos sin más. Julio y su hermana menor quedan a la sola procura de la madre, quien "con dificultades económicas muy graves" se las arregla para sacarlos adelante. Como se verá, este abandono incide sustancialmente en el futuro del chico de seis años. Por lo que se sabe, Cortázar se abstiene de por vida de toda indagación en pos del paradero paterno. Únicamente viene a enterarse de la muerte del padre muchos años después de acaecida en virtud de un parte notarial, asunto que ningún provecho le reporta.
Se habían instalado en Banfield, una localidad a media hora de Buenos Aires por tren, donde Cortázar vivió de los cuatro a los diecisiete años:
| Era ese tipo de barrio, sumamente suburbano, que tantas veces encuentras en las palabras de los tangos: calles no pavimentadas, pequeños faroles en las esquinas, una pésima iluminación que favorecía el amor y la delincuencia en partes iguales, y que hizo que mi infancia fuera una infancia cautelosa y temerosa, porque las madres tenían mucho miedo por los niños. Había un clima a veces inquietante en esos lugares. Y al mismo tiempo era un paraíso: la casa tenía un gran jardín que daba a otros jardines. Un jardín lleno de gatos, perros, tortugas y papagayos: un paraíso. Pero en este jardín ya era yo Adán, en el sentido de que no conservo recuerdos felices de mi infancia -demasiadas tareas, sensibilidad excesiva, tristeza frecuente, asma, brazos rotos, primeros amores desesperados (mi cuento Los venenos tiene mucho de autobiográfico). Sin embargo, ése era mi reino, y he vuelto a él, lo he evocado en algunos cuentos, porque aún hoy lo siento muy presente, muy vivo. |
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Libreta de enrolamiento.
Buenos Aires,1933.
Julio Cortázar. Iconografía, FCE, México, 1985 |
La madre, Hermina Descotte, de ascendencia francesa y alemana, domina tres idiomas desde la infancia; se trata de una mujer culta, hija de intelectuales orillados al exilio, entregada a la literatura. De golpe se ve en la necesidad de emplear sus dotes a fin de sobrevivir, para lo cual le habrían resultado más que suficientes en ese entonces de haber sido hombre, pero en su condición de mujer todo a lo que pudo aspirar fue a empleos informales y mal pagados. Es de suponer que la precoz y marcada inclinación de nuestro autor por las letras respondiera a la imperturbada atmósfera materna: tan es así, que ya antes de la adolescencia se reconoce diferente a los demás niños en virtud de una aplomada aceptación de lo fantástico y lo sobrenatural producto de su ya para entonces vasto bagaje de lecturas, a diferencia de ellos que no entendían más que de cuentos de indios y vaqueros. De sus albores como escritor refiere: "Como todos los niños aficionados a la lectura, pronto comencé a querer escribir. Acabé mi primera novela cuan-do contaba nueve años de edad. Era una novela muy lacrimógena, muy romántica, en la que todo el mundo moría al final." La primera ado-lescencia lo encuentra bajo el influjo de Edgar Allan Poe -cuyas obras completas habría de traducir a la postre-, época en la cual pergeña algunos sonetos, "un plagio involuntario de Poe, poemas de amor a una compañera de clase, de la que yo estaba enamorado fatalmente, con un amor que sólo podía acabar en la muerte". Este inocuo ejercicio le vale la incursión definitiva al mundo de los adultos, relativo y precario, y el ser arrancado de "ese mundo de inocencia y de total confianza en el que se había creído" cuando recibe un duro golpe, pues su madre, nada menos, le depara "un dolor infinito, un dolor de niño", al hacerse eco de un familiar dudando de su autoría y, por ende, de él mismo.
Obtiene el título de maestro de primaria al terminar la secundaria y ulteriormente el de Maestro Normalista (1932) y Profesor Normal en Letras (1935). A los veintiún años se inscribe en la Facultad de Filosofía y Letras, mas se ve obligado a darse de baja y abocarse de lleno a la docencia, puesto que siendo "el único varón de la casa" se siente con la obligación de asumir la carga económica de su hermana y su madre. Entretanto se dedica a escribir, y en 1938 aparece su libro de poemas Presencia, bajo el seudónimo de Julio Denis. El magisterio lo lleva por diversos colegios e institutos del interior en un lapso de seis años, hasta que en 1945 es adscrito a la Universidad de Cuyo, en la provincia de Mendoza, para impartir clases de Literatura a jovencitas. Mas no duraría mucho en el cargo; la gente en la Facultad estaba muy politizada; o se estaba con la izquierda o con la derecha, y aunque a él no le interesa la militancia, ni siquiera la política, participa en la toma de la Universidad para evitar su clausura; se encarga de elaborar las pancartas, y lo hace con singular ingenio, a decir del presidente de los estudiantes. Acaba por declinar ante la aplanadora peronista.
Se traslada a Buenos Aires, donde consigue colocación como gerente en la Cámara Argentina del Libro, a más de ejercer la traducción del inglés y del francés cuando la oportunidad se presenta. Es en esos tiempos cuando un joven muy alto, con facciones de niño, se apersona cuento bajo el brazo en la redacción de la revista Anales de Buenos Aires para someterlo a consideración del director, quien no es precisamente fácil de complacer: al leerlo, Jorge Luis Borges queda gratamente sorprendido y Casa tomada es el primer relato de Cortázar en publicarse (1946).
En 1948 se recibe como traductor público de inglés y francés, cursando en dos semestres lo que normalmente se hace en seis. Por lo que hace a su actividad como traductor literario destacan obras de André Gide, Alfred-Stern, lord Hughton, Jean Giono, G. K. Chesterton y, desde luego, las de Poe, que culmina al rondar los cuarenta años.
En 1949 hace un viaje exploratorio a Europa, mas no es sino hasta dos años más tarde que se radica en París, de una vez por todas: "Me reconozco europeo." Tiene que hacer de todo para complementar la simbólica beca que el gobierno francés le otorga. Con el tiempo se emplea como traductor independiente en la Unesco, institución en la que laborará de por vida. En 1981 se le concede la ciudadanía francesa.
Relatos más representativos
Cortázar afirma que "en el cuento se gana por knockout: en la novela, por puntos":
| Yo creo que nadie ha definido hasta hoy un cuento de manera satisfactoria, cada escritor tiene su propia idea del cuento. En mi caso, el cuento es un relato en el que lo que interesa es una cierta tensión, una cierta capacidad de atrapar al lector y llevarlo de una manera que podemos calificar casi de fatal hacia una desembocadura, hacia un final. Aunque parezca broma, un cuento es como andar en bicicleta, mientras se mantiene la velocidad el equilibrio es muy fácil, pero si se empieza a perder velocidad ahí te caes y un cuento que pierde velocidad al final, pues es un golpe para el autor y para el lector. |
Ante todo, resulta conveniente, acaso imperioso, detenernos aquí en el elemento fantástico, por cuanto, más que un motivo recurrente, es el elemento esencial de la narrativa de nuestro autor. El sentimiento de lo fantástico, como le gusta llamarlo, nos dice:
| .porque creo que es sobre todo un sentimiento, e incluso un poco visceral, me acompaña a mí desde el comienzo de mi vida, desde muy pequeño, antes, mucho antes de comenzar a escribir. Yo vi siempre el mundo de una manera distinta, sentí siempre que entre dos cosas que parecen perfectamente delimitadas y separadas, hay intersticios por los cuales, para mí al menos, pasaba, se colaba, un elemento, que no podía explicarse con leyes, que no podía explicarse con lógica, que no podía explicarse con la inteligencia razonante. |
Conque la capacidad de asombro juega un papel primordial en la vida, literaria y no literaria, de quien nos ocupa, y más que eso, se revela como una fuerza numinosa que lo remite a cuestionarse la sospechosa contundencia de las cosas y los sucesos -de los asuntos, por más mundanos- y probar a colarse por entre los intersticios, desembarazado de aprehensiones racionalistas de índole formal que, por medio de la culpa, susciten el sentir pecaminoso de que se está rompiendo de manera irresponsable con un pacto. "Ahora bien, si de ahí, ya en una forma un poco más concreta, nos pasamos a la literatura, yo creo se estará en general de acuerdo que el cuento, como género literario, es un poco la casa, la habitación de lo fantástico." Esta dilucidación es crucial para entender la entera obra narrativa del autor, de suyo heterogénea, a fin de dilucidar la tentativa que la suscita y, en cualquier caso, para evitar caer en el lugar común de interpretar sus cuentos como un mero aserto experimental o llano alarde de destreza técnica.
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Julio Cortázar, París 1958-1960
Julio Cortázar. Iconografía, FCE, México, 1985 |
En 1951 aparece su primer libro de narrativa, Bestiario, en Editorial Sudamericana, que incluye, entre otros relatos, Casa tomada. El secuestro de la espaciosa casa se va dando a golpe de sonidos imprecisos y sordos que denotan una presencia, la cual, sin embargo, a nadie apunta, nada delata, del todo en flagrante coherencia con la acepción cortazariana de lo fantástico: "Es lo que se queda afuera cuando hemos terminado de definir lo fantástico."
En 1959 es publicado Las armas secretas, también con Sudamericana, entre cuyos relatos destaca El perseguidor, quizá su más célebre narración, a guisa de homenaje póstumo a Charlie Parker, el afamado saxofonista recién fallecido: "Fue una iluminación. Terminé de leer ese artículo, y al otro o ese mismo día, no me acuerdo, empecé a escribir el cuento. Porque de inmediato sentí que el personaje era él (...) era lo que yo había estado buscando." A la par de biógrafo, el narrador hace aquí las veces de Pepe Grillo del protagonista, Johnnie Carter, lo mismo que de incondicional camarada y testigo presencial de los turbulentos vaivenes emocionales y existenciales del asolado músico, drogadicto empedernido que va enhebrando desaforadas ordalías jazzísticas con vertiginosas resacas morales, a fuer de vivir a tope lo que venga. El biógrafo/narrador no puede menos de verse incautado por la vorágine, la cual lo arroja ya a estrafalarias vivencias que no sabe referir a lo ordinario, ora a vacíos morales que desafían su idiosincrasia convencional: la calidad de testigo ecuánime queda barrida irremediablemente. El rumbo de la semblanza es asumido por una instancia que acaba por rebasar a relator y protagonista, que acaso lo hiciera incluso desde un inicio.
Continuidad de los parques busca dar cuerpo a una preocupación netamente cortazariana, a saber, la de involucrar al lector, si no como un agente, sí como un lector activo que se descubra partícipe, con miras a arrancarlo de la condición de pasividad a la que queda relegado invariablemente (lector hembra y macho, correspondientemente, como diera en denominarlos en un principio: "Pido perdón a las mujeres del mundo por haber utilizado una expresión tan machista y tan de subdesarrollo latinoamericano"). La situación que sirve de marco a la trama no presenta mayores complicaciones: el amante de una mujer no abriga reparos en deshacerse del marido incómodo. El interfecto se retira a una casa de campo donde suele descansar del mundanal mundo, se arrellana en "un sillón alto de terciopelo verde" y emprende la lectura de una novela que versa sobre una mujer infiel resuelta a prescindir de su marido, a lo cual se presta el amante que acude a la finca donde se ha retirado el cornudo y lo encuentra sentado en un sillón alto. Sucede como con las pinturas de Escher, en las que se verifica una solución de continuidad, mas dislocada. El lector se advierte cediendo y sustrayéndose al artificio, saliendo y entrando alternativamente para mejor dilucidar el punto de inflexión, como lo tiene previsto el escritor, y en ello consiste su interactuar.
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En París.
Julio Cortázar. Iconografía, FCE, México, 1985 |
Inscrito dentro de la pauta marcada por el relato señero de Tsuoang-Tsoe, en el que sueña ser una mariposa que sueña ser el propio Tsuoang-Tsoe, La noche boca arriba plantea un estado de cosas en el que la vigilia del soñador inicial va siendo desplazada por la de un soñado a medida que ambas se dejan traslapar en la peculiar mecánica del sueño. Las cosas se suceden de tal manera que un motociclista hospitalizado es frecuentado por una pesadilla en la cual encarna a un indígena de tiempos prehispánicos; éste va a ser sacrificado en tanto aquél va a ser intervenido quirúrgicamente; el primero acaba de sufrir un accidente vial, el segundo ha sido capturado al fragor de las guerras floridas, y sueña a su vez que deambula por una ciudad estrambótica montado en un "insecto de metal". ¿Qué es primero, el huevo o la gallina? ¿Qué realidad ha de primar?, ¿la que tiene derecho de antigüedad?, ¿la más reciente?, ¿en el tiempo o en la historia? Las simetrías se conmutan una a una; la conciencia traspasa la gradiente onírica y acaba de un otro lado que es este lado, el único concebible.
De muy diverso cuño es Instrucciones para John Howell. Nadie podía haber anticipado a Rice, ciudadano británico como hay tantos, que aquella noche habría de ser su debut y despedida en el teatro, al cual acudía como simple asistente. La aventura lo pesca al término del primer acto, cuando es instado a pasar a camerinos y, una vez ahí, le encasquetan vestuario -pelucas y anteojos incluidos- e instrucciones para interpretar un personaje, John Howell, cosa que acepta al darse cuenta de que existe una amenaza latente de por medio. Sale a escena dispuesto a improvisar atendiendo a las susodichas instrucciones, y no pasa mucho antes de percatarse, o creer que se percata, de que la vida de la protagonista peligra a manos de los demás personajes. A fin de impedir un desaguisado y generar una oportunidad de escapar, resuelve hacer caso omiso de sus instrucciones, acierta a desconcertar a sus compañeros, boicotea la obra sin que el público parezca reparar en ello, y al final logra evadirse del entuerto. Lo más curioso de este cuento, sin embargo, es una famosa anécdota ligada misteriosamente a él. Resulta que a manos de Cortázar llega una misiva firmada por un John Howell. Esta persona asegura ser estudiante de la Universad de Columbia, estar familiarizado, y aun entusiasmado, con la obra de Cortázar. Refiere haber viajado a París con el propósito de conocer la ciudad que tanto ama su admirado autor, y que es sólo por timidez que al final no se atreve a ir a buscarlo; por contraparte, empero, a manera de homenaje, para sentirse vinculado a él, escribe un cuento que tiene por protagonista al propio Cortázar. Al volver a Nueva York se encuentra con un amigo que tiene una compañía de teatro amateur, quien lo invita a participar en una representación, a sabiendas de que no es actor. El hombre acepta ante el expediente de que uno de los del grupo ha caído enfermo y se aprende el papel. Por esos días acude a una librería y se topa con un libro de cuentos que incluye justamente Instrucciones para John Howell.
Rayuela
De Rayuela (1963) se ha dicho que es la novela de los escritores, como el propio Cortázar es un escritor para escritores. Lo cierto es que marca un parteaguas en las letras hispánicas por muchas y muy diversas razones. Con ella, Cortázar se plantea un proyecto desmesurado. De entrada, va a romper con la convención de ponerse saco y corbata para escribir; no ve impedimento para hacerlo en mangas de camisa. La prosa por sí misma ha de tender un puente entre el lector y lo escrito, ha de enlazar al que lee y comprometerlo mediante una cadencia que surta el efecto de un diálogo intramental.
Por otra parte, busca crear una obra que no sólo haga partícipe al lector -tentativa que ha consolidado en sus cuentos y que nunca habría de relegar- sino que renuncie a subsumir al lector en medida alguna, a prescribirle un final, incluso una trama, o todavía más lejos, un orden siquiera. Acierta a un escrito totalmente abierto que dé cabida y pábulo al lector, a un texto cuya lectura se constituya en coautoría.
Por lo que hace a la búsqueda metafísica de la que tanto se ha discutido, Oliveira, el protagonista, se debate en los miasmas parisinos, y luego argentinos, de una búsqueda que no admite convencionalismo alguno. La existencia descarnada en un mundo que no se acepta -ni puede aceptarse- tal como es, plantea por sí sola un dilema que, de suyo, excluye toda solución de continuidad. Ahora, y como ha insistido en señalar el autor, Oliveira es en el fondo un optimista precisamente porque arremete contra la falsedad, los sistemas filosóficos, la política; porque puede darse el lujo de comprobar que el mundo está mal, porque no se abstiene de polemizar ni de suscitar crisis, a sabiendas de que no va a acabar bien parado. De no ser un optimista, en cualquier caso, no queda más que descerrajarse un tiro o tomar la vida como viene.
Si Rayuela es una novela que está a la altura de las búsquedas que asume, eso está por averiguarlo quien se aventure por las casillas de este gran juego.
Obra de Julio Cortázar |
1938 - Presencia, El Bibliófilo, Buenos Aires.
1949 - Los reyes, Gilab y Aldabaor, Buenos Aires.
1959 - Las armas secretas, Sudamericana, Buenos Aires.
1960 - Los Premios, Sudamericana, Buenos Aires.
1962 - Historias de Cronopios y Famas, Minotauro, Buenos Aires.
1963 - Rayuela, Sudamericana, Buenos Aires.
1964 - Final del juego, Sudamericana, Buenos Aires.
1965 - Fantomas contra los vampiros internacionales, Gente del Sur, Buenos Aires.
1966 - Todos los fuegos el fuego, Sudamericana, Buenos Aires.
1967 - La vuelta al día en ochenta mundos, Siglo XXI, México.
1968 - 62 Modelo para armar, Sudamericana, Buenos Aires.
1968 - Último round, Siglo XXI, México,.
1970 - Viaje alrededor de una mesa, Sudamericana, Buenos Aires.
1971 - Pameos y Meopas, Ocnos, Barcelona.
1972 - Prosa del observatorio, Lumen, Barcelona.
1973 - Libro de Manuel, Sudamericana, Buenos, Aires.
1974 - Octaedro, Alianza, Madrid.
1977 - Alguien que anda por ahí, Alfaguara, Madrid.
1978 - Territorios, Siglo XXI, México.
1979 - El perseguidor y otros cuentos, Bruguera, Barcelona.
1979 - Un tal Lucas, Alfaguara, Madrid.
1981 - Queremos tanto a Glenda, Alfaguara, Madrid.
1982 - Deshoras, Nueva Imagen, México.
1983 - Los autonautas de la cosmopista, Muchnik Editores, Buenos Aires.
1984 - Nicaragua tan violentamente dulce, Muchnik Editores, Buenos Aires.
1984 - Libro del crepúsculo, Nueva Imagen, México. |
Bibliografía
ALAZRAKI, Jaime, En busca del unicornio; los cuentos de Julio Cortázar, Gredos, Madrid, 1983.
PREGO, Omar, La fascinación de las palabras; conversaciones con Julio Cortázar, Muchnik Editores, Barcelona, 1985.
YURKIEVICH, Saúl, Julio Cortázar, el calor de tu nombre, Ed. Legasa, Buenos Aires, 1987. |
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