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Correo del Maestro Núm.99, agosto 2004

Apuntes en torno a Luis Buñuel
(1900-1983)

Adolfo Hernández Muñoz

A la par anárquico e irreverente, pero también irritante, aunque fascinador. Su obra es una serie de acertijos en apariencia inocentes, pero que entrañan una constante libertaria: la caída de iconos; es decir, una serie de situaciones raras que, a la postre, proponen un surrealismo poético y subversivo muy de acuerdo con los postulados de André Breton, una realidad absoluta entre sueño y realidad.

De esta suerte, Luis Buñuel nos presenta genialmente, brutalmente, una rara poesía de verdades escuetas. Hacedor de enigmas, él mismo termina siendo uno. Es una especie de franciscano, no creyente, que amaba los animales y los defendía; para él, las ratas, las arañas y otros seres vivientes eran en la naturaleza la rara poesía de las cosas animadas que hablaban del acertijo de la vida.

Buñuel no aceptaba consignas, y a eso responde su posterior rechazo a los comunistas. De la misma manera conmueven sus comentarios sobre su breve, pero intenso, acercamiento a ese gran cineasta que ha dejado una huella perdurable en el séptimo arte y que se llamó Jean Vigo, a quien se conoce como el Rimbaud del cine. En su corto viaje por la vida nos dejó: Zéro en conduite (Cero en conducta) (19321933), óleo en el que se reflejan las opresoras jerarquías de la sociedad contra las que se sublevan los niños: los mal llamados 'maestros', que son los que reciben su 'lección'. Buñuel siempre hablaría con respeto de este cineasta y su mensaje de tinte ácrata. Posteriormente, Vigo realizó: L'Atalante (19331934), un poema de amor bucólico que sigue conmoviéndonos. En suma, Vigo tendió un puente entre el surrealismo y el aliento poético del cine francés de anteguerra. De esta suerte, Buñuel vivió un mundo de obsesiones, limitaciones, convenciones, cuestionado siempre por una sociedad burguesa que lo asediaba y que, de alguna manera, lo limitaba. Buñuel ha explicado así ciertas automutilaciones:

El ángel exterminador es una de esas raras películas que he vuelto a ver. Lo que veo en ella es un grupo de personas que no pueden hacer lo que quieren hacer: salir de una habitación. Imposibilidad inexplicable de satisfacer un sencillo deseo. Eso ocurre a menudo en mis películas. En La edad de oro, una pareja quiere unirse, sin conseguirlo. Ese oscuro objeto del deseo trata del deseo sexual de un hombre en trance de envejecimiento, que nunca se satisface. Los personajes de El discreto encanto de la burguesía quieren a toda costa cenar juntos y no lo consiguen. Finalmente, en Ensayo de un crimen, el personaje principal, Archibaldo de la Cruz, cuyo deseo erótico se manifiesta en impulsos homicidas que, siempre a causa de un extraño azar, no llegan a materializarse en el asesinato deseado.

En suma, el cielo buñueliano es un mundo poblado de obsesiones y limitaciones comparable -por contraste- con la inmensa ternura hacia los seres que, por desgracia, son anormales o atraviesan por situaciones de alta penuria (véase Tierra sin pan -Las Hurdes- o Los olvidados). Es un ser subversivo. Protesta hasta por su ateísmo que, por otra parte, profesó hasta su muerte.

Con profunda ironía, era el propio Buñuel quien al manifestarse iconoclasta y admirador de Sade, decía que de su Juliette le gustaba especialmente la escena entre ella y el Papa en la que éste reconoce su ateísmo. Pero, sobre todo, le gustan los silencios como ecos de épocas pasadas. Y le gusta, asimismo, llevar la contra y esbozar sarcasmos. Acerca de la existencia del hombre, su prosa es cáustica, con ribetes de poeta:

Se me dice: ¿y la ciencia? ¿No intenta, por otros caminos, reducir el misterio que nos rodea? Quizá. Pero la ciencia no me interesa. Me parece presuntuosa, analítica, superficial. Ignora el sueño, el azar, la risa, el sentimiento y la contradicción, cosas todas que me son preciosas. Un personaje de La Vía Láctea decía: 'Mi odio a la ciencia y mi desprecio a la tecnología me acabarán conduciendo a esta absurda creencia en Dios.' No hay tal. En lo que a mí concierne, es incluso totalmente imposible. Yo he elegido mi lugar, está en el misterio. Sólo me queda respetarlo.

Bien decía Catherine Deneuve, una de sus estrellas: "Buñuel siempre fue discreto y hermético." En cuanto a sus ideas, Román Gubern lo ha dicho incisivamente: "Buñuel sabe, como André Breton, que lo que hay de admirable en lo fantástico es que no existe lo fantástico, pues todo es real. Por eso su surrealismo tiene tal capacidad revulsiva y fascinadora."

Terrible mofa de ecos galdosianos, Nazarín dice algo de su desesperanza cuando un hombre que predicaba la voz de Cristo se da cuenta de que entre la miseria y la corrupción no puede haber ningún tipo de santidad. ¿Estamos, pues, perdidos en esta selva de apetitos? A mi entender, Buñuel declaró una guerra continua contra la actual condición humana; una lucha perma
nente contra la hipocresía y quizá, de vez en cuando, un rayo de luz, de esperanza.

En 1977 terminó su última película Ese oscuro objeto del deseo (Cet obscur objet du désir). Es con
secuencia de la adaptación de una novela: La mujer y el pelele, de Pierre Louis. En síntesis: la frustrante vida amorosa de un hombre de edad. El mismo Buñuel dice que la escena en la cual una mano de mujer zurce cuidadosamente un desgarrón en un encaje ensangrentado lo con
mueve sin que pueda decir por qué. ¿Quizás -aventuro- el acertijo de la vida? Se ha dicho que hay un constante sadomasoquismo en las relaciones humanas. Digamos, también, que en el ser humano hay que respetar una cuota de misterio.

Seis años más tarde, un 29 de julio, Buñuel muere, al parecer de un coma diabético, en la Ciudad de México. Su amigo, médico y actor José Luis Barros, que fue testigo del final, lo expresó así en una entrevista con El País (3 de febrero): "La muerte, como el amor, estaba muy presente en él. Tuvo una muerte maravillosa, con toda la conciencia. En los momentos finales, contándose el pulso les dijo a sus familiares: 'Ahora ya me muero. Maravilloso'. Sólo un hombre excepcional puede morir así."

Como epitafio (Buñuel se sublevaría si viviera) será bueno citar alguno de sus versículos favoritos del Libro de la Sabiduría:

Por acaso hemos venido a la existencia, y después de esta vida seremos como si no hubiéramos sido; porque humo es nuestro aliento, y el pensamiento una centella del latido de nuestro corazón. Extinguido éste, el cuerpo se vuelve ceniza, y el espíritu se disipa como tenue aire.

Fue, a fin de cuentas, un explorador insatisfecho del alma humana. Recientemente se dieron a luz unos pensamientos suyos: "He estado siempre al lado de aquellos que buscan la verdad, pero los dejo cuando creen haberla encontrado."

Asignatura pendiente: el acertijo de la vida.

Filmografía

Francia

1929. Un chien andalou (Un perro andaluz) en colaboración con Salvador Dalí. Argumento, guión, montaje, dirección e interpretación.

1930. L'age d'or. Argumento, guión, montaje y dirección.

1955. Cela s'apelle l'Aurora. Guión (con Luis Alcoriza y Raymond Quenau) y dirección. Con Georges Marchal y Simone Signoret.

1956. La mort en ce jardin. Guión (con Luis Alcoriza y Raymond Quenau) y dirección. Con Georges Marchal y Simone Signoret.

1966. Belle de jour. Guión (con Jean Claude Carrière) y dirección. Con Catherine Deneuve, Jean Sorel y Michel Piccoli.

1969. La Vía Láctea. Arg., guión, diálogos (con Jean Claude Carrière) y dirección. Con Paul Frankeur, Laurent Terezieff.

1972. El discreto encanto de la burguesía. Argumento, guión (con Jean Claude Carrière) y dirección.

1974. El fantasma de la libertad. Argumento, guión (con J. C. Carrière) y dirección.

1977. Ese oscuro objeto del deseo. Argumento, guión (con J. C. Carrière) y dirección.

 

España

1932. Las Hurdes. Tierra sin pan. Argumento, montaje y dirección.

1935. Don Quintín el amargao. Producción ejecutiva y supervisión, argumento, guión y dirección (aunque figura Luis Marquina).

1935. La hija de Juan Simón. Producción ejecutiva, supervisión y dirección (junto a Nemesio M. Sobrevila y J. L. Sáenz de Heredia, que figura como director).

1936. ¿Quién me quiere a mí? Productor ejecutivo, supervisión y guión.

1936. ¡Centinela alerta! Producción ejecutiva, supervisión, dirección (anónima, con Jean Grémillon) y doblaje.

1961. Viridiana. Argumento, guión y dirección. Con Francisco Rabal, Silvia Pinal y Fernando Rey. Palma de Oro en el Festival de Cannes.

1964. Llanto por un bandido. Dirección de Carlos Saura. Luis Buñuel interpreta el papel de verdugo.

1970. Tristana. Adaptación, guión, diálogos (con Julio Alejandro) y dirección. Con Catherine Deneuve, Fernando Rey
y Franco Nero.

 

EU 

1939. Triumph of Will. Dirección, montaje y comentarios. Largometraje para el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

1944. The History of the Vatican. Montaje de Lothar Wolf. Versión española de Luis Buñuel.

 

México 

1946. Gran casino. Dirección. Con Libertad Lamarque y Jorge Negrete.

1949. El gran calavera. Dirección. Con Fernando Soler y Charito Granados.

1950. Los olvidados. Argumento, guión y dirección. Con Alfonso Mejía, Stella Inda. Premio al mejor director en Cannes.

1950. Susana (Demonio y carne). Dirección. Con Rosita Quintana.

1951. La hija del engaño (Don Quintín el amargao). Dirección. Con Fernando Soler y Rubén Rojo.

1951. Subida al cielo. Guión y dirección. Con Lilia Prado.

1952. El bruto. Argumento y guión (con Luis Alcoriza). Con Katy Jurado y Pedro Armendáriz.

1952. Las aventuras de Robinson Crusoe. Guión, diálogos, dirección. Con Dan O'Herlihy.

1953. Él. Guión (con Luis Alcoriza) y dirección. Con Arturo de Córdoba y Delia Garcés.

1953. Abismos de pasión. Argumento, adaptación (con Julio Alejandro), dirección. Con Jorge Mistral e Irasema Diliam.

1953. La ilusión viaja en tranvía. Argumento, guión y dirección. Con Lilia Prado.

1954. El río y la muerte. Adaptación (con Luis Alcoriza) y dirección. Con Columba Domínguez.

1955. Ensayo de un crimen (La vida criminal de Archibaldo de la Cruz). Guión y dirección. Con Miroslava, Rita Macedo, Ernesto Alonso.

1958. Nazarín. Adaptación y guión (con Julio Alejandro) y dirección. Con Francisco Rabal, Marga López, Rita Macedo e Ignacio López Tarso.

1959. Los ambiciosos (La fiebre sube a El Pao). Adaptación y guión (con Luis Alcoriza). Con Gerard Philippe, María Félix y Jean Servais.

1960. La joven. Arg. y guión (con H. B. Addis) y dirección. Con Zachary Scott y Bernie Hamilton.

1962. El ángel exterminador. Argumento, diálogos, guión (con Luis Alcoriza) y dirección. Con Sylvia Pinal, Jacqueline Andere y José Baviera.

1965. Simón del desierto. Argumento y guión (con Julio Alejandro) y dirección. Con Claudio Brook y Sylvia Pinal. León de Plata en Venecia.

 

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