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Correo del Maestro Núm. 88,septiembre 2003

Historias en blanco y negro*

  Gerardo de la Cruz

Juan Rulfo (1918-1986).
www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/rulfo/

Septiembre es considerado el mes de la patria por la serie de efemérides que festejamos en México y que significan, en conjunto y de manera muy esforzada, el gozo de la autonomía política nacional: la defensa del Alcázar de Chapultepec, el Grito de Independencia y la consumación de la Independencia son fechas que cualquier mexicano tiene en la memoria y que encontramos en los libros de historia. Pero este septiembre 18 de 2003 debería de ser también particularmente festivo para la nación y celebrarse con el mismo júbilo, pues se conmemora el 50 aniversario de la primera edición de El llano en llamas, de Juan Rulfo (publicado por el Fondo de Cultura Económica en 1953), obra que significa un parteaguas en la historia intelectual de México, pues con ella se alcanza una relativa ‘autonomía literaria’. Y aquí es necesario hacer un alto, ya que hablar de autonomía literaria puede prestarse a confusiones.

La historia literaria de los jóvenes países latinoamericanos, como lo es México, apenas hacia finales del siglo XIX, había estado ligada a la del Viejo Mundo; las propuestas estéticas hasta entonces habían marchado al compás de las que el continente europeo proponía, especialmente España, y con singular fuerza durante el XIX, Francia e Inglaterra: el barroco (Sor Juana, Sigüenza y Góngora), el romanticismo (Ignacio M. Altamirano, Pedro Castera), el realismo (Guillermo Prieto, Manuel Payno), etcétera. Las circunstancias políticas, tan inestables, habían impedido a los intelectuales mexicanos concentrarse en una reflexión acuciosa y crítica del pasado y del presente para expresarla literariamente, como había sucedido de manera más temprana en Estados Unidos a lo largo del
siglo XIX.

Es a partir de la revolución maderista y la consecuente caída del régimen porfirista, que en México comienza a gestarse, con plenitud, lo que ya conocemos como literatura mexicana, con todas las salvedades que esta expresión conlleva, y excusas por lo incómoda que puede resultar. Con Mariano Azuela, Alfonso Reyes, Martín Luis Guzmán, Agustín Yáñez y una decena más de autores se prefigura claramente una propuesta narrativa y poética que no cumple meramente un papel imaginativo o, por decirlo en otras palabras, va mucho más allá del divertimento. A través del arte se pretende construir en un constante diálogo autocrítico la conciencia de un México que antes no existía: el indígena y el rústico, el que está más allá de las fronteras de las grandes ciudades. Asimismo, los avances tecnológicos y la cada vez más fácil comunicación con el resto del mundo, les permite a los artistas de entonces ampliar su experiencia literaria y proponerse mayores metas. De esta manera surge el nacionalismo.

Si, a juicio de la crítica especializada, con la azarosa publicación de Los de abajo -la primera novela de la revolución-, echando mano de recursos añejos propios del realismo y otros muy novedosos que se ubican dentro del cubismo, Azuela propone una nueva forma de asumir, criticar, denunciar y expresar la realidad mexicana a través de la realidad inmediata, con El llano en llamas, Rulfo cierra este largo capítulo de la historia literaria mexicana, que se concentra en exponer para comprender a México.

Juan Rulfo apuesta en El llano en llamas por una propuesta estética que nace de lo más hondo de temas recurrentes de las tradiciones mexicanas, como la muerte, tal como se vivían, y aún se viven, en un gran sector del campesinado de los pueblos que están más allá de las ciudades capitales. De hecho, a través de su prosa seca y económica se percibe sensiblemente el abandono, la desazón y el aislamiento. Rulfo arriesga el todo por el todo por la ausencia de luz en sus relatos, lo mismo que en la novela breve Pedro Páramo, para contar en ‘blanco y negro’ una serie de historias que parecen la misma pero continuada, como la historia de retraso y terca inmovilidad que aqueja a los campos mexicanos. Su mirada es concéntrica y su único interés es México, sin comparaciones ni juicios; es el tramado puramente descriptivo de la pobreza mexicana, sin maquillaje, así como es; es la miseria durante tantos años negada y oculta bajo el tapete como un montón de polvo. “Diles que no me maten” y “¿No oyes ladrar los perros?” son cuentos emblemáticos de este volumen de relatos tan oscuro como luminoso, y de la obra de su autor. Es este México sin pudor el que retrata Rulfo, y el que se inscribe en la literatura universal contemporánea.

Es que somos muy pobres*

Aquí todo va de mal en peor. La semana pasada se murió mi tía Jacinta, y el sábado, cuando ya la habíamos enterrado y comenzaba a bajársenos la tristeza, comenzó a llover como nunca. A mi papá eso le dio coraje, porque toda la cosecha de cebada estaba asoleándose en el solar. Y el aguacero llegó de repente, en grandes olas de agua, sin darnos tiempo ni siquiera a esconder aunque fuera un manojo; lo único que pudimos hacer, todos los de mi casa, fue estarnos arrimados debajo del tejaván, viendo cómo el agua fría que caía del cielo quemaba aquella cebada amarilla tan recién cortada.

  Y apenas ayer, cuando mi hermana Tacha acababa de cumplir doce años, supimos que la vaca que mi papá le regaló para el día de su santo se la había llevado el río.

  El río comenzó a crecer hace tres noches, a eso de la madrugada. Yo estaba muy dormido y, sin embargo, el estruendo que traía el río al arrastrarse me hizo despertar en seguida y pegar el brinco de la cama con mi cobija en la mano, como si hubiera creído que se estaba derrumbando el techo de mi casa. Pero después me volví a dormir, porque reconocí el sonido del río y porque ese sonido se fue haciendo igual hasta traerme otra vez el sueño. Cuando me levanté, la mañana estaba llena de nublazones y parecía que había seguido lloviendo sin parar. Se notaba en que el ruido del río era más fuerte y se oía más cerca. Se olía, como se huele una quemazón, el olor a podrido del agua revuelta...
* Cuento incluido en El llano en llamas, de Juan Rulfo (fragmento).

 

* Comentario en torno al volumen de cuentos El llano en llamas, de Juan Rulfo, a 50 años de su primera edición.

 

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