El
arte no existe para reproducir lo visible, sino
para hacer visible aquello que está más allá de
los ojos.
Paul
Klee, Un brindis por la vida
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Engalanando el maravilloso Centro Histórico de la Ciudad
de México se encuentra un hermoso, amplio y armónico edificio
de estilo neoclásico, diseñado y construido por el también
artífice del Palacio de Minería, Manuel Tolsá (1757-1816),
a fines del siglo XVIII y principios del XIX. Tolsá nació
en Villa de Enguera, Valencia, y se formó en el taller
de escultura de José Puchol, personaje que tuvo gran influencia
en el futuro artista.
En 1780 cambió su lugar de residencia a Madrid y se dedicó
a estudiar con gran ahínco en la Academia de San Fernando. En 1784 logró un
segundo lugar en el concurso de escultura que realizó la Academia. Su fama
creció y se convirtió así en escultor de la corte y académico de mérito.
En 1790 recibió el nombramiento de director de la Academia
de San Carlos en México, motivo por el cual tuvo que realizar el largo viaje
hacia América; se embarcó en Cádiz y algunos meses después desembarcó en Veracruz.
En este viaje trajo con él obras que desde entonces permanecen en el país
como parte del acervo del Museo de San Carlos.
En México, Tolsá formó una familia y se dedicó a la enseñanza,
además de consolidarse como un gran arquitecto. Así nuestro personaje recibe
la encomienda de construir el espléndido inmueble.
Doña María Josefa de Pinillos y Gómez lo había mandado
edificar para regalarlo a uno de sus hijos que hacía poco tiempo había adquirido
el título de conde de Buenavista; lamentablemente, este joven murió antes
de que pudiera terminarse la obra y el palacio fue residencia de varias figuras
de la historia de México.
Desde que se comenzó la construcción se sabía que la obra
estaba destinada a pertenecer a algún importante personaje, pues destacó por
su riqueza y por lo entonces despoblado de la zona (hoy la colonia Tabacalera).
Fue residencia, entre otros, de los
condes de Regla, quienes ofrecían lujosas fiestas en los
patios del recinto; también vivió allí el general Antonio
López de Santa Anna, y en el año 1865 fue ofrecido como
regalo de bodas por el emperador Maximiliano a su entonces
fiel colaborador, el general Francisco Aquiles Bazaine.
Sus jardines se extendían lo suficiente para ser testigo
mudo de los amoríos de muchas parejas, como los del conde
Pérez de Gálvez, que fue famoso por los escándalos que
provocó.
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| Museo de San Carlos, fachada principal |
Fue también sede de la Compañía Tabacalera
Mexicana; Escuela de Salud Pública para médicos posgraduados
que venían de todo el continente, edificio de la Lotería
Nacional, Secretaría de Comunicaciones, Dirección de Aduanas
y de Obras Públicas y Escuela Nacional Preparatoria Número
4, perteneciente a la Universidad Nacional Autónoma de
México (UNAM).
Restaurar el pasado
Todos estos usos provocaron el irremediable deterioro
del edificio. Su restauración empezó durante el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz
(1964-1970), cuando sería destinado a fungir como galería de la Academia de
San Carlos. El trabajo estuvo a cargo del arquitecto Manuel de la Sierra,
quien estudió los planos originales para devolverle su maravilloso pasado.
Finalmente, en 1966 el inmueble fue entregado al Instituto
Nacional de Bellas Artes, y dos años más tarde, en 1968, se inauguró el Museo
de San Carlos. En 1994 adquirió el rango de Museo Nacional gracias a un decreto
presidencial. Como dato curioso, el edificio fue inscrito en el registro de
la propiedad en 1965 con un precio de 450 mil pesos, vendido por Carmen Beatriz
de León y otros, y comprado por el Patronato del Museo de San Carlos.
El patronato, que se constituyó por iniciativa del licenciado
Miguel Alemán Valdés en 1960, tenía la consigna de custodiar la obra de la
Academia de San Carlos que venía de Europa y que no quedaba en manos de la
unam. El entonces presidente de la República, Adolfo López Mateos, fue nombrado
presidente honorario del patronato y al finalizar su periodo fue sustituido
por el señor Carlos Trouyet; fue en ese momento cuando se logró que el Museo
de San Carlos fuera la sede de la obra antes mencionada.
Desde que se constituyó como ‘museo nacional’, San Carlos
ha recibido innumerables donaciones, tanto nacionales como extranjeras, particulares
o por parte del gobierno, que han enriquecido considerablemente su acervo;
además, ha realizado compra de obras a particulares y actualmente posee cerca
de dos mil piezas.
De tal manera creció, que fue necesario construir un nuevo
edificio para dar cabida a la obra y a los servicios que también ofrece a
la comunidad, así que cuando en 1970 el licenciado Alemán, entonces Secretario
de Turismo, fue nombrado presidente del patronato, se logró la compra del
lote que se encontraba junto al museo con la idea de hacerlo más grande. Se
consiguieron, de la misma manera, mayores donaciones, sobre todo privadas.
Con gran esfuerzo e interés del patronato se logró que en 1995 se terminara
el edificio anexo con un auditorio para 150 personas, oficinas y biblioteca.
El arte, una máquina del tiempo
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Paris y Helena, s.f. Escultura en
mármol de Antonio
Solá (1787-18619). Escuela española |
La fachada del Museo de San Carlos
nos regala dos hermosos frentes, uno de ellos da hacia
el que se conoce como ‘Jardín Ignacio Mariscal’,
y el principal, a manera de vestíbulo, da hacia la avenida
Puente de Alvarado.
La planta del edificio es rectangular y se establece en
dos niveles; tiene al centro un espléndido patio de forma ovalada que lo distingue
de todos los edificios de la época, y lo hace único en América Latina. Un
perfecto vestíbulo adornado con columnas toscanas nos abre paso a la escalera
que conduce al segundo nivel.
El museo está dividido en siete salas que exhiben obras
de manera permanente y su acervo se encuentra organizado cronológicamente.
Alrededor de 2000 piezas de artistas europeos son custodiadas
en este recinto. Pinturas, grabados, dibujos, esculturas
y una minoría de artes decorativas y mobiliario constituyen
este acervo que es considerado uno de las más importantes
en Latinoamérica. Los estilos representados en la colección
son: gótico, renacentista, manierista, barroco, rococó,
neoclásico, romántico, impresionista y realista, por lo
que el visitante puede apreciar la producción artística
comprendida entre los siglos XIV al XX.
Entre los pintores más destacados del acervo de San Carlos
se encuentra Francisco de Zurbarán (1598-1664), representante del arte religioso
del Siglo de Oro Español. Zurbarán fue artista de lo profano también y sus
obras daban prestigio a sus poseedores, que decoraban con ellas mansiones,
palacios, ayuntamientos y cabildos.
Pieter de Kempener, Lucas Cranach el Viejo, Alonso Sánchez
Coello, Pere Espallargués, Rutilio Manetti, Fragonard, Francisco Goya, Eugenio
Landesio, Ingres, Joaquín Sorolla, Pierre Ribera y Rubens son otros de los
artistas cuyas obras engalanan este palacio de cantera.
Lo que permanece
Hasta el 20 de octubre de 2003 el Museo de San Carlos
albergará la muestra Siglo de Oro Holandés en Dordrecht, con obras
maestras de la colección del Museo y del Archivo Municipal de Dordrecht. Discípulos
del maestro Rembrandt (1606-1669), como Ferdinand Bol (1616-1680) y Samuel
Van Hoogstraten (1627-1678), figuran en esta colectiva que contiene 43 pinturas,
una escultura y cuatro impresos.
Además de sus exposiciones permanentes y temporales, San
Carlos ofrece servicios de librería, auditorio, visitas guiadas tanto a grupos
escolares como al público en general, talleres, conferencias y cursos.
El museo abre de martes a domingo de 10:00 a 18:00 horas
y está ubicado en Av. Puente de Alvarado # 50, en la colonia Tabacalera, Ciudad
de México.