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Correo del Maestro Núm. 88,septiembre 2003

Paseo de la Reforma*

Alejandra González Leyva

La destrucción de los conventos suprimidos por las Leyes de Reforma hizo posible transformar la traza urbana de la Ciudad de México durante el porfiriato.

Durante el Segundo Imperio, en el año 1846, se inició la construcción de un nuevo paseo, que a la larga sería más importante que el de Bucareli. El paseo debería unir el Palacio Imperial con el Alcázar de Chapultepec. La traza se hizo en línea recta, sobre los terrenos conocidos como Ejidos de la ciudad, desde el monumento de Carlos IV (que se hallaba en la glorieta donde se iniciaba el Paseo de Bucareli desde 1852, la de Río Rhin) hasta el Castillo de Chapultepec. El proyecto incluía la glorieta mencionada y 55 metros de ancho. Hasta el año de 1867 la avenida se conoció con los nombres de Paseo del Emperador o Paseo de la Emperatriz.

Durante la República Restaurada, el presidente Sebastián Lerdo de Tejada ordenó el ensanchamiento del paseo, la construcción de banquetas y su reforestación. A continuación, cambió el nombre por el de Paseo de la Reforma, para celebrar el triunfo de los liberales. Así también, en el año 1877, el gobernante mandó colocar el monumento a Colón en el sitio donde hoy se localiza. La escultura fue un regalo del industrial Antonio Escandón. Ese mismo año se inauguró el Paseo de la Reforma.

A lo largo del Paseo de la Reforma se construyeron casas de campo desde el año 1880. Sin embargo, una década más tarde ya se estaba perdiendo el entorno campirano. Se ordenó entonces la exención del impuesto predial por cinco años a los vecinos que tuvieran un jardín de por lo menos ocho metros enfrente de sus mansiones.

El Paseo de la Reforma se modificó nuevamente en 1899. Se dividió transversalmente entre glorietas, tomando como modelo el urbanismo de los bulevares franceses. El proyecto fue de los arquitectos Juan y Ramón Agea.

Las esculturas del Paseo de la Reforma

Las estatuas del Paseo de la Reforma proceden del interés del Estado por proclamar el triunfo del Partido Liberal. El gobierno, durante la República Restaurada y el porfiriato, promovió concursos entre escultores para propiciar la factura de estatuas y monumentos; señalaba las pautas iconográficas y formales, y daba todo su apoyo a las escenas que recrearan temas del pasado prehispánico y de los héroes que recientemente habían vencido con sus ideales a los integrantes del Partido Conservador.

Por otro lado, era indispensable hacer de la capital de la República una ciudad bella que atrajera a los inversionistas extranjeros como lugar económicamente estable.

Las esculturas del Paseo de la Reforma tuvieron, por tanto, dos funciones: embellecer la avenida y hacer propaganda al liberalismo a través de sus hombres más destacados. La iniciativa de poner esculturas de los próceres del liberalismo en los flancos del Paseo de la Reforma, desde la glorieta donde estaba el bronce de Carlos IV hasta el sitio en el que hoy está el monumento a la Independencia, fue de Francisco Sosa. Este periodista hizo saber su proyecto en el diario El partido liberal de junio de 1887. De esta manera dieciocho estados patrocinaron las esculturas de dos de sus hombres más excelsos. Las 36 estatuas fueron colocadas entre 1889 y 1902.

Los escultores que participaron en la tarea fueron Federico Homdeden, Gabriel Guerra, Ernesto Scheleske, Enrique Alciati, Juan Islas, Epitacio Calvo, Primitivo Miranda y Jesús Contreras, en cuyo taller se fundieron veinte estatuas. Todas se hallan flanqueando la avenida sobre altos pedestales y son de tamaño natural.

Monumento a Colón

El monumento a Colón que, como ya se dijo, se colocó en el Paseo de la Reforma en 1877, estuvo antecedido por el proyecto de Manuel Vilar que estaba sin fundir en la Academia y que Maximiliano pretendía que se situara en la segunda glorieta (en la primera estaba la de Carlos IV). La escultura de Vilar, sin embargo, se colocó en la Plaza de Buenavista el 12 de octubre de 1892.

La escultura de Colón que hoy vemos y que patrocinó Antonio Escandón es del escultor francés Carlos Cordier y le fue encargada en 1873. Llegó a Veracruz en cajas en 1875 y dos años después se puso donde está. El arquitecto Rodríguez Arrangoiti criticó mucho la pieza, toda vez que él había hecho tratos con Escandón para realizarla antes de que el patrono se la encargara a Cordier.

La pieza es una escultura neoclásica. Se encuentra sobre un basamento cuadrado, en cuyos ángulos se observan lo relieves de los frailes Juan Pérez de Marchena, Diego de Deza, Toribio de Benavente y Bartolomé de las Casas. En los recuadros están, también en relieve, La llegada de Cristóbal Colón a tierras americanas y La construcción de la Iglesia en el Nuevo Mundo.

Monumento a Cuauhtémoc

A la glorieta del monumento a Colón le sigue la dedicada a Cuauhtémoc (es la tercera), en el cruce de la avenida Insurgentes.

El ingeniero Francisco M. Jiménez y el escultor Miguel Noreña ganaron el concurso para realizar el monumento en el año 1877. Éste posee dos inscripciones. Una dice: “A la memoria de Cuauhtémoc y de los guerreros que combatieron heroicamente en defensa de su patria. Año de 1521”. La otra explica: “Ordenaron la erección de este monumento Porfirio Díaz, presidente de la República, y Vicente Riva Palacio, secretario de Fomento. Año de 1878”.

Francisco Sosa comentaba del monumento: “El cuerpo medio que se levanta sobre este gran basamento se compone de un zócalo en forma ligeramente piramidal con un tablero en cada cara, llevando en cada uno de ellos inscrito uno de los nombres de los reyes aliados que tan esforzadamente combatieron contra la conquista: Cuitláhuac, Coanacoch, Cacama y Tetepanquetzal… El cornisamiento… está compuesto según los modelos… de los palacios de Uxmal y el de Palenque… y su friso con  los escudos, trajes de guerra y armas de combate, que usaron los guerreros del Anáhuac… El tablero del frente lleva en el bajorrelieve el jeroglífico de Cuauhtémoc tal como representaban los aztecas al ‘águila que descendió’.

Los tableros del norte y del sur del pedestal representan La aprehensión de Cuauhtémoc, de Noreña, y El tormento de Cuauhtémoc, de Gabriel Guerra. Los relieves y la estatua exenta del guerrero indígena revelan la bien llevada aplicación de los cánones clasicistas. Jesús F. Contreras realizó la fundición.

El monumento a Cuauhtémoc es una muestra del neoindigenismo o del indigenismo académico altamente promovido por el gobierno de Porfirio Díaz.

Monumento a la Independencia

Lorenzo de la Hidalga (1810-1872) fue el primer arquitecto que proyectó un monumento a la Independencia en la Ciudad de México. Éste se empezó a erigir en el centro de la Plaza Mayor por el año 1843, pero sólo se edificó el zócalo.

La idea de levantar el monumento siguió en la mente de los gobernantes durante la segunda mitad del siglo XIX. Sólo Porfirio Díaz tuvo los recursos para emprender la obra que celebraría el inicio del movimiento independentista. El arquitecto Antonio Rivas Mercado realizó el diseño, mientras los ingenieros Guillermo Beltrán y Gonzalo Garita, y el arquitecto Manuel Gorozpe la construyeron. El escultor italiano Enrique Alciati talló las esculturas de mármol en México; las de bronce se fundieron en Italia. La fábrica dio inicio el 2 de enero de 1902 y concluyó con la inauguración el 16 de septiembre de 1910.

La columna de la Independencia se levanta sobre un doble pedestal, que a su vez descansa en una plataforma coronada por cuatro pináculos. El pedestal inferior presenta el almohadillado rústico distintivo de la arquitectura porfiriana. En cada ángulo hay enormes esculturas femeninas de bronce que personifican la Ley, la Justicia, la Guerra y la Paz. Una sostiene un libro; otra porta la espada; la siguiente viste coraza, morrión y empuña una espada, y la última lleva la palma y la corona de laurel.

En la fachada norte, entre la Ley y la Paz, un genio conduce a un león, que simboliza la fuerza. Debajo de éste hay un vano adintelado por el que se ingresa al recinto. En contraposición, en la fachada sur está la lámpara votiva para homenajear los restos de los mártires de la Independencia.

Sobre el segundo pedestal, en la fachada norte, se hallan las esculturas de mármol de Hidalgo, Morelos y Guerrero. A los pies de aquél y entre estos últimos figuran dos mujeres. Una, la que ofrece laureles, es la Patria; otra, la que escribe en un libro, es la Historia. Mina y Bravo se localizan en las esquinas de la fachada sur.

La columna mide 2.80 metros de diámetro y 20 metros de altura. El fuste está rodeado de palmas entrelazadas con anillos, donde se leen los nombres de varios insurgentes. El capitel corintio está adornado con águilas conmemorativas del triunfo. Sobre aquél descansa otro pedestal que sirve de peana a la enorme victoria alada, símbolo de la Independencia, comúnmente de-
nominada ‘el Ángel’.

El monumento a la Independencia se considera el santuario de la patria, toda vez que en su interior se localizan las urnas con los restos de Andrés Quintana Roo, Francisco Javier Mina, Guadalupe Victoria, Leona Vicario, Vicente Guerrero, José María Morelos, Nicolás Bravo y Mariano Matamoros, así como los cráneos de Mariano Jiménez, Aldama, Allende e Hidalgo.

Un fuerte sismo derrumbó la figura de la victoria alada el 29 de julio de 1957. La cabeza destrozada se localiza en la casa de Heras y Soto, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. El escultor José Fernández Urbina restauró la pieza que fue colocada un año después. La última restauración data del año 1986.

Fuente de la Diana Cazadora

La Diana Cazadora se localiza en la quinta glorieta, como si diera la bienvenida a los que penetran en los bosques, que son su territorio. Fue en 1942 cuando el presidente Manuel Ávila Camacho solicitó al artista plástico Juan Olaguíbel su realización.

 

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