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Correo del Maestro Núm. 89,octubre 2003

Los verbos abrasivos

Arrigo Coen Anitúa

El orden alfabético favoreció (dio chance, diría la chaviza de la onda) que en el tomote de la Academia, el mentado drae, coincidieran en la misma página las palabras rastrillo y rasuradora. En la octava acepción de la primera de esas dicciones, con marcas de Colombia y México, aparece: maquinilla de afeitar; y en la entrada del segundo de dichos términos, con marcas de El Salvador y México: “afeitadora (máquina de afeitar)”. Enseguida se lee: rasurar, afeitar (raer el pelo del cuerpo, especialmente el de la cara)”.

Remitidos así al verbo raer, leemos: “(Del lat. raedere) tr. Raspar una superficie quitando pelos, sustancias adheridas, pintura, etc., con un instrumento áspero o cortante”.

Acudamos, pues, ahora, a la voz raspar, acerca de cuya etimología, desatadas las abreviaturas, el drae pone: Quizá del germánico *hraspón; compárese con el alto alemán antiguo raspón, acumular residuos, y hrëspan, arrancar, desplumar. A continuación define: “Frotar ligeramente algo quitándole alguna parte superficial”. Y, más adelante, “Pasar rozando”.

Antes de seguirnos por las dos nuevas ramas propuestas, frotar y rozar, echemos una ojeada al escenario en que estamos.

De las acepciones de raspa (diez), la octava es la que nos interesa: “Persona irritable, antipática o falta de amabilidad”. Aquí, con marca de mexicanismo, se pudo haber agregado una undécima acepción: “Clase social de las personas de esa índole”. Porque del trato con este tipo de prójimos tenemos un extenso campo semántico (curiosamente paralelo al uso del verbo fregar), en expresiones como “¡Qué raspa (impertinente, molesto) eres!” y “No la raspes (eches a perder, frustres)”.

Puesto que citamos fregar, exploremos por los rumbos de este verbo. La Academia nos rencamina hacia frotar (que habíamos dejado pendiente) al decirnos que fregar proviene “Del lat. fricare, frotar, restregar)”, y ofrece cuatro acepciones; nos interesan la tercera, con marcas de coloquial y americanismo: “Fastidiar, molestar, jorobar” (obsérvese que, en este contexto, jorobar es disfraz de joder, con el mismo sentido descrito); y, con marcas de vulgarismo y Costa Rica, Honduras, México: “Causar daño o perjuicio a alguien”, trascribe las expresiones ya la fregamos "para indicar que algo resultó mal", y ya ni la friegas, para reprochar a alguien que ha metido la pata, llevándose de corbata al que le hace la reclamación.

En el adjetivo fregón, -na, como segunda acepción y con marcas de vulgarismo y Méx., “Destacado o competente en lo suyo”, lo cual nos trae a las mientes otro adjetivo, con la misma cadencia en -ón, mucho más mexicano.

En cuanto a rozar, el otro verbo que habíamos reservado, sólo la cuarta de las once acepciones que registra el drae viene a cuento en nuestro propósito: “Raer o quitar una parte de la superficie de una cosa, como de la pared, del suelo, de la piel, etc.”

Otros verbos abrasivos (falta en español el verbo *abraer, hipotética derivación culta del latín abradere, ‘raer’) son los que se forman del nombre del instrumento con que se desgasta lo que se frota: como limar, de lima, o lijar, de lija.

Y ya que se nos apareció frotar, declaremos que es herencia del francés frotter, con la misma significación y que quizás éste sea “de la misma familia que el inglés antiguo fretan (inglés fret) ‘raer, carcomer, gastar, desgastar’, en el lexicón etimológico de Gómez de Silva.

 

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