Yo no sabía que
alguien escribiera
cosas tan bonitas...
Rolando, 8
años
A los silencios incómodos se les resiste como a la lepra
en sus buenos tiempos; se pretende ignorarlos como un niño a su propia sombra
cuando juega a querer ser grande. Representan lo enfadoso, el recelo, la falta
de confianza entre personas en circunstancias dispuestas por un dios burlón...
En situaciones gravosas no hay eco a La palabra es
abeja, pero el silencio / es miel (Jaime Torres Bodet), y sucede que no
siempre el amor es el silencio más fino (Jaime Sabines); algún enamorado
puede comprobarlo con ilógico placer cuando, a pesar de su elocuente mirada,
le incomoda la ausencia de su voz frente al ser amado porque amor que no
se complica se va (Bernardo Ortiz de Montellano) y además amar es una
angustia, una pregunta, / una suspensa y luminosa duda (Xavier Villaurrutia),
y aunque no se pueda comprobar si es la canción o el silencio el mejor requiebro
de un romance, a un amante no le cabe ni duda de amor sobre una rebanada de
pan de centeno, preparado con tiento, una cucharada de mermelada de pera y
fresa y el despliegue de “suntuosa mantequilla que se desata en el paladar”.
En Poesía a cucharadas, antología de poesía mexicana
del siglo XX, el criterio de los compiladores –Rodolfo Fonseca, David Huerta
y Gerardo Rod– es un bocado poético para la infancia, una estampida de palabras
en la nevada planicie de la página (Francisco Hernández). Aquí no
suceden cosas / de mayor trascendencia que las rosas (Carlos Pellicer)
o los ratoncitos que son tantos y tantitos o el resplandor de las
luciérnagas o el espejo, pozo de cristal (Homero Aridjis)... simplemente
quien lee se adentra al universo, cráneo de luz, de cada poeta, que
puede ser cierto para unos y para otros, no; pero todos pueden pasear por
las posibilidades y los muchos planetas y amar, que es aprender / a caminar
por este mundo (Octavio Paz).
Actividades sugeridas:
. Sin avisar que se trata de poemas
y sin que los niños puedan ver el texto, leerles en voz
alta poemas como "Reloj" (pág. 34), "Sobresalto" (pág.
30), "Alba" (pág. 36) o "Eco" (pág. 33), pero omitiendo
los títulos: empezar directamente con el primer verso
hasta acabar y preguntarles, a manera de adivinanza, qué
creen que sea.
. Leerles con mayor velocidad "A la virgen asunta" (pág.
41), "A la rurru raca" (pág. 89) y "Bombimbas y churimbombis" (pág. 124) y
enseguida pedirles que -con el texto a la mano- se los aprendan de memoria
de principio a fin y de fin a principio, casi como trabalenguas. Pasado el
tiempo límite, que se examinen unos a otros, por parejas.
. En otra ocasión, pedirles a los niños que cierren los
ojos y leerles un par de poemas (despacio y sin interrumpir el hilo de la
lectura en cada verso, a menos que haya un signo de puntuación); decirles
que se queden con una que otra palabra suelta de las que se quedan flotando
en su mente, como las luces de colores que penden brillando en la oscuridad
de los ojos recién cerrados a la claridad; que las escriban en una hoja y
que anoten otras varias que se les vayan ocurriendo por el parecido, por cómo
suenan o por lo que significan; que cada uno lea sus palabras al de junto
y que éste diga la idea que le sugieren enunciadas todas juntas; y que con
esas ideas cada quien escriba una historia o haga un dibujo.
. Si no tienen el libro a la mano, proporcionarles (en
fotocopias) el Diccionario poético anexo, leerlo en grupo -en voz alta- e
irlo desmenuzando y comentando, ponerlo en cierta duda (porque puede haber
identificación o no) preguntándose por qué el poeta habrá dicho lo que dijo
de tal o cual palabra, ¿qué imagen se les ocurre cuando oyen eso?, y dejar
que los niños contesten; aclarar que el mundo está hecho de ámbitos infinitos,
posibles, y válidos, que se incrementan o decrecen según la imaginación. Después,
dar tiempo para que escojan algunas palabras y que traten de inventar su propia
imagen de ellas, con una definición poética.
. Leerles un poema cada mañana, antes de comenzar la primera
clase, desligándolo de cualquier cosa o comentario: dejar que simplemente
lo escuchen.
. Después de que se haya leído la
mayor parte del libro, pedirles que, a partir de los versos
sueltos que más les hayan gustado, los versos resaltados
con tinta roja (por la edición) o los versos del Diccionario
poético, hagan un poema centón1
individual -en casa-, con el orden que consideren mejor,
como si fuera un rompecabezas cuya imagen va cobrando
sentido a medida que se juntan las piezas.
. Quien lo desee puede hacer un poema libre. Pueden
escoger el tema a partir de lo que vean camino de regreso a su casa, lo que
piensan antes de dormirse, de sus sueños, de un balón, de los juegos de video,
de las verduras que se tienen que comer, del tiranosaurio rex, de los caracoles,
de las uñas de sus pies...
Canción de seguimiento
No soy el viento ni
la vela
sino el timón que vela.
No soy el agua ni el
timón
sino el que canta esta
canción.
No soy la voz de la
garganta
sino el que canta.
No soy quien soy ni
lo que digo
pero voy y te sigo.
Gabriel Zaid
Balero
Hacer subir por el aire
un agujero
Antonio
Deltoro
Anuncio de un vendedor de
meteoritos
Puedes mirar
todas las estrellas,
o si lo quieres,
tener una
en tu mano.
Antonio
Castañeda
Este relámpago
Este
relámpago
lo enciendo
no
para
que
lo entiendas,
sino
para
que ardas
y transfulgures
de
él.
Desiderio
Macías Silva
Poesía
El amor a lo nunca visto
y el amor a lo nunca oído
y el amor a lo nunca dicho:
el amor al amor.
Octavio Paz
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1 Centón:
Colección de frases y sentencias o de trozos literarios
de diversos autores (María Moliner, Diccionario de
uso del español. Gredos. Madrid, 1995, pág.
582). Centonar es componer una obra literaria con
trozos de otras.
*Reseña del libro Poesía a cucharadas. Antología de
poesía mexicana del siglo XX. Editorial SM (Col. Poesía
e infancia), México, 2003 |