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La
glucosa y el rendimiento deportivo
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Diplomado
La ciencia en tu escuela
Módulo de Ciencias I
• Primaria*
María
Jesús Arbiza Díaz
Rosa María Catalá Rodes
Alejandra González Dávila
Rosa del Carmen Villavicencio Caballero |
TEXTOS DE CONCEPTOS BÁSICOS
BLOQUE 'LOS SERES HUMANOS SOMOS PARTE DE LOS ECOSISTEMAS' *
Bosque
húmedo, pastizales, sabanas y matorrales desérticos
en México
Bosque
húmedo tropical
La
selva tropical húmeda existía hace mucho tiempo
en las planicies costeras del sureste chiapaneco,
en la parte sur y este de la Península de Yucatán
y en la parte sur de la planicie costera noroccidental
de México. Este tipo de vegetación se extiende por
la costa oriental de Centroamérica hasta Colombia
y cubre en Sudamérica una enorme extensión de las
cuencas de los ríos Amazonas, Orinoco y otros menores
en la zona ecuatorial. Existe también en la zona
ecuatorial de África y Asia.
En
México, las selvas húmedas actualmente se han reducido
mucho en extensión, quedando sólo algunos fragmentos
importantes, relativamente extensos, en Chiapas,
Campeche, Quintana Roo, Veracruz y Oaxaca, cuyo
tamaño se reduce año con año debido a los nuevos
desmontes. La mayor parte de la selva ha sido cortada
para establecer en su lugar extensas praderas artificiales
para la ganadería o cultivos como caña de azúcar,
maíz, arroz, y frutales como plátano, mango, etc.
Otras causas de la destrucción de la selva son la
extracción de madera, el desarrollo de la industria
petrolera y la construcción de presas. La selva
tropical húmeda se caracteriza por sus árboles de
gran tamaño que miden entre 20 y 40 metros de altura
máxima, aunque algunos ejemplares alcanzan alturas
superiores a los 50 metros. En la selva existen
muchas especies de árboles, la mayoría poco conocidas,
pero algunas tienen gran valor económico por su
madera y otros productos. Entre ellas se encuentran
la caoba (Swietenia macraphylla), el bari (Calaphyllum
brasiliense), el cedro rojo (Cedrela mexicana).
Hay
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árboles que producen frutas comestibles para el hombre como el mamey (Pouteria
zapata) y el chicozapote (Manilkara zapata).
Muchas
de las especies de árboles podrían utilizarse por
su madera o para obtener celulosa, papel y otros
productos, pero se conoce poco acerca de cómo utilizarlos
adecuadamente de manera industrialmente rentable.
La mayoría de los árboles de la selva húmeda conservan
las hojas todo el año, lo que da a la vegetación
un aspecto siempre verde. Una de las características
más notables de las selvas es que están compuestas
por muchas especies de árboles mezcladas, y rara
vez alguna especie domina por su abundancia en el
conjunto.
Entre
los árboles crecen muchos tipos de plantas: pequeñas
palmas, trepadoras, helechos, plantas herbáceas
de talla pequeña, árboles jóvenes que aún no han
alcanzado el tamaño adulto y gran diversidad de
otras plantas.
Sobre
los árboles crecen muchas plantas epífitas, como
las orquídeas, que pueblan las ramas y los troncos.
El suelo de la selva está cubierto de hojarasca.
Las
especies de animales que viven en la selva son aún
más variados que las plantas. Los grupos más numerosos
son los insectos y las aves, que se alimentan principalmente
de materiales vegetales como frutas, semillas, hojas,
néctar y polen de las flores, aunque muchas especies
son carnívoras u omnívoras. Entre los insectos,
los más conocidos por la mayoría de la gente por
su apariencia son las hormigas y las mariposas.
Entre
las hormigas son notables los grandes hormigueros
de arrieras, que viven cortando fragmentos de hojas
de los árboles y acarreándolos a las galerías de
sus hormigueros para preparar un sustrato en el
cual se desarrollan los hongos que les sirven de
alimento.
Las
mariposas de la selva son extremadamente variadas
en forma, tamaño y color. Sus larvas se alimentan
generalmente de hojas y otras partes de las plantas,
y los individuos adultos de muchas especies visitan
flores para alimentarse de néctar, con lo cual realizan
una importante función de polinización.
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| Mono araña. |
Las
aves de la selva son muy variadas también en formas,
colores y tamaños. Entre las más conocidas por la
mayoría de la gente, por su belleza, están los tucanes
y los colibríes. Los tucanes se alimentan de frutos
que arrancan con su poderoso pico. Los colibríes
se alimentan de néctar que absorben de las flores
con su largo pico.
Entre
los mamíferos de la selva encontramos herbívoros
como el mono araña (Ateles geoffroy),
el aullador (Alouatta villosa), el
tapir (Tapirus bairdl), el pecan (Tayassu
tajacu), el tepezcuintle (Dasyprocta)
y el venado temazate. Entre los omnívoros está
el
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tejón (Nasua nanca) y la martucha (Po tos flavus), el
tlacuache (Didelfis marsupialis), y
entre los carnívoros, las grandes serpientes como
la boa (Boa constrictor), el ocelote
(Felis pardalis), la onza (Felis
yaguarundl), el tigrillo, el jaguar (Panthera
anca), el puma (Felis concolor)
y las aves de presa.
Algunos
animales se alimentan sólo de insectos, como el
oso hormiguero o brazo fuerte (Tamandua tetradactila).
Muchas de las especies de mamíferos de la selva,
entre ellas el tapir y el mono araña, están a punto
de extinguirse en México debido a la destrucción
de la selva y a la caza inmoderada; también peligran
aves como el águila arpía.
Las
relaciones de alimentación que se establecen entre
los organismos de la selva son las siguientes: Los
árboles principalmente, y en menor escala las demás
plantas verdes, son los productores primarios del
ecosistema, debido a que pueden efectuar fotosíntesis.
Estas plantas producen hojas, flores, frutos, tallos
y raíces a partir de los cuales se alimentan los
herbívoros. Otra parte de las plantas no es consumida
por los herbívoros y, cuando muere, sirve de alimento
a los organismos descomponedores o detritívoros
del suelo.
De
este modo se puede ver que la materia vegetal sigue
dos caminos diferentes en la cadena de alimentación
de la selva. Una parte es consumida viva por los
herbívoros y otra es consumida muerta por los detritívoros.
Los
herbívoros de la selva son principalmente insectos,
aves, mamíferos y algunos reptiles como las iguanas.
Los insectos se alimentan de partes verdes como
hojas, ramas jóvenes y brotes. Otros parasitan frutos
y semillas y, algunos más, como las termitas, horadan
la madera de los troncos. Finalmente, otros muchos
se alimentan de polen y néctar, y juegan un papel
muy importante en la polinización de las plantas,
pues transportan el polen entre diferentes flores
de la misma especie y ocasionan de esa manera su
fertilización.
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| Tapir. |
La
mayoría de las aves herbívoras se alimentan de frutos
y semillas, y algunas especies consumen el néctar
de las flores. Entre los mamíferos, los venados,
tapires y los monos consumen brotes y hojas jóvenes
de plantas, frutas, semillas, hojas, néctar y polen
de las flores, aunque muchas especies son carnívoras
u omnívoras. Entre los insectos, los más conocidos
por la mayoría de la gente por su apariencia son
las hormigas y las mariposas. Los pecaríes, los
tepezcuintles, las ardillas, etc., consumen otras
partes de las plantas como frutos, semillas y raíces.
Los
organismos que viven en el suelo y consumen materia
vegetal muerta son principalmente gusanos anélidos,
arácnidos del grupo de los ácaros y ciertos tipos
de insectos.
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Los
omnívoros son principalmente aves y mamíferos que
se alimentan tanto de partes de materia vegetal
viva como de otros animales.
Entre
los mamíferos más conocidos por sus hábitos omnívoros
se encuentran principalmente los tlacuaches, los
tejones y los mapaches. Los carnívoros comprenden
un grupo muy numeroso de especies, principalmente
de insectos, arañas, anfibios, reptiles y otros.
Las
arañas son un tipo muy conocido de carnívoro invertebrado,
muy abundantes en la selva. La mayoría de las ranas,
sapos y lagartijas se alimentan de insectos.
Las
aves y otros animales de mayor talla como roedores,
aves, monos, venados, etc., son devorados por águilas,
halcones, serpientes, jaguares, pumas, ocelotes
y otros carnívoros de talla mayor. Toda la compleja
trama de relaciones de alimentación de la selva
es destruida casi totalmente cuando las selvas son
taladas y quemadas para establecer campos de cultivo
o pastizales permanentes.
Por
eso muchas de las especies características de la
selva se encuentran ya casi extinguidas y sólo sobreviven
en pequeñas porciones de selva que todavía no han
sido alteradas por el hombre. Con la creación de
reservas biológicas se intenta proteger algunos
vestigios de estas selvas para las generaciones
futuras y como lugares donde sobreviva esta rica
flora y fauna.
Bosque
de pino y encino
Los
bosques de pino (Pinus) y encinos (Quercus) ocupan
aún muy extensas zonas montañosas del país, con
climas húmedos o subhúmedos, generalmente a más
de mil metros de altura sobre el nivel del mar,
altitudes en las que ocurren heladas invernales.
A
semejanza de las selvas tropicales, los bosques
de pino y de encino son también comunidades en las
que los árboles predominan sobre otras formas de
vida vegetal; pero en este caso es pequeño el número
de especies de árboles diferentes de cada bosque
y hay una menor cantidad de plantas con otras formas
de vida como trepadoras y epífitas. Los pinos y
los encinos conservan sus hojas todo el año, aún
en la época más seca; es decir, no las pierden todas
al mismo tiempo, por eso la comunidad se conserva
siempre verde. Los bosques de pino tienen gran valor
económico por sí mismos, ya que los pinos son árboles
maderables de los que se puede extraer, además de
madera para muebles y construcción, otros productos
como leña y resina. Los árboles también se pueden
utilizar para extraer celulosa para papel y otros
usos. A pesar de esto, los bosques de pino son cortados
para establecer
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campos
de cultivo o praderas o son destruidos por los incendios
forestales y la tala inmoderada. En los bosques
de pino habitan muchas especies de insectos, arácnidos,
anfibios, reptiles, aves y mamíferos, aunque su
diversidad no es tan grande como la de la selva
tropical. Algunos animales típicos del bosque de
pinos y encinos son la serpiente de cascabel (Crotalus),
la paloma torcaz (Columba palumbus),
el guajolote (Meleagris gallopavo), el
venado cola blanca (Odocoileus virginianus),
muchos roedores como ardillas, ratas y ratones
de campo, el lince (Linx rufus), el
puma (Felis concolor), el lobo (Canis
lupus), el coyote (Canis latrans),
el mapache (Procion lotor) y otros.
Páramo
de altura o tundra alpina
La
vegetación de páramo de altura, también conocida
erróneamente como tundra alpina, crece a más de
4000 metros sobre el nivel del mar en las montañas
más altas del país. El límite de la vegetación arbórea
de México se encuentra más o menos a esa altura.
Los
únicos árboles que pueden establecerse en esa región
son dos especies de pino: Pinus occarpa y
Pinus patula. Después de ese límite, las
bajas temperaturas nocturnas y los fuertes vientos
impiden la existencia de árboles.
La
carencia de árboles y la predominancia de zacates,
pequeños arbustos y algunas hierbas es la apariencia
característica del páramo de altura.
Esta
vegetación se desarrolla cada vez más ralamente
conforme aumenta la altura hasta el límite de las
nieves perpetuas. Las gramíneas predominantes tienen
una forma de crecimiento muy peculiar; forman manojos
densos que están separados entre sí. Existen además
otros arbustos y hierbas, pero a esta vegetación,
en su conjunto, puede considerársele como un pastizal
de altura. Una de las especies animales más interesantes
de los páramos de la Cordillera Neovolcánica es
el teporingo o conejo de los volcanes (Romerolagus
diazil). Este pequeño conejo se encuentra
solamente en esta región de México y sus poblaciones
están siendo peligrosamente disminuidas por los
cazadores, el pastoreo y las quemas.
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| Páramo
de altura del volcán Popocatépetl
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En el pasado se denominaba al páramo de altura tundra
alpina, debido a que éste, como aquélla, carece
de árboles y está dominada por plantas herbáceas
capaces de soportar las bajas temperaturas; sin
embargo, el clima de la tundra que rodea los polos
es muy diferente al de las altas montañas tropicales
y las especies que la forman son muy distintas.
La tundra se caracteriza por la existencia de una
capa subterránea
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de
agua congelada permanentemente, muy cerca de la
superficie del suelo (permafrost), que no
existe en el páramo.
Pastizales
y sabana
Los
pastizales naturales, en cuya formación no ha intervenido
el hombre, cubren en México grandes extensiones,
principalmente en la región occidental de la meseta
del norte y la meseta central. Extensiones más pequeñas
se encuentran en otras áreas. La sabana, en cambio,
es de extensión reducida y se localiza principalmente
en la planicie costera del sureste.
Ambos
tipos de comunidades se caracterizan porque las
plantas predominantes en ellas son gramíneas del
tipo zacate o pasto, que cubren casi toda la superficie
del suelo. Los pastos o zacates son plantas muy
resistentes a las condiciones desfavorables y a
los incendios, que son muy frecuentes en los pastizales
durante la época de seca. Los herbívoros, como cierto
tipo de ganado, pueden comer las hojas del pasto
sin destruir los tejidos de crecimiento, sin matar
a las plantas.
Algunos
arbolitos crecen intercalados en la alfombra de
pasto, ya sea aisladamente o formando pequeños grupos
que muchas veces se encuentran a la orilla de los
ríos o estanques de agua. Estos árboles suelen ser
extendidos y de poca altura.
Los
pastizales se extienden, sobre todo, en regiones
que tienen una larga época seca durante el año,
donde el clima es desfavorable para los árboles
que pueden formar bosques. Las sabanas se encuentran
en zonas tropicales, generalmente muy húmedas, pero
donde algunas características del suelo no permiten
el crecimiento de árboles propios de la selva y
en su lugar se establece una pradera. Es frecuente
que los suelos de sabana sean parcialmente impermeables,
se inunden en la época de lluvias fuertes y se desequen
considerablemente durante la época seca.
Ahora
hablaremos con mayor detalle de los pastizales del
norte del país. Muchos de estos pastizales están
formados principalmente por un tipo de zacate que
se llama localmente pasto navajita (Bouteloua
gracilis) debido a que las hojas tienen un borde
afilado. La altura del pasto es reducida, de 20
a 30 centímetros en la época más húmeda, y existen
pocos arbustos y arbolitos que crecen aisladamente.
Este tipo de pastizales tiene importancia económica
grande, pues se utiliza para la ganadería extensiva,
y se crían allí muchas cabezas de ganado que hacen
del norte del país una rica región ganadera. En
el pasado, otros rumiantes como el bisonte americano
(Bison bison) pastaban en esas extensas praderas.
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| Pastizal en un área
selvática costera |
Muchos
de los animales que habitan naturalmente los pastizales
se encuentran muy reducidos en número o ya extintos
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debido
al uso ganadero de esos terrenos o a la caza incontrolada.
Entre los grandes mamíferos que eran frecuentes
en esas zonas estaban los rumiantes que se alimentaban
de zacate, como el bisonte americano y el berrendo
(Antilocapra americana), hoy casi extintos.
Otros
animales herbívoros son el venado bura (Odocoileus
hemionus), el roedor conocido como perro
de las praderas (Cynomys ludovicianus),
muchas otras especies de roedores y grandes
carnívoros como el puma, el coyote, el lobo, este
último ya también casi desaparecido en México. Los
animales herbívoros más típicos de las praderas
son los rumiantes, cuyos complicado sistema digestivo
les permite digerir algunos de los componentes del
pasto.
Las
relaciones de alimentación que se establecen en
los pastizales son las siguientes: los principales
productores primarios de la comunidad son los zacates,
que producen tanto hojas como semillas. Las hojas
son consumidas principalmente por rumiantes e insectos
y las semillas por roedores y aves, además de otros
pequeños animales.
Los
rumiantes, debido a su complejo aparato digestivo,
son capaces de digerir las hojas y tallos del zacate
que contienen celulosa, sustancia que es indigerible
para la mayoría de los animales. Los roedores, ratas
y ratones de campo, y las aves se alimentan principalmente
de granos y semillas que producen los zacates. La
fauna que se alimenta de los restos de vegetales
muertos es menos abundante que en los bosques y
vive en el suelo. Los herbívoros son devorados por
aves de rapiña como gavilanes, búhos y águilas,
y mamíferos como el lobo, el coyote, el zorro, el
hurón y el puma.
Cuando
los animales mueren, existen otras especies de animales
que se alimentan de cadáveres y que contribuyen
a descomponer la materia orgánica en sus formas
más simples. Éstos son principalmente insectos y
aves carroñeras como los zopilotes. En menor escala
otros animales, como los coyotes, pueden alimentarse
de carroña.
Matorrales
desérticos
Este
tipo de comunidad ocupa en México la extensión más
amplia, cubre parte de la mesa del norte,
la planicie costera noroccidental, la península
de Baja California y parte de la meseta central
y de la cuenca del Balsas. Estas comunidades se
caracterizan porque las especies predominantes son
arbustos, entre los que se encuentran algunos con
formas de vida peculiares, como los cactus y las
yucas. Son plantas adaptadas a la escasez de agua,
tienen hojas fibrosas y de cutículas gruesas; otras
plantas tienen las hojas pequeñas o carecen de ellas,
y presentan en su lugar tallos fotosintéticos. Todas
estas características tienden a disminuir la pérdida
de agua por transpiración. Muchas plantas sólo presentan
hojas en la época más húmeda del año, y otras plantas
de corta vida germinan, crecen, se reproducen y
mueren rápidamente a lo largo de la breve estación
de lluvias.
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Los
matorrales desérticos se encuentran en climas secos
con una época lluviosa corta cuya intensidad varía
notablemente año con año, donde hay años más húmedos
y años más secos. Se extienden tanto en planicies
como en zonas montañosas, y pueden presentar apariencias
diversas, dependiendo de cuáles sean los tipos de
plantas más abundantes.
Todas
las plantas están adaptadas a las condiciones de
sequedad y presentan características anatómicas
y fisiológicas que favorecen el ahorro de agua.
Las raíces se desarrollan mucho, lo que les permite
captar la poca agua ocasionalmente disponible.
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| Bahía de la Concepción,
Baja California |
Los
organismos productores de la comunidad son los arbustos
permanentes y las hierbas que crecen durante la
época húmeda. Los herbívoros que consumen hojas
y otra partes de la planta como frutos, semillas
y tallos subterráneos son, en su mayor parte, roedores
como ratas y ratones de campo; existen, además,
otros animales como liebres y venados que pastan
el follaje verde de algunas plantas. Abundan las
aves, los murciélagos que se alimentan del néctar
de las cactáceas y, durante la época húmeda, también
los insectos.
Entre
los carnívoros que existen en el desierto se encuentran
diversas clases de reptiles como lagartijas y serpientes;
aves de rapiña como halcones, búhos y gavilanes,
y algunos mamíferos de talla mayor, como el puma
y el coyote. No faltan aves carroñeras que consumen
cadáveres, como los zopilotes.
Debido
a la gran extensión de los desiertos mexicanos y
a que las tierras en que se encuentran son difícilmente
utilizables por la falta de agua, este tipo de comunidades
son las que mejor se han conservado hasta el momento
sobre extensas áreas.
La
flora y fauna desérticas mexicanas se encuentran
entre las más ricas del mundo; existen en ellas
muchas familias de plantas que comprenden varias
especies de gran interés para los científicos: las
cactáceas, como los diferentes tipos de nopales,
órganos, biznagas, agaves como el maguey (Agave)
en sus muchas variedades, las yucas (Yucca),
etc. Algunas plantas tienen importancia económica
como el ixtle, especie de maguey del que se extrae
fibra para cuerdas; la candelilla (Euphorbia
anisiphillitica), que produce una cera que
tiene muchos usos industriales; la jojoba (Simondsia),
que produce una cera líquida que puede ser utilizada
para fabricar cosméticos y lubricantes; el guayule,
que produce un tipo de caucho que puede ser usado
industrialmente, y el mezquite, que produce forraje
y vainas comestibles para el ganado. Muchas otras
especies del desierto pueden llegar a ser importantes
para la economía del país.
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La
biodiversidad en México
Todos
los países en el mundo poseen bienes y valores que,
en conjunto, forman un patrimonio único, diferente
al de otras naciones. Ese patrimonio pertenece a
todos los habitantes de ese país y a todos los seres
humanos de la Tierra, inclusive a las generaciones
futuras.
México
es depositario de un patrimonio muy rico y en muchos
aspectos desconocido por la mayoría de sus habitantes,
que no siempre se valora y se aprecia en toda su
significación.
Este
bien natural lo constituye su gran riqueza biológica
y consiste en el número, variedad y variabilidad
de organismos vivos que posee y que se conoce con
el nombre de biodiversidad.
La
biodiversidad en México es una de las más amplias
de la Tierra. Nuestro país es uno de los primeros
cinco en el mundo por su riqueza biológica. En poco
menos de dos millones de kilómetros cuadrados, México
tiene casi todos los paisajes naturales que es posible
encontrar en nuestro planeta. Desde los desiertos
más áridos hasta las selvas y pantanos más húmedos;
desde la vegetación tropical de las zonas bajas
y calientes hasta los páramos de las altas montañas
donde todas las noches hay heladas o, cuando menos,
la temperatura baja a niveles cercanos a los 0°C.
Esto
se debe al hecho de que México se encuentra en la
zona de transición entre el trópico centroamericano
y del Caribe y la zona subtropical y templada de
América del Norte. Animales y plantas de uno y otro
lado se reúnen aquí sobre una variedad enorme de
altitudes, climas y suelos. Esto determina, entre
otros factores, que México, sólo en sus desiertos,
cuente con una riqueza biológica mayor que la que
hay en muchos países completos.
Los
botánicos mexicanos han calculado que sobre el territorio
del país viven entre 25 mil y 30 mil especies solamente
de plantas vasculares. Este número de especies es
uno de los más altos del mundo en un solo país.
Como comparación diremos que Estados Unidos y la
ex Unión Soviética, cuya superficie es muy superior
a la de nuestro país, tienen respectivamente 18
mil y 20 mil especies, aproximadamente. Otros datos
procedentes del censo de 1998 nos indican que
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nuestro
país es también muy rico en especies de insectos
y vertebrados, principalmente aves, cuya riqueza
es extraordinaria por la presencia simultánea en
la misma región de aves de origen tropical, locales,
y de especies migratorias que proceden de la zona
templada del norte y pasan largas temporadas invernales
en nuestro territorio.
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| Lagunas de Xel-Ha, Quntana
Roo |
Asimismo,
México es el país más rico del planeta en especies
de reptiles (717 especies), ocupa el segundo lugar
en mamíferos (439 especies) y el cuarto lugar en
anfibios (282 especies) y en plantas. En cuanto
a riqueza marina, también nos encontramos en los
primeros lugares entre los países productores del
mundo, pues en nuestros litorales abunda un alto
número de especies, sobre todo en la parte correspondiente
al Golfo de California.
Si
este patrimonio es de todos, es evidente que todos
tenemos que aportar nuestro esfuerzo, nuestro respeto
a la naturaleza y nuestros conocimientos sobre biodiversidad
para conservarla y aprovecharla. Desafortunadamente,
en todo el mundo y en México en particular, no todo
es riqueza y abundancia biológica; existe mucha
desatención. Muchas especies se están extinguiendo,
no sólo porque se les persigue directamente sino
porque se altera su hábitat de muchas maneras. Para
comprender mejor esta idea narramos lo siguiente:
Hace
poco, un campesino de los pueblos que viven alrededor
del santuario de la mariposa monarca dijo que estaba
dispuesto a proteger a la mariposa, pero si tenía
que escoger entre proteger a sus hijos o a la monarca,
seguiría talando árboles, pues no tenía otra opción
de subsistencia.
En
realidad existen pocas opciones y alternativas para
aprovechar un recurso biológico sin destruirlo y
sin dañar a otros que dependan de él, pero éstas
no siempre son fáciles ni inmediatas; sin embargo,
las opciones se amplían con el conocimiento de la
biodiversidad.
Para
concretar, señalamos que gran parte del alimento
de los seres humanos proviene de sólo 100 especies
de plantas y, sin embargo, hay decenas de miles
que podrían ser fuente de alimento.
La
solución al problema de la destrucción de la naturaleza
depende de que la convirtamos en causa común, que
se refleje en nuestras acciones. Es necesario ejercer
presión, a nivel social y político para que se combatan
las causas del deterioro y se castigue a los culpables
de violar las leyes al respecto y trasmitir así
a las generaciones que nos siguen una forma nueva
de ver y apreciar el mundo vivo que nos rodea.
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* Este texto es continuación de la
sesión 2 publicada en nuestro número anterior.
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