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Roberta
Orozco Hernández
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Diplomado
La ciencia en tu escuela
Módulo de Matemática • Primaria
Carlos
Bosch
Virginia Ferrari
Luz María Marván
Pilar Rodríguez |
Sesión
6. Probabilidad
Introducción
Como
se mencionó en algunas de las sesiones anteriores,
medir es comparar, y el resultado de dicha comparación
generalmente se expresa con un número. Cuando medimos,
por ejemplo, la altura de una persona, lo que hacemos
es comparar dicha altura con la longitud de una
unidad de medida (en este caso, metro) y expresamos
el resultado de la comparación diciendo que la persona
mide, por ejemplo, 1.70 metros. Análogamente, si
medimos la distancia entre la puerta del salón y
el pizarrón utilizando el paso como unidad de medida,
decimos que dicha distancia es 5 pasos.
Visto
de este modo, medir podría entenderse como un proceso
en el que asociamos números con ‘objetos’
o con conceptos que no necesariamente son objetos,
y con dichos números expresamos, por ejemplo, qué
tan grande es un terreno, o qué tan pesado es un
objeto o qué tan grande es la capacidad de un recipiente.
La
tendencia al uso de números para especificar cosas
como qué tan grande o qué tan chico es algo, qué
tan lejos, qué tan cerca están las cosas, qué tan
pesado o ligero es un objeto, se ha desarrollado
al grado de usar números para expresar, incluso,
qué tan probable o improbable es que algo ocurra.
En este último caso, la convención es usar los
números 0, 1 y los que se encuentran entre ellos,
asignando el 0 a los sucesos imposibles, el 1 a
los que con seguridad ocurrirán, y un número entre
0 y 1 a los restantes, muy cercano a 0 cuando el
suceso en cuestión es muy poco probable, y cada
vez más lejos de 0 y más cercano a 1a medida que
el suceso es más probable.
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Sin embargo, no cabe esperar que un niño entienda
fácilmente este proceso de asociar números con sucesos
para expresar qué tan probable es que éstos ocurran.
Entre otras cosas porque, a diferencia de otro tipo
de mediciones como las de longitudes, superficies,
pesos, capacidades o volumen, en las que el número
en cuestión puede asignarse mediante comparación
del tipo ‘objeto contra objeto’, en
el caso de la probabilidad no hay este tipo de comparación,
y el número en cuestión se asigna mediante procesos
mucho más sofisticados que, por ejemplo, comparar
la estatura de una persona con la longitud del metro.
Es
por ello que en la mayoría de los países, México
entre ellos, los programas de primaria consideran
necesario hacer un amplio trabajo previo antes de
dar inicio al uso de números para designar probabilidades.
Qué
pide el plan de estudios
En
nuestro país, lo que señala el plan de estudios
es iniciar dicho trabajo previo en tercero de primaria,
continuar con él durante cuarto, quinto y sexto,
y no introducir el uso de fracciones, decimales
y porcentajes para expresar una probabilidad hasta
llegar a secundaria.
De
acuerdo con el programa oficial (Plan y Programas
de Estudio, Educación Básica, Primaria, SEP, 1993),
los contenidos de primaria referidos a predicción
y azar son:
Tercer
grado
.Predicción
de hechos y sucesos en situaciones sencillas en
las que no interviene el azar.
.Identificación
y realización de juegos en los que interviene o
no interviene el azar.
Cuarto
grado
.Registro
de resultados de experimentos aleatorios.
.Representación
de los resultados de un experimento aleatorio en
tablas y gráficas.
.Uso de las expresiones 'más probable' y 'menos
probable' en la predicción de resultados.
.Realización
de juegos o experimentos cuyos resultados dependen
del azar.
Quinto
grado
.Problemas
que impliquen arreglos o permutaciones de dos o
tres objetos. Lista de resultados posibles.
.
Experimentos aleatorios y análisis de los resultados
posibles y de los casos favorables.
.
Identificación de la mayor o menor probabilidad
de los eventos.
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Sexto
grado
.
Registro en tablas y gráficas de los resultados
de diversos experimentos aleatorios.
.
Uso de diagramas de árbol para contar el número
de resultados posibles en experimentos sencillos.
.
Comparación de dos eventos a partir del número de
casos favorables sin cuantificar su probabilidad.
.
Análisis e interpretación de gráficas para hacer
predicciones.
Sin
embargo, suele ocurrir que algunos autores y maestros,
en lugar de trabajar, al final de la primaria, con
la comparación de eventos a partir del número de
casos favorables sin cuantificar su probabilidad,
empiezan a cuantificarla utilizando fracciones para
referirse a ella.
Al
margen de si esto podría o no convenir, lo importante
es tener claro que, lo que sí conviene es que antes
de empezar a cuantificar la probabilidad el niño
haya hecho una buena cantidad de experimentos aleatorios
registrando los resultados y analizando los registros,
y que continúe experimentando y registrando aun
después de haber introducido el uso de fracciones
para referirse a la probabilidad de que algo ocurra.
Por
otra parte, también es importante no introducir
prematuramente el uso de la ‘fórmula’:
cantidad de casos
favorables
______________________________
cantidad de posibles resultados
dado
que su introducción prematura puede originar malentendidos
al intentar calcular algunas probabilidades.
Dicha
fórmula es aplicable sólo cuando todos los posibles
resultados son igualmente probables. Por ejemplo,
en el caso de un volado, en el que, si acordamos
declararlo inválido en el remoto caso en que la
moneda llegara a caer ‘de canto’, la
cantidad de posibles resultados es 2: que caiga
águila o que caiga sol, y los dos son igualmente
probables. Sólo uno de ellos es ‘caso favorable’
para el suceso ‘obtener un águila’ y,
en consecuencia, la probabilidad de que ocurra este
suceso es el número 1/2.
También
es aplicable, por ejemplo, para determinar la probabilidad
de que al tirar un dado, el número que caiga sea
mayor que 4. En este caso hay 6 posibles resultados
(que caiga 1, 2, 3, 4, 5 o 6), todos igualmente
probables, y sólo dos de ellos (que caiga 5 y que
caiga 6) son ‘casos favorables’ para
el suceso ‘que el número que caiga sea mayor
que cuatro’. En consecuencia, la probabilidad
de que ocurra este suceso es el número 2/6 o, escrito
de otro modo, 1/3.
Pero
no puede aplicarse en casos que los posibles resultados
no sean igualmente probables.
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Dos
problemas engañosos
A
continuación se presenta un problema con el que
se ilustra lo que puede llegar a suceder cuando
la fórmula ‘cantidad de casos favorables/cantidad
de posibles resultados’ se memoriza y termina
aplicándose en forma mecánica, sin antes tener claro
cuándo puede aplicarse y cuándo no. Antes de presentarlo,
aclaramos que la intención no es sugerir que se
plantee a niños de primaria, sino ejemplificar lo
que suele ocurrir, en secundaria e incluso en bachillerato,
cuando los alumnos aprendieron la citada fórmula
en primaria y se acostumbraron a aplicarla indiscriminadamente.
Problema
1. ¿Quién tiene razón?
Jacinto
y Andrea se rifan un libro, acordando que éste será
para el primero que gane 4 volados. Si de los primeros
5 volados, Jacinto gana 3 y Andrea 2, ¿cuál es la
probabilidad de que Jacinto gane el libro? Andrea
dice que 1/2, porque al empezar la serie de volados
los dos tenían igual probabilidad de ganar, y entonces
la probabilidad de que ella gane el libro es la
misma que la de que gane Jacinto, aunque él haya
ganado ya tres volados y ella sólo dos.
En
cambio, Jacinto dice que la probabilidad de que
él gane el libro es 2/3, pues sólo hay tres posibles
resultados:
a)Que
el sexto volado lo gane él, y gane el libro.
b)Que
el sexto volado lo gane Andrea y el séptimo él,
y él gane el libro.
c)Que
el sexto volado lo gane Andrea y el séptimo también,
y ella gane el libro.
Y
argumenta que como él gana el libro en 2 de los
3 posibles casos, la probabilidad de que él lo gane
es 2/3. ¿Cuál de los dos tiene razón? ¿Cuál es,
en realidad, la probabilidad de que Jacinto gane
el libro?
En
realidad, la probabilidad de que Jacinto gane el
libro no es 1/2 ni 2/3, sino 3/4. El error del razonamiento
de Jacinto está ocasionado porque, aunque efectivamente
las tres posibles maneras de terminar la rifa son
las que él menciona, éstas no son igualmente probables:
la primera es más probable que las otras dos.
Los
posibles resultados para dos volados son:
a)
Que los dos los gane Jacinto.
b) Que el primero de los dos (es decir, el sexto
en la rifa mencionada) lo gane
Andrea
y el segundo Jacinto.
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c)
Que el primero de los dos los gane Jacinto y el
segundo Andrea.
d)Que
los dos los gane Andrea.
Estos
cuatro sí son igualmente probables y, como en tres
de ellos Jacinto gana el libro, la probabilidad
de que esto ocurra es 3/4.
Entender
por qué es 3/4 no siempre es sencillo, y mucho menos
para un niño. Sin embargo, lo que sí puede hacerse
fácilmente es obtenerla en forma experimental.
A
diferencia de la llamada probabilidad clásica (también
llamada teórica), que es la fracción:
cantidad de casos
favorables
__________________________________________
cantidad de posibles resultados,
cuando todos los posibles resultados son igualmente
probables, la probabilidad experimental (también
llamada empírica o frecuencial) se obtiene repitiendo
una y otra vez un determinado experimento y, en
el caso que nos ocupa, es la fracción:
cantidad de veces que Jacinto gana
el libro
____________________________________
cantidad de veces que se repite el
experimento,
donde,
en este caso, el experimento en cuestión es simular
que la rifa continúa.
Si,
por ejemplo, se simula 100 veces que la rifa continúa,
registrando quién gana el libro en cada uno de los
simulacros, se ve que Jacinto lo gana aproximadamente
en 75 de los 100 simulacros y, en consecuencia,
la probabilidad de que lo gane no es un 1/2 ni 2/3,
sino un número cercano a 75/100, es decir, a 3/4.
En
los casos que la probabilidad de que algo suceda
se puede calcular usando la probabilidad clásica
y la frecuencial, la frecuencial (experimental)
se aproxima a la clásica (teórica) a medida que
aumenta la cantidad de experimentos que se hacen
para calcularla.
A
continuación se presenta otro caso de un problema
en el que es no es sencillo encontrar la respuesta
correcta cuando la pregunta planteada pretende contestarse
aplicando razonamientos teóricos y, sin embargo,
se contesta fácilmente cuando se recurre a la simulación
y la experimentación.
Problema
2. Hombres vs. mujeres
En
un reino lejano, a un sultán machista le preocupa
que algún día las mujeres lleguen a ser mayoría.
En consecuencia, decide tomar medidas para aumentar
la proporción
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de
varones en el reino. Consulta a sus ministros y
uno de ellos propone lo siguiente:
-Muy
fácil: para propiciar que a la larga haya más hombres
que mujeres, decretemos que todas las parejas tienen
obligación de procrear hasta lograr tener un hijo
varón y que, una vez nacido éste, están obligadas
a dejar de procrear.
De
esta forma, y tomando en cuenta que la probabilidad
de que una pareja procree un niño es la misma que
la de que procree una niña, garantizamos que en
la mitad de las familias no haya una sola niña (porque
lo probable es que en la mitad de las parejas, el
primer hijo sea varón y estas parejas ya no podrán
seguir teniendo más familia).
Y
como las demás familias, es decir, aquellas cuyo
primer bebé es niña, tienen obligación de tener
más hijos, y tomando en cuenta que en las familias
de dos hijos lo probable es que uno sea niña y otro
niño, en estas familias lo probable es que la cantidad
de niñas sea igual que la de niños. Pero como en
la primera mitad de las familias sólo hay niños,
lo que va a suceder a la larga es que en el reino
habrá más hombres que mujeres.
-Pues
no -dijo otro ministro-, más bien sería al revés.
Con la medida propuesta, lo que lograríamos sería
llenar el reino de mujeres. Porque las parejas cuyo
primer bebé es niña y el segundo también y sólo
hasta el tercer intento consiguen tener un hijo
varón, van a ser familias con más niñas que niños.
Además,
si el niño no se consigue al tercer intento, tendrán
al menos tres niñas, y si vuelven a intentar tener
niño y no lo logran, tendrán ya cuatro niñas y así
sucesivamente. En consecuencia, terminaremos teniendo
muchas niñas y pocos niños.
Si
suponemos que la probabilidad de que una pareja
procree un varón es la misma que la de procrear
una mujer, ¿cuál de los dos ministros tiene razón?
¿Qué es más probable: que a la larga haya más niñas,
o más niños?
En
este caso, los dos ministros están equivocados.
La probabilidad de que a larga haya más mujeres
es la misma que la de que haya más hombres: 1/2
en cada caso. Para convencerse de ello, basta simular
la situación. Si, por ejemplo, en un grupo de cien
personas cada una imagina ser una pareja del reino
y simula tener hijos tirando una moneda al aire
acordando que si cae águila significa procrear hija
y sol significa hijo varón, y si se pide que cada
quien ‘tenga hijos’ y se detenga al
tener el primer varón y finalmente, una vez que
ya cada una de las cien personas tuvo al varón y
se detuvo, se revisa cuántas niñas y cuántos niños
se procrearon en total, sucederá que ambas cantidades
son casi iguales.
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