La
Muerte escribió una carta
para Correo del Maestro:
“Su revista ya es difunta
se archiva en el cementerio.
”Sin dar crédito a la Parca
apuramos la edición,
burlando así su intención
de impedir que publiquemos.
El número de noviembre
revisa con mucho tiento
por qué la Muerte es aleve,
por qué la vida es aliento.
Con levadura y harina
prepararemos un pan
y ustedes descubrirán
que en el pan de muerto hay vida.
La célula microscópica
será polvo, será sombra…
pero antes estudiaremos
las partes que la conforman.
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Hace cien años
nació
un ‘artista y artesano’
que por nostalgia la Muerte
se lo llevó de la mano.
Se trata de Villaurrutia,
del grupo Contemporáneos,
poeta de la ciudad
y ahora del camposanto.
El paso de la Calaca
en días revolucionarios
se registra en los anuarios
de un cronista que destaca:
don Alfonso Taracena,
con astucia y precisión
narró la Revolución
con sus gozos y tragedias.
Bien señala don Arrigo
que se cierne un mal global:
ser fóbico es inaudito…
¡no existe en ningún manual
!Y puesto que es menester
entrar en filosofías
la maestra María Esther
nos habla de la utopía.
Para conjurar el mal
que la Parca nos desea
pedimos que usted nos lea
del principio hasta el final.
Y esperemos no se ofenda
con un último favor:
si nos pone usted ofrenda
¡que no falte un buen licor!
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