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Correo del Maestro Núm. 90, noviembre 2003

Ofrendas de vida
La tradición del culto a los muertos en México

Alberto A. Hernández
El altar es el sitio sagrado donde los vivos honran a los muertos. En él se colocan flores, adornos, veladoras y comida.
amesf9.tripod.com/ mexico/id8.html

Las fiestas de muertos que se celebran en todo el país son una amalgama de las culturas mesoamericanas –fundamentalmente la mexica– y del mundo hispánico. El carácter lúdico que éstas presentan deriva de la cosmovisión azteca. Fuera del país estos festejos son vistos con asombro por los tintes carnavalescos, la animación y la alegría general con que son desarrollados.

El origen del aspecto festivo se halla en la concepción de la muerte en la sociedad mexica, que formó parte del ciclo cosmogónico del devenir y no se entendía como un fin. La muerte es vista como un despertar, como un renacimiento a otro mundo, el mundo de los muertos. Según la forma de morir, se accedía a determinado lugar del inframundo.

Los guerreros muertos en la batalla y los que perecían en la piedra de los sacrificios iban al Tonatiuhichan (la Casa del Sol);  se les llamaba los cuauhteca (gente del águila), y se convertían por cuatro años en compañeros del Sol desde el amanecer hasta el cenit, periodo después del cual volvían a la tierra transformados en colibríes.

Las mujeres que morían durante el parto iban a Cihuatlampa, el lado de las mujeres, y se las denominaba las cihuateteo; ellas se volvían compañeras del Sol desde el cenit hasta el crepúsculo, obtenían una vida inmortal y en algunos días funestos descendían a la tierra y provocaban enfermedades y terror.

Aquellos que morían por alguna causa relacionada con el agua (ahogados, de hidropesía, fiebre) iban al Tlalocan, el paraíso de Tláloc, y se hacían de una vida inmortal plena de placeres y abundancia.

Los niños pequeños tenían como destino el Xo-chatlapan o Tamoanchan (Lugar de nuestro origen), donde eran alimentados por un árbol nodriza que daba leche, el Chichihuacuauhco.

Los que tenían una muerte natural  iban al Mictlán (Lugar de los muertos), en donde viajaban por cuatro años para finalmente extinguirse en la nada.

Muro de los cráneos, en el Templo Mayor de Tenochtitlán.
La América antigua, V. I, Folio/Ediciones del Prado,
Madrid, 1992.

Debido a estas ideas de la vida y la muerte, los aztecas ofrendaban a sus difuntos con frutas, legumbres, gallinas, ropa, mantas, y sacrificaban a doncellas, a jóvenes y a esclavos para ayudar a sus muertos en su camino por el otro mundo. Las ofrendas se realizaban periódicamente a los 20, 40, 60 y 80 días después del deceso; y luego durante cada año en las fechas previstas por el calendario azteca para esas festividades –hay constancia al menos de cinco fiestas principales en las cuales la sociedad azteca llevaba a cabo rituales y ofrendas a los muertos.

En el quinto mes se realizaba la denominada Tóxcatl que estaba dedicada a Tezcatlipoca. En cada casa se hacía fiesta y se ofrendaba a los muertos con alimentos y vestidos, además de danzas.

El Tlaxochimaco ocurría en el noveno mes (entre el 12 y el 31 de julio) y era una fiesta a Huitzilopochtli, ceremonia a la que también se nombraba Mihcailhuitontli (Fiesta de los muertitos). En ella se hacían ofrendas de maíz, calabaza, frijol y otras legumbres, y resaltaba por los tristes cantos dedicados a los muertos.

En el siguiente mes azteca, el décimo (del 1 al 20 de agosto) se celebraba el Xócotl Huetzi, dedicado al dios del fuego, Xiuhtecuhtli, y era la fiesta de los adultos muertos o Hueymihcáilhuitl. Se llevaban a cabo ceremonias dentro y fuera de los templos en una atmósfera de tristeza y con los rostros pintados de negro.

El decimocuarto mes se le hacía fiesta a Mixcoatl y la gente elaboraba saetas y dardos que luego enterraba en las sepulturas de los muertos en la guerra.

El decimoctavo mes (del 8 al 27 de enero) se hacía fiesta nuevamente para Xiuhtecuhtli y durante las ceremonias se ofrecían tamales a los muertos en cada una de sus sepulturas.

El aporte hispano

La imposición del cristianismo al mundo mexica, a pesar de la violencia con que llegó a realizarse, no consiguió desterrar del todo las antiguas creencias y cultos prehispánicos. Pero ciertas coincidencias entre ambas culturas –como las ofrendas, las penitencias y la vigilia– hicieron más sencilla esta tarea.

El culto azteca a la muerte fue casi totalmente erradicado. No obstante, el culto a los muertos se fusionó con el modo católico de honrar a los difuntos, lo cual se hacía al día siguiente de la celebración de Todos los Santos, el 2 de noviembre.

Fray Diego de Durán relata que los indígenas colocaban una ofrenda el día primero y otra el día 2, y explica que esto sucedía por ser una costumbre muy antigua entre los naturales. Es decir, que los indígenas adaptaron la primera fecha para el Mihcailhuitontli y la segunda para el Hueymihcáilhuitl.

Día de Muertos en el cementerio de la isla de
Janitzio, en el lago de Pátzcuaro, Michoacán.
Foto: Francisco Emilio de la Guerra

Los españoles honraban a sus difuntos con ofrendas de pan, vino, cera, pero sólo en pocos lugares celebraban comidas familiares. Las ofrendas se llevaban a la misa o eran colocadas sobre las propias sepulturas. También se elaboraban platillos especiales, dulces y el pan de muerto.

Las ofrendas hispanas eran un acto de recuerdo y amor a los parientes fallecidos. A veces con el fin de pedir cierto don, o para no despertar su enojo.

En algunos sitios, la noche del 1º de noviembre se tocaban las campanas y se hacían fogatas para las ánimas, en las cuales los jóvenes cocían castañas y bebían vino.

De calaveras y muerte

Una manifestación esencial del día de los Fieles Difuntos es la calavera. Las culturas precolombinas tuvieron a la calavera, al cráneo, por símbolo esencial de la muerte (en contraste con el esqueleto europeo) y ella fue representada in-
veteradamente en murales, códices, piedra y cerámica.

El concepto prehispánico de la muerte como un eslabón generador de energía, como un germen de vida, explica quizá el modo en que a través de los siglos se ha recreado y asimilado la idea de la calavera en México: desde el uso de la palabra ‘calavera’ para referirse a la persona que lleva una existencia dedicada a los placeres, a la fiesta, es decir, sin tomarse en serio la vida; pasando por esas otras calaveras, tradicionalmente escritas en cuartetos octosílabos rimados, que hacen mofa de la vida a través de la muerte (aparecidas a finales del siglo XVIII para satirizar la pedantería de los panegíricos mortuorios y que iban con la caricatura de la persona a la que se dedicaban); hasta las calaveras de azúcar, de chocolate o de amaranto en las que las personas buscan su propio nombre, para luego comérselas con singular alegría, alcanza aún a percibirse cierto eco del pensamiento prehispánico que los mexicanos hemos heredado.

Ofrenda

En la festividad del Día de Muertos la ofrenda tiene un papel preponderante en la atención y servicio a los difuntos. La ofrenda no es de ningún modo un obsequio, sino un ofrecimiento. Un modo de compartir con los parientes fallecidos los frutos obtenidos durante el año.

Ella se prepara con antelación y solemnidad. La creación de la ofrenda muestra sentimientos de gratitud, amor y veneración, pero tras éstos se hallan también el miedo al disgusto y la insatisfacción que los muertos pueden sentir hacia sus familiares por olvidarlos.

Aunque los elementos que conforman la ofrenda son variados de una región a otra del país, pueden señalarse básicamente los siguientes:

1. Altar doméstico. Adornado con papel picado, palmillas.

2. Flores. Cempasúchil, cacalosúchil, crisantemos.

3. Ceras. Velas y veladoras dedicadas a cada uno de los difuntos, las cuales los guían en su camino a las moradas de sus familiares.

4. Alimentos. Desde las más humildes viandas, como los frijoles, hasta platillos muy sofisticados como el mole de guajolote.

5. Bebidas. Agua, café, chocolate, mezcal, aguardiente, cerveza, brandy.

6. Copal e incienso.

7. Dulces. Éstos destinados a los niños y dependiendo de la región del país se hacen con formas de animales o querubines; y también están las tradicionales calaveritas de azúcar.

6. Ritos de recepción.

7. Ritos de atención a los difuntos.

8. Ritos de despedida.

La fiesta de Xantolo en la Huasteca hidalguense

La festividad de Xantolo en San Miguel y en San Lucas abarca los dos últimos días de octubre y los dos primeros de noviembre. En cada hogar la familia, por muy pobre que sea, coloca ante un altar con bebida y alimentos, un arco hecho de caña de azúcar o de palos cubiertos con palma, flores de muerto, mano de león y de olote, lo cual simboliza una puerta abierta a los muertos.

Por la mañana y por la tarde se encienden velas blancas y amarillas forradas con tiras de papel de colores, además de ahumar con copal. Luego se sirve café, chocolate, pan, tamales, refrescos o cervezas.

El día 2 desde muy temprano, las familias acuden al cementerio. Limpian las tumbas, ponen cruces nuevas, coronas, collares de cempasúchil y velas o veladoras. En el mismo panteón ofrendan tamales, calabazas, chayotes, mandarinas, camotes, cacahuates, atole, elotes, café, chocolate, limas y manzanas. Luego de que los sacerdotes bendicen las tumbas, la gente levanta los alimentos y las bebidas.

Durante la fiesta de Xantolo los familiares acostumbran visitarse, obsequiarse alimentos y convivir durante buena parte del día. Las familias llegan a tener de 10 a 15 visitas durante esta época.

Muy esperado por estos pueblos es el baile de los kolis o viejos. Los kolis son personas disfrazadas de ancianos que van de casa en casa bailando al ritmo de una banda de viento o de un trío de huapangueros. Representan dramas y con su capacidad de alburear y sus gritos llenan de alegría la fiesta.

San Pedro Potla, Temascalcingo

El olor a flores, chocolate y copal impregna la fiesta de Xantolo en la Huasteca. 
www.mural.com/deviaje/articulo/314327/

Los habitantes mazahuas de San Pedro Potla, que se halla al norte de Toluca, reciben a sus difuntos desde el día 30 de octubre. El 30 llegan los no bautizados que vienen del limbo. El 31 es el día de los angelitos o pequeños difuntos. El primero de noviembre está dedicado a difuntos mayores y el día 2 a todos los fieles difuntos.

En este poblado se recibe a los muertos con calabaza, chayote, elote, pan, haba, frijol, frutas y bebidas, como el pulque, la cerveza, el vino, agua, café‚ o chocolate.

A cada uno se le coloca una vela para iluminar su camino. Se les ofrecen rezos y la comida del altar.

El día 2 todas las familias asisten al panteón en medio de cantos, llevando flores y las veladoras puestas desde el día 30.

Los adornos de papel picado con temas del Día de Muertos son muy frecuentes en las ofrendas.
mexico.udg.mx/arte/diademuertos/ muertos1.html

Fiesta en Cosoltepec, Huajuapan, Oaxaca

Dos son las más festividades más importantes en Cosoltepec: una es la de la patrona del lugar, Santa Gertrudis Magna, y la otra es la del de Día de Muertos.

Con mucha anticipación, los pobladores ahorran para esta última fiesta. El 31 de octubre y el 1º de noviembre están destinados para los niños o angelitos y el día 2 para los adultos. El altar se prepara en forma de arco con una rama de sauce, ya sea sobre el suelo o en una mesa. Se adorna con flores de cempasúchil y de cacalosúchil, de diferentes colores. Los alimentos que se ofrendan van desde frijoles de olla, el tradicional mole con carne de gallina o guajolote, el mole con carne de chivo o la barbacoa, los elotes, el dulce de calabaza.

A los niños, que son los que llegan primero, se les ofrece la comida sin picante, acompañada de atole, chocolate, café y pan de muerto. A ellos también se les ofrenda con dulces en forma de animalitos o ángeles. Durante el día, tres o cuatro veces, se quema  copal para que el aroma relaje a los difuntos y puedan descansar de su largo viaje.

En cuanto a los difuntos adultos, la ofrenda varía sólo porque los alimentos tendrán ahora chile y serán acompañados con bebidas alcohólicas.

Desde las 5 de la mañana del día 2 de noviembre la gente desfila hacia el cementerio para adornar las tumbas de sus difuntos. La banda del pueblo asiste también para tocar algunas marchas fúnebres a cambio de un desembolso económico o algunos litros de alcohol.

Las tumbas son tapizadas de flores de cempasúchil, veladoras, frutas y comida. Todo el día suenan las campanas de la iglesia para despedir a los muertos.

 

Bibliografía

RÍOS, Guadalupe, et. al., Día de muertos. UAM (Colección Molinos de Viento 91), México, 1995.
Día de muertos, Comp. Pablo Sandoval Hernández y Camelia Margalli Hernández, Universidad Pedagógica Nacional, México, 1999.
OCHOA Zazueta, Jesús Ángel, La muerte y los muertos. SEP, México, 1974.
RODRÍGUEZ Álvarez, María de los Ángeles, Usos y costumbres funerarias en la Nueva España. El Colegio de Michoacán, El Colegio Mexiquense, México, 2001.
WESTHEIM, Paul, La Calavera. Editorial ERA, México, 1971.

 

 

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