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Correo del Maestro Núm. 84, mayo 2003

La glucosa y el rendimiento deportivo

 

Ignacio Rodríguez Galván.
Una vida atribulada
Jacqueline Rocha Soto




Algunos datos biográficos

Ignacio Rodríguez Galván nació el 22 de marzo de 1816, en Tizayuca, Hidalgo. Vivió con su familia hasta los once años; después, sus padres se vieron en serios problemas económicos por los altos costos que cobró la guerra de insurrección, razón por la que llevaron a Ignacio a la ciudad de México para colocarlo como dependiente en la librería que tenía su tío materno Mariano Gal-ván Rivera. Ignacio Rodríguez continuó su vida entre libros; el gusto por ellos se convirtió en verdadera pasión. Fue autodidacto; aprendió francés, italiano y latín. Su formación estuvo determinada por la lectura de los clásicos y los románticos, toda su cultura fue libresca. Poco a poco se incorporó a las tertulias que se realizaban en la librería de su tío.

Entre 1834 y 1835 comenzó a escribir; colaboró con artículos y poemas en periódicos de la provincia. Envió de manera anónima a la Academia de Letrán algunos de sus versos y fue aceptado como miembro activo de la misma.

Sobre Rodríguez Galván escribió Guillermo Prieto en Memorias de mis tiempos:

Se le vio entrar por segunda vez a la Academia; traía una capa azul, su sombrero en la mano, el rostro de rasgos indígenas, la raya en medio de la cabellera negra y lacia, sus dientes sarrosos, su mirada melancólica y tierna, sus piernas no muy rectas, desgarbado y encogido. Escupía constantemente y sus manos mal hechas no se quedaban quietas ni un instante. Hizo su debut en la Academia de Letrán con una composición a través de la cual se percibía su amor apasionado por una actriz que era la Rosa de Oro del Teatro Principal.

 

Retrato de Ignacio Rodríguez Galván
http://www.jornada.unam.mx/mar00//000319/sem-macaposhtml.

En 1840 se separó de la casa de su tío; ya había escrito obras en prosa, teatro y poesía lírica.

Vivió en la pobreza y con un gran sentimiento de orfandad; fue desafortunado en amores y su mayor consuelo fue la poesía; esto lo manifiesta en la Profecía de Guatimoc.





Mi pobre madre descendió a la tumba,

y a mi padre infeliz dejé;

 buscando amistad

sincera

busqué en los hombres y no la hallé...

Mentira, perfidia y falsedad hallé tan sólo.

En vez de un alma ardiente cual la mía,

en vez de un corazón que amar

aridez y frialdad encontré

sólo aridez y frialdad,

¡indiferencia!

Sin amistad y sin amor, huérfano...

y abandonado y solo en la tierra quedé.

Mi pecho entonces se oprimió más y más

y la poesía fue mi gozo y placer

mi único amigo; y misteriosa,

soledades desde entonces mi amada fue.

 

En el prólogo a su obra (Tomo 1), escrito por Fernando Tola, se dice lo siguiente: ”De la Aca-demia de Letrán. De todos los asistentes, sin lugar a dudas, era el más indio, el más pobre, el más indicado para desprecios a los convencionalismo sociales y susceptibilidades raciales”.

Esta referencia me hace pensar en la insistente crítca de Rodríguez Galván a la apariencia como un prejuicio social y una forma de mentira. Lo vemos en la obra de teatro Tras un mal nos vienen ciento, cuando Gregorio llega a la casa de su amigo Pancracio, éste trata de dar una imagen, una apariencia de lo que es su familia, gente culta, refinada, moderna y resulta que Pancracio duerme con el perico, su hijo es un escuincle malcriado y su mujer está bastante lejos de cumplir con las convenciones sociales de su tiempo.

En el cuento Manolito el Pisaverde, toda la historia también transcurre en la apariencia fingida por los personajes. Jacinto aparenta estar enamorado de Teodora y Manolo aparenta ser un hombre.

Me parece claro que Rodríguez Galván fue afectado por dos sucesos que determinaron las características de su literatura. Por un lado toda la influencia literaria que recibió de sus lecturas de los clásicos y los románticos y, por otro, su entrada a la Academia de Letrán, donde se veía a la literatura como un medio para formar una identidad nacional y como un elemento útil para la sociedad.

Elementos del romanticismo presentes en la obra de Rodríguez Galván

En la literatura de Rodríguez Galván están presentes elementos del romanticismo. Esto se debe a la influencia que recibió de la lectura de los románticos. Para ilustrarlo seguiré haciendo referencia a la obra de teatro Tras un mal vienen ciento y al cuento Manolito el Pisaverde.

Por ejemplo, en el cuento, un elemento del romanticismo es la concepción de la mujer como ángel y a la vez demonio.

El amor romántico de María hacia Jacinto se encierra en la siguiente fórmula: “a mayor tortura, mayor goce y pasión”. Esto finalmente los lleva a la fatalidad.

Tanto en el cuento como en la obra teatral predomina el sentimiento sobre la razón. En el cuento está el amor frustrado y desgarrador, los celos, la melancolía; en la obra de teatro se presenta lo grotesco, lo irónico. En el cuento, el infortunio  como centro. En ambos textos se nota una intuición muy clara de los recursos dramáticos, y un sentido muy preciso de lo que es la acción.

Los comentarios anteriores se derivan de los temas que aparecen en los textos de Galván. Ahora retomaré algunos aspectos que plantea Víctor Hugo en el prefacio a Cromwell, que son también elementos del pensamiento del romanticismo y que tienen que ver con la concepción de la estructura interna de los textos, y también están presentes en la obra de Rodríguez Galván.

1. Victor Hugo pone en tela de juicio la idea de las unidades aristotélicas y dice que el arte no tiene realidades absolutas y que el contenido de cada obra tiene su propia naturaleza. “El arte, haga lo que haga, está encerrado entre la gramática y la prosodia y posee para sus crea-ciones más caprichosas formas, medios de ejecución y todo material que remover. Para el genio, éstos son sus instrumentos.” Esta concepción se puede apreciar en Tras un mal nos vienen cien, ya que se sale de la estructura convencional de las obras teatrales de su tiempo en cuanto a la diversidad de espacios, a la falta de acotaciones, al rompimiento de la estructura convencional en relación con el tiempo; don Gregorio de un momento a otro cambia de ubicación. Es una obra que tiene un dinámico ritmo interno y que no está dividida en actos.

2. “Es preciso que el drama sea un espejo de concentración que, en vez de debilitar, recoja y condense los rayos colorantes; que de una claridad haga luz y de una luz, llama. Entonces el drama será digno del arte.”

  Esto ocurre tanto en la obra de teatro como en el cuento a los que nos hemos referido. El tratamiento de estas dos obras está perfectamente aterrizado en una serie de acciones que van llevando la historia de una manera breve, contundente y, sobre todo, logran una gran conmoción en los sentimientos del lector.

3. “El poeta llena plenamente el objeto múltiple del arte, que consta en abrir al espectador doble horizonte, iluminando a la vez el interior y el exterior de los hombres; el exterior por medio de sus discursos y sus acciones y el interior por los apartes y los monólogos, creando en el mismo cuadro el drama de la vida y el drama de la conciencia.”

  Veamos la parte externa del personaje en el cuento de Manolito... El narrador se refiere a Jacinto:

Trató de reponerse, y acercándose pálido y convulso, acarició a su mujer y le dijo como en tono de chanza y separando los labios para fingir una risa que en balde pretendía aparentar.Vamos a ver ahora un ejemplo de la parte interna del personaje Jacinto:He cometido un crimen, decía para sí, un crimen detestable que me devora eternamente: he roto los lazos que sólo Dios debía deshacer... ¡Desdichado de aquel que comete el primero!

 

4. “Es indispensable que en la época de la escena las figuras aparezcan con sus rasgos más salientes; hasta los más vulgares y triviales deben tener personificación propia.

Gregorio. (sentándose) ¡Oh dolor!

Gervasia. ¿Qué decía usted de olor?

Gregorio. Nada

Gervasia. Creí... porque... ¡Oh qué hedor tan pestífero!, ¡fragante se percibe!

Gregorio. ¿Cómo?

Gervasia. Mi estómago... ¡Ay! ¡Dios mío! ¿Dónde se ha metido usted?

Gregorio. (Mirando el lodo de sus piernas)

 

Su entrada a la Academia de Letrán; una influencia decisiva en su literatura

Después de la Independencia de México y varios lustros de inestabilidad política, en 1836 se gestó un proyecto literario encabezado por  Manuel T. Ferrer, José María Lacunza y Guillermo Prieto, entre otros. Fundaron la Academia de Letrán, a la cual se integra posteriormente Rodríguez Galván. Lograron establecer en este proyecto principios fundamentales para la construcción de una nueva literatura, una literatura capaz de construir una identidad nacional, para lo cual elaboraron una serie de principios que también van a ser una influencia determinante en la literatura de Rodríguez Galván. Veamos cómo aparecen estos principios en su obra. Planteaban:

1.La posibilidad de expresión de sus arraigados valores patrios a través de la literatura. En Profecía de Guatimoc leemos:

 Pero siempre te amé, rey infelice;

maldigo a tu asesino y a la Europa

la injusta Europa que tu nombre olvida.

Vuelve, vuelve a la vida,

empuña luego la robusta lanza,

de polo a polo sonará tu nombre,

temblarán a tu voz caducos reyes,

el cuello rendirán a tu pujanza,

serán para ellos tus mandatos, leyes...

2. El escritor abandera los principios de la moral, con sus versos corrige costumbres y señala a los pueblos la senda que conduce a los pueblos a la tierra prometida del orden, de la libertad y del honor. Un ejemplo de esto lo podemos observar en un fragmento de Manolito el Pisaverde:

Cuán necios son los que piensan encontrar la felicidad fuera de la paz y del sosiego; fuera del círculo de la virtud, estrecho y áspero en verdad, pero donde la conciencia está tranquila.

   También lo vemos a lo largo de la obra Tras un mal nos vienen cientos, ya que despliega de una manera muy clara toda una crítica sobre los vicios morales que corrompen a la sociedad: están el cochero que levanta falsos, los policías ladrones, y la falta de sensibilidad y consideración de algunos que hacen que don Gregorio sea atropellado en muchas de las circunstancias por las que atraviesa.

Una de las críticas más importantes que dirigió Guillermo Prieto a los árcades fue sobre el uso del idioma, por lo que en la Academia se planteó la unificación de criterios en el uso correcto del idioma y por supuesto que hay un cambio radical en el uso del lenguaje en las obras de Rodríguez Galván, comparado con el lenguaje usado en los textos de Lizardi o en los de Manuel Navarrete. Con esta nueva generación de escritores se ‘mexicaniza’ el lenguaje.

En la Academia de Letrán se pretendía construir una nación a partir de la literatura, pensaban que era necesario educar, difundir la cultura, ya que ésta influiría a través de la razón, y esto transformaría la sociedad. Rodríguez Galván estuvo profundamente comprometido con México, con su historia, con su destino y  con sus conflictos políticos cotidianos.

Hacia el final

En 1840, Rodríguez Galván se separó de la casa de su tío, aumentó su pobreza y su depresión amorosa se acentuó. En 1841, José María Tornel, ministro de guerra, le inventó un cargo de oficinista. Más tarde se encargó de la redacción de la parte literaria del Diario del Gobierno y posteriormente le dieron el nombramiento de oficial de legación ante los gobiernos sudamericanos. El 15 de mayo de 1842 se embarcó a La Habana, finalmente debía ir a Caracas, donde tomaría su puesto en la Legación Mexicana en las Repúblicas del Sur e Imperio del Brasil. Le preocupaba profundamente su país, se preguntaba qué México dejaba, qué porvenir tenía. La nación estaba en manos de un tirano, de aventureros sin honra que sólo anhelaban el poder para colmar sus ambiciones y afanes de enriquecimiento.

 Desde el principio cayó bien en el ambiente literario y artístico de La Habana, y fomentó el conocimiento de la obra de escritores de México. El día en que debía partir hacia Venezuela, en-fermó gravemente de vómito negro y falleció el 25 de julio de 1842.

Hoy, está considerado unánimemente como el primer romántico nacional; el primer romántico de sentimientos exaltados, sufrimientos sentimentales llevados al límite y prototipo de la vida trágica y desgraciada que caracterizó al romanticismo occidental.

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