Algunos datos biográficos
Ignacio
Rodríguez Galván nació el 22 de marzo de 1816, en Tizayuca,
Hidalgo. Vivió con su familia hasta los once años; después,
sus padres se vieron en serios problemas económicos por
los altos costos que cobró la guerra de insurrección,
razón por la que llevaron a Ignacio a la ciudad de México
para colocarlo como dependiente en la librería que tenía
su tío materno Mariano Gal-ván Rivera. Ignacio Rodríguez
continuó su vida entre libros; el gusto por ellos se convirtió
en verdadera pasión. Fue autodidacto; aprendió francés,
italiano y latín. Su formación estuvo determinada por
la lectura de los clásicos y los románticos, toda su cultura
fue libresca. Poco a poco se incorporó a las tertulias
que se realizaban en la librería de su tío.
Entre
1834 y 1835 comenzó a escribir; colaboró con artículos
y poemas en periódicos de la provincia. Envió de manera
anónima a la Academia de Letrán algunos de sus versos
y fue aceptado como miembro activo de la misma.
Sobre
Rodríguez Galván escribió Guillermo Prieto en Memorias
de mis tiempos:
| Se le vio entrar por segunda vez a
la Academia; traía una capa azul, su sombrero en la
mano, el rostro de rasgos indígenas, la raya en medio
de la cabellera negra y lacia, sus dientes sarrosos,
su mirada melancólica y tierna, sus piernas no muy
rectas, desgarbado y encogido. Escupía constantemente
y sus manos mal hechas no se quedaban quietas ni un
instante. Hizo su debut en la Academia de Letrán con
una composición a través de la cual se percibía su
amor apasionado por una actriz que era la Rosa de
Oro del Teatro Principal. |
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Retrato de Ignacio Rodríguez
Galván
http://www.jornada.unam.mx/mar00//000319/sem-macaposhtml.
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En 1840
se separó de la casa de su tío; ya había escrito obras
en prosa, teatro y poesía lírica.
Vivió
en la pobreza y con un gran sentimiento de orfandad; fue
desafortunado en amores y su mayor consuelo fue la poesía;
esto lo manifiesta en la Profecía de Guatimoc.
Mi pobre madre descendió a la tumba,
y a mi padre infeliz dejé;
buscando amistad
sincera
busqué en los hombres y no la hallé...
Mentira, perfidia y falsedad hallé tan sólo.
En vez de un alma ardiente cual la mía,
en vez de un corazón que amar
aridez y frialdad encontré
sólo aridez y frialdad,
¡indiferencia!
Sin amistad y sin amor, huérfano...
y abandonado y solo en la tierra quedé.
Mi pecho entonces se oprimió más y más
y la poesía fue mi gozo y placer
mi único amigo; y misteriosa,
soledades desde entonces mi amada fue.
|
En el
prólogo a su obra (Tomo 1), escrito por Fernando Tola,
se dice lo siguiente: ”De la Aca-demia de Letrán.
De todos los asistentes, sin lugar a dudas, era el más
indio, el más pobre, el más indicado para desprecios a
los convencionalismo sociales y susceptibilidades raciales”.
Esta referencia
me hace pensar en la insistente crítca de Rodríguez Galván
a la apariencia como un prejuicio social y una forma de
mentira. Lo vemos en la obra de teatro Tras un mal
nos vienen ciento, cuando Gregorio llega a la casa
de su amigo Pancracio, éste trata de dar una imagen, una
apariencia de lo que es su familia, gente culta, refinada,
moderna y resulta que Pancracio duerme con el perico,
su hijo es un escuincle malcriado y su mujer está bastante
lejos de cumplir con las convenciones sociales de su tiempo.
En el
cuento Manolito el Pisaverde, toda la historia
también transcurre en la apariencia fingida por los personajes.
Jacinto aparenta estar enamorado de Teodora y Manolo aparenta
ser un hombre.
Me parece
claro que Rodríguez Galván fue afectado por dos sucesos
que determinaron las características de su literatura.
Por un lado toda la influencia literaria que recibió de
sus lecturas de los clásicos y los románticos y, por otro,
su entrada a la Academia de Letrán, donde se veía a la
literatura como un medio para formar una identidad nacional
y como un elemento útil para la sociedad.
Elementos
del romanticismo presentes en la obra de Rodríguez Galván
En la
literatura de Rodríguez Galván están presentes elementos
del romanticismo. Esto se debe a la influencia que recibió
de la lectura de los románticos. Para ilustrarlo seguiré
haciendo referencia a la obra de teatro Tras un mal
vienen ciento y al cuento Manolito el Pisaverde.
Por ejemplo,
en el cuento, un elemento del romanticismo es la concepción
de la mujer como ángel y a la vez demonio.
El amor
romántico de María hacia Jacinto se encierra en la siguiente
fórmula: “a mayor tortura, mayor goce y pasión”.
Esto finalmente los lleva a la fatalidad.
Tanto
en el cuento como en la obra teatral predomina el sentimiento
sobre la razón. En el cuento está el amor frustrado y
desgarrador, los celos, la melancolía; en la obra de teatro
se presenta lo grotesco, lo irónico. En el cuento, el
infortunio como centro. En ambos textos se nota una intuición
muy clara de los recursos dramáticos, y un sentido muy
preciso de lo que es la acción.
Los comentarios
anteriores se derivan de los temas que aparecen en los
textos de Galván. Ahora retomaré algunos aspectos que
plantea Víctor Hugo en el prefacio a Cromwell,
que son también elementos del pensamiento del romanticismo
y que tienen que ver con la concepción de la estructura
interna de los textos, y también están presentes en la
obra de Rodríguez Galván.
1. Victor
Hugo pone en tela de juicio la idea de las unidades aristotélicas
y dice que el arte no tiene realidades absolutas y que
el contenido de cada obra tiene su propia naturaleza.
“El arte, haga lo que haga, está encerrado entre
la gramática y la prosodia y posee para sus crea-ciones
más caprichosas formas, medios de ejecución y todo material
que remover. Para el genio, éstos son sus instrumentos.”
Esta concepción se puede apreciar en Tras un mal nos
vienen cien, ya que se sale de la estructura convencional
de las obras teatrales de su tiempo en cuanto a la diversidad
de espacios, a la falta de acotaciones, al rompimiento
de la estructura convencional en relación con el tiempo;
don Gregorio de un momento a otro cambia de ubicación.
Es una obra que tiene un dinámico ritmo interno y que
no está dividida en actos.
2. “Es
preciso que el drama sea un espejo de concentración que,
en vez de debilitar, recoja y condense los rayos colorantes;
que de una claridad haga luz y de una luz, llama. Entonces
el drama será digno del arte.”
Esto
ocurre tanto en la obra de teatro como en el cuento a
los que nos hemos referido. El tratamiento de estas dos
obras está perfectamente aterrizado en una serie de acciones
que van llevando la historia de una manera breve, contundente
y, sobre todo, logran una gran conmoción en los sentimientos
del lector.
3. “El
poeta llena plenamente el objeto múltiple del arte, que
consta en abrir al espectador doble horizonte, iluminando
a la vez el interior y el exterior de los hombres; el
exterior por medio de sus discursos y sus acciones y el
interior por los apartes y los monólogos, creando en el
mismo cuadro el drama de la vida y el drama de la conciencia.”
Veamos
la parte externa del personaje en el cuento de Manolito...
El narrador se refiere a Jacinto:
|
Trató de reponerse, y acercándose
pálido y convulso, acarició a su mujer y le dijo
como en tono de chanza y separando los labios para
fingir una risa que en balde pretendía aparentar.Vamos
a ver ahora un ejemplo de la parte interna del personaje
Jacinto:He cometido un crimen, decía para sí, un
crimen detestable que me devora eternamente: he
roto los lazos que sólo Dios debía deshacer... ¡Desdichado
de aquel que comete el primero! |
4. “Es
indispensable que en la época de la escena las figuras
aparezcan con sus rasgos más salientes; hasta los más
vulgares y triviales deben tener personificación propia.
| Gregorio.
(sentándose) ¡Oh dolor!
Gervasia.
¿Qué decía usted de olor?
Gregorio.
Nada
Gervasia.
Creí... porque... ¡Oh qué hedor tan pestífero!,
¡fragante se percibe!
Gregorio.
¿Cómo?
Gervasia.
Mi estómago... ¡Ay! ¡Dios mío! ¿Dónde se ha metido
usted?
Gregorio.
(Mirando el lodo de sus piernas)
|
Su
entrada a la Academia de Letrán; una influencia decisiva
en su literatura
Después
de la Independencia de México y varios lustros de inestabilidad
política, en 1836 se gestó un proyecto literario encabezado
por Manuel T. Ferrer, José María Lacunza y Guillermo
Prieto, entre otros. Fundaron la Academia de Letrán, a
la cual se integra posteriormente Rodríguez Galván. Lograron
establecer en este proyecto principios fundamentales para
la construcción de una nueva literatura, una literatura
capaz de construir una identidad nacional, para lo cual
elaboraron una serie de principios que también van a ser
una influencia determinante en la literatura de Rodríguez
Galván. Veamos cómo aparecen estos principios en su obra.
Planteaban:
1.La posibilidad
de expresión de sus arraigados valores patrios a través
de la literatura. En Profecía de Guatimoc leemos:
Pero siempre te amé, rey infelice;
maldigo a tu asesino y a la Europa
la injusta Europa que tu nombre olvida.
Vuelve, vuelve a la vida,
empuña luego la robusta lanza,
de polo a polo sonará tu nombre,
temblarán a tu voz caducos reyes,
el cuello rendirán a tu pujanza,
serán para ellos tus mandatos, leyes...
2. El
escritor abandera los principios de la moral, con sus
versos corrige costumbres y señala a los pueblos la senda
que conduce a los pueblos a la tierra prometida del orden,
de la libertad y del honor. Un ejemplo de esto lo podemos
observar en un fragmento de Manolito el Pisaverde:
Cuán
necios son los que piensan encontrar la felicidad fuera
de la paz y del sosiego; fuera del círculo de la virtud,
estrecho y áspero en verdad, pero donde la conciencia
está tranquila.
También
lo vemos a lo largo de la obra Tras un mal nos vienen
cientos, ya que despliega de una manera muy clara
toda una crítica sobre los vicios morales que corrompen
a la sociedad: están el cochero que levanta falsos, los
policías ladrones, y la falta de sensibilidad y consideración
de algunos que hacen que don Gregorio sea atropellado
en muchas de las circunstancias por las que atraviesa.
Una de
las críticas más importantes que dirigió Guillermo Prieto
a los árcades fue sobre el uso del idioma, por lo que
en la Academia se planteó la unificación de criterios
en el uso correcto del idioma y por supuesto que hay un
cambio radical en el uso del lenguaje en las obras de
Rodríguez Galván, comparado con el lenguaje usado en los
textos de Lizardi o en los de Manuel Navarrete. Con esta
nueva generación de escritores se ‘mexicaniza’
el lenguaje.
En la
Academia de Letrán se pretendía construir una nación a
partir de la literatura, pensaban que era necesario educar,
difundir la cultura, ya que ésta influiría a través de
la razón, y esto transformaría la sociedad. Rodríguez
Galván estuvo profundamente comprometido con México, con
su historia, con su destino y con sus conflictos políticos
cotidianos.
Hacia
el final
En 1840,
Rodríguez Galván se separó de la casa de su tío, aumentó
su pobreza y su depresión amorosa se acentuó. En 1841,
José María Tornel, ministro de guerra, le inventó un cargo
de oficinista. Más tarde se encargó de la redacción de
la parte literaria del Diario del Gobierno y posteriormente
le dieron el nombramiento de oficial de legación ante
los gobiernos sudamericanos. El 15 de mayo de 1842 se
embarcó a La Habana, finalmente debía ir a Caracas, donde
tomaría su puesto en la Legación Mexicana en las Repúblicas
del Sur e Imperio del Brasil. Le preocupaba profundamente
su país, se preguntaba qué México dejaba, qué porvenir
tenía. La nación estaba en manos de un tirano, de aventureros
sin honra que sólo anhelaban el poder para colmar sus
ambiciones y afanes de enriquecimiento.
Desde
el principio cayó bien en el ambiente literario y artístico
de La Habana, y fomentó el conocimiento de la obra de
escritores de México. El día en que debía partir hacia
Venezuela, en-fermó gravemente de vómito negro y falleció
el 25 de julio de 1842.
Hoy, está
considerado unánimemente como el primer romántico nacional;
el primer romántico de sentimientos exaltados, sufrimientos
sentimentales llevados al límite y prototipo de la vida
trágica y desgraciada que caracterizó al romanticismo
occidental.