Museo Nacional de Historia del Castillo
de Chapultepec*
| Graciela
Hernández García |
El Museo Nacional de Historia engalana nuestro hermoso
bosque de Chapultepec, y en lo alto del cerro del Chapulín
es guardián del quehacer de la ciudad. Esta hermosa obra
arquitectónica se ha ido transformando a través del tiempo
para menesteres de mayor o menor relevancia pero siempre
ha formado parte importante de la vida de los mexicanos.
No podemos
visitarlo sin que vengan a nuestra mente algunos de los
capítulos de los que ha sido testigo mudo, pues el sitio
donde su ubica ya era utilizado desde la época prehispánica
para adorar a los dioses, y desde los manantiales de Chapultepec
se llevaba agua a los moradores de la gran Tenochtitlan;
durante el virreinato se autorizó la construcción del
edificio para ser utilizado como lugar de descanso de
las autoridades importantes que acudían a la Nueva España.
Por su
estratégica ubicación, el cerro del Chapulín, formado
por roca volcánica y andesita de augita, siempre ha sido
considerado de importancia militar, por lo que también
ha sido sede del Colegio Militar.
Durante
la invasión estadunidense en 1847, sus cadetes demostraron
gran valor al defenderlo de las tropas invasoras que llegaban
a las faldas del cerro. Hoy recordamos a los llamados
‘Niños Héroes’, por su corta edad, en ese
importante episodio de la historia patria.
Poco a
poco el castillo fue cambiando su fisonomía. A través
del tiempo ha tenido innumerables modificaciones. Fue
la residencia oficial del emperador Maximiliano, hombre
progresista y algo poeta. Él ordenó realizar algunos cambios
en el edificio, que aún hoy podemos admirar. Tuvo la intención
de hacer algunos otros, pero la situación del país lo
impidió. El emperador nunca tuvo apoyo popular y fue abandonado
también por los franceses; era un pastor sin ovejas y
debió firmar decretos represivos.
Hoy en
día podemos visitar las que fueron habitaciones reales.
Entre otros objetos de la época, hay retratos de personajes
importantes, como Carlota Amalia, la emperatriz. La de
ella es una historia de tristeza, ambición y frustración.
Se pueden apreciar infinidad de obras de arte, artículos
y muebles de la época, como el piano de cola que Napoleón
III le regaló a Maximiliano en su cumpleaños 33; el reloj
de bolsillo de Maximiliano; la cama de latón de Carlota,
comprada en la Casa Linet de la ciudad de México; esculturas
de Maximiliano y Carlota, y los carruajes que utilizaban.
El visitante
se transporta a otra época, viaja a través del tiempo,
se acerca a nuestro pasado y recrea costumbres, quehaceres
y formas de vida.
Después
de la época del Imperio, el Castillo fue utilizado como
casa presidencial, y podemos observar gran cantidad de
testimonios de las diferentes personalidades que lo habitaron.
En su
momento, Porfirio Díaz lo utilizó para pasar temporadas
de descanso y realizar recepciones importantes.
Durante
un periodo el castillo albergó al Observatorio Astronómico,
Meteorológico y Magnético de la Ciudad de México. En 1944,
el general Ávila Camacho inauguró el museo, que atrapó
entre sus muros parte de la historia de México, desde
la Conquista hasta 1917.
Resumen
histórico
Presentaremos
un pequeño resumen del devenir histórico que nos presentan
las diferentes salas que alojan la exposición permanente
del museo.
La
Conquista: lucha épica entre dos pueblos
Para llevar
a cabo la exploración y conquista de la región, se eligió
a Hernán Cortés como capitán, quien salió de Cuba en 1519
con un pequeño ejército que viajó en diez barcos.
Lo que
ahora es México estaba formado por varios señoríos, pero
entre todos ellos el más importante y con mayor poder
era el de los mexicas. A Cortés no pasó inadvertido que
entre estos reinos existían serias diferencias, por lo
tanto se propuso estabecer algunas alianzas que lo beneficiaran
en la batalla. Así, el colonizador logró llegar hasta
la gran Tenochtitlan. Él y sus hombres quedaron profundamente
impactados por su magnificencia, su colorido, sus amplias
calzadas, sus edificios y el orden.
Como Cortés
se sentía en desventaja con el pequeño grupo de hombres
que lo acompañaba, decidió apresar al emperador Moctezuma
II, pues nada le garantizaba que los mexicas lo respetarían
por mucho tiempo.
Cortés
tuvo que abandonar Tenochtitlan para encontrarse con un
grupo de soldados españoles que venían de Cuba con la
intención de relevarlo del poder, lo que dio la oportunidad
a los mexicas de levantarse en contra de los invasores,
produciéndose lo que hoy se conoce como la ‘matanza
del Templo Mayor’, en donde muchos nobles mexicas
murieron asesinados.
Al regresar
y enterarse de lo sucedido, Cortés poco pudo hacer para
calmar los ánimos; ni siquiera le sirvió tener preso a
Moctezuma, ya que éste murió, lo que empeoró más las cosas.
Cortés decidió retirarse con sus hombres, pero fue perseguido
por los mexicas y perdió casi todo lo que se había llevado,
además de muchos hombres. Este episodio histórico es conocido
como ‘La noche triste’. Se dice que Cortés
lloró debajo de un árbol, del que todavía existen algunas
ramas.
La epidemia
de viruela traída por los españoles a territorio americano
estaba diezmando a la población indígena. Entre los muertos
estuvo quien fue nombrado tlatoani a la muerte de Moctezuma:
Cuitláhuac.
Una vez
repuesto de la derrota, Cortés decidió prepararse para
atacar de nuevo; organizó a sus hombres y estableció alianzas
con los enemigos del pueblo mexica. Tenochtitlan fue sitiada
y el nuevo gobernante, Cuauhtémoc, la defendió hasta que
la situación fue completamente insostenible. Fue apresado
por los españoles y Cortés entró triunfante a la ciudad.
Entre 1521 y 1550 casi todo lo que se considera territorio
mesoamericano quedó bajo el dominio del reino de España.
Se formó la Nueva España y la capital se estableció sobre
las ruinas de Tenochtitlan.
Al ser
informado Carlos V de los acontecimientos (Cartas de
Relación de Hernán Cortés), decidió nombrar capitán
general al propio Cortés. Cuando éste fue relevado de
su cargo entraron en funciones las Audiencias y, posteriormente,
se inició el periodo del Virreinato. El virrey era la
máxima autoridad en la Colonia y representaba el poder
del rey de España en tierras americanas. Se sucedieron
en el puesto de virrey gran cantidad de personajes, algunos
realmente preocupados por lograr el bienestar de la colonia
y otros sólo por obtener ganancias económicas.
Los organismos
encargados de manejar los asuntos de América eran el Consejo
de Indias y la Casa de Contratación de Sevilla, que organizaba
todo lo que al comercio de ultramar se refería.
La Nueva
España destacaba en su función exportadora, principalmente
de metales preciosos como oro y plata, además de muchos
otros productos. La corona española era dueña de las minas
y quienes las explotaban debían pagarle el llamado Quinto
real.
La Iglesia
tenía gran influencia en todos los asuntos de Estado.
Registraba los nacimientos, defunciones y matrimonios,
impartía la educación en todos los niveles, dirigía instituciones
de beneficencia y era la encargada de la evangelización
del pueblo. No se toleraba otra religión que no fuese
la católica.
Llegó
a ser tanto el poder de la Iglesia que al finalizar la
Colonia eran dueños de aproximadamente la mitad de todos
los bienes del país. En la Colonia dominaba el sistema
de razas. La sociedad novohispana estaba formada por la
raza blanca, en su mayoría española; la cobriza, formada
por los indios; y la negra, integrada por los individuos
que eran traídos de África para realizar los trabajos
más pesados. Con el tiempo se fueron formando muchos otros
grupos.
Los hijos
de españoles nacidos en la Nueva España eran llamados
‘criollos’. Estos vivían en permanente descontento,
pues se hacían significativas diferencias entre ellos
y los nacidos en España.
En la
estructura social de la Nueva España había gran desigualdad,
pero destacaba el gran resentimiento criollo que desencadenaría
las conspiraciones que pretendían la emancipación de España.
La Corona
española, para protegerse, decidió dejar a los criollos
lejos de los cargos importantes y bien pagados en el gobierno,
que sólo eran ejercidos por los españoles peninsulares.
Fin
de una época de dependencia
Los conceptos
de libertad y de justicia de los grandes pensadores europeos
de la época trascendieron fronteras e hicieron eco en
las ideas liberales de muchos habitantes de la Nueva España.
La independencia de Estados Unidos de Norteamérica del
yugo inglés; la invasión de España por los franceses;
la abdicación de los reyes en favor de Napoleón Bonaparte,
quien cede el trono a su hermano José; y la inconformidad
que reinaba en la Colonia preparan el escenario para que
proliferen las ideas de independencia.
Miguel
Hidalgo y muchos otros personajes como Allende, Aldama,
Arias, Josefa Ortiz de Domínguez, etc., toman parte en
las consipiraciones en contra de la Corona. Al ser denunciados
se vieron obligados a acelerar los planes, y el 16 de
septiembre de 1810, después de la acostumbrada misa, Hidalgo
arengó a su pueblo para iniciar la lucha.
Después
de meses de enfrentamientos, los líderes del movimiento
fueron derrotados, apresados y fusilados.
Morelos
se convirtió en el líder del movimiento. Elaboró el documento
que se conoce como Sentimientos de la Nación, donde
se propone la elaboración de una Constitución. Así, en
Apatzingán, Michoacán, surge la primera Constitución mexicana,
la de 1814, inspirada fundamentalmente en la francesa
de 1793. Morelos cayó en manos de los españoles y fue
ejecutado en 1815.
El movimiento
perdió fuerza y los insurgentes se replegaron. Destacó
en sus intentos contra las tropas realistas Francisco
Javier Mina, español generoso y brillante soldado que
lamentablemente también fue apresado y posteriormente
fusilado.
El insurgente
Vicente Guerrero logró reunir un importante ejército y
continuó con el movimiento. Él y Agustín de Iturbide,
oficial del ejército español, decidiron unirse en la lucha
por la independencia. Iturbide proclamó el Plan de
Iguala y la independencia, pero esto no traería la
paz al país. Se inició una época de incertidumbre política,
social y económica, cambios constantes de gobierno, discusiones
ideológicas, invasiones y cesiones de territorio.
México
independiente
En 1822,
Iturbide fue proclamado emperador con el nombre de Agustín
I. Su política causó gran descontento y Guerrero, Santa
Anna, Nicolás Bravo y luego Guadalupe Victoria se levantaron
en armas en su contra. Iturbide abdicó en marzo de 1823
y salió al destierro. En un intento por regresar al país
fue apresado y fusilado.
Se promulgó
la Constitución de 1824 que establecía un gobierno republicano
y federal, pero la gran inestabilidad hizo difícil llevar
a cabo cualquier tipo de organización; así se sucedieron
un gran número de gobiernos que llevaron al país a difíciles
situaciones. La minería y el comercio se estancaron, aumentó
el contrabando y la corrupción, y la distribución de tierras
provocó varios levantamientos. Además, México contrajo
fuertes deudas con Estados Unidos y las relaciones con
ese país se volvían muy tensas.
Durante
el gobierno de Antonio López de Santa Anna, en 1847, James
Polk, presidente estadunidense declaró la guerra a México.
Las tropas estadunidenses avanzaron sobre territorio mexicano
so pretexto de la falta de pagos. Atacaron Molino del
Rey, el Castillo de Chapultepec, que era sede del Colegio
Militar, llegaron hasta el centro de la ciudad de México
e hicieron ondear su bandera .
En 1848
se firmó la paz, pero México debió ceder una parte importante
de su territorio (Texas hasta el Río Bravo, Nuevo México
y Alta California). Posteriormente, Estados Unidos exigió
a México la venta del territorio de la Mesilla.
La dictadura
de Santa Anna hizo que crecieran en el país la incoformidad
y las quejas políticas; fue surgiendo con fuerza una nueva
generación de radicales liberales que quería un gobierno
federal, un país de ciudadanos libres y conscientes de
sus derechos y deberes. Este movimiento fue encabezado
por figuras como Benito Juárez, Melchor Ocampo, Ignacio
Ramírez, Miguel Lerdo de Tejada y Guillermo Prieto.
Quien
encabezó el primer movimiento de los liberales contra
Santa Anna fue Juan Álvarez, cacique liberal que había
luchado en la Guerra de Independencia. Fue acompañado
por Diego Álvarez, Ignacio Comonfort y Trinidad Gómez,
entre otros, y juntos elaboraron un plan contra la dictadura
de Santa Anna, el Plan de Ayutla. Santa Anna abandonó
el país el 19 de agosto de 1855 y dejó el poder a los
liberales.
Gobernaron
el general Álvarez, y posteriormente, Comonfort. En 1856
se reunió un Congreso Constituyente.
La
Reforma, la caída del Imperio y la victoria de la República
La nueva
Constitución, proclamada el 5 de febrero de 1857, no fue
aceptada por los conservadores. Surgió el Plan de Tacubaya,
que la desconocía y mantenía a Comonfort en la presidencia.
El presidente aceptó el plan, pero hubo un pronunciamiento
que lo obligó a dejar el poder; fue sustituido por Félix
María Zuloaga, que derogó todas las leyes reformistas.
Benito
Juárez se rebeló y estableció otro gobierno en Guanajuato;
por lo tanto había dos gobiernos uno liberal y otro consevador.
Así se inició la llamada Guerra de Reforma.
Después
de tres años de lucha, en 1860, triunfó la causa constitucionalista.
Entre 1857 y 1860 se promulgaron las Leyes de Reforma,
que pretendían la renovación de la sociedad y traer orden
al país.
México
continuaba muy pobre y endeudado. Los principales acreedores
eran Inglaterra, Francia y España, y sus representantes
decidieron romper relaciones diplomáticas con nuestro
país y presionar al gobierno para que pagara.
Los tres
gobiernos enviaron tropas a territorio mexicano, las que
llegaron a Veracruz en 1862.
El único
país con verdaderas intenciones intervencionistas era
Francia. Inglaterra y España se retiraron, pero Napoleón
III quería extender sus dominios en América, de ahí su
decisión de invadir territorio mexicano. Los conservadores
decidieron sumarse a los franceses y apoyarlos.
Los franceses
avanzaron, y el 5 de mayo de 1862 se enfrentaron en Puebla.
Triunfaron las tropas mexicanas, que hicieron retroceder
a las francesas. En esta batalla se distinguieron el General
Ignacio Zaragoza, Felipe Berriozabal, Porfirio Díaz y
Miguel Negrete.
Napoleón
III envió más hombres y armamento para reforzar a las
tropas francesas que derrotaron a las fuerzas mexicanas
y tomaron la capital en 1863.
Juárez
se trasladó con su gobierno a San Luis Potosí y Chihuahua,
en notable ‘exilio interior’ para mantener
las instituciones republicanas.
En Europa
se ofreció a Maximiliano de Habsburgo la corona del Imperio
mexicano. Él aceptó rápidamente y firmó con Napoleón III
el Tratado de Miramar. Al llegar a México, Maximiliano
estableció un gabinete con reconocidos liberales y progresistas
e impuso a los conservadores la tolerancia de cultos,
la desamortización de los bienes eclesiásticos y otras
medidas que no fueron bien recibidas por ellos.
Maximiliano
se sostenía con los préstamos que Napoleón le hacía, pero
las relaciones entre los dos se hicieron tensas por la
situación y porque el nuevo emperador, casi de inmediato,
había ordenado el retiro de las tropas francesas de territorio
mexicano. Francia le retiró todo apoyo económico.
Maximiliano
intentó defender su débil Imperio, pero Juárez estaba
resuelto a recuperar el gobierno. En Estados Unidos había
terminado la Guerra de Secesión y su gobierno brindó apoyo
a los insurrectos. Finalmente, Maximiliano, Miramón y
Mejía fueron apresados y condenados a muerte. Fueron ejecutados
el 19 de junio de 1867 en el Cerro de las Campanas, Querétaro,
con lo que comenzó el periodo conocido como la República
Restaurada.
Juárez
tenía el compromiso de reorganizar el gobierno, la administración,
la hacienda y el ejército del país. Era una gran tarea;
pero murió el 18 de julio de 1872, siendo presidente.
Fue sustituido por Sebastián Lerdo de Tejada, como interino,
pero se desató una situación inestable.
Del
Porfiriato a la Revolución
En las
siguientes elecciones se enfretaron como candidatos a
la presidencia Porfirio Díaz y Lerdo de Tejada; obtuvo
el triunfo Lerdo, lo que provocó el levantamiento de Porfiro
Díaz.
Díaz proclamó
el Plan de Tuxtepec, que desconocía a Lerdo. Obtuvo
el triunfo y el presidente debió abandonar la ciudad de
México. Díaz asumió la presidencia, convocó a elecciones
y resultó electo presidente. Su periodo comenzó en 1877.
Se mantendría
en el poder durante varios periodos, con un pequeño intervalo
en el que ocupó la presidencia su compadre Manuel González.
Mantuvo el poder, como dictador, hasta 1910, cuando la
Revolución provocó su caída.
Ejerció
el poder durante más de treinta años e impulsó con éxito
el comercio y la industria, pero la falta de justicia
social, la corrupción y la ausencia de libertad provocaron
un movimiento que sangró y deterioró aún más al empobrecido
México.
La
visita al museo
Es importante
hacer el recorrido completo, comenzando por las salas
I y II, que abarcan la Conquista y el Virreinato. Aquí
es importante detenerse en la observación del poder de
la Iglesia y su labor evangelizadora.
En las
salas de la III a la V, cuyos temas son el fin de la Nueva
España y la Independencia, nos acercamos a la época borbónica
y su gran influencia en la minería, la agricultura y en
la forma de vida de su sociedad.
En varias
pinturas estan representados los diferentes grupos raciales
que conformaban la sociedad novohispana. También están
expuestos los retratos de Allende y de Hidalgo, y algunas
pinturas son buen ejemplo del barroco, como la titulada
Retrato ecuestre del virrey Bernardo de Gálvez.
Llaman
la atención el estandarte que fue utilizado por los ejércitos
insurgentes y la espada que perteneció a Morelos.
La sala
VI está dedicada a México independiente, de 1821 a 1857.
Gracias a la pintura Alegoría de la coronación,
se puede atestiguar la coronación de Iturbide. También
se exhibe un ejemplar de la Constitución de 1824 y en
el recorrido podemos darnos cuenta, poco a poco, de la
inestabilidad de la época y conocer los diferentes proyectos
de organización política, económica y social que en ella
hubo. En esta sala se presenta testimonio de la obra del
doctor José María Luis Mora, eminente mexicano, dedicado
a la labor educativa; se le recuerda, además, con una
escultura.
En la
sala VII, dedicada a la Reforma y el Imperio, se nos enseñan
documentos y objetos de la época; podemos acercarnos al
triunfo de Juárez sobre el Imperio y a la derrota de
Maximiliano. Podemos ver retratos y objetos personales
de muchos personajes importantes .
De las
salas VII a la IX se recuerda la victoria de la República
y las luchas por el poder entre liberales y conservadores
que caracterizan ese difícil momento de nuestra historia,
de 1857 a 1876. Hay testimonios de los principales sucesos
de la época; entre ellos el establecimiento de la educación
laica y obligatoria.
La sala
X nos ubica en la vida del México del Porfiriato. Entre
los objetos más interesantes de la sala se encuentran
las armas y uniformes de la época, el retrato de Ricardo
Flores Magón, quien con su pluma y ejemplo criticó duramente
a Porfirio Díaz, y la silla presidencial.
En la
sala XI cuyo tema es Sufragio efectivo, no reelección,
se recuerda a Madero, su lucha y su sacrifico, además
todos los sucesos previos a la caída del Porfiriato.
En la
sala XII, diversos objetos ilustran la etapa de la Revolución
Méxicana, de 1910 a 1917. Se pueden apreciar retratos
de personalidades como Francisco León de la Barra y Francisco
Madero, entre otros.
En la
sala XIII podemos recrear el tránsito del Porfiriato a
la Revolución en un majestuoso mural de David Alfaro Siqueiros.
Además,
el castillo cuenta con diversos patios y jardines, entre
los que destaca el Alcázar.
Los
murales
Los murales
del museo merecen mención especial. Entre ellos está uno
de José Clemente Orozco, titulado La Reforma y la caída
del Imperio, de 1948, que simboliza el triunfo de
la República sobre Maximiliano. De Jorge González Camarena
está la obra La fusión de dos culturas; de Juan
O’Gorman, Retablo de la Independencia, El
feudalismo porfirista y Sufragio efectivo, no reelección,
en el que la figura principal es Madero.
Destacan
también el mural de Antonio González Orozco Entrada
triunfal de Benito Juárez a Palacio Nacional y de
David Alfaro Siqueiros Del porfiriato a la Revolución,
obra en la que se representa el deterioro social de la
época de la dictadura porfirista, la unión del pueblo
y la lucha por la libertad.
La visita
al Museo Nacional de Historia es, en pocas palabras, una
importante experiencia que además de ilustrar, nos hará
vivir muy gratos momentos.
Bibliografía
| FUENTES MARES, José. Historia
ilustrada de México. De Hernán Cortés
a Miguel de la Madrid. Tesoros del Museo Nacional
de Historia del Castillo de Chapultepec. Plaza y Valdés
Editores, INAH, CONACULTA, Asociación del Museo
Nacional de Historia. |