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Correo del Maestro Núm. 84,mayo 2003

La glucosa y el rendimiento deportivo

Roberta Orozco Hernández
México mágico y
sus presencias culturales

Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec*

 

Graciela Hernández García

 

 

El Museo Nacional de Historia engalana nuestro hermoso bosque de Chapultepec, y en lo alto del cerro del Chapulín es guardián del quehacer de la ciudad. Esta hermosa obra arquitectónica se ha ido transformando a través del tiempo para menesteres de mayor o menor relevancia pero siempre ha formado  parte importante de la vida de los mexicanos.

No podemos visitarlo sin que vengan a nuestra mente algunos de los capítulos de los que ha sido testigo mudo, pues el sitio donde su ubica ya era utilizado  desde la época prehispánica para adorar a los dioses, y desde los manantiales de Chapultepec se llevaba  agua a los moradores de la gran Tenochtitlan; durante el virreinato se autorizó la construcción del edificio para ser utilizado como lugar de descanso de las autoridades importantes que acudían a la Nueva España.

Por su estratégica ubicación, el cerro del Chapulín, formado por roca volcánica y andesita de augita, siempre ha sido considerado de importancia militar, por lo que también ha sido sede del Colegio Militar.

Durante la invasión estadunidense en 1847, sus cadetes demostraron gran valor al defenderlo de las tropas invasoras que llegaban a las faldas del cerro. Hoy recordamos a los llamados ‘Niños Héroes’, por su corta edad, en ese  importante episodio de la historia patria.

Poco a poco el castillo fue cambiando su fisonomía. A través del tiempo ha tenido  innumerables modificaciones. Fue la residencia oficial del emperador Maximiliano, hombre progresista y algo poeta. Él ordenó realizar algunos cambios en el edificio, que aún hoy podemos admirar. Tuvo la intención de hacer algunos otros, pero la situación del país lo impidió. El emperador nunca tuvo apoyo popular y fue abandonado también por los franceses; era un pastor sin ovejas y debió firmar decretos represivos.

Hoy en día podemos visitar las que fueron habitaciones reales. Entre otros objetos de la época, hay retratos de personajes importantes, como Carlota Amalia, la emperatriz. La de ella es una historia de tristeza, ambición y frustración. Se pueden apreciar infinidad de obras de arte, artículos y muebles de la época, como el piano de cola que Napoleón III le regaló a Maximiliano en su cumpleaños 33; el reloj de bolsillo de Maximiliano; la cama de latón de Carlota, comprada en la Casa Linet de la ciudad de México; esculturas de Maximiliano y Carlota, y los carruajes que utilizaban.

El visitante se transporta a otra época, viaja a través del tiempo, se acerca a nuestro pasado y recrea costumbres, quehaceres y formas de vida.

Después de la época del Imperio, el Castillo fue utilizado como casa presidencial, y podemos observar gran cantidad de testimonios de las diferentes personalidades que lo habitaron.

En su momento, Porfirio Díaz lo utilizó para pasar temporadas de descanso y realizar recepciones importantes.

Durante un periodo el castillo albergó al Observatorio Astronómico, Meteorológico y Magnético de la Ciudad de México. En 1944, el general Ávila Camacho inauguró el museo, que atrapó entre sus muros parte de la historia de México, desde la Conquista hasta 1917.

Resumen histórico

Presentaremos un pequeño resumen del devenir histórico que nos presentan las diferentes salas que alojan la exposición permanente del museo.

La Conquista: lucha épica entre dos pueblos

Para llevar a cabo la exploración y conquista de  la región, se eligió a Hernán Cortés como capitán, quien salió de Cuba en 1519 con un pequeño ejército que viajó en diez barcos.

Lo que ahora es México estaba formado por varios señoríos, pero entre todos ellos el más importante y con mayor poder era el de los mexicas. A Cortés no pasó inadvertido que entre estos reinos existían serias diferencias, por lo tanto se propuso estabecer algunas alianzas que lo beneficiaran en la batalla. Así, el colonizador logró llegar hasta la gran Tenochtitlan. Él y sus hombres quedaron profundamente impactados por su magnificencia, su colorido, sus amplias calzadas, sus edificios y  el orden.

Como Cortés se sentía en desventaja con el pequeño grupo de hombres que lo acompañaba, decidió apresar al emperador Moctezuma II, pues nada le garantizaba que los mexicas lo respetarían por  mucho tiempo.

Cortés tuvo que abandonar Tenochtitlan para encontrarse con un grupo de soldados españoles que venían de Cuba con la intención de relevarlo del poder, lo que dio la oportunidad a los mexicas de levantarse en contra de los invasores, produciéndose lo que hoy se conoce como la ‘matanza del Templo Mayor’, en donde muchos nobles mexicas murieron asesinados.

Al regresar y enterarse de lo sucedido, Cortés poco pudo hacer para calmar los ánimos; ni siquiera le sirvió tener preso a Moctezuma, ya que éste murió, lo que empeoró más las cosas. Cortés decidió retirarse con sus hombres, pero fue perseguido por los mexicas y perdió casi todo lo que se había llevado, además de muchos hombres. Este episodio histórico es conocido como ‘La noche triste’. Se dice que Cortés lloró debajo de un árbol, del que todavía existen algunas ramas.

La epidemia de viruela traída por los españoles a territorio americano estaba diezmando a la población indígena. Entre los muertos estuvo quien fue nombrado tlatoani a la muerte de Moctezuma: Cuitláhuac.

Una vez repuesto de la derrota, Cortés decidió prepararse para atacar de nuevo; organizó a sus hombres y estableció alianzas con los enemigos del pueblo mexica. Tenochtitlan fue sitiada y el nuevo gobernante, Cuauhtémoc, la defendió hasta que la situación fue completamente insostenible. Fue apresado por los españoles y Cortés entró triunfante a la ciudad. Entre 1521 y 1550 casi todo lo que se considera territorio mesoamericano quedó bajo el dominio del reino de España. Se formó la Nueva España y la capital se estableció sobre las ruinas de Tenochtitlan.

Al ser informado Carlos V de los acontecimientos (Cartas de Relación de Hernán Cortés), decidió nombrar capitán general al propio Cortés. Cuando éste fue relevado de su cargo entraron en funciones las Audiencias y, posteriormente, se inició el periodo del Virreinato. El virrey era la máxima autoridad en la Colonia y representaba el poder del rey de España en tierras americanas. Se sucedieron en el puesto de virrey gran cantidad de personajes, algunos realmente preocupados por lograr el bienestar de la colonia y otros sólo por obtener ganancias económicas.

Los organismos encargados de manejar los asuntos de América eran el Consejo de Indias y la Casa de Contratación de Sevilla, que organizaba todo lo que al comercio de ultramar se refería.

La Nueva España destacaba en su función exportadora, principalmente de metales preciosos como oro y plata, además de muchos otros productos. La corona española era dueña de las minas y quienes las explotaban debían pagarle el llamado Quinto real.

La Iglesia tenía gran influencia en todos los asuntos de Estado. Registraba los nacimientos, defunciones y matrimonios, impartía la educación en todos los niveles, dirigía instituciones de beneficencia y era la encargada de la evangelización del pueblo. No se toleraba otra religión que no fuese la católica.

Llegó a ser tanto el poder de la Iglesia que al finalizar la Colonia eran dueños de aproximadamente la mitad de todos los bienes del país. En la Colonia dominaba el sistema de razas. La sociedad novohispana estaba formada por la raza blanca, en su mayoría española; la cobriza, formada por los indios; y la negra, integrada por los individuos que eran traídos de África para realizar los trabajos más pesados. Con el tiempo se fueron formando muchos otros grupos.

Los hijos de españoles nacidos en la Nueva España eran llamados ‘criollos’. Estos vivían en permanente descontento, pues se hacían significativas diferencias entre ellos y los nacidos en España.

En la estructura social de la Nueva España había gran desigualdad, pero destacaba el gran resentimiento criollo que desencadenaría las conspiraciones que pretendían la emancipación de España.

La Corona española, para protegerse, decidió dejar a los criollos lejos de los cargos importantes y bien pagados en el gobierno, que sólo eran ejercidos por los españoles peninsulares.

Fin de una época de dependencia

Los conceptos de libertad y de justicia de los grandes pensadores europeos de la época trascendieron fronteras e hicieron eco en las ideas liberales de muchos habitantes de la Nueva España. La independencia de Estados Unidos de Norteamérica del yugo inglés; la invasión de España por los franceses; la abdicación de los reyes en favor de Napoleón Bonaparte, quien cede el trono a su hermano José; y la inconformidad que reinaba en la Colonia preparan el escenario para que proliferen las ideas  de independencia.

Miguel Hidalgo y muchos otros  personajes como Allende, Aldama, Arias, Josefa Ortiz de Domínguez, etc., toman parte en las consipiraciones en contra de la Corona. Al ser denunciados se vieron obligados a acelerar los planes, y el 16 de septiembre de 1810, después de la acostumbrada misa, Hidalgo arengó a su pueblo para iniciar la lucha.

Después de meses de enfrentamientos, los líderes del movimiento fueron derrotados, apresados y fusilados.

Morelos se convirtió en el líder del movimiento. Elaboró el documento que se conoce como Sentimientos de la Nación, donde se propone la elaboración de una Constitución. Así, en Apatzingán, Michoacán, surge la primera Constitución mexicana, la de 1814, inspirada fundamentalmente en la francesa de 1793. Morelos cayó en manos de los españoles y fue ejecutado en 1815.

El movimiento perdió fuerza y los insurgentes se replegaron. Destacó en sus intentos contra las tropas realistas Francisco Javier Mina, español generoso y brillante soldado que lamentablemente también fue apresado y posteriormente fusilado.

El insurgente Vicente Guerrero logró reunir un importante ejército y continuó con el movimiento. Él y Agustín de Iturbide, oficial del ejército español, decidiron unirse en la lucha por la independencia. Iturbide proclamó el Plan de Iguala y la independencia, pero esto no traería la paz al país. Se inició una época de incertidumbre política, social y económica, cambios constantes de gobierno, discusiones ideológicas, invasiones y cesiones de territorio.

México independiente

En 1822, Iturbide fue proclamado emperador con el nombre de Agustín I. Su política causó gran descontento y Guerrero, Santa Anna, Nicolás Bravo y luego Guadalupe Victoria se levantaron en armas en su contra. Iturbide abdicó en marzo de 1823 y salió al destierro. En un intento por regresar al país fue apresado y fusilado.

Se promulgó la Constitución de 1824 que establecía un gobierno republicano y federal, pero la gran inestabilidad hizo difícil llevar a cabo cualquier tipo de organización; así se sucedieron un gran número de gobiernos que llevaron al país a difíciles situaciones. La minería y el comercio se estancaron, aumentó el contrabando y la corrupción, y la distribución de tierras provocó varios levantamientos. Además, México contrajo fuertes deudas con Estados Unidos y las relaciones con ese país se volvían muy tensas.

Durante el gobierno de Antonio López de Santa Anna, en 1847, James Polk, presidente estadunidense declaró la guerra a México. Las tropas estadunidenses avanzaron sobre territorio mexicano so pretexto de la falta de pagos. Atacaron Molino del Rey, el Castillo de Chapultepec, que era sede del Colegio Militar,  llegaron hasta el centro de la ciudad de México e hicieron ondear su bandera .

En 1848 se firmó la paz, pero México debió ceder una parte importante de su territorio (Texas hasta el Río Bravo, Nuevo México y Alta California). Posteriormente, Estados Unidos exigió a México la venta del territorio de la Mesilla.

La dictadura de Santa Anna  hizo que crecieran en el país la incoformidad y las quejas políticas; fue surgiendo con fuerza una nueva generación de radicales liberales que quería un gobierno federal, un país de ciudadanos libres y conscientes de sus derechos y deberes. Este movimiento fue encabezado por figuras como Benito Juárez, Melchor Ocampo, Ignacio Ramírez, Miguel Lerdo de Tejada y Guillermo Prieto.

Quien encabezó el primer movimiento de los liberales contra Santa Anna fue Juan Álvarez, cacique liberal que había luchado en la Guerra de Independencia. Fue acompañado por Diego Álvarez, Ignacio Comonfort y Trinidad Gómez, entre otros, y juntos elaboraron un plan contra la dictadura de Santa Anna, el Plan de Ayutla. Santa Anna abandonó el país el 19 de agosto de 1855 y  dejó el poder a los liberales.

Gobernaron el general Álvarez, y posteriormente, Comonfort. En 1856 se reunió un Congreso Constituyente.

La Reforma, la caída del Imperio y la victoria de la República

La nueva Constitución, proclamada el 5 de febrero de 1857, no fue aceptada por los conservadores. Surgió el Plan de Tacubaya, que la desconocía y mantenía a Comonfort en la presidencia. El presidente aceptó el plan, pero hubo un pronunciamiento que lo obligó a dejar el poder; fue sustituido por Félix María Zuloaga, que derogó todas las leyes reformistas.

Benito Juárez se rebeló y estableció otro gobierno en Guanajuato; por lo tanto había dos gobiernos uno liberal y otro consevador. Así se inició la llamada Guerra de Reforma.

Después de tres años de lucha, en 1860, triunfó la causa constitucionalista. Entre 1857 y 1860 se promulgaron las Leyes de Reforma, que pretendían la renovación de la sociedad y traer orden al país.

México continuaba muy pobre y endeudado. Los principales acreedores eran Inglaterra, Francia y España, y sus representantes decidieron romper relaciones diplomáticas con nuestro país y presionar al gobierno para que pagara.

Los tres gobiernos enviaron tropas a territorio mexicano, las que llegaron a Veracruz en 1862.

El único país con verdaderas intenciones intervencionistas era Francia. Inglaterra y España se retiraron, pero Napoleón III quería extender sus dominios en América, de ahí su decisión de invadir territorio mexicano. Los conservadores decidieron sumarse a los franceses y apoyarlos.

Los franceses avanzaron, y el 5 de mayo de 1862 se enfrentaron en Puebla. Triunfaron las tropas mexicanas, que hicieron retroceder a las francesas. En esta batalla se distinguieron el General Ignacio Zaragoza, Felipe Berriozabal, Porfirio Díaz y Miguel Negrete.

Napoleón III envió más hombres y armamento para reforzar a las tropas francesas que  derrotaron a las fuerzas mexicanas y tomaron la capital en 1863.

Juárez se trasladó con su gobierno a San Luis Potosí y Chihuahua, en notable ‘exilio interior’ para mantener las instituciones republicanas.

En Europa se ofreció a Maximiliano de Habsburgo la corona del Imperio mexicano. Él aceptó rápidamente y firmó con Napoleón III el Tratado de Miramar. Al llegar a México, Maximiliano estableció un gabinete con reconocidos liberales y progresistas e impuso a los conservadores la tolerancia de cultos, la desamortización de los bienes eclesiásticos y otras medidas que no fueron bien recibidas por ellos.

Maximiliano se sostenía con los préstamos que Napoleón le hacía, pero las relaciones entre los dos se hicieron tensas por la situación y porque el nuevo emperador, casi de inmediato, había ordenado el retiro de las tropas francesas de territorio mexicano. Francia le retiró todo apoyo económico.

Maximiliano intentó defender su débil Imperio, pero Juárez estaba resuelto a recuperar el gobierno. En Estados Unidos había terminado la Guerra de Secesión y su gobierno brindó apoyo a los insurrectos. Finalmente, Maximiliano, Miramón y Mejía fueron apresados y condenados a muerte. Fueron ejecutados el 19 de junio de 1867 en el Cerro de las Campanas, Querétaro, con lo que comenzó el periodo conocido como la República Restaurada.

Juárez tenía el compromiso de reorganizar el gobierno, la administración, la hacienda y el ejército del país. Era una gran tarea; pero murió el 18 de julio de 1872, siendo presidente. Fue sustituido por Sebastián Lerdo de Tejada, como interino, pero se desató una situación inestable.

Del Porfiriato a la Revolución

En las siguientes elecciones se enfretaron como candidatos a la presidencia Porfirio Díaz y Lerdo de Tejada; obtuvo el triunfo Lerdo, lo que provocó el levantamiento de Porfiro Díaz.

Díaz proclamó el Plan de Tuxtepec, que desconocía a Lerdo. Obtuvo el triunfo y el presidente debió abandonar la ciudad de México. Díaz asumió la presidencia, convocó a elecciones y resultó electo presidente. Su periodo comenzó en 1877.

Se mantendría en el poder durante varios periodos, con un pequeño intervalo en el que ocupó la presidencia su compadre Manuel González. Mantuvo el poder, como dictador,  hasta 1910, cuando la Revolución provocó su caída.

Ejerció el poder durante más de treinta años e impulsó con éxito  el comercio y la industria, pero la falta de justicia social, la corrupción y la ausencia de libertad provocaron un movimiento que sangró y deterioró aún más al empobrecido México.

La visita al museo

Es importante hacer el recorrido completo, comenzando por las salas I y II, que abarcan la Conquista y el Virreinato. Aquí es importante detenerse en la observación del poder de la Iglesia y su labor evangelizadora.

En las salas de la III a la V, cuyos temas son el fin de la Nueva España y la Independencia, nos acercamos a la época borbónica y su gran influencia en la minería, la agricultura y en la forma de vida de su sociedad.

En varias pinturas estan representados los diferentes grupos raciales que conformaban la sociedad novohispana. También están expuestos los retratos de Allende y de Hidalgo, y algunas pinturas son buen ejemplo del barroco, como la titulada Retrato ecuestre del virrey Bernardo de Gálvez.

Llaman la atención el estandarte que fue utilizado por los ejércitos insurgentes y la espada que perteneció a Morelos.

La sala VI está dedicada a México independiente, de 1821 a 1857. Gracias a la pintura Alegoría de la coronación, se puede atestiguar la coronación de Iturbide. También se exhibe un ejemplar de la Constitución de 1824 y en el recorrido podemos darnos cuenta, poco a poco, de la inestabilidad de la época y conocer los diferentes proyectos de organización política, económica y social que en ella hubo. En esta sala se presenta testimonio de la obra del doctor José María Luis Mora, eminente mexicano, dedicado a la labor educativa; se le recuerda, además, con una escultura.

En la sala VII, dedicada a la Reforma y el Imperio, se nos enseñan documentos y objetos de la época; podemos acercarnos al triunfo de Juárez sobre el Imperio y a  la derrota de Maximiliano. Podemos ver retratos y objetos personales de muchos personajes importantes .

De las salas VII a la IX se recuerda la victoria de la República y las luchas por el poder entre liberales y conservadores que caracterizan ese difícil momento de nuestra historia, de 1857 a 1876. Hay testimonios de los principales sucesos de la época; entre ellos el establecimiento de la educación laica y obligatoria.

La sala X nos ubica en la vida del México del Porfiriato. Entre los objetos más interesantes de la sala se encuentran las armas y uniformes de la época, el retrato de Ricardo Flores Magón,  quien con su pluma y ejemplo criticó duramente a Porfirio Díaz, y la silla presidencial.

En la sala XI cuyo tema es Sufragio efectivo, no reelección, se recuerda a Madero, su lucha y su sacrifico, además todos los sucesos previos a la caída del Porfiriato.

En la sala XII, diversos objetos ilustran la etapa de la Revolución Méxicana, de 1910 a 1917. Se pueden apreciar retratos de personalidades como Francisco León de la Barra y Francisco Madero, entre otros.

En la sala XIII podemos recrear el tránsito del Porfiriato a la Revolución en un majestuoso mural de David Alfaro Siqueiros.

Además, el castillo cuenta con diversos patios y jardines, entre los que destaca el Alcázar.

Los murales

Los murales del museo merecen mención especial. Entre ellos está uno de José Clemente Orozco, titulado La Reforma y la caída del Imperio, de 1948, que simboliza el triunfo de la República sobre Maximiliano. De Jorge González Camarena está la obra La fusión de dos culturas; de Juan O’Gorman,  Retablo de la Independencia, El feudalismo porfirista y Sufragio efectivo, no reelección, en el que la figura principal es Madero.

Destacan también el mural de Antonio González Orozco Entrada triunfal de Benito Juárez a Palacio Nacional y de David Alfaro Siqueiros Del porfiriato a la  Revolución, obra en la que se representa el deterioro social de la época de la dictadura porfirista, la unión del pueblo y la lucha por la libertad.

La visita al Museo Nacional de Historia es, en pocas palabras, una importante experiencia que además de ilustrar, nos hará vivir muy gratos momentos.

Bibliografía

FUENTES MARES, José. Historia ilustrada de México. De Hernán Cortés a Miguel de la Madrid. Tesoros del Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec. Plaza y Valdés Editores, INAH, CONACULTA, Asociación del Museo Nacional de Historia.

 

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