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Correo del Maestro Núm. 82,marzo 2003

La palabra del rey

Claudia Hernández García
Daniel Juárez Melchor

Entre nuestras más caras convicciones, ninguna es más preciosa que nuestras creencias acerca del espacio y el tiempo y, sin embargo, ninguna otra es más difícil de explicar. El pez parlante del cuento de hadas de los hermanos Grimm se habría visto en grandes dificultades para explicar cómo se sentía al estar continuamente mojado no habiendo experimentado nunca el placer de estar seco. Nosotros tenemos dificultades análogas al hablar del espacio, por no saber qué es ni cómo sería no estar en él. El espacio y el tiempo están ‘demasiado con nosotros’ como para desprendernos de ellos y describirlos objetivamente. “Porque, ¿qué es el tiempo? preguntaba San Agustín. ¿Quién puede explicarlo fácil y brevemente? ¿Quién, aun con el pensamiento, puede concebirlo, aun pronunciando una palabra referente a él? Pero, ¿a qué cosa, en el habla, nos referiremos más familiarmente y con conocimiento de causa que al tiempo? Y por cierto que lo entendemos al hablar de él; lo comprendemos también cuando oímos que otro habla de él. Entonces, ¿qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé. Si deseo explicarlo a quien me lo pregunta, no lo sé.”Y esto también podría decirse del espacio. Aunque el espacio no puede ser definido, hay poca dificultad para medir distancias y superficies, para desplazarse, para hacer cartografías de grandes extensiones, o en ver a través de millones de años luz. Por todas partes está la abrumadora evidencia de que el espacio es nuestro medio natural, que no nos presenta problemas insuperables.*

Edward Kasner**

La actividad que proponemos en este número de Correo del Maestro está pensada para alumnos de tercero de secundaria en adelante. En esta ocasión presentamos una historia y pedimos a los alumnos que averigüen qué es lo que anda mal. Sugerimos que primero se trabaje en equipos de tres personas y luego se genere una discusión a nivel de grupo para comparar razonamientos.

Actividad

En algún lugar perdido en el tiempo, un rey ofrecía la libertad a los presos que lograran matar al león que se escondía detrás de una de las cinco entradas al estadio. El preso tenía que abrirlas en orden, empezando por la primera. No sabría en qué pasillo estaba el león hasta que abriera la puerta indicada. Debía ser un león inesperado.

Cuando tocó el turno a José, vio las puertas y pensó:

"Si abro cuatro pasillos vacíos sabré que el león está en el quinto pasillo, pero el rey dijo que no sabría por adelantado; así que el león no puede estar detrás de la quinta puerta. Como el quinto pasillo está descartado, el león deberá estar en uno de los otros cuatro. Ahora, si abro tres pasillos vacíos, el león tendrá que estar en en cuarto pasillo; pero entonces no será inesperado, por lo tanto, tampoco puede estar en el cuarto pasillo."

Con el mismo razonamiento José se convence de que el león no puede estar en el tercer pasillo, ni en el segundo, ni en el primero.

"No hay ningún león detrás de las puertas. Si lo hubiera, no sería inesperado como lo prometió el rey y él siempre mantiene su palabra."
Habiendo probado que no había león, José comenzó a abrir las puertas. Para sorpresa suya, el león saltó de la segunda puerta. Era completamente inesperado, el rey había cumplido su palabra.

¿Por qué estuvo mal el razonamiento de José?

 

 

Solución:
El razonamiento de José tiene los siguientes problemas:
1) El Rey le dijo que tenía que matar al león escondido detrás de la puerta y como siempre cumple su palabra, debe haber un león detrás de alguna de las puertas.
2) Tampoco es correcto su razonamiento respecto de la última puerta. Si José está convencido de que detrás de la última puerta no hay un león porque éste no sería inesperado, al abrirla podría encontrar un león inesperado (porque estaba convencido de que ahí no habría león). Por lo tanto, no podemos asegurar que detrás de la última puerta no hay un león.

 

 

 

 

*Tomado de Matemáticas e imaginación de Edward Kasner y James Newman, Compañía Editorial Continental, S.A., México, D.F., 1981, pág. 99.
**Edward Kasner (1878-1955) fue un matemático estadunidense dedicado especialmente a la geometría diferencial, pero fueron sus conferencias sobre matemática elemental las que lo hicieron muy popular entre los no matemáticos. Alrededor de 1930 introdujo los conceptos de dos números particularmente grandes a los que un sobrino suyo llamó googol (un 1 seguido de 100 ceros) y  googolplex (un 1 seguido de googol ceros).

 

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