1. Introducción
Actualmente, en el campo educativo
y particularmente entre quienes tienen su quehacer cotidiano frente a grupos
de escolares, se ha vuelto un término de uso frecuente y ordinario el vocablo
‘constructivismo’, que se usa para caracterizar a la corriente que, en palabras
de Carretero, básicamente puede decirse que es la idea de que el individuo
—tanto en los aspectos cognitivos y sociales del comportamiento como en los
afectivos— no es un mero producto del ambiente ni un simple resultado de sus
disposiciones internas, sino una construcción propia que se va produciendo
día a día como resultado de la interacción entre esos dos factores.
Desde esa perspectiva, podemos
afirmar que las personas, tanto individual como colectivamente,
“construyen sus conocimientos, saberes y aprendizajes
como consecuencia de su interacción con su medio físico,
social y cultural”. Dicho de otra manera, el conocimiento
es el resultado de un proceso de construcción o reconstrucción
de la realidad que tiene su origen en la interacción entre
las personas y el mundo que las rodea, de tal forma que
la elaboración del conocimiento, más que una descripción
de la realidad, constituye una modelación de la misma.
El constructivismo no es un
modelo educativo de reciente introducción en el terreno de la docencia. Baste
recordar que ya desde la década de los noventas del siglo pasado, más exactamente
en 1993, en el diseño y elaboración de los planes y programas de estudio de
educación secundaria se maneja el enfoque constructivista. Sin embargo, dicho
modelo no se ha llevado a la práctica, quizá por la resistencia o desconocimiento
de sus bondades educativas.
Apenas en estos primeros años
del siglo xxi se le ha dado mayor impulso a los trabajos de índole constructivista.
Cabe señalar que a nivel nacional, el Instituto Pedagógico de Estudios de
Posgrado de Celaya, Guanajuato, está preparando dentro del paradigma cualitativo
la segunda generación de investigadores educativos constructivistas.
2. ¿Qué es el constructivismo
humano?
Aunque hasta el momento en
que se escribe este artículo existe la imposibilidad de obtener consecuencias
pedagógicas claras del constructivismo, por no ser estrictamente una teoría
para la enseñanza, es imposible comprender las líneas actuales que impulsan
la enseñanza moderna sin recurrir a las aportaciones del constructivismo,
y eso constituye ya un consenso casi total entre los filósofos, psicólogos
y educadores.
Algunos autores opinan que
no hay un solo tipo de constructivismo, pues tras éste se esconde una gran
variedad de matices e interpretaciones que guardan excesivas diferencias.
En este orden de ideas, existen versiones del constructivismo que se basan
en la idea de ‘asociación’ como núcleo generador del conocimiento, tal como
lo sostienen Roberto Gagné y Brunner; otras se centran en la idea de ‘asimilación’
y ‘acomodación’, según lo refiere en sus trabajos Jean Piaget. También existen
versiones del constructivismo que se basan en la importancia de los ‘puentes’
o ‘relaciones cognitivas’, de acuerdo con David Paul Ausubel; asimismo, otras
son partidarias de la influencia social sobre el aprendizaje, etcétera.
El constructivismo humano
se diferencia del ‘constructivismo piagetiano’ —que gira en torno a la epistemología
evolutiva, es decir, el conocimiento sobre la forma de construir el pensamiento
de acuerdo con las etapas psicoevolutivas del niño— y del ‘constructivismo
so-cial’ —que considera de gran importancia las interacciones sociales entre
las que aprenden los escolares. También se diferencia del ‘constructivismo
radical’—que niega la posibilidad de una transmisión de conocimientos del
profesor al alumno y sostiene que ambos construyen estrictamente sus significados,
es decir, entiende la construcción de saberes desde una vertiente darwinista
y adaptativa, pues considera que el proceso cognitivo tiene su razón de ser
en la adaptación del hombre al medio y no en el descubrimiento de una realidad
objetiva. El constructivismo humano es una corriente derivada del constructivismo
propiamente dicho y tiene su máxima expresión en la teoría del aprendizaje
significativo que responde a una concepción cognitiva del aprendizaje según
la cual éste aparece en escena cuando los individuos interactúan con su medio
circundante tratando de dar significado al mundo que captan sus sentidos.
Así pues, el constructivismo
humano emerge de las aportaciones de David Paul Ausubel sobre el aprendizaje
significativo y se enriquece con las posteriores contribuciones neurobiológicas
de Novak.
3. El aprendizaje en el
constructivismo humano
Ya quedó asentado en el párrafo
anterior que el constructivismo humano está representado totalmente por la
teoría del aprendizaje por recepción significativa, que mantiene la idea de
que la persona que aprende recibe información verbal, la vincula con los acontecimientos
previamente adquiridos y, de esta manera, concede a la nueva información,
así como a la información anterior, un significado especial. Es decir, el
aprendizaje en el constructivismo humano se presenta cuando los nuevos conocimientos
se incorporan en forma sustantiva a la estructura cognitiva del alumno, lo
cual se logra cuando el que aprende relaciona los nuevos conocimientos con
los anteriormente adquiridos. Pero también es necesario que el estudiante
se interese por aprehender el objeto motivo de aprendizaje.
Según el constructivismo humano,
la rapidez y la meticulosidad con que el alumno aprende depende fundamentalmente
del grado de relación existente entre los conocimientos anteriores y el material
nuevo, y de la naturaleza de la relación que se establece entre la información
nueva y la antigua.
4. Bondades del constructivismo
humano
De acuerdo con Ausubel, mediante
la asimilación (proceso por el cual se almacenan nuevas ideas en estrecha
relación con ideas relacionadas relevantes presentes en la estructura cognitiva
del individuo) se puede asegurar el aprendizaje de tres formas:
.Proporcionando un significado
adicional a la nueva idea, reduciendo la probabilidad de que se olvide ésta
y haciendo que resulte más accesible o esté más fácilmente disponible para
su recuperación.
.Evitando que la nueva idea
se pierda u olvide rápidamente ya que se ubica en un ambiente familiar, o
sea, la relaciona con ideas afines.
.Protegiendo del olvido, asegurando
que la nueva idea pueda encontrarse o recuperarse fácilmente cuando sea necesario.
Y mediante el empleo de los
organizadores de avance (materiales introductorios de naturaleza general que
proporcionan un marco de referencia en el que integra información más detallada
que se presenta más adelante) el profesor puede usar las ideas previas que
tienen los estudiantes para engarzarlas al material nuevo, de tal forma que
al ser relacionada la nueva información con la anterior, es guardada en la
memoria a largo plazo.
Otra de las bondades del constructivismo
humano, según Ausubel, es que produce un aprendizaje activo que depende de
la asimilación de las actividades de aprendizaje por parte del alumno; además,
es personal, pues la significación de aprendizaje depende de los recursos
cognitivos del escolar.
5. Sugerencias para la
aplicación de este modelo
Planear las actividades de
aprendizaje con base en las experiencias y conocimientos previos del alumno.
Tener en cuenta que los materiales
en el aula deben organizarse de manera lógica y jerárquica, pues no solo
importa el contenido sino la forma en que se presenta al que aprende.
No olvidar que la motivación
es un factor determinante para que el escolar se interese en aprender. Se
debe propiciar un ambiente agradable en clase para que el alumno se sienta
contento, con una actitud favorable y disposición total para construir su
aprendizaje.
Para el aprendizaje de conceptos,
el profesor debe auxiliarse de medios visuales como: dibujos, diagramas, mapas
conceptuales y fotografías.
6. Conclusión
El constructivismo humano
es una alternativa educativa basada en la teoría del aprendizaje significativo
de Ausubel, enriquecida con las aportaciones neurobiológicas de Novak. En
este modelo, el aprendizaje se logra al establecerse los puentes o relaciones
cognitivas, para lo cual son muy importantes las experiencias y conocimientos
previos.
Bibliografía
AUSUBEL, David P., Psicología
educativa. Editorial Trillas, México, 1978.
CARRERERO Mario, Constructivismo y educación. 3a Edición.
Editorial Luis Vives, Buenos Aires. Argentina, 1993.
CLIFFORD, Margaret M., Enciclopedia práctica de la
pedagogía. Ediciones Océano, Barcelona, 1982. |