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Travesuras,
frutas y engaños
Claudia Hernández García
Daniel Juárez Melchor
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Muchas
veces, cuando se considera la diferencia entre las
ciencias y otros tipos de disciplinas, se dice que
lo que caracteriza a la actividad científica es
la realización de experimentos. Sin embargo, esta
concepción trae consigo algunos problemas. En primer
lugar, puede servir como justificación para excluir
del ámbito de lo científico a disciplinas serias,
como las ciencias sociales. Todo mundo está de acuerdo
en que resulta, al menos, difícil hacer experimentos
en economía, sociología, historia o arqueología…
y sin embargo todas estas ciencias han demostrado,
cada una en su propio ámbito y con su propio grado
de confiabilidad, su valor y su importancia como
fuentes válidas de conocimiento. Descalificarlas
por no poder aplicar un método experimental sería
darles armas a los radicales que consideran que
sólo las ciencias “duras”, cuyo ejemplo
clásico es la física, son dignas de tal nombre.
[…]
Lo que realmente caracteriza a una ciencia –y
lo que la distingue de seudociencias como la astrología–
no es la realización de experimentos, sino la formulación
de hipótesis para tratar de explicar lo observado,
que luego son puestas a prueba, confrontándolas
con nuevos datos, para ver si coinciden con ellos
o si deben ser sustituidas con hipótesis nuevas,
más adecuadas. Si los datos con los que se confrontan
las hipótesis son obtenidos observando un hecho
natural o un experimento controlado, es realmente
cuestión secundaria.*
Martín Bonfil Olivera**
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Actividad:
1.
Juan quiere formar parte de una sociedad muy exclusiva,
pero para lograr entrar tiene que descubrir la clave
secreta. Se esconde cerca del punto de reunión y
observa. En ese momento llega una persona. Llama
a la puerta y desde el interior le dicen: 18. El
que está afuera responde: 9. La puerta se abre y
accede al interior. Juan se queda pensativo y cree
tener la respuesta, pero decide esperar. Viene otra
persona, desde dentro le dicen: 8. Él responde:
4 y la puerta se abre. Juan sonríe porque está convencido
de que la clave consiste en responder la mitad del
número que dicen desde dentro. Llega otra persona,
se escucha 14, y la persona contesta: 7. La puerta
se abre. Juan está convencido de que ésa es la forma
de acceder al interior y decide intentarlo. Llama
a la puerta. Desde dentro le dicen: 0. Se queda
parado y después de unos breves segundos responde:
0 y la puerta no abre. Juan está sorprendido y desilusionado
y se va a casa. Unos días después, desea intentarlo
una vez más. Toca la puerta, desde dentro se oye:
2. Juan contesta muy convencido: 1, sin embargo,
la puerta no se abre. ¿Por qué?
2.
Hay tres cajas, una contiene manzanas, otra duraznos
y la otra peras. El que ha puesto las etiquetas
de lo que contenían se ha confundido y no ha acertado
con ninguna. Abriendo una sola caja y sacando una
sola pieza, ¿cómo se puede conseguir poner a cada
caja su etiqueta correcta?
3.
Un maestro de alguna escuela ofrece no hacer examen
final a uno de sus diez alumnos, elegido al azar.
Para ello prepara una caja con diez canicas, 9 negras
y una sola blanca y les dice que aquel que extraiga
la bola blanca quedará exento. Pero el maestro,
que esa vez pretendía hacer una travesura, coloca,
sin que nadie lo sepa, diez canicas negras y ninguna
blanca, para asegurarse de que ninguno de sus 10
alumnos se librará de examen. Andrés, que tiene
fama de ser muy listo, se enteró casualmente de
la trampa que iba a hacer el maestro, e ideó una
estrategia que lo libró del examen. ¿Qué habrá sido
lo que hizo Andrés?
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Solución:
1.
La respuesta no es la mitad del número, sino el
número de letras que tiene.
Dieciocho
tiene 9 letras. Ocho tiene 4 letras. Catorce tiene
7 letras.
Cuando
desde dentro dicen cero, debía contestar 4, y cuando
dicen dos, debía responder 3.
2.
La solución del acertijo se esconde en la interpretación
del enunciado “no ha acertado con ninguna
etiqueta”. Imagina que las etiquetas son:
caja
1 ——— manzanas, caja 2 ———
duraznos, caja 3 ——— peras
Al
abrir la 1ª supongamos que vemos que tiene peras
(no puede tener manzanas porque eso es lo que la
etiqueta dice). Como la 2ª caja tiene la etiqueta
de duraznos, sabemos que ahí no hay duraznos y como
supusimos que la 1ª tiene peras, entonces en esta
caja debe haber manzanas. Por eliminación, en la
3ª caja deben estar los duraznos. ¿Qué pasaría si
la 1ª caja tuviera peras en lugar de duraznos?
3.
Cuando a Andrés le tocó pasar delante de la caja,
metió la mano y tomó una de las canicas y, sin mostrarla
a nadie, se la metió en la boca y se la tragó. Tan
pronto pudo respirar bien, dijo “yo he sacado
la canica blanca, pues nadie más la ha sacado y
sólo quedan en la caja canicas negras”. Todos
miraron dentro de la caja; era verdad y el maestro
no pudo negarse a eximirlo del examen.
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Extracto del artículo “Experimentos”
de la sección Ojo de mosca de la revista ¿Cómo
ves?, publicación mensual de la Dirección General
de Divulgación de la Ciencia, UNAM, año 3, Núm.
27, febrero de 2001, p.7.
**
Martín Bonfil es un brillante e incansable divulgador
de la ciencia en México. Actualmente trabaja en
la Dirección General de Divulgación de la Ciencia
de la unam donde, entre otras cosas, colabora mensualmente
con la sección Ojo de mosca de la revista ¿Cómo
ves? y es editor del Muégano divulgador. Ambas publicaciones
se pueden consultar en la página www.dgdc.unam.mx
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