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Correo del Maestro Núm. 85, junio 2003

Travesuras, frutas y engaños

Claudia Hernández García
Daniel Juárez Melchor

Muchas veces, cuando se considera la diferencia entre las ciencias y otros tipos de disciplinas, se dice que lo que caracteriza a la actividad científica es la realización de experimentos. Sin embargo, esta concepción trae consigo algunos problemas. En primer lugar, puede servir como justificación para excluir del ámbito de lo científico a disciplinas serias, como las ciencias sociales. Todo mundo está de acuerdo en que resulta, al menos, difícil hacer experimentos en economía, sociología, historia o arqueología… y sin embargo todas estas ciencias han demostrado, cada una en su propio ámbito y con su propio grado de confiabilidad, su valor y su importancia como fuentes válidas de conocimiento. Descalificarlas por no poder aplicar un método experimental sería darles armas a los radicales que consideran que sólo las ciencias “duras”, cuyo ejemplo clásico es la física, son dignas de tal nombre.

[…] Lo que realmente caracteriza a una ciencia –y lo que la distingue de seudociencias como la astrología– no es la realización de experimentos, sino la formulación de hipótesis para tratar de explicar lo observado, que luego son puestas a prueba, confrontándolas con nuevos datos, para ver si coinciden con ellos o si deben ser sustituidas con hipótesis nuevas, más adecuadas. Si los datos con los que se confrontan las hipótesis son obtenidos observando un hecho natural o un experimento controlado, es realmente cuestión secundaria.*

Martín Bonfil Olivera**

 

Actividad:

1. Juan quiere formar parte de una sociedad muy exclusiva, pero para lograr entrar tiene que descubrir la clave secreta. Se esconde cerca del punto de reunión y observa. En ese momento llega una persona. Llama a la puerta y desde el interior le dicen: 18. El que está afuera responde: 9. La puerta se abre y accede al interior. Juan se queda pensativo y cree tener la respuesta, pero decide esperar. Viene otra persona, desde dentro le dicen: 8. Él responde: 4 y la puerta se abre. Juan sonríe porque está convencido de que la clave consiste en responder la mitad del número que dicen desde dentro. Llega otra persona, se escucha 14, y la persona contesta: 7. La puerta se abre. Juan está convencido de que ésa es la forma de acceder al interior y decide intentarlo. Llama a la puerta. Desde dentro le dicen: 0. Se queda parado y después de unos breves segundos responde: 0 y la puerta no abre. Juan está sorprendido y desilusionado y se va a casa. Unos días después, desea intentarlo una vez más. Toca la puerta, desde dentro se oye: 2. Juan contesta muy convencido: 1, sin embargo, la puerta no se abre. ¿Por qué?

2. Hay tres cajas, una contiene manzanas, otra duraznos y la otra peras. El que ha puesto las etiquetas de lo que contenían se ha confundido y no ha acertado con ninguna. Abriendo una sola caja y sacando una sola pieza, ¿cómo se puede conseguir poner a cada caja su etiqueta correcta?

3. Un maestro de alguna escuela ofrece no hacer examen final a uno de sus diez alumnos, elegido al azar. Para ello prepara una caja con diez canicas, 9 negras y una sola blanca y les dice que aquel que extraiga la bola blanca quedará exento. Pero el maestro, que esa vez pretendía hacer una travesura, coloca, sin que nadie lo sepa, diez canicas negras y ninguna blanca, para asegurarse de que ninguno de sus 10 alumnos se librará de examen.  Andrés, que tiene fama de ser muy listo, se enteró casualmente de la trampa que iba a hacer el maestro, e ideó una estrategia que lo libró del examen. ¿Qué habrá sido lo que hizo Andrés?

 

Solución:

1. La respuesta no es la mitad del número, sino el número de letras que tiene.

Dieciocho tiene 9 letras. Ocho tiene 4 letras. Catorce tiene 7 letras.

Cuando desde dentro dicen cero, debía contestar 4, y cuando dicen dos, debía responder 3.

2. La solución del acertijo se esconde en la interpretación del enunciado “no ha acertado con ninguna etiqueta”. Imagina que las etiquetas son:

caja 1 ——— manzanas, caja 2 ——— duraznos, caja 3 ——— peras

Al abrir la 1ª supongamos que vemos que tiene peras (no puede tener manzanas porque eso es lo que la etiqueta dice). Como la 2ª caja tiene la etiqueta de duraznos, sabemos que ahí no hay duraznos y como supusimos que la 1ª tiene peras, entonces en esta caja debe haber manzanas. Por eliminación, en la 3ª caja deben estar los duraznos. ¿Qué pasaría si la 1ª caja tuviera peras en lugar de duraznos?

3. Cuando a Andrés le tocó pasar delante de la caja, metió la mano y tomó una de las canicas y, sin mostrarla a nadie, se la metió en la boca y se la tragó. Tan pronto pudo respirar bien, dijo “yo he sacado la canica blanca, pues nadie más la ha sacado y sólo quedan en la caja canicas negras”. Todos miraron dentro de la caja; era verdad y el maestro no pudo negarse a eximirlo del examen.

 

* Extracto del artículo “Experimentos” de la sección Ojo de mosca de la revista ¿Cómo ves?, publicación mensual de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM, año 3, Núm. 27, febrero de 2001, p.7.

** Martín Bonfil es un brillante e incansable divulgador de la ciencia en México. Actualmente trabaja en la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la unam donde, entre otras cosas, colabora mensualmente con la sección Ojo de mosca de la revista ¿Cómo ves? y es editor del Muégano divulgador. Ambas publicaciones se pueden consultar en la página www.dgdc.unam.mx

 

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