Derivada del latín pater, el español registra,
desde principios del siglo XII, la voz padre, general
en todas las épocas y común a la mayor parte de las otras
lenguas romances.
Para la Academia —¡la española,
claro!— no basta que la mujer haya concebido, sino que, para considerarla
madre, debe haber dado a luz, pues define: “Hembra que ha parido”. Pero, en
cuanto a padre, sí le es suficiente que el “varón o macho” haya fecundado,
porque se limita a: “que ha engendrado”. En la siguiente acepción sí quedan
más o menos parejos; de ella, pone: “Hembra respecto de su hijo o hijos”,
y de él: “Varón o macho respecto a sus hijos”.
Por lo que concierne a la
consanguinidad, solamente la concede (seguimos refiriéndonos al Diccionario
de “la Real”) al hermano de padre, esto es, la “persona que respecto de otra
tiene el mismo padre, pero no la misma madre”; mas —por obra y gracia del
androcentrismo (no se confunda con antropocentrismo), el hermano de madre,
o sea, la “persona que respecto de otra tiene la misma madre, pero no el mismo
padre”, ése no es —al menos explícitamente— consanguíneo, sino simplemente
uterino.
El pater latino es,
en la gran familia de lenguas indoeuropeas, hermano del griego páteer,
del persa pidar, del sánscrito pitr; primo del irlandés athair,
y, por otro lado, también primo del anglosajón faeder; del holandés
vader, y del sueco fader, islandés fadir y del gótico
fadar.
La familia del lexema patr-
o su derivado padr- es muy extensa; del latín vulgar patraster
tenemos padrastro, despectivo que aplicamos al ‘marido de la madre’,
o a un ‘mal padre’, o al ‘pellejito que sobresale cerca de las uñas y causa
estorbo o, a veces, dolor’; del ‘padre excesivamente consentidor con sus hijos’
decimos que es un padrón o padrazo, y del niño que ‘se encariña
con exceso con su padre o con sus padres’, se dice que se empadra o
empadrea; padrear es ‘parecerse al propio padre, sea en lo físico
o en la manera de portarse’, y en Europa es, ‘entre los animales, ejercer
el macho las funciones de la generación’ y, por extensión, lo que nosotros
entendemos por padrotear; y ‘el que padrotea’ es padrote,
cholo, rufián, (ya la Academia había aceptado el galicismo gigolo,
pero en la edición actual no lo registra); pichi (no aparace en el
Diccionario, a pesar de su origen en la liricodramática española: es
‘el chulo que castiga’); padrejón lo define la Academia como
“histerismo en el hombre”; en el Cono Sur Americano, padrillo es el
‘cabilo padre’; la forma padrina equivale a ‘madrina’.
Para las iglesias cristianas,
padrino es “el que tiene, presenta o asiste a otra persona que recibe
el sacramento del bautismo, de la confirmación, del matrimonio o del orden
si es varón, o que profesa, si se trata de una religiosa”; en México, también
se incluye la primera comunión. Por extensión, es asimismo padrino ‘el que
acompaña a quien recibe algún honor, grado o reconocimiento’; y ‘quien asiste
al que sostiene sus derechos en certámenes, torneos, desafíos, etcétera’;
en plural, padrinos son ‘el padrino y la madrina juntos’ o bien las ‘influencias
de que uno dispone para conseguir algo’. Padrinazgo es el ‘título o
cargo de padrino’, el ‘hecho de asistir como padrino a un acto cualquiera’
o ‘protección o favor que se dispensa a otra persona’. Apadrinar es ‘asistir
como padrino’, ‘amparar’, ‘proteger’, y apadrinarse es ‘valerse de
alguien’, ‘acogerse’. La ‘acción y efecto de apadrinar’ es el apadrinamiento,
y ‘quien apadrina’ es apadrinador o apadrinadora.
Además de, como ya se apuntó,
‘sinónimo de padrazo’, padrón vale en varios países hispanohablantes
de América, ‘caballo semental’. En general se entiende como ‘nómina de los
integrantes de una unidad municipal’, ‘módulo’ o ‘dechado’; ‘monumento en
que se inscribe un suceso memorable’, y ‘recuerdo infamante de una mala acción’.
‘Asentar o recibir a alguien en el padrón’ es empadronar, y el empadronamiento
la ‘lista del padrón’; a ‘quien empadrona’ se le llama empadronador
o empadronadora.
El “padrino de bautizo de
una criatura respecto del padre o la madre o la madrina de ésta” es el compadre,
y también, “con respecto a los padres del confirmado, el padrino de confirmación”.
En toda la hispanoparla compadre es sinónimo de ‘buen amigo’, ‘amigo de confianza’;
ha caído en desuso llamar compadre al ‘bienhechor’ o ‘protector’.
El compadre contrae una ‘conexión
o afinidad moral con los padres del ahijado’; tal es el compadrazgo,
que se debe no confundirlo con el compadraje o compadreo, que
es el ‘concierto entre varias personas para alabarse mutuamente’, y en esta
acepción tiene sentido peyorativo. ‘Contraer compadrazgo o hacerse compadre
o amigo’ es la idea de compadrear, y compadrería viene a ser
todo “lo que pasa o se contrata entre compadres, amigos o camaradas”.
El tango argentino ha contribuido
a internacionalizar ciertos términos del lenguaje porteño (bonaerense, al
que aporta léxico, en buena proporción, el lunfardo, el habla de la lunfa,
del hampa), como el sustantivo compadrito, ‘tipo jactanciosos, pendenciero,
afectado en el vestir y amanerado’, el adjetivo compadrón, -na; lo
‘relativo o propio del compadrito’, compadrada, ‘jactancia’.
La palabra latina pater,
adoptada tal cual en español, sólo poniéndole el acento ortográfico, páter,
es un sinónimo bastante generalizado de padre, en el sentido de ‘sacerdote’.
Lo ‘propio del afecto, cariño o solicitud que se suele atribuir a un buen
progenitor’ es lo paternal, derivado directo de paterno, lo
‘perteneciente o relativo al padre'; pero hay que distinguirlo del
paternalismo, que es la ‘aplicación de formas de autoridad o de protección
paternal a relaciones de otro tipo, no familiares, sino sociales, laborales,
políticas, deportivas, frecuentemente con intenciones demagógicas, por lo
que se suele darle un matiz peyorativo’. La voz paternidad aparece
definida así: “(Del lat. paternitas, -atis,) f. Calidad de padre. //
2. Tratamiento que en algunas órdenes dan los religiosos inferiores a los
padres condecorados de una orden, y que los seculares dan por reverencia a
todos los religiosos en general, considerándolos como padres espirituales”.