¿Sabías
que hay artrópodos que no necesitan copular para tener
crías? ¿O bien, hembras que al término del apareamiento
se comen al macho? ¿Sabes cuáles insectos tienen órganos
reproductivos masculinos y femeninos a la vez? La explicación
de cómo se reproducen los insectos y cómo las crías llegan
a la madurez es uno de los aspectos más fascinantes de
la historia natural, tal como afirman los autores del
libro Ciclos de vida, que forma parte de la colección
Los insectos bajo el microscopio, una enciclopedia
que de manera clara e ilustrativa aproxima a los pequeños
lectores al conocimiento de la vida de estos diminutos
seres.
A menudo los estudiantes
requieren de apoyo gráfico que complemente las lecciones de los libros de
texto, por lo que esta colección, ricamente ilustrada, resulta una excelente
herramienta en el aula. Asimismo, está presentada en un lenguaje sencillo,
accesible tanto para el maestro como para el alumno de primaria y secundaria.
La búsqueda de pareja,
el apareamiento y el proceso de nacimiento de nuevos seres son los tres temas
fundamentales que se desarrollan en el volumen Ciclos de vida. Cada
capítulo muestra las diversas formas de reproducción que tienen los insectos.
Tras la pareja
Las técnicas que los insectos
machos emplean para atraer a la hembra con fines de apareamiento son múltiples,
aunque también hay hembras que toman la iniciativa de atraer al macho.
Se creía, por ejemplo,
que los colores de las mariposas machos tenían que ver en el cortejo, pero
ahora se sabe que éstos “mandan un mensaje de amor espolvoreando escamitas
perfumadas sobre las hembras” (p. 8), las llamadas feromonas o aromas.
Hay otros animales que
utilizan el sonido para atraer a su compañera, como los saltamontes y las
cigarras, cuyos cuerpos se convierten en verdaderos instrumentos musicales
que invitan a la pareja. “Casi todos los saltamontes frotan una parte de sus
patas con las venas más gruesas de sus alas externas, o sea, estridulan” (p.
11). Cada saltamontes tiene su propio sonido, muy diferente al de otro de
su misma especie. Hay hembras que también emiten sonidos; sin embargo, no
son para atraer al compañero, sino para repeler a algún enemigo.
De todos los insectos
cantarines, quizá son las cigarras las que producen los más altos decibeles.
Hay insectos menos románticos
que para atraer a sus posibles parejas primero deben pelear contra otros machos.
Los gorgojos y una especie de mosca, por citar algunos, tienen que disputarse
en un duelo la preferencia de la hembra, aunque pocas veces llegan a la muerte.
Entre los insectos existen
relaciones de canibalismo, como es el caso de la mantis. La “hembra es una
carnívora voraz y, a veces, tiene hambre como para comerse al macho, que es
más pequeño, y empieza a devorarlo a media cópula” (p. 18). Una de las explicaciones
que han dado los entomólogos a este fenómeno es que la hembra se asegura de
estar alimentada en provecho de su progenie. Existen alrededor de mil especies
del género Mantis y no todas las hembras son carnívoras, tan sólo una
cuarta parte.
También hay algunos mosquitos
hembra caníbales que succionan el cerebro de los machos hasta matarlos, y
esto sucede a menudo durante la cópula.
Las abejas reinas, aunque
no son carnívoras, son asesinas. Después del apareamiento con los zánganos,
éstos son expulsados del nido, por lo que pronto mueren de hambre.
Aunque parezca increíble,
hay insectos que no necesitan aparearse para procrear, como los llamados palos
vivos o fásmidos. A este tipo de reproducción se le conoce como partenogénica.
Incluso hay insectos que son hermafroditas; es decir, tienen órganos reproductivos
tanto masculinos como femeninos y cuando quieren reproducirse se fecundan
solos.
El cuidado de las crías
La segunda parte del libro
trata sobre la incubación y el nacimiento de las nuevas crías. También en
este aspecto cada insecto tiene características particulares para criar a
su prole. Incluso no todos los insectos son ovíparos, es decir, no todos ponen
huevos.
Por ejemplo, la mosca
regidora “pone sus huevos junto a ríos o arroyos y, cuando salen, las larvas
se arrastran hacia el agua antes de pupar [convertise en insecto]” (p. 20).
Estos insectos ponen sólo una generación; viven dos o tres años como larvas
y cuando son adultas sólo viven dos o tres días.
Las moscas que habitan
en nuestros hogares ponen sus huevecillos en lugares inimaginables, como la
carne cruda que posteriormente nos comeremos.
Hay otros insectos que
conservan sus huevecillos dentro de su cuerpo hasta que éstos nacen.
Unos más se valen de otros
insectos para criar a sus larvas. Por ejemplo, las larvas de la avispa se
hospedan en las orugas de mariposas o polillas y comen de ellas hasta que
maduran y pueden volar.
 |
| Chinche de agua, macho que cuida
y transporta los huevos que pone la hembra acarreándolos
sobre su lomo. |
El gorgojo
busca bellotas para agujerearlas y meter ahí a sus crías,
éstas comen el alimento que les provee el fruto hasta
que crecen.
Capítulo aparte merecen
los llamados insectos sociales, como lo son las hormigas, las abejas,
las termitas y las avispas, pues tienen una función trascendental en el medio
ambiente. Estos insectos tienen sus reinas y en algunos casos hasta un rey,
como es el caso de las termitas. “Las reinas, aparte de copular y poner huevos,
en general trabajan muy poco, porque las obreras son las encargadas de cuidar
a las larvas y de conseguir comida” (p. 25).
Generalmente,
los insectos sufren una metamorfosis, su apariencia al
nacer es diferente que cuando han madurado. Las mariquitas,
o catarinas, como se las conoce en México, son larvas
espinosas cuando nacen; las polillas, al igual que las
mariposas, son diminutas orugas antes de tener sus alas
floridas. “Los insectos que sufren una metamorfosis
completa inician la vida sin parecido alguno a sus progenitores.
Aun cuando una larva cambie muchas veces de cutícula,
no adquirirá su forma adulta mientras no ocurra un cambio
milagroso en el interior de la crisálida” (p. 31).
 |
| Mariposa papiliónida. Ha
salido de su capullo y reposa sobre él |
Quizá los
casos más sorprendentes de la naturaleza sean representados
por la libélula, el saltamontes, la cigarra, las moscas
de mayo y las termitas, puesto que sufren una metamorfosis
incompleta. Esta es “considerada una forma de desarrollo
más primitiva que la metamorfosis completa (...), entraña
un cambio gradual hasta llegar al estado adulto y no distintas
etapas de desarrollo” (p. 29). Hay insectos como
el saltamontes que durante su desarrollo pueden tener
hasta ocho mudas.
La mayoría de los insectos
son ovíparos; sin embargo también hay ovivivíparos, que significa que “el
desarrollo del huevo ocurre dentro de la madre y ésta, a la larga, expulsa
crías vivas” (p. 35).
La mosca tsetsé se desarrolla
dentro de la madre, alimentándose de la leche de la mosca. “Después, por su
abdomen sale un enorme gusano blanco que cae al suelo, se entierra y, en sólo
15 minutos se transformará en crisálida” (p. 35).
Dentro de la infinita
variedad de insectos, cada especie tiene un comportamiento particular hacia
sus hijos. Entre los que podríamos clasificar como buenos padres están
las chinches que cuidan de sus crías durante el crecimiento y las defienden
ante cualquier depredador. Otros insectos procuran “que sus huevos estén bien
limpios porque los hongos los pueden destruir. Las tijerillas pasan mucho
tiempo lamiendo sus huevos y hay una especie de hormiga que incluso rocía
los suyos con un líquido antibiótico que sale de su abdomen, para asegurarse
de que estén sanos y evitar el peligro de infección” (p. 37).
Entre los malos padres
podemos mencionar a las mariquitas que, una vez depositados sus huevos sobre
las plantas, se van de ahí; aunque se aseguran de que sea un lugar donde exista
suficiente comida para el desarrollo de sus crías. En tanto que las hormigas
tejedoras explotan a sus larvas para la construcción de sus nidos tejidos.
Este rápido viaje por
el ciclo de vida de los insectos puede dar múltiples respuestas a las dudas
sobre la vida de esos seres, pero más allá del ambiente escolar, el libro
nos proporciona una comprensión de la reproducción animal para generar en
las personas, alumnos y maestros, un respeto hacia esa variedad animal. Mientras
sigamos ignorando todo lo concerniente al reino animal seguiremos destruyendo
sus hábitat.
En el aula
El conocimiento que genera
la lectura del libro Ciclos de vida puede relacionarse de manera excelente
con las clases de Ciencias naturales del segundo ciclo de primaria. Hay que
recordar que el propósito central de esta materia es “que los alumnos adquieran
conocimientos, capacidades, actitudes y valores que se manifiesten en una
relación responsable con el medio natural...” (Planes y Programas de Estudio
en educación Básica, Primaria. 1993, p. 70).
Con el libro Ciclos
de vida los alumnos y los profesores pueden adquirir conocimientos
sobre la naturaleza, además de desarrollar la capacidad de observación; asimismo,
sirve como complemento en el estudio de uno de los ejes temáticos de los Planes
y Programas de Estudio: los seres vivos.
Proponemos la siguiente
estrategia de actividad para que los maestros la lleven a cabo en sus aulas.
Queremos demostrar que los libros que no son de texto no son una carga extra
al trabajo del maestro; por el contrario, son una herramienta con la que los
profesores pueden auxiliarse para la mejor comprensión de un tema determinado.
Para la actividad tomamos
uno de los ejes temáticos escolares que se incluyen tanto en segundo como
en cuarto grado: “Características que presentan las hembras y los machos de
diferentes especies en estado adulto.”
La ronda de los insectos
Objetivo
Conocer y reflexionar sobre
las diferencias físicas y sexuales de los insectos, machos y hembras.
Material
Hojas blancas, colores y lápices.
Desarrollo
Seleccione algunos capítulos
del libro Ciclos de vida y haga una lectura en voz alta a sus alumnos.
Paralelamente a ésta enseñe las imágenes, de este modo los alumnos comprenderán
mejor lo que están escuchando.
Al término de la lectura
lleve a cabo una plática informal con sus alumnos sobre las diferentes características
que tienen los artrópodos en general y los insectos en particular, tanto machos
como hembras. Recuerde que en las actividades lúdico-pedagógicas no puede
haber evaluación académica tradicional; dejemos a un lado los cuestionarios
orales y escritos, exámenes, etc. Los comentarios de los alumnos y los suyos
deben generarse de la confianza y la camaradería.
Inmediatamente invite
a sus alumnos a realizar el siguiente trabajo:
Organice a los alumnos
en cuatro equipos. No tema al desorden que puedan provocar los niños al mover
los mesabancos. Bien vale la pena un momento de desorden por los múltiples
beneficios que trae consigo la actividad en sí y el trabajo en conjunto.
Los integrantes de cada
equipo deberán seleccionar un nombre para su respectivo grupo y para ello
tomarán los de diferentes insectos. Desde este momento sabrá si entendieron
bien cómo identificar a un insecto de otro tipo de artrópodo. En caso de que
exista algún error no lo corrija en el instante. Recuerde lo que pensaba Gianni
Rodari del error creativo: de las equivocaciones de los alumnos podemos valernos
para hacerlos creativos y reflexivos. El regaño puede traer consigo la desconfianza
del alumno hacia la actividad.
Reparta las hojas y lápices.
Proporcione las siguientes
instrucciones:
. La actividad será un concurso entre los equipos.
. En las hojas deberán escribir dos columnas; en una anotarán 'machos'
y en la otra 'hembras'. Por supuesto, en cada una anotarán las diferencias
físicas y sexuales de los animales que se mencionen.
. Usted, maestro, deberá mencionar un insecto e inmediatamente los equipos
harán el listado. Se darán tres o cuatro minutos para elaborarla. Los alumnos
de cada grupo deberán discutir dichas características. Esto se puede hacer
varias veces, dependiendo del ánimo de los niños. Al término de cada mención
de un insecto, los alumnos deberán leer las características que escribieron
sobre dicho animal. Nuevamente recuerde no hacer correcciones. Sólo tome nota
de aquellos errores que vaya detectando.
Reflexión grupal
 |
| Avispa obrera saliendo de su celdita |
Al término
del juego lúdico-pedagógico lleve a cabo una plenaria
donde plantee los errores de los niños, pero no de manera
acusativa. Trate de que todos los alumnos reflexionen
y opinen sobre la relación entre cada insecto y sus características
física, sobre todo las de dimorfismo sexual. Tú debes
de ser un moderador y guía de la discusión.
Finalmente deje a los
alumnos investigar cuántos insectos pueden hallar en el lugar donde habitan.
Invítelos a que hagan
el dibujo de los especímenes encontrados y que escriban las características
que observen de estos animales.
Al día siguiente realice
una exposición en el salón de clases con los dibujos. Puede invitar a toda
la escuela a que observen la exposición. Recuerde que ningún trabajo debe
guardarse o tirarse a la basura. Los niños (esos seres inteligentes) notarán
y pensarán que su trabajo no tuvo ningún valor. Con la motivación podemos
hacer que los alumnos sigan trabajando tan bien como en esta actividad. No
siempre una buena calificación resulta tan motivante como el aplauso o la
admiración de los demás.
Para pensar
Una vez terminada la actividad
es conveniente que reflexione en torno a las siguientes preguntas:
. ¿Cómo fue la relación que entablaron los alumnos con
el libro Ciclos de la vida?
. ¿De qué manera sirvió el libro Ciclos de la vida
en el aprendizaje de los alumnos?
. ¿La lectura de Ciclos de la vida y la actividad
lúdico-pedagógica generó en los alumnos un respeto a la naturaleza?
. ¿Cómo observó a los alumnos en el trabajo en equipo,
sobre todo a aquellos que generalmente participan poco?
. ¿Hay algún cambio que se haya generado en las relaciones
maestro-alumno?
Mariposa papiliónida. Ha salido de su capullo y reposa
sobre él.
Observando a los insectos
Avispa obrera saliendo de su celdilla.
Observando a los insectos
| * Reseña del libro Ciclos de
vida. Colección: Los insectos bajo el microscopio,
Tomo 1, México, 2001, Correo del Maestro y Ediciones
La Vasija. |