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Correo del Maestro Núm. 86, julio 2003

¿Cómo se cortejan los insectos?*

   Juan Gerardo Paredes Orea

 

  

¿Sabías que hay artrópodos que no necesitan copular para tener crías? ¿O bien, hembras que al término del apareamiento se comen al macho? ¿Sabes cuáles insectos tienen órganos reproductivos masculinos y femeninos a la vez? La explicación de cómo se reproducen los insectos y cómo las crías llegan a la madurez es uno de los aspectos más fascinantes de la historia natural, tal como afirman los autores del libro Ciclos de vida, que forma parte de la colección Los insectos bajo el microscopio, una enciclopedia que de manera clara e ilustrativa aproxima a los pequeños lectores al conocimiento de la vida de estos diminutos seres.

A menudo los estudiantes requieren de apoyo gráfico que complemente las lecciones de los libros de texto, por lo que esta colección, ricamente ilustrada, resulta una excelente herramienta en el aula. Asimismo, está presentada en un lenguaje sencillo, accesible tanto para el maestro como para el alumno de primaria y secundaria.

La búsqueda de pareja, el apareamiento y el proceso de nacimiento de nuevos seres son los tres temas fundamentales que se desarrollan en el volumen Ciclos de vida. Cada capítulo muestra las diversas formas de reproducción que tienen los insectos.

Tras la pareja

Las técnicas que los insectos machos emplean para atraer a la hembra con fines de apareamiento son múltiples, aunque también hay hembras que toman la iniciativa de atraer al macho.

Se creía, por ejemplo, que los colores de las mariposas machos tenían que ver en el cortejo, pero ahora se sabe que éstos “mandan un mensaje de amor espolvoreando escamitas perfumadas sobre las hembras” (p. 8), las llamadas feromonas o aromas.

Hay otros animales que utilizan el sonido para atraer a su compañera, como los saltamontes y las cigarras, cuyos cuerpos se convierten en verdaderos instrumentos musicales que invitan a la pareja. “Casi todos los saltamontes frotan una parte de sus patas con las venas más gruesas de sus alas externas, o sea, estridulan” (p. 11). Cada saltamontes tiene su propio sonido, muy diferente al de otro de su misma especie. Hay hembras que también emiten sonidos; sin embargo, no son para atraer al compañero, sino para repeler a algún enemigo.

De todos los insectos cantarines, quizá son las cigarras las que producen los más altos decibeles.

Hay insectos menos románticos que para atraer a sus posibles parejas primero deben pelear contra otros machos. Los gorgojos y una especie de mosca, por citar algunos, tienen que disputarse en un duelo la preferencia de la hembra, aunque pocas veces llegan a la muerte.

Entre los insectos existen relaciones de canibalismo, como es el caso de la mantis. La “hembra es una carnívora voraz y, a veces, tiene hambre como para comerse al macho, que es más pequeño, y empieza a devorarlo a media cópula” (p. 18). Una de las explicaciones que han dado los entomólogos a este fenómeno es que la hembra se asegura de estar alimentada en provecho de su progenie. Existen alrededor de mil especies del género Mantis y no todas las hembras son carnívoras, tan sólo una cuarta parte.

También hay algunos mosquitos hembra caníbales que succionan el cerebro de los machos hasta matarlos, y esto sucede a menudo durante la cópula.

Las abejas reinas, aunque no son carnívoras, son asesinas. Después del apareamiento con los zánganos, éstos son expulsados del nido, por lo que pronto mueren de hambre.

Aunque parezca increíble, hay insectos que no necesitan aparearse para procrear, como los llamados palos vivos o fásmidos. A este tipo de reproducción se le conoce como partenogénica. Incluso hay insectos que son hermafroditas; es decir, tienen órganos reproductivos tanto masculinos como femeninos y cuando quieren reproducirse se fecundan solos.

El cuidado de las crías

La segunda parte del libro trata sobre la incubación y el nacimiento de las nuevas crías. También en este aspecto cada insecto tiene características particulares para criar a su prole. Incluso no todos los insectos son ovíparos, es decir, no todos ponen huevos.

Por ejemplo, la mosca regidora “pone sus huevos junto a ríos o arroyos y, cuando salen, las larvas se arrastran hacia el agua antes de pupar [convertise en insecto]” (p. 20). Estos insectos ponen sólo una generación; viven dos o tres años como larvas y cuando son adultas sólo viven dos o tres días.

Las moscas que habitan en nuestros hogares ponen sus huevecillos en lugares inimaginables, como la carne cruda que posteriormente nos comeremos.

Hay otros insectos que conservan sus huevecillos dentro de su cuerpo hasta que éstos nacen.

Unos más se valen de otros insectos para criar a sus larvas. Por ejemplo, las larvas de la avispa se hospedan en las orugas de mariposas o polillas y comen de ellas hasta que maduran y pueden volar.

 

Chinche de agua, macho que cuida y transporta los huevos que pone la hembra acarreándolos sobre su lomo.

El gorgojo busca bellotas para agujerearlas y meter ahí a sus crías, éstas comen el alimento que les provee el fruto hasta que crecen.

Capítulo aparte merecen los llamados insectos sociales, como lo son las hormigas, las abejas, las termitas y las avispas, pues tienen una función trascendental en el medio ambiente. Estos insectos tienen sus reinas y en algunos casos hasta un rey, como es el caso de las termitas.  “Las reinas, aparte de copular y poner huevos, en general trabajan muy poco, porque las obreras son las encargadas de cuidar a las larvas y de conseguir comida” (p. 25).

Generalmente, los insectos sufren una metamorfosis, su apariencia al nacer es diferente que cuando han madurado. Las mariquitas, o catarinas, como se las conoce en México, son larvas espinosas cuando nacen; las polillas, al igual que las mariposas, son diminutas orugas antes de tener sus alas floridas. “Los insectos que sufren una metamorfosis completa inician la vida sin parecido alguno a sus progenitores. Aun cuando una larva cambie muchas veces de cutícula, no adquirirá su forma adulta mientras no ocurra un cambio milagroso en el interior de la crisálida” (p. 31).

 

Mariposa papiliónida. Ha salido de su capullo y reposa sobre él

Quizá los casos más sorprendentes de la naturaleza sean representados por la libélula, el saltamontes, la cigarra, las moscas de mayo y las termitas, puesto que sufren una metamorfosis incompleta. Esta es “considerada una forma de desarrollo más primitiva que la metamorfosis completa (...), entraña un cambio gradual hasta llegar al estado adulto y no distintas etapas de desarrollo” (p. 29). Hay insectos como el saltamontes que durante su desarrollo pueden tener hasta ocho mudas.

La mayoría de los insectos son ovíparos; sin embargo también hay ovivivíparos, que significa que “el desarrollo del huevo ocurre dentro de la madre y ésta, a la larga, expulsa crías vivas” (p. 35).

La mosca tsetsé se desarrolla dentro de la madre, alimentándose de la leche de la mosca. “Después, por su abdomen sale un enorme gusano blanco que cae al suelo, se entierra y, en sólo 15 minutos se transformará en crisálida” (p. 35).

Dentro de la infinita variedad de insectos, cada especie tiene un comportamiento particular hacia sus hijos. Entre los que podríamos clasificar como buenos padres están las chinches que cuidan de sus crías durante el crecimiento y las defienden ante cualquier depredador. Otros insectos procuran “que sus huevos estén bien limpios porque los hongos los pueden destruir. Las tijerillas pasan mucho tiempo lamiendo sus huevos y hay una especie de hormiga que incluso rocía los suyos con un líquido antibiótico que sale de su abdomen, para asegurarse de que estén sanos y evitar el peligro de infección” (p. 37).

Entre los malos padres podemos mencionar a las mariquitas que, una vez depositados sus huevos sobre las plantas, se van de ahí; aunque se aseguran de que sea un lugar donde exista suficiente comida para el desarrollo de sus crías. En tanto que las hormigas tejedoras explotan a sus larvas para la construcción de sus nidos tejidos.

Este rápido viaje por el ciclo de vida de los insectos puede dar múltiples respuestas a las dudas sobre la vida de esos seres, pero más allá del ambiente escolar, el libro nos proporciona una comprensión de la reproducción animal para generar en las personas, alumnos y maestros, un respeto hacia esa variedad animal. Mientras sigamos ignorando todo lo concerniente al reino animal seguiremos destruyendo sus hábitat.

En el aula

El conocimiento que genera la lectura del libro Ciclos de vida puede relacionarse de manera excelente con las clases de Ciencias naturales del segundo ciclo de primaria. Hay que recordar que el propósito central de esta materia es “que los alumnos adquieran conocimientos, capacidades, actitudes y valores que se manifiesten en una relación responsable con el medio natural...” (Planes y Programas de Estudio en educación Básica, Primaria. 1993, p. 70).

Con el libro Ciclos de vida los alumnos y los profesores pueden adquirir conocimientos sobre la naturaleza, además de desarrollar la capacidad de observación; asimismo, sirve como complemento en el estudio de uno de los ejes temáticos de los Planes y Programas de Estudio: los seres vivos.

Proponemos la siguiente estrategia de actividad para que los maestros la lleven a cabo en sus aulas. Queremos demostrar que los libros que no son de texto no son una carga extra al trabajo del maestro; por el contrario, son una herramienta con la que los profesores pueden auxiliarse para la mejor comprensión de un tema determinado.

Para la actividad tomamos uno de los ejes temáticos escolares que se incluyen tanto en segundo como en cuarto grado: “Características que presentan las hembras y los machos de diferentes especies en estado adulto.”

La ronda de los insectos

Objetivo

Conocer y reflexionar sobre las diferencias físicas y sexuales de los insectos, machos y hembras.

Material

Hojas blancas, colores y lápices.

Desarrollo

Seleccione algunos capítulos del libro Ciclos de vida y haga una lectura en voz alta a sus alumnos. Paralelamente a ésta enseñe las imágenes, de este modo los alumnos comprenderán mejor lo que están escuchando.

Al término de la lectura lleve a cabo una plática informal con sus alumnos sobre las diferentes características que tienen los artrópodos en general y los insectos en particular, tanto machos como hembras. Recuerde que en las actividades lúdico-pedagógicas no puede haber evaluación académica tradicional; dejemos a un lado los cuestionarios orales y escritos, exámenes, etc. Los comentarios de los alumnos y los suyos deben generarse de la confianza y la camaradería.

Inmediatamente invite a sus alumnos a realizar el siguiente trabajo:

Organice a los alumnos en cuatro equipos. No tema al desorden que puedan provocar los niños al mover los mesabancos. Bien vale la pena un momento de desorden por los múltiples beneficios que trae consigo la actividad en sí y el trabajo en conjunto.

Los integrantes de cada equipo deberán seleccionar un nombre para su respectivo grupo y para ello tomarán los de diferentes insectos. Desde este momento sabrá si entendieron bien cómo identificar a un insecto de otro tipo de artrópodo. En caso de que exista algún error no lo corrija en el instante. Recuerde lo que pensaba Gianni Rodari del error creativo: de las equivocaciones de los alumnos podemos valernos para hacerlos creativos y reflexivos. El regaño puede traer consigo la desconfianza del alumno hacia la actividad.

Reparta las hojas y lápices.

Proporcione las siguientes instrucciones:

.  La actividad será un concurso entre los equipos.

.  En las hojas deberán escribir dos columnas; en una anotarán 'machos' y en la otra 'hembras'. Por supuesto, en cada una anotarán las diferencias físicas y sexuales de los animales que se mencionen.

.  Usted, maestro, deberá mencionar un insecto e inmediatamente los equipos harán el listado. Se darán tres o cuatro minutos para elaborarla. Los alumnos de cada grupo deberán discutir dichas características. Esto se puede hacer varias veces, dependiendo del ánimo de los niños. Al término de cada mención de un insecto, los alumnos deberán leer las características que escribieron sobre dicho animal. Nuevamente recuerde no hacer correcciones. Sólo tome nota de aquellos errores que vaya detectando.

Reflexión grupal

Avispa obrera saliendo de su celdita

Al término del juego lúdico-pedagógico lleve a cabo una plenaria donde plantee los errores de los niños, pero no de manera acusativa. Trate de que todos los alumnos reflexionen y opinen sobre la relación entre cada insecto y sus características física, sobre todo las de dimorfismo  sexual. Tú debes de ser un moderador y guía de la discusión.

Finalmente deje a los alumnos investigar cuántos insectos pueden hallar en el lugar donde habitan.

Invítelos a que hagan el dibujo de los especímenes encontrados y que escriban las características que observen de estos animales.

Al día siguiente realice una exposición en el salón de clases con los dibujos. Puede invitar a toda la escuela a que observen la exposición. Recuerde que ningún trabajo debe guardarse o tirarse a la basura. Los niños (esos seres inteligentes) notarán y pensarán que su trabajo no tuvo ningún valor. Con la motivación podemos hacer que los alumnos sigan trabajando tan bien como en esta actividad. No siempre una buena calificación resulta tan motivante como el aplauso o la admiración de los demás.

Para pensar

Una vez terminada la actividad es conveniente que reflexione en torno a las siguientes preguntas:

.    ¿Cómo fue la relación que entablaron los alumnos con el libro Ciclos de la vida?

.    ¿De qué manera sirvió el libro Ciclos de la vida en el aprendizaje de los alumnos?

.    ¿La lectura de Ciclos de la vida y la actividad lúdico-pedagógica generó en los alumnos un respeto a la naturaleza?

.    ¿Cómo observó a los alumnos en el trabajo en equipo, sobre todo a aquellos que generalmente participan poco?

.    ¿Hay algún cambio que se haya generado en las relaciones maestro-alumno?

Mariposa papiliónida. Ha salido de su capullo y reposa sobre él.

Observando a los insectos

Avispa obrera saliendo de su celdilla.

Observando a los insectos   

*   Reseña del libro Ciclos de vida. Colección: Los insectos bajo el microscopio, Tomo 1, México, 2001, Correo del Maestro y Ediciones  La Vasija.

 

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