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Correo del Maestro Núm. 91,diciembre 2003

El docente de nivel preescolar y los derechos del niño

María Rosa Eberhard

 

La Convención de los Derechos del Niño fue adoptada por la  Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989; luego de más de una década de debates acerca de su alcance y contenidos, actualmente es el tratado internacional de derechos humanos que mayor aceptación y consenso ha generado entre los países.

La escuela constituye uno de los ámbitos esenciales para su promoción, comenzando por considerar a los niños y a los adolescentes como sujetos plenos de derechos, merecedores de respeto, dignidad y libertad, abandonando la concepción del niño como objeto pasivo de intervención por parte de la familia, el Estado y la sociedad.

 

  Edward Madinger *

 

Podemos considerar el nivel preescolar como la primera puerta que se le abre al niño para incluirlo en la sociedad; desde esta etapa debe comenzar el conocimiento y la reflexión sobre sus derechos básicos.

Por lo general no se capacita a los docentes para que expliquen a sus alumnos cuáles son sus derechos básicos. Una de las funciones principales de la escuela es formar ciudadanos, esto implica relacionarse con gente de entornos diferentes, ser capaz de expresar las propias opiniones, participar en su grupo social, valorar la paz, ser solidarios y sostener la igualdad de derechos.

Nacemos pequeños y vulnerables, pero llenos de posibilidades y de deseos.  La familia da sustento y acompaña en su desarrollo a los pequeños que luego recibimos en los jardines de niños. Condicionados por cada realidad sociocultural, aparecen desigualdades y desventajas para muchos de esos niños. Es por eso que los primeros derechos que la institución escolar aborda son el de identidad y el de salud. La documentación que acredita su identidad, la que demuestra que ha sido vacunado y una visión general de su estado de salud físico y emocional, son los primeros datos que nos cuentan quién es ese niño y qué lugar se le ha dado en la familia.

El docente comienza su trabajo a partir de estos indicadores, con la familia primero, y luego hará el abordaje desde su planeación didáctica para el aula.

El derecho a una identidad

Los datos de filiación, además de un nombre, llevan implícita a la familia que respalda al niño. El nombre propio lo individualiza y el apellido lo incluye como miembro de una familia determinada. Es necesario aclarar con los padres estos aspectos porque cuando en el grupo hay chicos que no fueron reconocidos por el padre, que están a cargo de otros familiares, o que fueron adoptados, etc., son temas que requieren ser tratados primero en el hogar, y es frecuente que el docente sea quien inicie este proceso, y ponga en evidencia la problemática que hasta ese momento permanecía oculta o ignorada, a causa de actitudes prejuiciosas o por desconocer cómo manejarla.

Se debe plantear la naturalidad de los vínculos, sin prejuicios, sobre la diversidad de familias que hoy existen en la sociedad en que vivimos, la familia es la que protege, alimenta y forma una red de contención para amparar a los más pequeños, aunque los padres no estén presentes y sean otros adultos sustitutos los que ejerzan esta función.

No hay modelo único de familia y una vez reconocido y aceptado, en principio por el docente, es el comienzo para elaborar una identidad familiar.

El reconocimiento del nombre de cada uno, por qué fue elegido, si hay otro familiar que se llame igual, qué quiere decir apellido, para qué se usa, quiénes lo comparten, etc., son posibles indagaciones que los chicos pueden hacer conducidos por el maestro y con la participación familiar.

En aquellas situaciones en que los controles de documentación le dan al docente indicios de que ese niño puede haber sido privado de su verdadera identidad o que ha sido sustraído de sus padres, corresponde la denuncia del supuesto hecho para su investigación, en defensa del derecho que la ley reconoce a ese menor.

El derecho a la salud

La salud y su cuidado es un contenido escolar que se trabaja en las aulas y un tema de orientación para los padres.

Los cuidados de la salud son abarcados en el jardín de niños por las ciencias naturales, a través de contenidos de enseñanza como la alimentación, la higiene, el conocimiento del propio cuerpo, los controles médicos, el cuidado del medio natural, etc., y por las ciencias sociales, por medio de contenidos como las relaciones que se establecen con los otros, en el medio social de pertenencia, por ejemplo.

El docente tiene que considerar que estos contenidos se relacionan con derechos básicos de los niños y que los adultos son responsables de su cumplimiento. Cuando esto no ocurre, por diversas causas, la escuela debe orientar a la familia y conectarla con la red social de contención –centros de atención primaria de la salud, sociedades de fomento, entidades municipales, organizaciones no gubernamentales, etc.– que le permita cumplir con esta función. La información es la primera estrategia para que la familia tome conciencia y participe en la búsqueda de soluciones individuales o comunitarias, de acuerdo con las necesidades concretas que se presenten en el grupo de alumnos.

Cuando un niño está en situación de riesgo, por diferentes razones, como el maltrato físico o la falta de cuidados mínimos para su subsistencia, el docente suele ser el primero en detectarlo y es quien tiene la obligación de denunciarlo y solicitar la intervención de los servicios de apoyo, equipos de orientación escolar y asesoría jurídica, si el caso lo requiere.

Educar para la convivencia

La diversidad cultural reclama un espacio para su tratamiento en el aula. La aceptación comienza por el reconocimiento, luego vendrán la valoración y el enriquecimiento mutuo a partir de las diferencias entre los miembros de un grupo escolar.

La movilidad de la población hace que en los grupos de alumnos se encuentren niños de diferentes zonas del país y también de distintos países. Es necesario reconocer las diferencias entre los alumnos y demostrar que cada cultura tiene su particularidad. Si un alumno tiene un objeto de su país, hay que explicar de dónde viene, contar su historia. Si un chico habla otro idioma o un español distinto, hay que enseñar que esto no impide que pueda aprender a hablar como los demás y conservar su propia identidad.

El ejercicio de no discriminar comienza en el aula a partir del reconocimiento y la aceptación de las desigualdades y el respeto por el otro. Cuando aparecen rivalidades entre sexos y actitudes discriminatorias con respecto del niño de sexo contrario, es el adulto quien tiene que reflexionar sobre su posición frente al concepto que su cultura sostiene acerca de ‘lo masculino’ y ‘lo femenino’. No podemos perpetuar modelos superados por una realidad que hoy nos muestra que niñas y niños pueden adoptar roles cooperativos, complementarios y alternativos. Los varones tienen derecho a mostrar la ternura, el dolor o el miedo, tanto como las mujeres su fuerza, su iniciativa y determinación. No se debe dividir el aula entre ‘rosa’ y ‘azul’ y así favorecer los encasillamientos sexistas.

Cuando la diferencia entre los niños es una discapacidad, el desafío para el docente, con el equipo de apoyo que realiza la integración, es compensar esa desventaja para que el alumno logre su máximo desarrollo. Es una tarea compleja que requiere compromiso y trabajo en equipo, pero que no sólo beneficiará al niño discapacitado y a su familia, sino a todo el grupo escolar en la valoración positiva del otro con capacidades diferentes.

Los niños tienen derecho a vivir y a gozar por estar vivos. Tienen derecho a disfrutar de su cuerpo y del mundo que los rodea. A crear lazos de afecto con otras personas y disfrutar de esos lazos. A desarrollar su inteligencia, sus emociones y sus fantasías. A hacerse preguntas y a conocer. Tienen derecho a un lugar en el mundo. Tienen derecho a una oportunidad, y es la sociedad la que debe ocuparse de proporcionársela.

La defensa de los derechos de los niños debe ser asumida por toda la sociedad, porque la infancia es su capital más preciado. El tiempo de hacerlo es hoy, quizá mañana será tarde para muchos pequeños que se encuentran en desventaja para alcanzar su desarrollo pleno como personas y ciudadanos.

Cuando un adulto se encuentra frente a un niño, es el derecho del niño el que debe prevalecer. Los docentes hacemos un ejercicio diario de este principio, cuando asumimos desde nuestro papel en las escuelas un compromiso en favor de la infancia.

Fuentes

¿De qué hablamos cuando hablamos de derechos? CTRA, Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina, Cámara Argentina del Libro, UNICEF.
Entrevista a Audrey Osler, directora del Centro de Estudios para la Ciudadanía y la Educación, de la Universidad de Leicester, Inglaterra, publicada por el diario argentino La Nación.

 

* Representante delegado de UNICEF en Argentina.

 

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