La Convención
de los Derechos del Niño fue adoptada por la Asamblea
General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre
de 1989; luego de más de una década de debates acerca
de su alcance y contenidos, actualmente es el tratado
internacional de derechos humanos que mayor aceptación
y consenso ha generado entre los países.
La escuela constituye uno
de los ámbitos esenciales para su promoción, comenzando
por considerar a los niños y a los adolescentes
como sujetos plenos de derechos, merecedores de
respeto, dignidad y libertad, abandonando la concepción
del niño como objeto pasivo de intervención por
parte de la familia, el Estado y la sociedad.
Edward Madinger
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Podemos considerar el nivel preescolar como la primera
puerta que se le abre al niño para incluirlo en la sociedad;
desde esta etapa debe comenzar el conocimiento y la reflexión
sobre sus derechos básicos.
Por lo general no se capacita a los docentes para
que expliquen a sus alumnos cuáles son sus derechos básicos. Una de las funciones
principales de la escuela es formar ciudadanos, esto implica relacionarse
con gente de entornos diferentes, ser capaz de expresar las propias opiniones,
participar en su grupo social, valorar la paz, ser solidarios y sostener la
igualdad de derechos.
Nacemos pequeños y vulnerables, pero llenos de posibilidades
y de deseos. La familia da sustento y acompaña en su desarrollo a los pequeños
que luego recibimos en los jardines de niños. Condicionados por cada realidad
sociocultural, aparecen desigualdades y desventajas para muchos de esos niños.
Es por eso que los primeros derechos que la institución escolar aborda son
el de identidad y el de salud. La documentación que acredita su identidad,
la que demuestra que ha sido vacunado y una visión general de su estado de
salud físico y emocional, son los primeros datos que nos cuentan quién es
ese niño y qué lugar se le ha dado en la familia.
El docente comienza su trabajo a partir de estos
indicadores, con la familia primero, y luego hará el abordaje desde su planeación
didáctica para el aula.
El derecho a una identidad
Los datos de filiación, además de un nombre, llevan implícita
a la familia que respalda al niño. El nombre propio lo individualiza y el
apellido lo incluye como miembro de una familia determinada. Es necesario
aclarar con los padres estos aspectos porque cuando en el grupo hay chicos
que no fueron reconocidos por el padre, que están a cargo de otros familiares,
o que fueron adoptados, etc., son temas que requieren ser tratados primero
en el hogar, y es frecuente que el docente sea quien inicie este proceso,
y ponga en evidencia la problemática que hasta ese momento permanecía oculta
o ignorada, a causa de actitudes prejuiciosas o por desconocer cómo manejarla.
Se debe plantear la naturalidad de los vínculos,
sin prejuicios, sobre la diversidad de familias que hoy existen en la sociedad
en que vivimos, la familia es la que protege, alimenta y forma una red de
contención para amparar a los más pequeños, aunque los padres no estén presentes
y sean otros adultos sustitutos los que ejerzan esta función.
No hay modelo único de familia y una vez reconocido
y aceptado, en principio por el docente, es el comienzo para elaborar una
identidad familiar.
El reconocimiento del nombre de cada uno, por qué
fue elegido, si hay otro familiar que se llame igual, qué quiere decir apellido,
para qué se usa, quiénes lo comparten, etc., son posibles indagaciones que
los chicos pueden hacer conducidos por el maestro y con la participación familiar.
En aquellas situaciones en que los controles de documentación
le dan al docente indicios de que ese niño puede haber sido privado de su
verdadera identidad o que ha sido sustraído de sus padres, corresponde la
denuncia del supuesto hecho para su investigación, en defensa del derecho
que la ley reconoce a ese menor.
El derecho a la salud
La salud y su cuidado es un contenido escolar que se trabaja
en las aulas y un tema de orientación para los padres.
Los cuidados de la salud son abarcados en el jardín
de niños por las ciencias naturales, a través de contenidos de enseñanza como
la alimentación, la higiene, el conocimiento del propio cuerpo, los controles
médicos, el cuidado del medio natural, etc., y por las ciencias sociales,
por medio de contenidos como las relaciones que se establecen con los otros,
en el medio social de pertenencia, por ejemplo.
El docente tiene que considerar que estos contenidos
se relacionan con derechos básicos de los niños y que los adultos son responsables
de su cumplimiento. Cuando esto no ocurre, por diversas causas, la escuela
debe orientar a la familia y conectarla con la red social de contención –centros
de atención primaria de la salud, sociedades de fomento, entidades municipales,
organizaciones no gubernamentales, etc.– que le permita cumplir con esta función.
La información es la primera estrategia para que la familia tome conciencia
y participe en la búsqueda de soluciones individuales o comunitarias, de acuerdo
con las necesidades concretas que se presenten en el grupo de alumnos.
Cuando un niño está en situación de riesgo, por diferentes
razones, como el maltrato físico o la falta de cuidados mínimos para su subsistencia,
el docente suele ser el primero en detectarlo y es quien tiene la obligación
de denunciarlo y solicitar la intervención de los servicios de apoyo, equipos
de orientación escolar y asesoría jurídica, si el caso lo requiere.
Educar para la convivencia
La diversidad cultural reclama un espacio para su tratamiento
en el aula. La aceptación comienza por el reconocimiento, luego vendrán la
valoración y el enriquecimiento mutuo a partir de las diferencias entre los
miembros de un grupo escolar.
La movilidad de la población hace que en los grupos
de alumnos se encuentren niños de diferentes zonas del país y también de distintos
países. Es necesario reconocer las diferencias entre los alumnos y demostrar
que cada cultura tiene su particularidad. Si un alumno tiene un objeto de
su país, hay que explicar de dónde viene, contar su historia. Si un chico
habla otro idioma o un español distinto, hay que enseñar que esto no impide
que pueda aprender a hablar como los demás y conservar su propia identidad.
El ejercicio de no discriminar comienza en el aula
a partir del reconocimiento y la aceptación de las desigualdades y el respeto
por el otro. Cuando aparecen rivalidades entre sexos y actitudes discriminatorias
con respecto del niño de sexo contrario, es el adulto quien tiene que reflexionar
sobre su posición frente al concepto que su cultura sostiene acerca de ‘lo
masculino’ y ‘lo femenino’. No podemos perpetuar modelos superados por una
realidad que hoy nos muestra que niñas y niños pueden adoptar roles cooperativos,
complementarios y alternativos. Los varones tienen derecho a mostrar la ternura,
el dolor o el miedo, tanto como las mujeres su fuerza, su iniciativa y determinación.
No se debe dividir el aula entre ‘rosa’ y ‘azul’ y así favorecer los encasillamientos
sexistas.
Cuando la diferencia entre los niños es una discapacidad,
el desafío para el docente, con el equipo de apoyo que realiza la integración,
es compensar esa desventaja para que el alumno logre su máximo desarrollo.
Es una tarea compleja que requiere compromiso y trabajo en equipo, pero que
no sólo beneficiará al niño discapacitado y a su familia, sino a todo el grupo
escolar en la valoración positiva del otro con capacidades diferentes.
Los niños tienen derecho a vivir y a gozar por estar
vivos. Tienen derecho a disfrutar de su cuerpo y del mundo que los rodea.
A crear lazos de afecto con otras personas y disfrutar de esos lazos. A desarrollar
su inteligencia, sus emociones y sus fantasías. A hacerse preguntas y a conocer.
Tienen derecho a un lugar en el mundo. Tienen derecho a una oportunidad, y
es la sociedad la que debe ocuparse de proporcionársela.
La defensa de los derechos de los
niños debe ser asumida por toda la sociedad, porque la
infancia es su capital más preciado. El tiempo de hacerlo
es hoy, quizá mañana será tarde para muchos pequeños que
se encuentran en desventaja para alcanzar su desarrollo
pleno como personas y ciudadanos.
Cuando un adulto se encuentra frente a un niño, es
el derecho del niño el que debe prevalecer. Los docentes hacemos un ejercicio
diario de este principio, cuando asumimos desde nuestro papel en las escuelas
un compromiso en favor de la infancia.
Fuentes
¿De qué hablamos cuando
hablamos de derechos? CTRA, Confederación de Trabajadores
de la Educación de la República Argentina, Cámara
Argentina del Libro, UNICEF.
Entrevista a Audrey Osler, directora del Centro de
Estudios para la Ciudadanía y la Educación, de la
Universidad de Leicester, Inglaterra, publicada por
el diario argentino La Nación. |
| * Representante delegado de UNICEF
en Argentina. |