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Incursión
al misticismo Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz*
Adolfo
Hernández Muñoz
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¿Será la mística un adentrarse en sí mismo? ¿Implicará
esa penetración connotaciones espirituales, filosóficas
o teológicas? Las definiciones son inciertas, a tal grado
que no se pueden explicar racionalmente. Entraña, también,
cierto dogmatismo o cerrazón en estado ‘subliminal’
y por lo mismo puede ser un peldaño a la ascesis o una
superación de la misma. Este entramado de interrogantes
nos lleva a otros más, algunos inexpresables. Russell,
el filósofo inglés, se muestra cauto al tratar el problema
que analiza en Religión y ciencia (1930) y concreta
al respecto: “No puedo admitir ningún método para
llegar a la verdad, excepto el de la ciencia, pero en
el reino de las emociones no niego el valor de experiencias
que han dado nacimiento a la religión. En virtud de su
asociación con creencias falsas, han producido tanto mal
como bien; libres de esta asociación puede esperarse que
solamente quede el bien.”1
En otra parte de su estudio (capítulo sobre el
misticismo) se pregunta: “¿Habrá que admitir que
existe una fuente de conocimiento disponible y en apoyo
de la religión, que está fuera de la ciencia y puede ser
descrita propiamente como ‘revelación’? Ésta
es una cuestión difícil de discutir, porque los que creen
que las verdades les han sido reveladas profesan la misma
especie de certeza respecto a ellas que la que nosotros
tenemos respecto a los objetos de los sentidos.”2
Por otra parte, nos conduce –objeto
de esta serie de estudios– a altas cumbres del idioma
en forma tal que rebasan el grado de admiración que pueden
producirnos algunos hallazgos poéticos. Así, buceando
en tratados y textos nos encontramos con tres corrientes
correspondientes a tradiciones culturales de las distintas
órdenes religiosas: la afectiva (franciscanos y agustinos),
la intelectual (dominicos y jesuitas) y, la más importante,
de superación de dicha dualidad, representada por los
carmelitas. Desde luego, por otra parte, poco podía extraerse
del pueblo de la época (analfabeto en un ochenta por ciento).
Refiriéndonos a los carmelitas, debemos destacar a dos
grandes figuras: Santa Teresa de Jesús y San Juan de la
Cruz, quienes, de una forma pura, en su intento de formular
una experiencia que reconocen inexpresable, acudieron
a símbolos, alegorías, comparaciones y antítesis, ampliando
las dimensiones conceptuales de la palabra, como sugiere
Antonio Alatorre en Los 1001 años de la lengua española.
Teresa de Cepeda y Ahumada
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| Santa Teresa de Jesús.
Escultura de
Bernini (siglo XVII).
http://www.joyofsects.com/art/teresa.jpg
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Espiguemos en la intimidad del alma
de esos seres posesos y hasta excesivos que se maridan
con las ideas. De esta suerte, Teresa de Cepeda y Ahumada
(1515-1582) ama a Dios con enajenamiento terrible y con
ello el misticismo español alcanza cumbres nunca vistas.
Teresa, llamada también Teresa de Ávila o Teresa de Jesús
o Santa Teresa, escribe sin vanidad y, a decir de Azorín,
“emplea el lenguaje corriente en el habla hidalga
de Castilla la Vieja”, de suerte que esta mujer
“habla al pueblo”. Escribió poca, pero intensa
poesía, con fronteras sensuales, ya que su delirante amor
por la divinidad es poseso, es carnal:
Ya toda me entregué y di,
y de tal suerte he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.
.
Cuando el dulce cazador
me tiró y dejó rendida,
en los brazos del amor
mi alma quedó caída
y, cobrando nueva vida,
de tal manera he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.
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Esta mujer que “trata más señaladamente a los populares
que a los aristócratas”, y para quien “el amor al prójimo es la virtud más
grata a Dios” es justa cuando proclama: “No nos deseemos acordar de los agravios
que nos hicieron y ansi se deben olvidar; pero sí de los que hicimos, para
satisfacerlos.”
Ella es, en todo, un manantial que surte a la intimidad
del alma. Véanse sus cartas donde desazón y esperanza se someten a una voluntad
férrea.
Juan de Yepes y Álvarez
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San Juan de la Cruz (1542-1591).
www.devocionario.com/santos/jcruz_2.html
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Por este camino, Juan de Yepes y Álvarez
o San Juan de la Cruz (1542-1591) creó una de las obras
líricas de mayor intensidad y belleza de ese siglo. Recordemos
que Menéndez y Pelayo dijo en alguna ocasión que “las
canciones de san Juan de la Cruz no parecen ya de hombre,
sino de ángeles”. Se sabe, de este hombre atormentado,
que se sitúa entre los místicos de entraña; esas voces,
herméticas en ocasiones y muy hermosas y explícitas en
otras, tienen su origen en el campo arábigo, de donde,
al parecer, procede su padre.
San Juan de la Cruz nació en el pueblecillo de Fontiveros,
provincia de Ávila. Sus canciones, de esencia bucólica, con tintes eróticos,
tienen la particularidad de que la voz que en ellas habla es una voz esencialmente
femenina y llegó a turbar a las autoridades eclesiásticas que, en consecuencia,
impusieron ciertos vetos para que pudieran circular. Hay que hacer notar que
la conducta de Juan de Yepes en los centros religiosos estuvo marcada por
extrañas circunstancias. Del Cántico espiritual espigamos algunas quintetas
con resplandores sensuales o ¿quizás orientales?
Pastores, los que fuerdes
allá por las majadas al otero,
si por ventura vierdes
a aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno
y muero
.
¡Oh, cristalina fuente!
Si en esos semblantes plateados
formases de repente
los ojos deseados
que tengo en las entrañas
dibujados.
.
La noche sosegada
en par de los levantes del
aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora.
.
Gocémonos, amado,
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte y al collado,
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la
espesura.
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Todas las figuras del poema sugieren presencias inquietantes
un tanto alejadas de lo espiritual, no obstante ser acabados dibujos campiranos,
bucólicos. Así las cosas, nuestro místico, tras recalar en varios sitios y
entrar en agonía poética (ver la película de Carlos Saura sobre el rapsoda
sufriente, Noche obscura) llegó al convento de carmelitas –que había
sido fundado en 1587 en Jaén por el padre Jerónimo Gracián– y murió con serenidad
y recato. En sus celebrados versos de “Noche obscura” casi lo cronicó:
En una noche obscura,
con ansias en amores inflamada,
¡oh, dichosa ventura!,
salí sin ser notada,estando
ya mi casa sosegada. |
Y de esta suerte, el atormentado san Juan de la Cruz encontró
el sosiego eterno. La filosofía basada en el misticismo tiene una gran tradición,
de Parménides a Hegel. Se sabe que el gran griego introdujo en la metafísica
la distinción entre realidad y apariencia, o el camino de la verdad y el camino
de la opinión, como les llama.
Será Russell quien manifieste: “Es importante no caricaturizar
la doctrina del misticismo, en la que hay, según pienso, una sustancia de
sabiduría.” Véase cómo trata de evitar las consecuencias extremas que parecen
seguirse de la negación del tiempo.
Parece que en cuanto a misticismo, España aporta una cuota
muy importante en un país muy visceral en sus quereres y muy especial por
el cruce de sangres que aportan y aportarán visiones encendidas, tanto políticas
como poéticas. En suma, quizá sea Iberia almácigo de misticismo de toda laya.
Bibliografía
RUSSELL, Bertrand,
Religión y ciencia. Fondo de Cultura Económica, México,
1965.
MENÉNDEZ Y PELAYO, Marcelino, Poetas líricos
españoles, Real Academia Española.
ALATORRE, Antonio, Los 1001 años de la lengua, Bancomer,
1979.
AZORÍN, Castellanías. Obras Completas. Tomo
IV, Aguilar, Madrid,1948.
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Notas
1 B.
Russell, Religión y ciencia, FCE, México, 1965, p.
122.
2 Ibid., p.130. |
| *Este texto forma parte de la serie
El castellano: acerca de sus venturas y desventuras,
de la cual ya se han publicado los artículos: “Cervantes”
(revista número 59), “La lengua madre del imperio”
(60), Nacimiento del idioma español en la roca cántabra
(62), “Canasta de ingenios” (63), “Del
Marques de Santillana a Garcilaso de la Vega (71),
“Tirso de Molina” (73), “Lope de
Vega y Carpio” (75), “Tres rivales y un
misterio” (78), “Juan Ruiz de Alarcón”
(80), “Quevedo” (85), “Calderón
de la Barca” (87), “El sereno y angélico
Fray Luis de León” (89). En numeros posteriores
se continuará con la publicación de esta serie. |
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